Versículo destacado
Zacarías 5:1 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Entonces me volví, levanté los ojos y miré, y vi un rollo que volaba. "
Zacarías 5:1
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
1 Entonces me volví, levanté los ojos y miré, y vi un rollo que volaba.
2 Y él me dijo: «¿Qué ves?». Yo respondí: «Veo un rollo que vuela; su longitud es de veinte codos y su anchura, de diez codos».
3 Entonces me dijo: «Esta es la maldición que sale sobre la faz de toda la tierra; porque todo el que roba será eliminado como de este lado, conforme a ella, y todo el que jura será eliminado como de aquel lado, conforme a ella».
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No leemos que el profeta necesitara ser despertado de nuevo, como ocurrió en Zacarías 4:1. Después de aquel primer despertar, permaneció alerta. De hecho, ahora ni siquiera necesita que le digan que mire a su alrededor, porque él mismo se vuelve, levanta los ojos y observa. A veces, las personas se vuelven más cuidadosas y vigilantes debido a debilidades anteriores.
Observemos primero lo que vio el profeta. Miró hacia el cielo y vio un rollo que volaba: un enorme rollo de pergamino que había sido desenrollado. Volaba con el viento, avanzando rápida y abiertamente por el aire, como un águila que se lanza sobre su presa. Era parecido al rollo de Ezequiel, escrito por ambos lados con palabras de lamento, duelo y desastre (Ezequiel 2:9-10). Así como la ley de Dios está escrita para darle certeza y permanencia, también está escrita la maldición de la ley. En ella quedan registradas cosas amargas contra el pecador. Lo que Dios ha escrito permanece.
Para captar la atención del profeta y despertar su deseo de entender, el ángel le pregunta qué ve. El profeta responde que ve un rollo que vuela y calcula que mide veinte codos de largo por diez codos de ancho, aproximadamente diez yardas por cinco yardas. Las Escrituras del Antiguo y del Nuevo Testamento son como rollos en los que Dios ha escrito las grandes verdades de su ley y de su evangelio. Cristo es el Señor de esos rollos. Son grandes porque contienen mucho. También son rollos que vuelan, como el ángel que llevaba el evangelio eterno y volaba por en medio del cielo (Apocalipsis 14:6). La palabra de Dios corre con rapidez (Salmo 147:15). Quien quiera entender estos rollos debe comenzar por decir claramente lo que ve y llegar, mediante una lectura cuidadosa, tan lejos como pueda. La pregunta es: «¿Qué está escrito en la ley y cómo la lees?». Si alguien puede decir eso, entonces puede recibir ayuda para entender lo que está leyendo.
El significado se explica en Zacarías 5:3-4. Este rollo que vuela es una maldición. Declara la justa ira de Dios contra los pecadores, especialmente contra quienes deshonran a Dios al jurar falsamente y contra quienes perjudican a su prójimo al robar. Que cada israelita disfrute con reverencia y temor las bendiciones de su país. Si jura, si roba o si vive de cualquier otra manera pecaminosa, quizá todavía vea esas bendiciones, pero no las disfrutará. La maldición ha salido contra él. «Si soy malo, ¡ay de mí por todo esto!».
Observemos hasta dónde llega esta maldición. El profeta la ve volar y pasar sobre la superficie de toda la tierra, no solamente sobre la tierra de Israel, sino sobre el mundo entero. Quienes pecan contra la ley escrita en su corazón serán juzgados por esa ley, aunque no tengan la ley escrita. Todas las personas están bajo el juicio de Dios, y dondequiera que haya pecadores en la tierra, allí también puede encontrarlos la maldición de Dios. Si pudiéramos ver por fe ese rollo que vuela sobre un mundo culpable como una nube oscura, apartando el favor de Dios y lleno de truenos, relámpagos y tormenta, sentiríamos aún más nuestra necesidad de un Salvador. Cristo nos redimió de la maldición de la ley al hacerse maldición por nosotros. El tamaño del rollo muestra cuántas maldiciones acumulan los pecadores sobre sí mismos. Si no se vuelven de sus caminos, Dios hará terribles sus castigos.
Observemos también contra qué pecadores se dirige particularmente esta maldición. El mundo está lleno de diferentes clases de pecado, y lo mismo ocurría con la comunidad judía de aquel tiempo. Pero aquí se mencionan dos clases: los ladrones y los que juran. Los ladrones incluyen a todos los que toman por fraude o por la fuerza lo que no les pertenece, especialmente a quienes le roban a Dios al usar para sí mismos lo que había sido apartado para honrarlo. Ese tipo de sacrilegio era un pecado grave entre los judíos de entonces (Malaquías 3:8; Nehemías 13:10). Quien roba a su padre o a su madre y dice: «No es pecado» (Proverbios 28:24), debe saber que esta maldición también está contra él, porque se dirige contra todo ladrón. El octavo mandamiento no expresa su castigo, pero esta maldición le da todo su peso.
El otro grupo es el de los que juran. Los ladrones quebrantan la segunda tabla de la ley, mientras que estos quebrantan la primera; y la maldición alcanza a quienes quebrantan cualquiera de las dos. El que jura de manera descuidada y profana no quedará sin castigo, y mucho menos quien jura falsamente (Zacarías 5:4). Al cometer perjurio, invoca la maldición sobre sí mismo, y eso es precisamente lo que le sucederá. Dios dirá amén al falso juramento del que juró y hará que recaiga sobre su propia cabeza. Esa persona apeló al juicio de Dios para respaldar una mentira, y se encontrará con ese mismo juicio.
El Señor también deja claro que esta maldición ciertamente se cumplirá: «Yo la sacaré», dice el Señor de los ejércitos (Zacarías 5:4). El que dicta la sentencia también se encargará de ejecutarla. Cuando Dios dice que la sacará, quiere decir, en primer lugar, que le da autoridad, porque es una maldición justa proveniente de un Dios justo. En segundo lugar, le da poder y dirige su obra. ¿Quién puede detener o resistir una maldición que el Dios todopoderoso ha puesto en marcha?
El efecto de esta maldición es terrible. Sobre el pecador mismo, todo ladrón será eliminado; no simplemente corregido, sino destruido y apartado de la tierra de los vivientes. La maldición de Dios penetra profundamente y mata. El ladrón será eliminado de este lado, es decir, de este lugar, Jerusalén; y el que jura también será eliminado de este lado. Dios no protegerá a los pecadores simplemente porque estén entre su pueblo, y la ciudad santa no protegerá a quien vive en impiedad. O quizá esto signifique que serán eliminados de toda la tierra, sobre la cual vuela la maldición. De cualquier manera, todos serán eliminados, unos y otros, porque los juicios de Dios en acción corresponden exactamente a sus juicios expresados en su palabra.
La maldición también alcanza la casa del pecador. Entrará en la casa del ladrón y en la casa del que jura. La maldición de Dios llega con autoridad para irrumpir, y ni las barras ni las cerraduras pueden mantenerla fuera. Encontrará al pecador en el lugar donde se siente más seguro, donde espera encontrar alimento y descanso: en su propia casa. No lo golpeará solamente a él, sino también a todos los que estén con él a causa de su pecado. Su canasta y sus reservas serán malditas, y también el fruto de su cuerpo (Deuteronomio 28:17-18). La maldición del Señor está en la casa del malvado (Proverbios 3:33).
La maldición no solo afligirá la casa de una persona ni se quedará en la puerta. Permanecerá en medio de ella y extenderá sus efectos dañinos por cada parte. Vivirá en su tienda, porque esa tienda en realidad no le pertenece, como dice Job 18:15. Estará donde él vive y lo acompañará a la mesa y a la cama, haciendo que ambos lugares se vuelvan infelices para él.
Una vez que la maldición toma el control, lo conserva. A menos que la persona se arrepienta y cambie su manera de vivir, no hay una forma fácil de expulsarla ni de romper su poder. De hecho, permanecerá hasta destruir incluso la madera y las piedras de la casa. Aunque la madera fuera tan dura como el roble y las piedras hubieran sido extraídas de la roca más resistente, no podrían resistir la maldición de Dios.
Antes, la piedra y la madera aparecían quejándose por el robo y la opresión de su dueño, gimiendo bajo el peso de todo aquello (Habacuc 2:11). Aquí se muestran liberadas de esa esclavitud y destrucción. Mientras aún eran fuertes y hermosas, se veían obligadas, contra su voluntad, a sostener el orgullo y la falsa seguridad del pecador. Pero cuando sean destruidas, sus ruinas permanecerán como señales duraderas de la justicia de Dios y como evidencia clara de la maldad del pecador.
El pecado arruina las casas y las familias, especialmente los pecados de injusticia y de quebrantar las promesas. ¿Quién conoce realmente el poder de la ira de Dios o la fuerza de su maldición? Hasta la madera y las piedras han sido destruidas por ella. Por eso, vivamos con reverencia y no pequemos.
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De este capítulo
Zacarías 5:2
"Y él me dijo: «¿Qué ves?». Yo respondí: «Veo un rollo que vuela; su longitud es de veinte codos y su anchura, de diez codos»."
Zacarías 5:3
"Entonces me dijo: «Esta es la maldición que sale sobre la faz de toda la tierra; porque todo el que roba será eliminado como de este lado, conforme a ella, y todo el que jura será eliminado como de aquel lado, conforme a ella»."
Zacarías 5:4
"«Yo la haré salir —declara el SEÑOR de los ejércitos—, y entrará en la casa del ladrón y en la casa del que jura falsamente por mi nombre. Permanecerá en medio de su casa y la consumirá junto con sus maderas y sus piedras»."
Zacarías 5:5
"Entonces salió el ángel que hablaba conmigo y me dijo: «Levanta ahora los ojos y mira qué es eso que sale»."
Zacarías 5:6
"Yo dije: «¿Qué es?». Y él dijo: «Esto que sale es un efa». Además, dijo: «Esta es la semejanza de ellos por toda la tierra»."
Zacarías 5:7
"Y vi que se levantaba un talento de plomo; y había una mujer sentada en medio del efa."
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