Versículo destacado
Zacarías 14:16 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Todos los que queden de las naciones que vinieron contra Jerusalén subirán año tras año para adorar al Rey, el SEÑOR de los ejércitos, y para celebrar la fiesta de los Tabernáculos. "
Zacarías 14:16
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
14 También Judá peleará en Jerusalén, y se reunirán las riquezas de todas las naciones de alrededor: oro, plata y ropa en gran abundancia.
15 La misma plaga caerá sobre el caballo, la mula, el camello, el asno y todos los animales que estén en estas tiendas.
16 Todos los que queden de las naciones que vinieron contra Jerusalén subirán año tras año para adorar al Rey, el SEÑOR de los ejércitos, y para celebrar la fiesta de los Tabernáculos.
17 Si alguna de las familias de la tierra no sube a Jerusalén para adorar al Rey, el SEÑOR de los ejércitos, no caerá lluvia sobre ella.
18 Y si la familia de Egipto no sube ni viene, no tendrá lluvia; sobre ella caerá la plaga con la que el SEÑOR herirá a las naciones que no suban a celebrar la fiesta de los Tabernáculos.
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Aquí se predicen tres cosas.
Primero, cuando el culto del evangelio se establezca en la iglesia, muchos se reunirán para participar en él. Los que sobrevivan al juicio de Dios contra sus enemigos reconocerán la misericordia de haber escapado y se volverán para adorar al Dios de Israel y honrarlo (Zacarías 14:16). Los que no fueron destruidos serán transformados, y eso hace que su rescate sea una misericordia doble. Los que antes marcharon contra Jerusalén, después de descubrir que sus ataques fueron inútiles, la admirarán y acudirán allí para adorar junto con aquellos a quienes antes se oponían.
Algunos enemigos de Cristo serán hechos sus siervos, y otros serán humillados hasta convertirse en sus amigos. Cuando se quite de ellos el espíritu de hostilidad, sus antiguos actos de rebelión serán perdonados, y su adoración será aceptada como si nunca hubieran luchado contra Jerusalén. Suben a adorar en Jerusalén porque ese era el lugar que Dios había escogido, y porque el templo de allí señalaba a Cristo y a su mediación, es decir, a su obra como aquel que reconcilia a Dios con los pecadores.
La gracia salvadora nos pone en lo correcto de cuatro maneras. Primero, nos orienta correctamente en cuanto al objeto de nuestra adoración: dejamos de adorar dioses falsos y las criaturas de nuestra propia imaginación, y adoramos al Rey, al SEÑOR de los ejércitos, al Rey eterno, al Rey de reyes, al Señor soberano de todo. También nos orienta correctamente en cuanto a las ordenanzas, es decir, las prácticas que Dios ha establecido para el culto. Aquí se muestra el culto del evangelio mediante la celebración de la fiesta de los Tabernáculos, porque esa fiesta representaba especialmente dos gracias: el desapego santo del mundo y el gozo en Dios (Nehemías 8:17). La vida de un buen cristiano es como una fiesta constante de los Tabernáculos, porque en toda devoción debemos apartarnos del mundo y alegrarnos en el Señor.
Además, nos orienta correctamente en cuanto al Mediador de nuestra adoración, es decir, Cristo, por medio de quien nos acercamos a Dios. Debemos llevar todas nuestras ofrendas a Cristo, nuestro templo, porque solo en él nuestros sacrificios espirituales son aceptables para Dios (1 Pedro 2:5). Si confiamos en nosotros mismos, no agradamos a Dios. Debemos acudir a él y hablar únicamente de su justicia. También nos orienta correctamente en cuanto al tiempo de la adoración. Debemos ser constantes y fieles. Ellos debían subir año tras año, en los momentos señalados, para celebrar solemnemente esta fiesta. Cada día de la vida del cristiano es como una fiesta de los Tabernáculos, y especialmente cada día del Señor, el gran día de la fiesta. Por eso, cada día debemos adorar al SEÑOR de los ejércitos, y cada día del Señor debemos hacerlo con especial solemnidad.
Segundo, aquellos que descuidan los deberes del culto del evangelio tendrán que rendir cuentas por su negligencia. Dios los hará comparecer ante él y adorarle al retirar su favor de quienes se niegan a cumplir sus ordenanzas: sobre ellos no habrá lluvia (Zacarías 14:17). Algunos entienden esto de manera figurada. Entonces se les retirará la lluvia de la enseñanza celestial y de la gracia que debería acompañarla. Dios mandará que las nubes no les den lluvia. Es justo que Dios retenga las bendiciones de la gracia de quienes no utilizan los medios de gracia, y que niegue los pastos verdes a quienes no permanecen cerca de los rediles del pastor.
O bien, esto puede entenderse literalmente: no habrá lluvia que haga fértil su tierra. Los dones de la providencia común, es decir, el cuidado ordinario de Dios para la vida diaria, justamente les serán negados a quienes descuidan y desprecian el culto establecido. Los que ignoraron la reconstrucción del templo fueron castigados con falta de lluvia (Hageo 2:17), y lo mismo les ocurrió a quienes se negaron a asistir cuando el templo fue edificado. Si somos estériles para Dios, es justo que la tierra se vuelva estéril para nosotros. Muchas personas encuentran obstáculos y retrocesos en sus asuntos, y a menudo la raíz de esto está en que no permanecen cerca del culto de Dios como deberían. Se alejan de Dios, y entonces él se les opone. Si abandonamos o posponemos los deberes que él espera de nosotros, es justo que retenga los favores que esperamos recibir de él.
¿Y qué ocurre con el pueblo de Egipto? Para ellos, la amenaza de que no haya lluvia no parece una amenaza, porque de todos modos no suelen depender de ella. No la necesitan, pues el río Nilo riega su tierra y la hace fértil; por eso, lo que parece un juicio para otros pueblos parece afectarlos menos (Zacarías 14:18-19). Sin embargo, si la familia de Egipto no sube, Dios encontrará la manera de tratar con ellos, porque en efecto sufrirán la misma plaga que cae sobre las demás naciones por descuidar la fiesta de los Tabernáculos. Dios podría impedir que el río se desbordara, lo cual equivaldría a cerrar las nubes. O, aunque el río creciera como de costumbre, Dios tenía otras maneras de provocar hambre en ellos y destruir el fruto de su tierra, como lo había hecho en varias de las diez plagas de Egipto. Así, este mismo castigo caería sobre Egipto, igual que sobre las demás naciones que no celebraran la fiesta de los Tabernáculos.
Quienes creen depender menos de la misericordia del cielo no pueden suponer que están a salvo de la justicia celestial. El hecho de que un pueblo pueda vivir sin lluvia no significa que pueda vivir sin Dios. No solo los cielos, sino toda criatura, es para nosotros aquello que Dios permite que sea. Ninguna manera de vivir puede excusarnos de los juicios de Dios. La nota al margen dice: «Este será el pecado de Egipto», y el pecado de todas las naciones que no suban a celebrar la fiesta de los Tabernáculos. La misma palabra puede referirse tanto al pecado como al castigo del pecado, porque ambos están estrechamente unidos, como ocurre en Génesis 4:7. El pecado suele llevar su propio castigo. Los pecados de omisión también son pecados, y tendremos que responder por ellos. Quienes no suben a adorar en los momentos establecidos, cuando tienen la oportunidad de hacerlo, acumulan culpa sobre sí mismos. Su pecado es también su propio castigo, porque quienes abandonan ese deber pierden el privilegio de tener comunión con Dios.
Tercero, a quienes cumplen los deberes del culto del evangelio se les dará gracia para honrar también su profesión de fe mediante una vida conforme al evangelio. Esto se promete en Zacarías 14:20-21, y es necesario para completar la belleza y la felicidad de la iglesia. En general, todo será santidad para el Señor. El nombre y la marca de la santidad ya no estarán limitados como antes. Antes, «Santidad al SEÑOR» estaba escrita únicamente en la frente del sumo sacerdote, pero ahora pertenecerá a muchos más. Todos los cristianos serán como templos vivientes y sacerdotes espirituales, apartados para honrar a Dios y servirle.
La verdadera santidad se extenderá mucho más que antes. Esto sucederá porque las personas tendrán medios más poderosos para crecer en santidad, mejores normas, razones más firmes y ejemplos de santidad más luminosos. También sucederá porque, después de la ascensión de Cristo, el Espíritu Santo será derramado con mayor plenitud que nunca.
Esta santidad llegará incluso a las cosas ordinarias que antes parecían estar muy alejadas de la religión. Los arreos de los caballos serán dedicados a Dios. «Santidad al SEÑOR» estará escrita en las campanillas de los caballos, o en sus bridas, o en sus adornos. Los caballos usados en la guerra ya no se emplearán contra Dios y su pueblo, sino para él y para ellos. Incluso sus guerras serán guerras santas, con sus jinetes sirviendo bajo la bandera de Dios.
Sus gobernantes, que cabalgan con pompa y una gran escolta, considerarán su mayor honor glorificar a Dios con su posición. «Santidad al SEÑOR» estará escrita en los arreos de sus caballos, como el lema que aparece en el carruaje de un noble. Todo caballero hará suyo el lema del sumo sacerdote y lo usará como recordatorio de no hacer nada indigno de él. Los viajeros lo llevarán en sus bridas, para tenerlo siempre delante y dejar que guíe sus pasos.
Incluso las campanillas de los caballos, que sirven para hacerlos avanzar por el camino y anunciar su llegada, llevarán las palabras «Santidad al SEÑOR». El sentido es que la santidad debe moldearnos personalmente y también mostrarse abiertamente a los demás dondequiera que vayamos.
La santidad también alcanzará los objetos de sus casas y estos se usarán al servicio de Dios. Primero, esto será cierto en las casas de los sacerdotes, o en las habitaciones situadas junto a la casa del Señor. Los vasos comunes que utilizan serán como los tazones que están delante del altar, los que se usaban para recibir la sangre de los sacrificios o para contener el vino y el aceite de las ofrendas líquidas. Sus utensilios de mesa se usarán con tanta reverencia, dominio propio y devoción a la gloria de Dios, y con una combinación tan profunda de pensamientos y palabras piadosas, que sus comidas parecerán sacrificios. Comerán y beberán, no para sí mismos, sino para aquel que prepara sus mesas y llena sus copas.
Esto debería ser especialmente cierto en las familias de los ministros, donde las acciones comunes deben realizarse de una manera piadosa, aunque en otros hogares se hagan de otra forma. Segundo, esto será cierto en las casas comunes, las de la gente del pueblo. «Toda olla en Jerusalén y en Judá será santidad al SEÑOR». Las ollas usadas para hervir carne y las copas para beber vino (Jeremías 35:5) ya no serán profanadas por los excesos. No se usarán para alimentar los deseos desordenados, cuando deberían ayudar a las personas a obedecer a Dios, como había ocurrido antes, cuando «todas las mesas estaban llenas de vómito y suciedad» (Isaías 28:8).
Lo que coman y beban en esos recipientes fortalecerá sus cuerpos para el servicio de Dios. También usarán generosamente lo que tienen para ayudar a los pobres. Entonces esas ollas serán verdaderamente «Santidad al SEÑOR», así como la riqueza y el salario de los tirios convertidos son llamados santos (Isaías 23:18). Tanto al ganar como al gastar, debemos tomar la voluntad de Dios como nuestra norma y la gloria de Dios como nuestra meta.
Cuando haya tal abundancia de santidad verdadera, las personas darán menos importancia a la santidad ceremonial, es decir, a los detalles externos de los ritos. Quienes ofrezcan sacrificios tomarán estos recipientes comunes y hervirán en ellos sus sacrificios, sin hacer distinción entre estos y los tazones que están delante del altar. En los tiempos del evangelio, los verdaderos adoradores adorarán a Dios en espíritu y en verdad, y no solamente en este monte ni únicamente en Jerusalén (Juan 4:21). Un lugar será tan aceptable para Dios como otro: Dios quiere que las personas oren en todo lugar (1 Timoteo 2:8). Un recipiente será tan aceptable como otro, siempre que no haya nada impropio ni desordenado y permanezca la verdadera esencia de la adoración.
Algunos piensan que esto significa que habría tantos sacrificios que los recipientes del santuario no serían suficientes. Si fuera así, en vez de rechazar a alguien o retrasar la ofrenda, usarían libremente recipientes comunes, tal como los levitas, en un momento de necesidad, ayudaron a los sacerdotes a sacrificar los animales (2 Crónicas 29:34).
Tampoco se introduciría ninguna impureza en las cosas sagradas para contaminarlas: «En aquel día ya no habrá ningún cananeo en la casa del SEÑOR de los ejércitos». Algunos entienden que esto significa que ya no habrá comerciantes allí, porque «cananeo» a veces puede significar «comerciante». Piensan que esto se cumplió en parte cuando Cristo expulsó de una ocasión a otra a los compradores y vendedores del templo. O quizá significa que, aunque personas que antes eran como los cananeos —extrañas y marginadas— sean recibidas en la casa del SEÑOR, ya no serán cananeas en su carácter. Perderán todo rastro del espíritu y de la manera de vivir de los cananeos.
También puede significar que, aunque los tiempos del evangelio hagan que las personas se preocupen menos por los recipientes sagrados, seguirán siendo muy estrictas en cuanto a la disciplina de la iglesia. Tendrán cuidado de no admitir a los profanos a los sacramentos, y mantendrán una distinción clara entre lo valioso y lo inútil, entre los israelitas y los cananeos. Sin embargo, esto no se cumplirá plenamente hasta la Jerusalén celestial, la casa del SEÑOR de los ejércitos, donde no entrará nada impuro. Al final de los tiempos, y no antes, Cristo quitará de su reino todo lo que causa pecado, y el trigo y la mala hierba quedarán separados de manera perfecta y para siempre.
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De este capítulo
Zacarías 14:1
"Mira, viene el día del SEÑOR, y tu botín será repartido en medio de ti."
Zacarías 14:2
"Porque reuniré a todas las naciones para combatir contra Jerusalén; la ciudad será tomada, las casas serán saqueadas y las mujeres serán violadas. La mitad de la ciudad irá al cautiverio, pero el resto del pueblo no será eliminado de la ciudad."
Zacarías 14:3
"Entonces el SEÑOR saldrá y peleará contra aquellas naciones, como cuando peleó en el día de la batalla."
Zacarías 14:4
"En aquel día sus pies se posarán sobre el monte de los Olivos, que está al este, frente a Jerusalén. El monte de los Olivos se partirá por la mitad, de este a oeste, y se formará un valle muy grande. La mitad del monte se desplazará hacia el norte y la otra mitad hacia el sur."
Zacarías 14:5
"Ustedes huirán al valle de los montes, porque el valle de los montes llegará hasta Azal. Sí, huirán como huyeron ante el terremoto en los días de Uzías, rey de Judá. Entonces vendrá el SEÑOR mi Dios, y todos los santos contigo."
Zacarías 14:6
"En aquel día, la luz no será clara ni oscura."
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