Versículo destacado
Rut 1:19 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Así que las dos siguieron adelante hasta llegar a Belén. Cuando llegaron a Belén, toda la ciudad se conmovió por causa de ellas, y decían: «¿Es esta Noemí?». "
Rut 1:19
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
17 «Donde tú mueras, yo moriré, y allí seré sepultada. Que el SEÑOR me castigue severamente si alguna cosa aparte de la muerte llega a separarnos a ti y a mí».
18 Cuando vio que estaba firmemente decidida a ir con ella, dejó de hablarle.
19 Así que las dos siguieron adelante hasta llegar a Belén. Cuando llegaron a Belén, toda la ciudad se conmovió por causa de ellas, y decían: «¿Es esta Noemí?».
20 Ella les respondió: «No me llamen Noemí; llámenme Mara, porque el Todopoderoso me ha tratado con mucha amargura».
21 «Me fui llena, pero el SEÑOR me ha hecho volver vacía. ¿Por qué me llaman Noemí, si el SEÑOR ha dado testimonio contra mí y el Todopoderoso me ha afligido?».
Explora estudios bíblicos guiados
Sesiones estructuradas con notas, preguntas y perspectivas del asesor
Las bienaventuranzas (microestudio de 5 días)
Un estudio breve sobre las bendiciones de Jesús y el camino del Reino.
Vista previa de la sesión 1:
Dichosos los humildes
6 min
Salmos de consuelo (microestudio de 5 días)
Sesiones breves y tranquilizadoras basadas en los Salmos.
Vista previa de la sesión 1:
El cuidado del Pastor
5 min
Crea una cuenta gratis para guardar notas, dar seguimiento a tu progreso y desbloquear todas las sesiones
Crear cuenta gratisComentario de Bible Guided
Noemí y Rut llegaron a Belén después de muchos pasos agotadores. Podemos pensar que el viaje se sintió más llevadero porque Noemí le había dado buenos consejos a Rut y ambas habían conversado por el camino. Llegaron justo en el momento indicado: al comienzo de la cosecha de cebada, la primera del año, antes de que llegara la cosecha de trigo. Ahora Noemí podía ver con sus propios ojos que el Señor sí había vuelto a darles pan a sus hijos en Judá, y Rut podía contemplar la tierra en su mejor momento. También tenían una buena oportunidad de prepararse para el invierno que se acercaba. Nuestros tiempos están en las manos de Dios, tanto lo que sucede como el momento en que sucede.
Los vecinos se conmovieron con su llegada. Los habitantes de la ciudad se reunieron alrededor de Noemí para preguntarle cómo estaba y darle la bienvenida de regreso a Belén. O quizá estaban preocupados porque la veían muy pobre y pensaban que podía convertirse en una carga para la ciudad. Esto demuestra que Noemí había sido conocida y respetada, pues tantas personas notaron su regreso. Cuando alguien que antes vivía con abundancia cae en la dificultad o la vergüenza, el cambio se hace más evidente.
Las mujeres de la ciudad dijeron: «¿Es esta Noemí?». Se sorprendieron al ver cuánto sufrimiento la había cambiado. Estaba tan desgastada por la aflicción que apenas podían creer que fuera la misma mujer que habían conocido, llena de vida y vigor. Una rosa se ve muy diferente después de marchitarse. La condición actual de Noemí contrastaba dolorosamente con la prosperidad que había disfrutado antes.
Si alguien hizo esa pregunta con burla, para avergonzarla por haberse ido y haber regresado con las manos vacías, habría sido una actitud cruel y mezquina. Nada es más inhumano que celebrar la caída de otra persona. Sin embargo, es probable que la mayoría hablara movida por la compasión y la tristeza. Recordaban que Noemí había vivido con comodidad, administrado bien su casa y dado generosamente a los pobres. La aflicción produce cambios repentinos y profundos. Cuando vemos cómo la enfermedad y la vejez transforman a las personas, incluso su rostro y su carácter, podemos pensar en las palabras de los habitantes de Belén: «¿Es esta Noemí?». La gracia de Dios debe prepararnos para todos esos cambios, especialmente para el gran cambio que llega con la muerte.
Sin embargo, el espíritu de Noemí estaba tranquilo. Si algunas personas la reprocharon por su pobreza, ella no respondió como lo habría hecho alguien orgulloso. Con una fe paciente, soportó su pérdida y todas sus dolorosas consecuencias (Rut 1:20-21). «No me llamen Noemí —dijo—; llámenme Mara», es decir, amarga. Noemí significa agradable o encantadora, pero todas las cosas agradables de su vida se habían ido. Ella se sentía amargada y habló desde un corazón lleno de dolor. Aceptó su condición, y nosotros también debemos aprender a hacerlo cuando la vida no marcha como quisiéramos.
Noemí habló de su situación transformada con reverencia ante la providencia de Dios y sin quejas descontroladas. Había sido un cambio muy triste. Se fue llena, como se sentía cuando su esposo y sus dos hijos estaban con ella. Gran parte del consuelo que las personas disfrutan en esta vida proviene de sus relaciones más queridas. Pero ahora regresaba vacía: viuda, sin hijos y probablemente con poco más que la ropa que llevaba puesta. La abundancia terrenal es incierta (1 Samuel 2:5). Aun cuando parece que tenemos suficiente, todavía podemos encontrarnos en necesidad. Pero existe una plenitud más profunda, una plenitud espiritual que no puede ser arrebatada; quienes la poseen nunca perderán su tesoro más valioso.
Noemí también reconoció la mano de Dios en su sufrimiento. «El Señor me ha hecho volver con las manos vacías —dijo—; el Todopoderoso me ha afligido». Nada ayuda más a un alma fiel a soportar las dificultades que reconocer la mano de Dios en ellas. El Señor es quien las permite y las envía (1 Samuel 3:18; Job 1:21). Noemí lo llama especialmente «el Todopoderoso», el Dios de poder absoluto, porque es insensato luchar contra él y sabio someterse a él. Ese también es el nombre con el que Dios estableció su pacto con su pueblo: «Yo soy el Dios Todopoderoso» (Génesis 17:1). Él aflige como Dios del pacto, y su completa suficiencia puede sostenernos y proveer lo que necesitamos en toda dificultad. Aquel que nos vacía de las cosas creadas también sabe cómo llenarnos de sí mismo.
Noemí sintió profundamente la amargura de su pérdida. «El Todopoderoso me ha tratado con mucha amargura», dijo. La copa del sufrimiento es amarga, aun cuando después produzca el fruto apacible de la justicia. Por el momento, es dolorosa y angustiosa (Hebreos 12:11). Job expresó algo parecido: «Escribes contra mí cosas amargas» (Job 13:26). Noemí también vio su sufrimiento como un testimonio en su contra: «El Señor ha dado testimonio contra mí». Cuando Dios nos corrige, también habla contra nosotros y nos trata como alguien que ha provocado su desagrado (Job 10:17). Cada vara tiene una voz, y habla como un testigo.
Entonces Noemí se adaptó a su nueva condición. «No me llamen Noemí —dijo—, porque ya no soy agradable, ni para mí misma ni para mis amigas. Llámenme Mara, amarga». Muchas personas que han perdido su posición o se han empobrecido todavía se aferran a los títulos vacíos que antes tenían. Noemí no hizo eso. Su humildad no le permitió conservar un nombre elevado cuando su situación había caído tan bajo. Si Dios la había tratado con amargura, ella estaba dispuesta a ajustar sus palabras a su realidad. Es apropiado que tengamos corazones humillados cuando Dios usa circunstancias humillantes para tratarnos. Cuando nuestra condición desciende, nuestro espíritu también debe descender con ella. Nuestras dificultades son santificadas cuando las soportamos correctamente, pues no es el sufrimiento en sí, sino el sufrimiento bien soportado, lo que nos hace bien. Como dijo Séneca, muchas pérdidas se desperdician en una persona que todavía no ha aprendido a sufrir. La dificultad produce paciencia.
Cómo puede ayudarte tu IA cristiana
Explora las Escrituras y la vida desde una perspectiva cristiana
Estudio bíblico
Orientación para la vida
Apoyo en la oración
Sabiduría diaria
Haz 3 preguntas gratis cada semana. No necesitas tarjeta de crédito. Ver planes
De este capítulo
Rut 1:1
"En los días en que gobernaban los jueces, hubo hambre en la tierra. Y cierto hombre de Belén de Judá fue a residir en la región de Moab, junto con su esposa y sus dos hijos."
Rut 1:2
"El hombre se llamaba Elimélec; su esposa se llamaba Noemí, y sus dos hijos, Mahlón y Quelión. Eran efrateos de Belén de Judá. Llegaron a la región de Moab y se quedaron allí."
Rut 1:3
"Entonces murió Elimélec, esposo de Noemí, y ella quedó con sus dos hijos."
Rut 1:4
"Ellos tomaron por esposas a mujeres de Moab. Una se llamaba Orfa, y la otra, Rut. Y vivieron allí unos diez años."
Rut 1:5
"Después murieron también los dos, Mahlón y Quelión, y la mujer quedó sin sus dos hijos y sin su esposo."
Rut 1:6
"Entonces ella se levantó con sus nueras para regresar de la región de Moab, porque había oído en la región de Moab que el SEÑOR había visitado a su pueblo dándoles pan."
Oración diaria
Recibe por correo electrónico una reflexión bíblica diaria
Comienza cada mañana con un versículo, una oración y un siguiente paso sencillo.
Aviso importante: Esta guía bíblica no sustituye la atención profesional de salud mental. Si estás experimentando síntomas de una crisis, comunícate con la Línea 988 de Prevención del Suicidio y Crisis o busca ayuda profesional inmediata.
Bible Guided ofrece orientación basada en la fe y debe complementar, no reemplazar, el apoyo terapéutico profesional.