Versículo destacado
Romanos 1:8 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" En primer lugar, por medio de Jesucristo doy gracias a mi Dios por cada uno de ustedes, porque en todas partes se habla de su fe. "
Romanos 1:8
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
6 Entre ellos están también ustedes. Dios los ha llamado a ser de Jesucristo.
7 A ustedes, que viven en Roma: Dios los ama y los ha llamado a formar parte del pueblo santo. Que Dios nuestro Padre y el Señor Jesucristo derramen su gracia y su paz sobre ustedes.
8 En primer lugar, por medio de Jesucristo doy gracias a mi Dios por cada uno de ustedes, porque en todas partes se habla de su fe.
9 Dios, a quien sirvo con todo mi corazón anunciando el evangelio de su Hijo, es testigo de que continuamente los recuerdo,
10 y en mis oraciones siempre pido a Dios que, si es su voluntad, me conceda por fin ir a visitarlos.
Explora estudios bíblicos guiados
Sesiones estructuradas con notas, preguntas y perspectivas del asesor
Las bienaventuranzas (microestudio de 5 días)
Un estudio breve sobre las bendiciones de Jesús y el camino del Reino.
Vista previa de la sesión 1:
Dichosos los humildes
6 min
Salmos de consuelo (microestudio de 5 días)
Sesiones breves y tranquilizadoras basadas en los Salmos.
Vista previa de la sesión 1:
El cuidado del Pastor
5 min
Crea una cuenta gratis para guardar notas, dar seguimiento a tu progreso y desbloquear todas las sesiones
Crear cuenta gratisComentario de Bible Guided
Primero podemos notar el agradecimiento de Pablo por ellos (Romanos 1:8). Comienza diciendo: «Doy gracias a mi Dios». Es bueno comenzar todo bendiciendo a Dios, haciendo de la alabanza el principio y el fin de cada deber, y dando gracias en toda circunstancia.
«Mi Dios» es una manera gozosa y confiada de hablar. En cada acción de gracias, es bueno recordar a Dios como nuestro propio Dios, porque eso hace que cada bendición sea más dulce. Cuando podemos decir: «Él es mío por medio del pacto», sus regalos se vuelven todavía más valiosos.
Pablo dice que sus acciones de gracias son «por medio de Jesucristo». Todos nuestros deberes y actos de adoración son aceptables ante Dios únicamente por medio de Jesucristo, incluida la alabanza, al igual que la oración. También dice: «por todos ustedes», porque debemos mostrar amor por nuestros amigos no solo orando por ellos, sino también alabando a Dios por causa de ellos.
Dios debe recibir la gloria por todo el consuelo que encontramos en nuestros amigos. Cada persona significa para nosotros solamente lo que Dios hace que signifique. Pablo conocía a muchos creyentes de Roma solo por lo que había oído acerca de ellos, no por una amistad personal; aun así, se alegraba sinceramente de sus dones y virtudes. Cuando algunos cristianos de Roma se encontraron con él (Hechos 28:15), dio gracias a Dios por ellos y cobró ánimo. Aquí su verdadero amor cristiano se extiende más lejos: da gracias a Dios por todos ellos, no solo por quienes le habían ayudado mucho en Cristo, como menciona más adelante en Romanos 16:3 y Romanos 16:6.
Pablo da gracias a Dios porque se hablaba de la fe de ellos. Mientras viajaba de un lugar a otro, seguía escuchando buenos informes acerca de los cristianos de Roma. No menciona esto para hacerlos orgullosos, sino para animarlos a vivir de acuerdo con la reputación que tenían. Cuanto mayor es la reputación religiosa de una persona, más cuidadosamente debe protegerla, porque una pequeña necedad puede arruinar un buen nombre (Eclesiastés 10:1).
Su fe era conocida «en todo el mundo», es decir, en todo el Imperio romano. Los cristianos de Roma habían sido dispersados cuando Claudio ordenó que todos los judíos salieran de Roma, pero habían regresado y habían dejado un buen testimonio dondequiera que estuvieron. Sus sufrimientos tuvieron un efecto positivo inesperado, pues la persecución ayudó a que fueran conocidos. Tenían un buen nombre por las cosas buenas, tanto entre el pueblo de Dios como entre personas piadosas. Al igual que los creyentes de tiempos antiguos, alcanzaron un buen testimonio por medio de la fe (Hebreos 11:2).
Es deseable ser conocidos por la fe. La fe de los cristianos de Roma se mencionaba no solo porque era fuerte en sí misma, sino también porque destacaba en una ciudad como Roma. Roma era una ciudad puesta sobre un monte, y todos notaban lo que sucedía allí. Por eso, quienes tienen muchos ojos puestos en ellos deben caminar con cuidado, porque tanto sus buenas acciones como las malas serán comentadas.
En aquel tiempo, la iglesia de Roma era una iglesia floreciente. Sin embargo, más adelante su condición cambió para mal. El oro que antes brillaba se volvió opaco, y el oro más fino perdió su pureza. Roma era entonces como una novia pura, unida a Cristo y llena de belleza, pero después se apartó, actuó con infidelidad y se unió a un extraño. Por eso, como muestra un antiguo libro sobre la piedad mediante muchos ejemplos, incluso la Epístola a los Romanos se levanta ahora como un testimonio contra los romanos. Roma tiene pocas razones para presumir de su antigua fama.
Luego Pablo habla de su oración por ellos (Romanos 1:9). Aunque eran una iglesia famosa y floreciente, todavía necesitaban oración, porque aún no habían alcanzado la madurez plena. Pablo menciona esto como una prueba de su amor por ellos. Uno de los mayores actos de bondad que podemos hacer por nuestros amigos, y a veces el único que está a nuestro alcance, es encomendarlos al cuidado amoroso de Dios mediante la oración.
Del ejemplo de Pablo aprendemos constancia en la oración. Dice que oraba «siempre» y «sin cesar». Seguía la misma instrucción que les daba a otros (Efesios 6:18; 1 Tesalonicenses 5:17). Esto no significa que no hiciera otra cosa más que orar, sino que tenía tiempos establecidos para la oración y oraba con frecuencia y fidelidad.
También aprendemos a tener un corazón amplio en la oración. Pablo dice: «los menciono». Aunque no los conocía bien, oraba por ellos. No oraba únicamente por los santos en general, sino que los mencionaba de manera específica. A veces es apropiado ser específicos al orar por iglesias y lugares, no para informarle algo a Dios, sino para mover nuestro propio corazón. Con frecuencia sentimos más afecto por los amigos por quienes oramos más.
Acerca de esto, Pablo hace un solemne llamado al que conoce los corazones: «Dios es mi testigo». Era un asunto serio, conocido solo por Dios y por su propio corazón, así que invocó a Dios como testigo. Es un consuelo poder llamar a Dios como testigo de nuestra sinceridad y obediencia constante. Dios ve especialmente nuestras oraciones secretas, tanto su contenido como la manera en que las ofrecemos. Él ve en lo secreto (Mateo 6:6). Pablo dice: «a quien sirvo con mi espíritu». Quienes sirven a Dios con su espíritu pueden acudir a él con humilde confianza. Los hipócritas, que solo descansan en una religión externa, no pueden hacerlo.
Entre las muchas peticiones que Pablo hacía por ellos, estaba la de tener la oportunidad de visitarlos (Romanos 1:10): «pidiendo que, de alguna manera…». Cuando deseamos recibir consuelo de cualquier cosa creada, debemos buscarlo de Dios en oración, porque nuestros tiempos están en sus manos y todos nuestros caminos están bajo su gobierno. Estas palabras muestran cuánto deseaba Pablo tener esa oportunidad. Durante mucho tiempo y en repetidas ocasiones se había visto impedido, pero siguió pidiendo. Aun así, sometió el asunto a la providencia de Dios, pidiendo que tuviera un viaje próspero conforme a la voluntad de Dios. En nuestros planes y deseos, siempre debemos recordar decir: «Si el Señor quiere» (Santiago 4:15). Nuestros viajes tienen éxito o fracasan, y traen consuelo o no, según su voluntad.
Luego Pablo muestra su intenso deseo de verlos y las razones que tenía para ello (Romanos 1:11-15). Había oído tanto acerca de ellos que quería conocerlos mejor. Los cristianos fructíferos son una alegría para los ministros fieles, mientras que quienes profesan la fe pero no dan fruto les causan tristeza. Pablo había planeado ir muchas veces, pero hasta entonces se lo habían impedido (Romanos 1:13), porque Dios lo había dirigido a otro lugar. Otros deberes, especialmente el cuidado de otras iglesias, lo habían retenido. Pablo hizo primero lo que más se necesitaba, no lo que resultaba más agradable. Este es un buen ejemplo para los ministros, quienes no deben guiarse principalmente por sus propios deseos, sino por las verdaderas necesidades espirituales de las personas.
Pablo quería visitar a los romanos para fortalecerlos (Romanos 1:11): «para impartirles…». Había recibido dones espirituales para compartirlos con otros. Ninguna madre llena de leche ha estado más ansiosa por alimentar a su hijo que Pablo por brindarles ayuda espiritual, es decir, predicarles. Un buen sermón es un buen regalo, y lo es aún más cuando comunica un don espiritual. Su objetivo era «para que sean afirmados». Había elogiado el estado floreciente de ellos, y ahora dice que desea que estén arraigados más profundamente, de modo que, mientras crecieran hacia arriba en sus ramas, también crecieran hacia abajo en la raíz.
Los mejores creyentes, mientras viven en este mundo sacudido, necesitan estar cada vez más firmemente establecidos. Los dones espirituales son especialmente útiles para fortalecerlos. Cuando los obreros del evangelio que nos rodean nos edifican, ayudan a mantener firme nuestra fe en un mundo que no deja de agitarnos.
Pablo también quería recibir consuelo, como dice en Romanos 1:12. Saber que los romanos ya estaban creciendo en la gracia le producía alegría, y verlo personalmente le traería todavía más gozo. Podía alegrarse de verdad por los resultados del trabajo de otros ministros. La fe que compartían, o su fidelidad mutua a Dios, sería un gran consuelo para ambas partes. Es algo renovador cuando un ministro y su pueblo confían unos en otros de esa manera. Los cristianos también se benefician al conversar sobre su vida espiritual. Ese tipo de intercambio nos afila, así como el hierro afila el hierro.
Pablo también quería obtener algún fruto de su trabajo, como dice Romanos 1:13. El crecimiento de ellos sería para él una ganancia verdadera, como un fruto que cuenta para algo duradero. Mantenía su atención puesta en su llamado, sabiendo que cuanto más bien hiciera, mayor sería su recompensa.
También quería cumplir con su deber como apóstol a los gentiles, como dice Romanos 1:14: «soy deudor». Sus dones y bendiciones lo convertían en deudor, porque eran talentos que su Maestro le había confiado para su honra. Debemos recordar esto cada vez que deseamos grandes cosas, porque cada don de Dios nos coloca bajo una responsabilidad. Solo somos administradores de los bienes de nuestro Señor. Su cargo también lo hacía deudor. Había sido llamado y enviado a trabajar, y se había entregado a esa labor.
Pablo había usado bien sus dones y había hecho más bien que la mayoría; sin embargo, todavía se consideraba deudor. Aun después de haber hecho todo lo que podemos, seguimos siendo siervos inútiles. Como explican las palabras que siguen, era deudor tanto de griegos como de bárbaros, es decir, de sabios y de ignorantes. Los griegos pensaban que solo ellos poseían sabiduría y menospreciaban a todos los demás por considerarlos incultos. Pablo se veía obligado a hacer todo el bien que pudiera por ambos grupos. Lo hizo tanto en su predicación como en sus cartas, adaptando su enseñanza a cada clase de oyente. Podemos ver la diferencia entre su mensaje en Listra, dirigido a los sencillos licaonios, y su mensaje en Atenas, dirigido a los filósofos refinados (Hechos 14:15 y siguientes; Hechos 17:22 y siguientes). Dio a cada grupo la porción que le correspondía, como quien tenía una deuda con ambos.
Aunque era un predicador sencillo, también sabía hablar con sabiduría entre los que habían alcanzado madurez (1 Corintios 2:6). Por estas razones, estaba dispuesto, si se presentaba la oportunidad, a predicar el evangelio en Roma (Romanos 1:15). Roma era un lugar público y peligroso, donde el cristianismo enfrentaba una fuerte oposición. Aun así, Pablo estaba dispuesto a correr el riesgo si Dios lo llamaba allí. Estaba preparado y tenía un corazón dispuesto. No servía para obtener ganancias egoístas, sino con entusiasmo. Es bueno estar preparados para cada oportunidad de hacer el bien o de recibirlo.
De este capítulo
Romanos 1:1
"Los saluda Pablo, siervo de Cristo Jesús, llamado por él para ser apóstol y apartado para anunciar el evangelio de Dios."
Romanos 1:2
"Por medio de sus profetas, Dios ya lo había prometido en las santas Escrituras."
Romanos 1:3
"Es el mensaje acerca de su Hijo, quien, como hombre, nació de la descendencia de David."
Romanos 1:4
"Pero a partir de su resurrección fue constituido Hijo de Dios con plenos poderes, como espíritu santificador: Jesucristo, nuestro Señor."
Romanos 1:5
"Por medio de Jesucristo recibí el privilegio de ser apóstol, puesto a su servicio, para que en todas las naciones haya quienes crean en él y lo obedezcan."
Romanos 1:6
"Entre ellos están también ustedes. Dios los ha llamado a ser de Jesucristo."
Oración diaria
Recibe por correo electrónico una reflexión bíblica diaria
Comienza cada mañana con un versículo, una oración y un siguiente paso sencillo.
Aviso importante: Esta guía bíblica no sustituye la atención profesional de salud mental. Si estás experimentando síntomas de una crisis, comunícate con la Línea 988 de Prevención del Suicidio y Crisis o busca ayuda profesional inmediata.
Bible Guided ofrece orientación basada en la fe y debe complementar, no reemplazar, el apoyo terapéutico profesional.