Versículo destacado
Colosenses 1:3 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" Siempre que oramos por ustedes, damos gracias a Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo. "
Colosenses 1:3
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
1 Pablo, apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, junto con el hermano Timoteo,
2 saluda a los del pueblo santo que están en Colosas, fieles hermanos en Cristo. Que Dios nuestro Padre derrame su gracia y su paz sobre ustedes.
3 Siempre que oramos por ustedes, damos gracias a Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo.
4 Pues hemos recibido noticias de la fe de ustedes en Cristo Jesús y del amor que tienen a todo el pueblo santo,
5 animados por la esperanza de lo que se les ha reservado en el cielo. De esto ya oyeron hablar cuando escucharon el mensaje de la verdad contenido en el evangelio
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Aquí Pablo entra en el cuerpo principal de la carta y comienza dando gracias a Dios por lo que ha escuchado acerca de los creyentes de allí. Él no los ha conocido personalmente y solo conoce su situación por los informes de otras personas.
Da gracias a Dios por ellos porque habían aceptado el evangelio de Cristo y habían demostrado una verdadera fidelidad a él. Observemos que, al orar por ellos, también le da gracias a Dios por ellos. La acción de gracias debe formar parte de toda oración, y todo lo que nos produce alegría también debería impulsarnos a agradecerle a Dios.
Pablo da gracias a Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo. Al dar gracias, debemos dirigirnos a Dios como Dios, pues él es aquel a quien agradecemos y también aquel a quien oramos. Él es además el Padre de nuestro Señor Jesucristo, y por medio de Cristo recibimos toda bendición. Él es el Padre de Cristo y también es nuestro Padre, lo cual nos anima cuando acudimos a él, porque podemos verlo como el Padre de Cristo y nuestro Padre, su Dios y nuestro Dios (Juan 20:17).
Pablo da gracias a Dios por la gracia que obraba en ellos, la cual demostraba que Dios había sido bondadoso con ellos. Había escuchado de su fe en Cristo Jesús, de su amor por todos los santos y de la esperanza que les estaba reservada en el cielo (Colosenses 1:4-5). La fe, la esperanza y el amor son las principales virtudes de la vida cristiana, y son temas apropiados tanto para la oración como para la alabanza.
Da gracias a Dios por la fe de ellos en Cristo Jesús; es decir, porque habían sido guiados a creer en él, confesar su fe y confiar sus almas a lo que Cristo había hecho. También da gracias por su amor. Además del amor general que debemos a todas las personas, existe un amor especial que debemos a los santos, es decir, a nuestros hermanos en Cristo (1 Pedro 2:17). Debemos amar a todos los creyentes y mostrar verdadera bondad hacia las personas de bien, aun cuando tengamos diferencias con ellas en asuntos menores y veamos muchas debilidades en ellas.
Algunos entienden este amor como el cuidado que ellos brindaban a los santos necesitados, lo cual es una parte y una prueba del amor cristiano. Pablo también da gracias a Dios por la esperanza que tenían, la esperanza reservada para ellos en el cielo (Colosenses 1:5). El cielo es llamado su esperanza porque es aquello que esperan: la esperanza bienaventurada (Tito 2:13). Los creyentes reciben mucho en este mundo, pero en el cielo tienen reservadas bendiciones mucho mayores.
Tenemos razones para agradecerle a Dios por la esperanza del cielo que tienen los cristianos fieles; es decir, por su expectativa segura de la gloria futura. Tanto su fe en Cristo como su amor por los santos estaban moldeados por esa esperanza celestial. Cuanto más fijemos el corazón en la recompensa venidera en el mundo futuro, más libremente usaremos nuestros bienes terrenales para hacer el bien.
Después de alabar a Dios por estas virtudes, Pablo también lo alaba por el medio por el cual ellos recibieron la gracia. Ellos habían escuchado acerca de esta esperanza por medio de la palabra de verdad del evangelio. El evangelio es la palabra de verdad, y podemos confiarle nuestra vida porque procede del Dios de verdad y del Espíritu de verdad. Es un mensaje fiel, y Pablo incluso lo llama la gracia de Dios en verdad (Colosenses 1:6).
Es una gran misericordia escuchar esta palabra de verdad, porque lo principal que nos enseña es la bendición del cielo. El evangelio da a conocer la vida eterna (2 Timoteo 1:10). Ellos escucharon acerca de la esperanza reservada en el cielo por medio de la palabra de verdad del evangelio. Este evangelio había llegado a ellos, como también ha llegado a todo el mundo, y continúa dando fruto, tal como lo hacía entre ellos (Colosenses 1:6). Es anunciado entre las naciones y produce fruto allí, conforme al mandato de Cristo de predicar el evangelio a todas las naciones y a toda criatura.
Toda persona que escucha el evangelio debe producir su fruto; es decir, debe obedecerlo y permitir que moldee sus creencias y su conducta. Esta fue la primera enseñanza que se predicó: «Produzcan frutos dignos de arrepentimiento» (Mateo 3:8). Y nuestro Señor dice: «Si saben estas cosas, serán bendecidos si las hacen» (Juan 13:17). Dondequiera que llegue el evangelio, debe producir fruto para el honor y la gloria de Dios. Da fruto entre ellos, pero también lo hace entre los demás. Nos equivocamos si pensamos que el consuelo y los beneficios del evangelio nos pertenecen únicamente a nosotros.
Luego Pablo menciona al ministro por medio de quien ellos habían creído: Epafras, su fiel maestro (Colosenses 1:7-8). Habla de él con gran respeto para que ellos también lo amen. Lo llama su consiervo, lo cual significa no solo que servían al mismo Amo, sino también que compartían la misma obra. Eran colaboradores en el servicio del Señor, aunque uno era apóstol y el otro un ministro común.
También lo llama su amado consiervo. Todos los siervos de Cristo deben amarse unos a otros, y es algo precioso que estén unidos en el mismo servicio. Pablo describe a Epafras como un fiel ministro de Cristo para ellos, alguien que cumplió con la responsabilidad que había recibido y llevó a cabo su ministerio entre ellos. Cristo es nuestro verdadero Amo, y nosotros somos sus ministros. Pablo no dice que Epafras sea el ministro de ellos, sino el ministro de Cristo para ellos. Sirve por la autoridad y el llamado de Cristo, aunque lo hace para el bien del pueblo.
Pablo también dice que Epafras les había dado un buen informe: le había contado acerca del amor de ellos en el Espíritu (Colosenses 1:8). Pablo recomienda a Epafras al señalar el amor sincero que los colosenses tenían por Cristo y por todos los que le pertenecen; un amor producido en ellos por el Espíritu y acorde con el espíritu del evangelio. Los ministros fieles se alegran cuando pueden hablar bien del pueblo que Dios les ha confiado.
De este capítulo
Colosenses 1:1
"Pablo, apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, junto con el hermano Timoteo,"
Colosenses 1:2
"saluda a los del pueblo santo que están en Colosas, fieles hermanos en Cristo. Que Dios nuestro Padre derrame su gracia y su paz sobre ustedes."
Colosenses 1:4
"Pues hemos recibido noticias de la fe de ustedes en Cristo Jesús y del amor que tienen a todo el pueblo santo,"
Colosenses 1:5
"animados por la esperanza de lo que se les ha reservado en el cielo. De esto ya oyeron hablar cuando escucharon el mensaje de la verdad contenido en el evangelio"
Colosenses 1:6
"que llegó hasta ustedes. Este mensaje está creciendo y dando fruto en todas partes del mundo, tal como ha sucedido entre ustedes desde que oyeron hablar de la bondad de Dios y reconocieron su verdad."
Colosenses 1:7
"Esto se lo enseñó nuestro querido Epafras, quien ha trabajado con nosotros y en quien ustedes tienen un fiel servidor de Cristo."
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