Versículo destacado
Salmos 74:12 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Porque Dios es mi Rey desde tiempos antiguos, quien obra salvación en medio de la tierra. "
Salmos 74:12
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
10 Oh Dios, ¿hasta cuándo lanzará reproches el adversario? ¿Blasfemará el enemigo contra tu nombre para siempre?
11 ¿Por qué retiras tu mano, tu mano derecha? Sácala de tu seno.
12 Porque Dios es mi Rey desde tiempos antiguos, quien obra salvación en medio de la tierra.
13 Tú dividiste el mar con tu fuerza; quebraste las cabezas de los dragones en las aguas.
14 Tú hiciste pedazos las cabezas de Leviatán y lo diste como alimento al pueblo que habita en el desierto.
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La iglesia sufriente se aferra aquí a una sola verdad, la recuerda y encuentra esperanza en ella, como en (Lamentaciones 3:21). Ese recuerdo calma su dolor y contiene sus quejas. Dos pensamientos, en particular, tranquilizan a quienes lloran por la asamblea devastada.
Primero, Dios es el Dios de Israel, el Dios que hizo un pacto con su pueblo, como en (Salmos 74:12): «Dios es mi Rey desde tiempos antiguos». La iglesia usa esta verdad como una oración, como en (Salmos 44:4): «Tú eres mi Rey, oh Dios», y también como apoyo para su propia fe y esperanza. Mira hacia «los días de antaño», como en (Salmos 77:5), y recuerda cómo Dios siempre ha obrado a favor de su pueblo.
La iglesia habla como un solo cuerpo a través de todas las generaciones, por eso dice: «Mi Rey, mi Rey desde tiempos antiguos». Hace mucho tiempo, Dios asumió ese lugar entre ellos y se mostró como su Rey. Como Rey de Israel, obró salvación en medio de la tierra, porque todo lo que hizo al gobernar el mundo contribuyó al bien de su iglesia. Aquí se recuerdan varias obras de Dios para fortalecer la confianza en él.
Primero, abrió el mar delante de ellos cuando salieron de Egipto. Esto no sucedió por el poder de Moisés ni por su vara, sino por la fuerza del propio Dios. El Dios que pudo hacer eso puede hacerlo todo.
Segundo, destruyó al faraón y a los egipcios. El faraón era como un monstruo marino, y los egipcios eran como dragones: enemigos feroces y crueles. Dios quebrantó sus cabezas y frustró sus planes; aunque Israel era oprimido cada vez más, seguía multiplicándose. Dios aplastó su poder, devastó su tierra mediante las diez plagas y, finalmente, los ahogó a todos en el mar Rojo. Se trataba del faraón y de todo su ejército, como en (Ezequiel 31:18). Fue obra exclusiva del Señor, realizada con mano poderosa y brazo extendido.
Esta victoria también fortaleció a la iglesia. «Lo diste por comida al pueblo de Israel» significa que el botín de los egipcios los enriqueció, pues despojaron a los muertos y tomaron sus armas y bienes. También puede significar que este acto de juicio alimentó su fe y su esperanza mientras enfrentaban los peligros del desierto. Se convirtió en alimento espiritual para ellos. Cuando Dios quebranta las cabezas de los enemigos de la iglesia, su pueblo encuentra en ello gozo y fortaleza.
Tercero, Dios cambió el curso de la naturaleza, tanto al sacar agua de la roca como al secar los ríos. Hizo brotar manantiales y corrientes de la roca, como lo expresan algunas traducciones. Todos saben de dónde salió aquella agua: de la roca, de la roca dura. Esto nunca debe olvidarse, y mucho menos la verdad más profunda de que la roca era Cristo y que el agua que brotó de ella era bebida espiritual. También secó ríos caudalosos, especialmente el Jordán cuando se desbordaba. El que hizo estas cosas ahora puede liberar a su pueblo oprimido y romper el yugo de sus opresores, tal como lo hizo antes. Más aún, lo hará, porque su justicia, bondad, sabiduría y verdad no han cambiado, ni tampoco su poder.
Segundo, el Dios de Israel también es el Dios de la naturaleza, como en (Salmos 74:16-17). Él ordena la sucesión constante del día y la noche. Gobierna todo el tiempo. La tarde y la mañana quedan establecidas por su mandato. Él abre los ojos de la luz matutina y corre las cortinas de la sombra vespertina. Algunos lo expresan así: «Tú preparaste la luna y el sol», las dos grandes lumbreras que gobiernan alternativamente durante el día y la noche. Que estén «preparadas» señala su disposición constante y su exacta puntualidad, pues nunca dejan pasar la hora que les fue señalada.
Él también establece el verano y el invierno, y todos los límites de la tierra. Esto incluye los distintos climas del mundo y también el cambio constante de las estaciones a lo largo del año. En todo esto debemos reconocer a Dios, de quien proceden todas las leyes y fuerzas de la naturaleza. Pero esta verdad se menciona aquí porque el que estableció originalmente este orden y aún lo mantiene mediante los movimientos diarios y anuales de los cielos tiene, sin duda, todo el poder para salvar y para destruir. Para él nada es imposible, y ninguna dificultad es demasiado grande para que la venza.
Dios es fiel a su pacto con el día y la noche, y mantiene firmes las leyes de los cielos. Por eso ciertamente cumplirá su promesa a su pueblo y nunca rechazará a quienes ha escogido, como en (Jeremías 31:35-36) y (Jeremías 33:20-21). Su pacto con Abraham y sus descendientes es tan firme como su pacto con Noé y sus hijos, como en (Génesis 8:21).
Puesto que el día y la noche, el verano y el invierno, siguen sucediéndose en toda la tierra, debemos esperar que en la vida de la iglesia también se alternen las dificultades y la paz, la prosperidad y la aflicción. Tenemos tanta razón para esperar el sufrimiento como para esperar la noche y el invierno. Pero no tenemos más razón para desesperar de que vuelva el consuelo que para desesperar de que regresen el día y el verano.
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De este capítulo
Salmos 74:1
"Oh Dios, ¿por qué nos has desechado para siempre? ¿Por qué humea tu ira contra las ovejas de tu pastizal?"
Salmos 74:2
"Acuérdate de tu congregación, que compraste desde tiempos antiguos; de la vara de tu herencia, que redimiste; de este monte Sion, donde has habitado."
Salmos 74:3
"Levanta tus pies hacia las desolaciones perpetuas, hacia todo lo que el enemigo ha hecho perversamente en el santuario."
Salmos 74:4
"Tus enemigos rugen en medio de tus congregaciones; levantan sus estandartes como señales."
Salmos 74:5
"Un hombre era famoso conforme había levantado hachas contra la espesura de árboles."
Salmos 74:6
"Pero ahora derriban de una vez sus obras talladas con hachas y martillos."
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