Versículo destacado
Salmos 73:21 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Así se afligía mi corazón, y sentía punzadas en mis riñones. "
Salmos 73:21
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
19 ¡Cómo fueron llevados a la desolación en un instante! Fueron consumidos por completo con terrores.
20 Como un sueño cuando uno despierta, así tú, Señor, cuando despiertes, despreciarás su imagen.
21 Así se afligía mi corazón, y sentía punzadas en mis riñones.
22 Yo era tan insensato e ignorante; era como una bestia ante ti.
23 Sin embargo, estoy continuamente contigo; tú me has sostenido de la mano derecha.
Explora estudios bíblicos guiados
Sesiones estructuradas con notas, preguntas y perspectivas del asesor
Las bienaventuranzas (microestudio de 5 días)
Un estudio breve sobre las bendiciones de Jesús y el camino del Reino.
Vista previa de la sesión 1:
Dichosos los humildes
6 min
Salmos de consuelo (microestudio de 5 días)
Sesiones breves y tranquilizadoras basadas en los Salmos.
Vista previa de la sesión 1:
El cuidado del Pastor
5 min
Crea una cuenta gratis para guardar notas, dar seguimiento a tu progreso y desbloquear todas las sesiones
Crear cuenta gratisComentario de Bible Guided
El salmista convierte ahora la amarga lección de la tentación en una ganancia espiritual. Como en el acertijo de Sansón: «Del que come salió comida, y del fuerte salió dulzura»; aquello que casi lo destruye se convirtió en una fuente de sabiduría. Dios no permitiría que su pueblo fuera tentado si su gracia no fuera suficiente para guardarlo a salvo y ayudarlo a crecer por medio de esa experiencia.
Primero aprendió a pensar humildemente de sí mismo y a culparse delante de Dios. Al recordar la aflicción y el peligro que se había provocado al darle cabida a la tentación y discutir con ella, lo hizo con vergüenza. «Así se afligía mi corazón, y sentía punzadas en mis riñones» significa que su dolor interior era agudo y profundo, semejante a un fuerte dolor en los riñones. Para una persona piadosa, los pensamientos malos nunca son un deleite agradable, sino una carga. Pablo describió una prueba parecida como un «aguijón en la carne» (2 Corintios 12:7).
Esta tentación —la envidia mezclada con el descontento— era especialmente dolorosa. Si ese espíritu permanece en el corazón, se convierte en «podredumbre de los huesos» (Proverbios 14:30). Si solo lo visita por un tiempo, sigue siendo como una picadura aguda. La irritación pecaminosa lleva en sí misma su propia corrección, porque perjudica a quien se deja dominar por ella.
Por eso el salmista admite: «¡Qué necio fui!». Él mismo se había atormentado, y lo reconoce. Quienes se quejan con facilidad deberían aprender a decir lo mismo y avergonzarse de su descontento hasta abandonarlo. También confiesa: «Era ignorante; me comportaba como una bestia delante de ti». Los animales viven solo para el presente y nunca miran hacia adelante, y él había actuado de manera parecida. Debió haber sabido que no tenía sentido envidiar a los malvados porque parecían prosperar. Cuando las personas buenas caen en pecado por un tiempo, después recuerdan su conducta con tristeza, vergüenza y desprecio de sí mismas. Se llaman necias, como lo hicieron Job y otros siervos de Dios (Proverbios 30:2; Job 42:5-6; 2 Samuel 24:10).
A partir de ahí, pasa a una nueva confesión de la gracia de Dios. «Sin embargo —dice—, siempre estoy contigo; tú sostienes mi mano derecha». Esto puede significar que Dios lo había cuidado todo el tiempo, aun cuando la vida se le hacía difícil. Aunque se había quejado de estar afligido todo el día (Salmo 73:14), ahora se corrige. Dios no lo había rechazado. Había estado cerca, presente y fiel, y lo había guardado para que no lo abandonara ni se derrumbara bajo sus cargas. Si hemos sido preservados en el camino del deber y sostenidos en nuestra integridad, debemos atribuir esa preservación a la gracia gratuita de Dios. Si él ha mantenido viva en nosotros la vida espiritual, la promesa de la vida eterna, entonces no tenemos derecho a quejarnos de las dificultades presentes.
También puede significar que el salmista está pensando en su reciente liberación de aquella tentación. Aunque era necio e ignorante, Dios tuvo compasión de él y le enseñó (Hebreos 5:2). Nuestra indignidad no detiene la gracia gratuita de Dios. No nos mantenemos a salvo en la tentación por nuestra propia sabiduría, porque somos necios e ignorantes. Dios nos guarda por su presencia llena de gracia y por la intercesión de Cristo, para que nuestra fe no desfallezca. En efecto, el salmista dice que sus pies casi se habían desviado y que habrían resbalado sin remedio si Dios no hubiera sostenido su mano derecha.
Esto lo lleva a esperar en el futuro. El Dios que lo libró de ese mal también lo guardará hasta llegar al cielo, como dice Pablo: «El Señor me librará de toda obra mala y me llevará a salvo a su reino celestial» (2 Timoteo 4:18). Puesto que Dios ya lo ha sostenido, también lo guiará con su consejo y después lo recibirá en gloria (Salmo 73:24). Esa es la felicidad completa de los santos, y no les deja ninguna razón para envidiar el éxito de los pecadores.
Todos los que se entregan a Dios serán guiados por su consejo, por medio de su Palabra y de su Espíritu, los mejores guías que alguien puede tener. El salmista casi había pagado un precio muy alto por confiar en su propio criterio durante aquella tentación, así que decide buscar el consejo de Dios en el futuro y seguirlo. Y todos los que son guiados por Dios en esta vida serán recibidos en su gloria en la venidera. Si nuestro propósito es que la gloria de Dios se manifieste en nosotros, él hará que nuestro gozo eterno con él sea el destino de nuestra esperanza. Con esto en mente, debemos dejar de envidiar a los pecadores y regocijarnos en la bendición que Dios nos ha dado. Si Dios nos dirige en el deber y nos guarda de apartarnos, después nos recibirá en su reino y gloria. La esperanza de esa bienvenida final ayuda a calmar las circunstancias oscuras que ahora nos afligen y alivia el dolor causado por los pensamientos tentadores.
Todo esto también acercó más al salmista a Dios y lo hizo estar aún más seguro y gozoso de la decisión que había tomado. Ahora su corazón descansa con deleite en la felicidad que se encuentra en Dios, y la considera muy superior a la prosperidad de los malvados.
Vio pocas razones para envidiarles lo que poseían en las cosas creadas, porque descubrió que en el Creador tenía un consuelo mucho mayor, mejor, más seguro y más dulce. También reconoció cuántas razones tenía para dar gracias por ello. Antes se había quejado de sus aflicciones (Salmo 73:14), pero ahora le parecían leves y soportables. Todo está bien cuando Dios es mío.
Aquí escuchamos el anhelo de un alma santa por Dios y el descanso que encuentra en él. Para una persona piadosa, esto es lo que la prosperidad de la gente mundana representa para ellos en su imaginación. «¿A quién tengo en el cielo sino a ti?». Pocos versículos de los Salmos son más conmovedores que este. Muestra a un alma que se eleva hacia Dios, lo sigue de cerca y, aun así, está plenamente satisfecha en él.
En primer lugar, da por sentado que Dios es la única felicidad y el bien supremo de la humanidad. Solo quien creó el alma puede hacerla feliz. Nadie en el cielo ni en la tierra puede ocupar ese lugar aparte de él. En segundo lugar, muestra el movimiento del corazón hacia Dios a la luz de esa verdad. Si Dios es nuestra felicidad, entonces debemos tenerlo a él. Debemos escogerlo y estar seguros de que le pertenecemos. De nada sirve que él sea la felicidad de las almas si no es la felicidad de nuestra alma, ni que lo hagamos nuestro por medio de una fe viva, uniéndonos a él en un pacto eterno.
Si Dios es nuestra felicidad, nuestro deseo debe dirigirse hacia él y nuestro deleite debe estar en él. Las palabras expresan ambas cosas. Debemos disfrutar lo que ya tenemos de Dios y anhelar lo que todavía esperamos recibir de él. Nuestros deseos no solo deben elevarse hacia Dios, sino terminar en él. No debemos querer nada más que a Dios, y al mismo tiempo debemos querer cada vez más de Dios. Esto incluye todas nuestras oraciones: «Señor, danos a ti mismo». También incluye todas las promesas: «Yo seré su Dios» (Jeremías 31:33). «Mi alma te desea de noche; sí, mi espíritu dentro de mí te busca» (Isaías 26:8).
También debemos preferirlo a cualquier otra cosa que deseemos. «No hay nada en el cielo fuera de ti». No hay nadie más a quien buscar, en quien confiar, a quien procurar agradar o a quien anhelar. Dios es más glorioso en sí mismo que cualquier ser celestial (Salmo 89:6), y debe ser mucho más deseable a nuestros ojos. Hay seres excelentes en el cielo, pero solo Dios puede hacernos felices. Su favor importa más que el rocío refrescante del cielo, más que la influencia benéfica de las estrellas, más que la comunión con los santos en el cielo y más que el servicio de los ángeles allí.
«No deseo nada en la tierra fuera de ti». No solo a nadie en el cielo, un lugar lejano que conocemos poco, sino tampoco a nadie ni a nada en la tierra, donde tenemos muchos amigos y responsabilidades presentes. La tierra atrae los deseos de la mayoría de las personas; sin embargo, él declara que no quiere ninguna persona, cosa, posesión ni placer aparte de Dios, junto con Dios, en comparación con Dios o en competencia con Dios. No debemos desear nada aparte de Dios, excepto aquello que deseamos por amor a él, ni nada que no recibamos de él y que no podamos abandonar si él permite que nos falte. No debemos querer nada aparte de Dios como si fuera necesario para completar nuestra felicidad en él.
Si Dios es nuestra felicidad, debemos descansar en él con plena satisfacción (Salmo 73:26). Aquí se reconoce la existencia de una gran aflicción: «Mi cuerpo y mi corazón desfallecen». Otros han experimentado esto, y nosotros también lo experimentaremos. El cuerpo desfallece por la enfermedad, la vejez y la muerte. Lo que afecta los huesos y la carne nos toca profundamente, porque alcanza la parte de nosotros mismos que tantas veces hemos amado demasiado. Cuando el cuerpo desfallece, el corazón también está a punto de desfallecer. El valor, la dirección y el consuelo parecen desaparecer.
Pero en medio de esa angustia se ofrece una ayuda poderosa: «Dios es la fuerza de mi corazón y mi herencia para siempre». En sus mayores dificultades, las personas santas se apoyan en Dios como su fuerza espiritual y su porción permanente. Él es la fuerza de mi corazón, la roca de mi corazón, el fundamento firme que puede sostener mi peso sin ceder. He comprobado que él es así, todavía lo encuentro así y espero encontrarlo siempre de esa manera.
En la angustia que describía, hablaba de dos fallas: la carne y el corazón. Pero, al hablar del alivio, se apoya en una sola fuente de fortaleza. Deja de lado la carne y lo que le sucederá. Le basta con que Dios sea la fortaleza de su corazón. Habla como quien ya no está preocupado por el cuerpo, pues este necesariamente fallará y no hay remedio para ello, sino profundamente preocupado por el alma, para que su ser interior sea fortalecido. Dios también es mi porción para siempre. No solo me sostendrá mientras viva aquí, sino que me hará feliz cuando deje este mundo. Los santos eligen a Dios como su porción, y lo tienen como su porción. Su gozo consiste en que él será su porción para siempre, mientras exista el alma inmortal.
También estaba completamente convencido del estado miserable de todos los malvados. Aprendió esto en el santuario y nunca lo olvidaría (Salmo 73:27). Los que están lejos de Dios, en un estado de distancia y separación, y quieren que el Todopoderoso los deje tranquilos, ciertamente perecerán. Ese será su final. Ellos eligen permanecer lejos de Dios, y estarán lejos de él para siempre. Dios destruirá justamente a todos los que se apartan de él con infidelidad; es decir, a todos los que se han unido a él por profesión de fe, pero lo abandonan, dejando de cumplir su deber para con él y de disfrutar de su comunión para seguir a otro amor.
El destino es severo: nada menos que perecer y ser destruidos. Es universal: todos ellos, sin excepción. Es seguro: «Tú los has destruido», lo que significa que es tan cierto como si ya hubiera ocurrido; y la ruina de algunos malvados sirve como advertencia de la destrucción de los demás. Dios mismo se ocupa de este asunto, y es algo aterrador caer en sus manos. Aunque él es infinitamente bueno, defenderá su honor ofendido y hará valer su paciencia despreciada al destruir a quienes se apartan de él con infidelidad.
Por eso se sintió muy animado a aferrarse a Dios y confiar en él (Salmo 73:28). Si los que están lejos de Dios perecen, entonces eso debe impulsarnos a vivir en comunión con él. Si a quienes permanecen distantes de él les va tan mal, entonces acercarse a Dios y hacer que Dios se acerque a nosotros es bueno, verdaderamente bueno; es el bien supremo, lo mejor que una persona puede buscar y alcanzar en esta vida. El hebreo puede incluir ambos sentidos. Pero, por mi parte, lo expresaría así: para mí, es bueno estar cerca de Dios. Nuestro acercamiento a Dios comienza con el acercamiento de él a nosotros, y ese encuentro dichoso es lo que trae bendición.
Aquí se afirma una gran verdad: es bueno acercarse a Dios. Pero su fuerza está en la afirmación personal: «Para mí, es bueno». Las personas sabias saben qué es bueno para ellas. «Es bueno», dice él, y toda persona buena está de acuerdo: «Para mí, es bueno acercarme a Dios. Es mi deber. Es para mi beneficio».
Vivamos, por tanto, dependiendo constantemente de Dios. Debemos poder decir: «He puesto mi confianza en el Señor Dios, y nunca me apartaré de él para confiar en ninguna cosa creada». Si los malvados, a pesar de todo su éxito, perecerán y serán destruidos, entonces debemos confiar en el Señor Dios. Confiemos en él, no en ellos (véase Salmo 146:3-5). Confiemos en él, no en nuestro éxito terrenal. Confiemos en Dios, sin preocuparnos por ellos ni tenerles miedo. Confiemos en él para recibir una porción mejor que la de ellos.
Mientras hacemos esto, no debemos dudar de que tendremos motivos para alabar su nombre. Confiamos en el Señor para poder contar todas sus obras. Quienes ponen sinceramente su confianza en Dios nunca carecerán de razones para darle gracias.
Cómo puede ayudarte tu IA cristiana
Explora las Escrituras y la vida desde una perspectiva cristiana
Estudio bíblico
Orientación para la vida
Apoyo en la oración
Sabiduría diaria
Haz 3 preguntas gratis cada semana. No necesitas tarjeta de crédito. Ver planes
De este capítulo
Salmos 73:1
"Ciertamente Dios es bueno con Israel, con los de corazón limpio."
Salmos 73:2
"Pero en cuanto a mí, mis pies casi habían perdido el apoyo; mis pasos estuvieron a punto de resbalar."
Salmos 73:3
"Porque tuve envidia de los insensatos cuando vi la prosperidad de los malvados."
Salmos 73:4
"Porque no hay ataduras en su muerte, sino que su fuerza se mantiene firme."
Salmos 73:5
"No sufren las dificultades de otros hombres ni son azotados como otros hombres."
Salmos 73:6
"Por eso el orgullo los rodea como una cadena, y la violencia los cubre como una vestidura."
Oración diaria
Recibe por correo electrónico una reflexión bíblica diaria
Comienza cada mañana con un versículo, una oración y un siguiente paso sencillo.
Aviso importante: Esta guía bíblica no sustituye la atención profesional de salud mental. Si estás experimentando síntomas de una crisis, comunícate con la Línea 988 de Prevención del Suicidio y Crisis o busca ayuda profesional inmediata.
Bible Guided ofrece orientación basada en la fe y debe complementar, no reemplazar, el apoyo terapéutico profesional.