Versículo destacado
Deuteronomio 17:8 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" Si tienen que juzgar un caso demasiado difícil, ya sea de muerte, pleito, heridas corporales o cualquier otra cosa que ocurra en su ciudad, vayan al lugar que el Señor su Dios haya escogido "
Deuteronomio 17:8
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
6 La sentencia de muerte se dictará solo cuando haya declaración de dos o tres testigos, pues nadie podrá ser condenado a muerte por la declaración de un solo testigo.
7 Los testigos serán los primeros en arrojarle piedras al condenado, y después lo hará todo el pueblo. Así acabarán con el mal que haya en medio de ustedes.
8 Si tienen que juzgar un caso demasiado difícil, ya sea de muerte, pleito, heridas corporales o cualquier otra cosa que ocurra en su ciudad, vayan al lugar que el Señor su Dios haya escogido
9 y pónganse en contacto con los sacerdotes levitas y con el juez de turno para exponerles el caso. Entonces ellos dictarán la sentencia que corresponda al caso,
10 y ustedes la aplicarán siguiendo sus instrucciones al pie de la letra.
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En cada ciudad se establecieron tribunales de justicia (Deuteronomio 16:18). Estos tribunales podían escuchar tanto casos criminales como disputas entre particulares, y normalmente resolvían los asuntos que se les presentaban. Pero a veces un caso era demasiado difícil para que los jueces locales pudieran decidirlo.
Si un caso era demasiado difícil de juzgar, no era ninguna vergüenza que los jueces lo reconocieran. Podía tratarse de “sangre y sangre”, es decir, una cuestión relacionada con una muerte y otra muerte, como determinar si un homicidio había sido intencional o accidental. También podía tratarse de “causa y causa”, una disputa entre el demandante y el acusado, o de “golpe y golpe”, es decir, casos de lesiones o agresión. En esas situaciones, aunque los hechos parecieran claros, todavía podía no estar claro qué significaba la ley ni cómo debía aplicarse.
Anteriormente, estos casos difíciles se llevaban ante Moisés, siguiendo el consejo de Jetro. Después de la muerte de Moisés, debían presentarse ante la máxima autoridad de Israel. Podía ser un juez, cuando Dios levantaba a una persona excepcional para esa tarea, como Otoniel, Débora o Gedeón. También podía ser el sumo sacerdote, como en el caso de Elí, cuando Dios le concedía dones para guiar los asuntos públicos. Si no había una sola persona apartada para desempeñar ese papel, entonces los sacerdotes y levitas —los servidores del templo y maestros de la ley— debían escuchar la apelación. Probablemente eran los más capacitados por su conocimiento y experiencia, y también contarían con la ayuda del Espíritu de Dios para decidir estos asuntos (Deuteronomio 17:9, 17:11, 17:12).
No se les indicó que consultaran el Urim y el Tumim, los medios sagrados por los cuales Dios a veces daba respuestas directas. Ese recurso estaba destinado a asuntos que afectaban a todo el pueblo o al gobernante, no a casos privados comunes. En las disputas normales, el pueblo debía confiar en la sabiduría y la honestidad de quienes ocupaban los tribunales. Su decisión no tenía la autoridad directa de un oráculo, pero sí contaba con la firmeza de una promesa divina, porque Dios dijo: “Ellos te mostrarán la sentencia de juicio” (Deuteronomio 17:9). Además, su autoridad se basaba en que Dios mismo los había establecido como el tribunal supremo de la nación.
La sentencia final del juez, del sacerdote o del gran consejo debía obedecerse bajo pena de muerte: “Harás conforme a la sentencia” (Deuteronomio 17:10). El pueblo debía seguirla cuidadosamente y no apartarse de ella ni a la derecha ni a la izquierda (Deuteronomio 17:11). Esto era para honrar a Dios y preservar el buen orden del pueblo. Quienes habían sido establecidos para gobernar debían ser obedecidos en todos los asuntos que estuvieran dentro de su autoridad, aun cuando alguien sintiera que había sido tratado injustamente y no le agradara la decisión.
Si un juez de menor autoridad se negaba a cumplir el fallo del tribunal superior, o si un particular no lo aceptaba, esa obstinación debía castigarse con la muerte. Aunque el asunto fuera pequeño, la resistencia en sí misma era grave: “Ese hombre morirá, y todo el pueblo oirá y temerá” (Deuteronomio 17:12, 17:13). La rebelión y la oposición obstinada a la autoridad establecida por Dios son tan graves como la hechicería y la idolatría. Una persona puede discrepar por debilidad o por una incertidumbre sincera, y eso debe soportarse con paciencia. Pero oponerse a la autoridad por orgullo y maldad deliberada es luchar contra el gobierno que Dios ha establecido.
El propósito del castigo era que los demás oyeran y temieran, y no hicieran lo mismo. Algunas personas se sentirían impulsadas por la severidad de la pena a aborrecer la ofensa misma. Otras pensarían en su propia seguridad y escogerían someterse en vez de pecar poniendo en peligro su propia vida. A partir de esta ley, el apóstol presentó un argumento acerca del castigo mayor que merecen quienes pisotean la autoridad del Hijo de Dios (Hebreos 10:28, Hebreos 10:29).
De este capítulo
Deuteronomio 17:1
"No ofrezcan como sacrificio al Señor su Dios ningún toro ni oveja que tenga algún defecto o algo malo, porque eso le resulta repugnante."
Deuteronomio 17:2
"Si en alguna de las poblaciones que el Señor su Dios les da se descubre que algún hombre o mujer hace lo que desagrada al Señor y quebranta su alianza"
Deuteronomio 17:3
"adorando a otros dioses y arrodillándose ante ellos, ya sea ante el sol, la luna o las estrellas, algo que el Señor no ha mandado,"
Deuteronomio 17:4
"y si llegan a saberlo, investiguen bien el asunto. Si resulta ser verdad que un acto tan repugnante se ha cometido en Israel,"
Deuteronomio 17:5
"llevarán ante el tribunal de la ciudad a quien haya cometido esta mala acción y lo condenarán a morir apedreado."
Deuteronomio 17:6
"La sentencia de muerte se dictará solo cuando haya declaración de dos o tres testigos, pues nadie podrá ser condenado a muerte por la declaración de un solo testigo."
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