Versículo destacado
Salmos 79:1 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Oh Dios, los paganos han entrado en tu heredad; han profanado tu santo templo; han convertido Jerusalén en montones de ruinas. "
Salmos 79:1
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
1 Oh Dios, los paganos han entrado en tu heredad; han profanado tu santo templo; han convertido Jerusalén en montones de ruinas.
2 Han dado los cadáveres de tus siervos como alimento a las aves del cielo, y la carne de tus santos a las bestias de la tierra.
3 Han derramado su sangre como agua alrededor de Jerusalén, y no hubo nadie que los enterrara.
Explora estudios bíblicos guiados
Sesiones estructuradas con notas, preguntas y perspectivas del asesor
Las bienaventuranzas (microestudio de 5 días)
Un estudio breve sobre las bendiciones de Jesús y el camino del Reino.
Vista previa de la sesión 1:
Dichosos los humildes
6 min
Salmos de consuelo (microestudio de 5 días)
Sesiones breves y tranquilizadoras basadas en los Salmos.
Vista previa de la sesión 1:
El cuidado del Pastor
5 min
Crea una cuenta gratis para guardar notas, dar seguimiento a tu progreso y desbloquear todas las sesiones
Crear cuenta gratisComentario de Bible Guided
Esta es una triste queja presentada ante el tribunal del cielo. El mundo está lleno de quejas, y también la iglesia, porque no solo sufre junto con el mundo, sino también a causa de él, como un lirio entre espinos. Ellos presentan su caso ante Dios. ¿A quién más acudirían sus hijos con sus problemas, sino a su Padre, quien está dispuesto y tiene el poder para ayudar?
Se quejan de los paganos, es decir, de las naciones que estaban fuera de Israel y eran enemigos declarados del pueblo de Dios. Aunque esas naciones no conocían a Dios ni afirmaban servirle, la iglesia apela correctamente a él contra ellas, porque están bajo su autoridad. Él es Rey sobre las naciones: puede someterlas a sus propósitos y juzgarlas con justicia. También es Rey sobre sus santos, dispuesto a protegerlos y mostrarles su favor.
Aquí se quejan de la ira de sus enemigos y de la furia desenfrenada del opresor, manifestadas de varias maneras. Primero, esa furia se dirigió contra lugares. Las naciones entraron en la heredad de Dios, invadieron la tierra santa, la saquearon y la dejaron en ruinas. Canaán era preciosa para los israelitas fieles no solo porque era su tierra, sino porque era la heredad de Dios, el lugar donde él era conocido y donde su nombre era grande. Las ofensas contra la religión deberían afligirnos más que las ofensas contra los derechos comunes, incluso contra nuestros propios derechos. Deberíamos estar más dispuestos a ver arruinada nuestra propia heredad que la heredad de Dios.
El enemigo también atacó la ciudad santa. Convirtieron Jerusalén en montones de escombros, como si fuera un cementerio. El pueblo quedó sepultado entre las ruinas de sus propias casas, y sus hogares se convirtieron en sus tumbas, en su morada final. También atacaron la casa santa. El santuario, que Dios había edificado alto y firme, y que se consideraba tan estable como la tierra, fue derribado hasta el suelo. Profanaron el templo de Dios al entrar en él y destruirlo. El propio pueblo de Dios lo había profanado con sus pecados, y por eso él permitió que sus enemigos lo profanaran con sus insultos.
También descargaron su furia contra las personas, contra los cuerpos del pueblo de Dios, y llevaron su malicia hasta el extremo. Derramaron su sangre sin medida y mataron sin compasión. No tuvieron piedad ni dieron cuartel (Salmo 79:3). Derramaron sangre como agua alrededor de Jerusalén. A todo el que entraba o salía de la ciudad lo acechaba la espada. Se derramó tanta sangre humana que parecía que los arroyos corrían rojos. Lo hicieron con la misma indiferencia con que se derrama agua, sin pensar que Dios recordaría cada gota cuando llamara a las personas a rendir cuentas por la sangre derramada.
También maltrataron los cadáveres. Después de matar a las personas, no permitían que nadie las enterrara. Peor aún, desenterraban los cuerpos de los siervos de Dios, de los santos, cuyos nombres y memoria odiaban, y los dejaban para que se los comieran las aves y los animales salvajes. Como mínimo, dejaban expuestos los cuerpos de quienes mataban y, en ocasiones, los colgaban encadenados. Esto era especialmente doloroso para los judíos, porque Dios había prohibido claramente semejante trato por considerarlo una atrocidad (Deuteronomio 21:23). Este mismo tipo de vergüenza se anuncia para los testigos de Cristo (Apocalipsis 11:9). Incluso sus cadáveres se convirtieron en testigos contra sus perseguidores. Como observó Agustín, esto no se menciona para mostrar cuán miserables eran los perseguidos, pues los cuerpos de los santos resucitarán en gloria, sino para mostrar la maldad de sus perseguidores.
También atacaron la reputación del pueblo. Los judíos sobrevivientes se habían convertido en objeto de reproche para sus vecinos. Otros aprovechaban cualquier oportunidad para insultarlos, burlarse de ellos y hacerlos parecer necios, despreciables o ambas cosas. Les echaban en cara sus pecados y sus sufrimientos, o trataban su relación con Dios y su esperanza en él como una mentira. Así llegaron a ser motivo de desprecio y de burla para todos los que los rodeaban. Cuando el pueblo que profesa seguir a Dios se aparta de lo que alguna vez fue, junto con sus antepasados, debe esperar que se lo recuerden. Es una muestra de misericordia cuando una vergüenza merecida ayuda a producir un arrepentimiento verdadero. Sin embargo, el pueblo de Dios unido al evangelio a menudo ha sufrido reproches y burlas injustos, y hasta los apóstoles fueron tratados como la basura del mundo.
Lo que más les sorprende es la ira de Dios, que perciben en la ira de sus vecinos. Por eso claman: «¿Hasta cuándo, Señor, estarás enojado? ¿Durará tu ira para siempre?». Están diciendo que no desean nada más que Dios se reconcilie con ellos y aparte su ira. Entonces la furia del ser humano sería contenida. Quienes valoran el favor de Dios más que la vida no pueden evitar temer su ira y suplicar que los libre de ella, porque es peor que la muerte.
Cómo puede ayudarte tu IA cristiana
Explora las Escrituras y la vida desde una perspectiva cristiana
Estudio bíblico
Orientación para la vida
Apoyo en la oración
Sabiduría diaria
Haz 3 preguntas gratis cada semana. No necesitas tarjeta de crédito. Ver planes
De este capítulo
Salmos 79:2
"Han dado los cadáveres de tus siervos como alimento a las aves del cielo, y la carne de tus santos a las bestias de la tierra."
Salmos 79:3
"Han derramado su sangre como agua alrededor de Jerusalén, y no hubo nadie que los enterrara."
Salmos 79:4
"Nos hemos convertido en afrenta para nuestros vecinos, en objeto de burla y escarnio para quienes nos rodean."
Salmos 79:5
"¿Hasta cuándo, SEÑOR? ¿Estarás enojado para siempre? ¿Arderán tus celos como fuego?"
Salmos 79:6
"Derrama tu ira sobre los paganos que no te han conocido y sobre los reinos que no han invocado tu nombre."
Salmos 79:7
"Porque han devorado a Jacob y han dejado desolada su morada."
Oración diaria
Recibe por correo electrónico una reflexión bíblica diaria
Comienza cada mañana con un versículo, una oración y un siguiente paso sencillo.
Aviso importante: Esta guía bíblica no sustituye la atención profesional de salud mental. Si estás experimentando síntomas de una crisis, comunícate con la Línea 988 de Prevención del Suicidio y Crisis o busca ayuda profesional inmediata.
Bible Guided ofrece orientación basada en la fe y debe complementar, no reemplazar, el apoyo terapéutico profesional.