Versículo destacado
1 Tesalonicenses 1:2 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" Siempre damos gracias a Dios por todos ustedes y los recordamos en nuestras oraciones. "
1 Tesalonicenses 1:2
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
1 Pablo, Silvano y Timoteo saludan a la comunidad de creyentes de la ciudad de Tesalónica, que están unidos a Dios el Padre y al Señor Jesucristo. Que Dios derrame su gracia y su paz sobre ustedes.
2 Siempre damos gracias a Dios por todos ustedes y los recordamos en nuestras oraciones.
3 Recordamos continuamente qué activa ha sido su fe, qué servicial ha sido su amor y qué fuerte ha sido, en medio de los sufrimientos, su esperanza en nuestro Señor Jesucristo, delante de nuestro Dios y Padre.
4 Hermanos amados por Dios, sabemos que él los ha escogido.
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Pablo comienza dando gracias a Dios. Está a punto de hablar de las cosas que le daban alegría, demostraban el buen carácter de los tesalonicenses y les habían ayudado mucho; por eso, primero le da gracias a Dios. Dios es la fuente de todo lo bueno que recibimos o hacemos. Él es a quien adoramos en oración y alabanza. Dar gracias a Dios es un deber constante. Aun cuando no estemos pronunciando palabras de agradecimiento, debemos mantener un corazón agradecido por la bondad de Dios.
Esta acción de gracias debe repetirse con frecuencia. No debemos dar gracias a Dios únicamente por las bendiciones que nosotros recibimos, sino también por el bien que él les concede a otros, incluidos nuestros hermanos en la fe. Pablo no estaba agradecido solamente por sus amigos más cercanos o por quienes parecían recibir mayores favores, sino por todos ellos. Junto con la alabanza, también incluyó la oración. Cuando presentamos nuestras peticiones a Dios en oración y súplica, debemos hacerlo también con acción de gracias (Filipenses 4:6). De la misma manera, cuando le damos gracias a Dios por una bendición, también debemos orar.
Debemos orar siempre, sin cesar, y no solo por nosotros mismos, sino también por los demás. Eso incluye a nuestros amigos. Debemos recordar sus nombres, sus necesidades y su situación. Aunque no mencionemos en voz alta cada detalle, debemos tenerlos presentes y recordarlos delante de Dios. Hay mucho por lo que dar gracias a Dios en nuestra propia vida y en la vida de nuestros amigos, y también hay muchas razones para seguir pidiéndole más cosas buenas.
Luego Pablo menciona las cosas que lo movían a dar gracias. Primero, agradece a Dios por las virtudes salvadoras que les había concedido. Su fe, su amor y su esperanza eran las principales razones de su gratitud. La fe de ellos se había hecho conocida y se había extendido ampliamente (1 Tesalonicenses 1:8). La fe es la virtud fundamental, y la de ellos era una fe viva porque estaba activa. La verdadera fe siempre produce obras. Forma el corazón y la vida, y nos lleva a trabajar para Dios y por nuestra propia salvación. Podemos hallar consuelo en nuestra fe y en la fe de otros cuando vemos las obras que nacen de ella: «Muéstrame tu fe por tus obras» (Santiago 2:18).
También menciona su amor y el esfuerzo que surgía de ese amor. El amor es una de las principales virtudes. Es útil en esta vida y permanecerá, perfeccionado, en la vida venidera. La fe actúa por medio del amor. Se manifiesta en el amor a Dios y en el amor al prójimo. Como el amor es activo, nos hace dispuestos a esforzarnos y a trabajar con dedicación en nuestra vida de fe.
Después habla de su esperanza y de la paciencia que nacía de ella. Somos salvos por la esperanza. La esperanza es como el casco de un soldado y el ancla de un marinero, porque nos ayuda en medio del peligro y las dificultades. Cuando existe una verdadera esperanza de vida eterna, esta se manifiesta en paciencia: tanto al soportar los problemas presentes como al esperar la gloria que todavía está por venir. Si esperamos lo que aún no vemos, lo hacemos con paciencia (Romanos 8:25).
Pablo hace algo más que enumerar la fe, la esperanza y el amor. También señala su objeto y su fuente: nuestro Señor Jesucristo. Además, destaca su sinceridad al decir que permanecían delante de Dios nuestro Padre. Un motivo poderoso para vivir con sinceridad es recordar que los ojos de Dios siempre están sobre nosotros. Somos sinceros cuando procuramos agradar a Dios en todo lo que hacemos, y lo que es correcto ante sus ojos es verdaderamente correcto. La obra de la fe, el esfuerzo del amor y la paciencia de la esperanza son sinceros cuando se realizan delante de Dios.
También lleva estas virtudes de vuelta a su fuente: el amor electivo de Dios, es decir, el amor con el que Dios escoge. Algunos han entendido que aquí la elección se refiere únicamente a que los tesalonicenses fueron separados de los judíos y gentiles incrédulos cuando llegaron a creer. Pero las palabras de Pablo se remontan al propósito eterno de Dios, por el cual él hace todas las cosas conforme al designio de su voluntad (Efesios 1:11). Los llama «hermanos amados» porque la hermandad entre los cristianos proviene de la elección y del amor de Dios. Esta es también una razón poderosa para amarnos unos a otros, pues todos somos amados por Dios, y él nos amó antes de que hubiera algo en nosotros que mereciera ese amor.
Los apóstoles sabían que los tesalonicenses habían sido escogidos por Dios, y los tesalonicenses también podían saberlo por el fruto que esa elección producía. Su fe, esperanza y amor sinceros, junto con el avance del evangelio entre ellos, lo demostraban. Todos los que verdaderamente son llamados y santificados en el tiempo fueron escogidos para la salvación desde la eternidad. La elección de Dios depende de su propio beneplácito y de su pura gracia, no de algo que la persona haya ganado por mérito. Y esa elección puede conocerse por su fruto. Cada vez que damos gracias a Dios por la gracia, ya sea en nosotros mismos o en otros, debemos reconocer que el regalo procede de su fuente y agradecerle por su amor electivo, por el cual somos diferentes de los demás.
Otra razón para la acción de gracias de Pablo era el éxito de su ministerio entre ellos. Estaba agradecido tanto por sí mismo como por ellos, porque no había trabajado en vano. La disposición con que recibieron el evangelio confirmaba su apostolado y lo animaba en medio de su trabajo y sufrimiento. También demostraba que ellos eran escogidos y amados por Dios. Así fue como supo de su elección. Pablo había sido llevado al cielo en una visión, pero no había consultado los registros de la eternidad. Lo supo por el éxito del evangelio entre ellos (1 Tesalonicenses 1:5).
Pablo da gracias porque el evangelio llegó a ellos no solamente con palabras, sino con poder. Ellos no se limitaron a escuchar su sonido; se sometieron a su fuerza. El evangelio hizo más que satisfacer la mente o entretener el oído. Llegó a su corazón, convenció a su conciencia y transformó su vida. Nosotros también podemos reconocer nuestra elección de esa manera, si no nos limitamos a repetir la verdad de Dios como loros, sino que sentimos su poder en el corazón: damos muerte al pecado, nos liberamos del dominio del mundo y somos elevados hacia las cosas celestiales. El evangelio también llegó con el Espíritu Santo, es decir, con la poderosa obra del Espíritu de Dios.
Dondequiera que el evangelio llegue con poder, debemos reconocer que esa obra es del Espíritu Santo. Si el Espíritu de Dios no acompaña la palabra de Dios y no la hace eficaz, la palabra es solamente una letra muerta. La letra mata, pero el Espíritu da vida.
El evangelio también llegó a los tesalonicenses con plena convicción. Lo recibieron por el poder del Espíritu Santo y quedaron completamente convencidos de que era verdad. Por eso no se dejaban sacudir fácilmente por objeciones ni dudas. Estaban dispuestos a renunciar a todo por Cristo y a confiarle a la verdad del evangelio su alma y su futuro eterno.
La palabra no era simplemente un conjunto más de opiniones, como las ideas de los filósofos acerca de asuntos inciertos. Era el objeto de su fe y su confianza. Su fe era la certeza de lo que no se veía. De esta manera, los tesalonicenses llegaron a conocer qué clase de hombres habían sido Pablo y sus colaboradores entre ellos, qué habían hecho por su bien y cómo Dios había bendecido su trabajo.
De este capítulo
1 Tesalonicenses 1:1
"Pablo, Silvano y Timoteo saludan a la comunidad de creyentes de la ciudad de Tesalónica, que están unidos a Dios el Padre y al Señor Jesucristo. Que Dios derrame su gracia y su paz sobre ustedes."
1 Tesalonicenses 1:3
"Recordamos continuamente qué activa ha sido su fe, qué servicial ha sido su amor y qué fuerte ha sido, en medio de los sufrimientos, su esperanza en nuestro Señor Jesucristo, delante de nuestro Dios y Padre."
1 Tesalonicenses 1:4
"Hermanos amados por Dios, sabemos que él los ha escogido."
1 Tesalonicenses 1:5
"Pues cuando les anunciamos el evangelio, no lo hicimos solamente con palabras, sino también con demostraciones del poder de Dios y de la actividad del Espíritu Santo, y con una gran abundancia de gracias. Ustedes saben bien cómo nos comportamos entre ustedes, buscando su propio bien."
1 Tesalonicenses 1:6
"Ustedes, por su parte, siguieron nuestro ejemplo y el del Señor, y recibieron el mensaje con la alegría que el Espíritu Santo les daba en medio de grandes sufrimientos."
1 Tesalonicenses 1:7
"De esta manera, llegaron a ser un ejemplo para todos los creyentes de las regiones de Macedonia y Acaya."
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