Versículo destacado

1 Corintios 6:1 - Significado y aplicación

Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy

Traducción: Biblia BibleGuided — Español

" Cuando alguno de ustedes tiene un pleito con otro, ¿por qué acude a los jueces paganos para pedir justicia, en vez de pedírsela a los del pueblo santo? "

1 Corintios 6:1

menu_book El versículo en contexto

1 Cuando alguno de ustedes tiene un pleito con otro, ¿por qué acude a los jueces paganos para pedir justicia, en vez de pedírsela a los del pueblo santo?

2 ¿Acaso no saben ustedes que el pueblo santo ha de juzgar al mundo? Y si ustedes han de juzgar al mundo, ¿cómo no son capaces de juzgar asuntos tan pequeños?

3 ¿No saben que incluso nosotros habremos de juzgar a los ángeles? ¡Con mayor razón, entonces, los asuntos de esta vida!

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auto_stories Comentario de Bible Guided

Aquí el apóstol los reprende por llevarse unos a otros ante jueces paganos por asuntos de poca importancia. Al hacerlo, también condena todas las demandas innecesarias y molestas. En el capítulo anterior les había dicho que trataran los pecados graves dentro de la iglesia mediante la disciplina eclesial. Ahora les indica que resuelvan sus desacuerdos por medio del consejo de la iglesia y de la orientación de personas sabias.

La primera falta que señala es que un hermano llevó a otro ante los tribunales; es decir, un miembro de la iglesia llevó a otro miembro. Su relación cercana debió haber conservado la paz entre ellos, pero no fue así. El amor fraternal se había quebrantado. Como dice Salomón, es más difícil reconciliar a un hermano ofendido que conquistar una ciudad fuerte, y las disputas son como los barrotes de una fortaleza (Proverbios 18:19). Los cristianos no deben pelear unos contra otros, porque son hermanos. Si recordaran esto, se evitarían muchas demandas y terminarían muchas discusiones.

También los reprende por llevar el asunto ante autoridades paganas, ante personas que no creían, en vez de presentarlo ante los santos (1 Corintios 6:1, 6). No resolvieron el problema entre ellos, aunque eran cristianos y, al menos por nombre, santos. Esto avergonzaba al cristianismo. Mostraba tanto su falta de sensatez como su falta de paz, aunque afirmaban seguir al Cordero, al Jesús manso y humilde, el Príncipe de paz. Así que Pablo les dice, en efecto: «¿Cómo se atreven a llevar un desacuerdo ante los tribunales para que lo juzguen los injustos?». Los cristianos no deberían atreverse a hacer nada que avergüence el nombre de cristianos que llevan.

También parece insinuar que estaban presentando demandas por asuntos de poco valor. Pablo los reprende por no estar dispuestos a sufrir el agravio en vez de acudir a los tribunales (1 Corintios 6:7), y eso necesariamente se refiere a asuntos que no eran muy graves. Si sufrimos un daño serio nosotros o nuestras familias, podemos usar medios legales para defender nuestros derechos. No estamos obligados a aceptar una injusticia sin buscar alivio. Pero en asuntos pequeños, es mejor soportar el agravio. Los cristianos deben tener un espíritu dispuesto a perdonar. Es más apropiado, y muchas veces más honorable, soportar pequeñas pérdidas que actuar de manera conflictiva.

Luego Pablo muestra cuán grave era su falta. «¿No saben», pregunta, «que los santos juzgarán al mundo y que juzgarán a los ángeles?» (1 Corintios 6:2-3). Entonces, ¿cómo pueden considerarse incapaces de juzgar los asuntos más pequeños, las cosas de esta vida? Era una vergüenza para su llamado cristiano que llevaran desacuerdos menores ante jueces incrédulos. Si van a juzgar al mundo, resulta extraño que no puedan resolver entre ellos pequeñas diferencias.

Algunos entienden que «juzgarán al mundo» y «juzgarán a los ángeles» significa que los creyentes se sentarán con Cristo en el juicio final. Jesús dijo que sus discípulos se sentarían en doce tronos para juzgar a las doce tribus de Israel (Mateo 19:28). Judas también habla de que el Señor vendrá con sus santos para juzgar (Judas 1:14-15), y Pablo dice que vendrá con todos sus santos (1 Tesalonicenses 3:13). Primero los creyentes serán juzgados, como se muestra en Mateo 25:31-41, pero después podrán ser declarados públicamente justos y honrados, compartiendo la aprobación del justo juicio de Cristo sobre los seres humanos y los ángeles. No pueden ser jueces en ningún otro sentido. No son iguales a Cristo en su autoridad, pero tendrán el honor de estar a su lado y aprobar su juicio.

Otros han entendido esto como una referencia a que el mundo se vuelve cristiano y luego es juzgado por gobernantes cristianos, o a que los creyentes condenan al mundo mediante su fe y expulsan a los espíritus malignos por medio de un poder milagroso. Pero esa interpretación parece menos natural en este pasaje. El argumento de Pablo tiene más fuerza si está hablando de que los creyentes compartirán el juicio de Cristo en el día final. Si los cristianos se sentarán con el Juez justo cuando juzgue a los pecadores y a los ángeles malignos, ¿cómo es posible que ahora no puedan resolver los pequeños desacuerdos que los afligen? ¿Por qué deberían llevar esos asuntos ante los incrédulos?

Algunos leen el pasaje como si dijera que los jueces no tenían importancia para la iglesia, que eran personas consideradas insignificantes (1 Corintios 6:4). Si es así, el argumento de Pablo es contundente: ¿es necesario llamar a personas de tan poca estima dentro de la iglesia para que decidan sus disputas? Otros lo entienden como una sugerencia irónica: «Si necesitan un juez, elijan al menos estimado entre ustedes». Pablo dice que incluso el creyente más humilde debería poder resolver estos asuntos. No valía la pena pelear por ellos ante los tribunales paganos y, si los cristianos tan solo controlaran sus propios impulsos, esas discusiones podrían terminarse con facilidad. Sean pacientes unos con otros, y hasta quienes tienen menos habilidad podrían ayudar a hacer la paz. Pablo les dice esto para avergonzarlos (1 Corintios 6:5). Es vergonzoso que pequeñas discusiones entre cristianos crezcan tanto que ni siquiera los hermanos puedan resolverlas mediante un acuerdo sabio.

Después Pablo les señala un remedio. Primero, los desacuerdos deben presentarse ante alguien que pueda ayudar a resolverlos. «¿No hay entre ustedes ninguna persona sabia, ni siquiera una que pueda juzgar entre sus hermanos?» (1 Corintios 6:5). Ellos se enorgullecían de su sabiduría y conocimiento, y presumían de dones extraordinarios; sin embargo, ¿no había entre ellos nadie apto para realizar esta tarea? ¿Tenían que pelear los hermanos y tenían que decidir el asunto jueces incrédulos en una iglesia tan conocida por su conocimiento y sabiduría? Era una vergüenza que sus conflictos hubieran llegado tan lejos y que ninguna de sus personas sabias interviniera para detenerlos. Los cristianos nunca deberían apresurarse a presentar una demanda hasta haber agotado todos los demás recursos. Los creyentes sabios deben detener las disputas si pueden, y los tribunales no deberían ser la primera respuesta, especialmente cuando se trata de asuntos de poca importancia.

En cuanto a preferir sufrir el agravio en vez de recurrir a este tipo de disputa legal para defenderse, Pablo dice: «Es evidente que ya es una derrota para ustedes que tengan pleitos entre ustedes». En realidad, por lo general está mal que una de las partes presente una demanda, a menos que la propiedad esté verdaderamente en disputa y ambas partes estén de acuerdo en permitir que personas con conocimiento de la ley decidan el asunto. Incluso entonces, se trataría más de resolver la cuestión que de pelear por ella, y eso parece ser lo que el apóstol condena principalmente aquí.

«¿No sería mejor aceptar el agravio, en vez de permitir que los defrauden?». Un cristiano debería preferir soportar una pequeña pérdida antes que provocar problemas y alterar a los demás mediante una disputa legal. La paz de su propia mente y la paz de quienes lo rodean valen más que ganar un caso así o recuperar todos sus derechos, especialmente cuando el asunto debe ser juzgado por personas que se oponen a la religión.

Pero el apóstol dice que no solo se negaban a soportar el agravio; en realidad, ellos mismos hacían lo malo y defraudaban, y lo hacían contra sus propios hermanos y hermanas en Cristo. Siempre está mal engañar o perjudicar a alguien, pero hacerlo contra otros cristianos es aún peor. Los vínculos del amor compartido deberían ser más fuertes entre los creyentes que entre las demás personas. El amor no hace mal al prójimo (Romanos 13:10). Quienes verdaderamente aman a la familia cristiana nunca podrán, mientras estén gobernados por ese amor, herirla ni perjudicarla.

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