Versículo destacado
Filemón 1:8 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Por eso, aunque podría tener mucha libertad en Cristo para ordenarte lo que conviene, "
Filemón 1:8
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
6 para que la participación de tu fe llegue a ser eficaz mediante el conocimiento de todo bien que hay en ustedes en Cristo Jesús.
7 Porque tenemos gran gozo y consuelo en tu amor, pues las entrañas de los santos han sido reconfortadas por ti, hermano.
8 Por eso, aunque podría tener mucha libertad en Cristo para ordenarte lo que conviene,
9 prefiero más bien rogarte por amor, siendo yo Pablo, ya anciano y ahora también prisionero de Jesucristo.
10 Te ruego por mi hijo Onésimo, a quien engendré en mis cadenas,
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Aquí Pablo llega a la razón principal de su carta. Le ruega a Filemón que reciba a Onésimo y se reconcilie con él. Luego presenta varias razones para hacerle esta petición en Filemón 1:8-21.
La primera razón se basa en lo que ya ha dicho. Como se había hablado de tantas cosas buenas acerca de Filemón, especialmente de su amor por todos los santos, Pablo le pide que vuelva a demostrar ese amor en esta nueva situación. Quiere que Filemón renueve el corazón de Onésimo, y también el suyo, al perdonarlo y recibirlo. Una persona que ya tiene la costumbre de hacer el bien debe estar dispuesta a seguir haciéndolo conforme surjan nuevas necesidades. No debemos cansarnos de hacer el bien, sino continuar mientras se presenten nuevas oportunidades.
La segunda razón se basa en la autoridad que Pablo tenía como apóstol. Dice que podría hablar con mucha libertad en Cristo y ordenarles a Filemón que hiciera lo correcto. Los apóstoles tenían verdadera autoridad bajo Cristo en la iglesia, para el bien de todo el cuerpo. Sin embargo, Pablo decide no usar aquí una orden. Los ministros deben actuar con sabiduría al ejercer su autoridad. No deben imponer su poder de manera dura o inoportuna, sino usarlo con un juicio guiado por Dios.
Esto conduce a una tercera razón: Pablo decide apelar al amor en vez de dar una orden basada en su autoridad. Dice: «Por amor prefiero rogarte». No es una vergüenza que una persona con autoridad sea amable y haga una petición humilde cuando la situación lo permite. Pablo lo hace aun siendo apóstol. Con frecuencia, el amor tiene más poder para persuadir que la autoridad por sí sola.
La cuarta razón está relacionada con la condición personal de Pablo. Se describe como «Pablo, ya anciano, y ahora también prisionero de Jesucristo». A los mayores se les debe mostrar respeto, y las peticiones de un siervo anciano de Cristo deben escucharse con atención. En efecto, Pablo está diciendo que, si Filemón quiere consolar a un prisionero anciano y hacer más ligeras sus cadenas, debería concederle esta petición. Honrar a un siervo así de Cristo es, en un sentido verdadero, honrar a Cristo mismo.
Luego Pablo presenta una quinta razón basada en el nuevo vínculo espiritual entre él y Onésimo. Lo llama «mi hijo, a quien he engendrado en mis prisiones». En términos civiles, Onésimo todavía era siervo de Filemón, pero en sentido espiritual ahora era hijo de Pablo, porque Dios había usado a Pablo para llevarlo a la fe. Con frecuencia Dios consuela de esta manera a sus siervos que sufren. Mientras ellos padecen, él los usa para llevar el bien a otros, incluso para que algunos lleguen a la fe.
Pablo enfatiza esto al decir: «mi hijo, a quien he engendrado en mis prisiones». Onésimo era muy querido para Pablo, y Pablo esperaba que también llegara a ser querido para Filemón. Las bendiciones recibidas en la prisión son bendiciones preciosas. Los siervos de Dios pueden estar encadenados, pero su palabra y su Espíritu no están encadenados. Aun en la prisión pueden nacer hijos espirituales.
La sexta razón proviene del propio interés de Filemón. Pablo dice que antes Onésimo no le había sido útil, pero que ahora era útil tanto para Filemón como para Pablo. En el sentido más profundo, las personas que no han sido salvas son inútiles, porque no cumplen el gran propósito de sus vidas ni de sus relaciones. La gracia cambia eso. Onésimo antes había sido inútil, pero ahora estaba preparado para ser útil y lo sería para Filemón si este lo recibía de nuevo. Pablo incluso parece hacer eco del significado del nombre Onésimo, que quiere decir «útil» o «provechoso». Ahora su vida correspondería a su nombre.
Pablo también habla con mucha ternura del pasado de Onésimo. Onésimo había perjudicado a su amo y había huido, pero Pablo no le echa ese pecado en cara. Así como Dios perdona a los pecadores arrepentidos y no sigue recordándoles sus pecados, las personas también deben actuar con misericordia. Pablo no está diciendo que el pecado de Onésimo fuera insignificante. Está diciendo que Onésimo había sido humillado por causa de él, y que Pablo no quería aplastarlo todavía más. Por eso habla con suavidad mientras le pide a Filemón que lo perdone.
La conversión produce un cambio bendito. Convierte lo que era dañino en algo útil. Los siervos creyentes son un verdadero tesoro en un hogar. Llegan a ser cuidadosos con su tiempo y fieles con lo que se les confía, y trabajan para el bien de aquellos a quienes sirven. Por eso el punto de Pablo es claro: ahora sería beneficioso para Filemón recibir a Onésimo, porque había sido transformado y podía ser un siervo fiel.
La séptima razón de Pablo es su profundo afecto por Onésimo. Dice: «Recíbelo, es decir, como si recibieras mi propio corazón». Pablo amaba tanto a Onésimo que enviarlo de regreso le resultaba doloroso, pero lo hizo para que Filemón lo recibiera. Le pide a Filemón que lo reciba por consideración a Pablo, como alguien muy querido para él. A veces, incluso las personas buenas necesitan que se les insista con firmeza para dejar a un lado el enojo y perdonar a quienes les han hecho daño. Las muchas súplicas de Pablo muestran cuánto deseaba que Filemón avanzara hacia la misericordia y la reconciliación.
El octavo argumento se basa en el sacrificio personal de Pablo al enviar de regreso a Onésimo. Pablo podría haberlo retenido por más tiempo, porque Onésimo le era útil mientras estaba en prisión, pero no quiso hacerlo sin el consentimiento de Filemón (Filemón 1:13-14). Pablo necesitaba ayuda en la prisión, y Onésimo estaba capacitado y dispuesto a servirle. Aun así, Pablo decidió enviarlo de regreso para que cualquier acto de bondad de Filemón fuera hecho libremente y no bajo presión.
Esto demuestra que las buenas obras agradan más a Dios y a las personas cuando se hacen voluntariamente. También muestra que Pablo, aun siendo apóstol, respetaba los derechos civiles. El cristianismo no elimina los derechos ni los deberes ordinarios, sino que los confirma y los fortalece. Onésimo era siervo de Filemón, así que Pablo no lo retendría sin el permiso de su amo. Onésimo había perjudicado a su amo al huir, pero ahora que se había arrepentido, estaba dispuesto a volver a cumplir con su deber, y Pablo no impediría que lo hiciera.
Luego Pablo añade un noveno argumento: Onésimo había cambiado tanto que Filemón ya no tenía que temer que volviera a abandonarlo o que volviera a hacerle daño. Pablo dice: «Tal vez se apartó de ti por algún tiempo para que lo recibieras para siempre» (Filemón 1:15). Algunas personas son tan dañinas que, si las ayudas, quizá tengas que ayudarlas una y otra vez (Proverbios 19:19). Pero Pablo espera que Onésimo ahora sea diferente y que su cambio sea verdadero y duradero. Habla con cuidado para que nadie use estas palabras como una excusa para pecar, esperando obtener después un resultado favorable.
Debemos observar dos cosas. Primero, los ministros deben hablar con cuidado sobre asuntos que podrían tergiversarse para justificar el pecado. La bondad de Dios hacia los pecadores nunca debe usarse para disminuir el odio al pecado. Segundo, Pablo habla con ternura del pasado de Onésimo. Lo llama un apartamiento por algún tiempo en vez de usar palabras más duras. No minimiza la maldad del acto, pero habla del hombre arrepentido como alguien a quien Dios ahora cubre con su gracia.
El punto de Pablo es que Onésimo ahora puede regresar como un siervo fiel por el resto de su vida. El antiguo patrón de necedad no es lo que produce la gracia en un verdadero arrepentimiento. Dios puede sacar un buen final de un comienzo sumamente malo. Puede transformar a un esclavo pobre y de baja condición, que había hecho lo malo y había huido de un hogar piadoso y de los medios de gracia, en un hombre salvo y útil. Onésimo había huido de la iglesia que se reunía en la casa de Filemón, pero ahora había encontrado el camino de la salvación. ¡Qué riquezas hay en la gracia de Dios! Nadie es tan insignificante, indigno o malo que debamos darlo por perdido.
Pablo dice que este cambio significa que Onésimo debe ser recibido de una manera nueva, y ese es su décimo argumento (Filemón 1:16). «Ya no como siervo —dice—, sino como algo más que un siervo: como un hermano amado». Filemón debía reconocerlo como hermano en Cristo y amarlo como tal. Debido a este cambio santo, Onésimo ahora sería más útil y de una manera mejor. Se preocuparía por el bien de la casa de Filemón, ayudaría a la iglesia que se reunía allí y serviría con un corazón renovado.
Existe una hermandad espiritual entre todos los verdaderos creyentes, aun cuando difieran en rango social o posición externa. Todos son hijos del mismo Padre celestial y comparten los mismos dones y privilegios espirituales. Por eso deben amarse y hacerse el bien unos a otros como hermanos. Sin embargo, el cristianismo no elimina los deberes civiles ni confunde las distintas responsabilidades. Más bien, fortalece esos deberes y ayuda a las personas a cumplirlos correctamente.
Los siervos creyentes son más que siervos comunes, porque tienen la gracia en el corazón y han hallado el favor de Dios. David dijo: «Mis ojos estarán sobre los fieles de la tierra, para que vivan conmigo; el que anda por el camino de la integridad me servirá» (Salmo 101:6). Por eso Filemón debía recibir a Onésimo como alguien que compartía la misma fe: un hermano amado, especialmente para Pablo, a quien Dios había usado en la conversión de Onésimo. A los buenos ministros les importa menos lo que los creyentes puedan darles en lo externo que el bien espiritual que ellos mismos ayudan a recibir.
Pablo llama a Onésimo su propio corazón y habla de otros convertidos como su gozo y su corona. Dice que Onésimo es un hermano amado, especialmente para él, pero mucho más para Filemón, tanto en el plano humano como en el Señor. Esto le da a Filemón una doble razón para recibirlo con alegría, porque Onésimo es su siervo y también su hermano en Cristo. Pertenece a Dios y a Filemón, y ahora hay más vínculos que nunca que lo unen a un servicio fiel.
Esto conduce al undécimo argumento de Pablo, basado en la comunión entre los creyentes. «Si me consideras tu compañero», dice, «recíbelo como me recibirías a mí» (Filemón 1:17). Existe una verdadera comunión entre los santos. En Cristo se pertenecen unos a otros, y deben demostrarlo con amor y bondad.
En efecto, Pablo le dice: «Ahora demuéstrame tu amor y el lugar que ocupo en tu corazón amando y recibiendo a alguien que es tan querido para mí, como me recibirías a mí mismo. Trátalo como me tratarías a mí, con el mismo afecto sincero y dispuesto, aunque quizá no sea igual en grado».
Pero ¿por qué Pablo muestra tanta preocupación y seriedad por un siervo, un esclavo y alguien que se había portado mal? La respuesta es que Onésimo, ahora arrepentido, necesitaba ánimo. Pablo quería afirmarlo frente al temor de regresar con un amo al que había ofendido, evitar que cayera en la desesperación y fortalecerlo para cumplir con su deber. Los ministros sabios y fieles se preocupan profundamente por los nuevos convertidos y los animan de todas las maneras posibles a hacer lo correcto.
Alguien podría objetar que Onésimo no solo había ofendido a Filemón, sino que también le había hecho daño y le había quitado algo. Pablo responde también a eso, y presenta así un duodécimo argumento: la promesa de pagarle a Filemón. «Y si te hizo algún daño, o te debe algo» (Filemón 1:18-19). Este «si» no expresa duda, sino acuerdo, como si dijera: puesto que te hizo daño y quedó endeudado contigo. Las personas verdaderamente arrepentidas reconocen con honestidad sus faltas, como sin duda Onésimo se las había confesado a Pablo cuando despertó espiritualmente y llegó al arrepentimiento. Esto es especialmente necesario cuando el daño se le hizo a otra persona.
Pablo también promete reparar el daño: «Ponlo a mi cuenta. Yo, Pablo, lo escribo de mi puño y letra: yo lo pagaré». Esto demuestra que la comunión cristiana no elimina los derechos legítimos relacionados con las posesiones. Aunque Onésimo ahora era convertido y un hermano amado, seguía siendo siervo de Filemón y aún debía responder por el daño que había causado. Esa deuda solo podía cancelarse mediante el perdón voluntario, mediante la reparación hecha por él mismo o por alguien que actuara en su favor; y Pablo está dispuesto a asumir esa responsabilidad si fuera necesario.
Ser fiador, es decir, asumir la responsabilidad por la deuda de otra persona, no siempre está mal. En algunos casos puede ser un acto bueno y misericordioso. Pero es necesario conocer tanto a la persona como la situación. No te hagas responsable por la deuda de un extraño (Proverbios 11:15), ni vayas más allá de lo que puedes soportar. Puedes ayudar a un amigo hasta donde lo permitan la justicia y la sabiduría. ¡Cuánto debemos agradecer que Cristo se hizo fiador de un mejor pacto, asumiendo la responsabilidad por nosotros (Hebreos 7:22)! Él, que no conoció pecado, fue hecho pecado por nosotros para que nosotros llegáramos a ser justicia de Dios en él.
La promesa de Pablo también quedó escrita. Tanto una garantía formal por escrito como una promesa verbal pueden ser necesarias y válidas. Las personas mueren, y las palabras pueden olvidarse o malinterpretarse. La escritura conserva mejor tanto los derechos como la paz, y las personas piadosas la han utilizado en todas las épocas (Jeremías 32:9; Lucas 16:5-7). Fue un gran acto de amor que Pablo, quien vivía de los regalos de otros, prometiera compensar toda la pérdida causada por un siervo malo. Con esto mostró su profundo amor por Onésimo y su plena confianza en la sinceridad de su conversión. También pudo haber esperado que, aun después de esa generosa oferta, Filemón no insistiera en el pago, sino que perdonara todo voluntariamente.
Pablo da además una tercera razón, basada en el vínculo que existía entre ambos: «Ni siquiera necesito recordarte que me debes tu propia persona». La modestia al hablar de los propios méritos es una forma de verdadera alabanza. Pablo señala con delicadeza los beneficios que le había dado a Filemón. En esencia, le dice: «Cualquier gracia que tengas delante de Dios y cualquier consuelo que disfrutes ahora, después de Dios, se lo debes a mi ministerio. Fui el instrumento que Dios utilizó para hacerte bien espiritualmente. Cuánto me debes por eso, te corresponde considerarlo a ti». Perdonar una deuda de dinero a un hombre pobre y arrepentido por consideración a Pablo —especialmente cuando Pablo mismo se ofrece a asumir esa deuda— no es un sacrificio tan grande en comparación con aquella deuda mayor.
Observa cuán profundo puede ser el afecto entre los ministros y aquellos cuya conversión o crecimiento Dios ha bendecido por medio de sus esfuerzos. Pablo les dijo a los gálatas que, si hubiera sido posible, se habrían sacado los ojos para dárselos a él (Gálatas 4:15). También los llamó sus hijos, por quienes volvía a sufrir dolores de parto hasta que Cristo fuera formado en ellos, es decir, hasta que la semejanza de Cristo se manifestara más plenamente en sus vidas. De la misma manera, dice en 1 Tesalonicenses 2:8 que estaba dispuesto a compartir con ellos no solo el evangelio de Dios, sino también su propia vida, porque habían llegado a serle muy queridos.
Esto también puede ayudarnos a entender, por comparación, la obra de Cristo por nosotros. Nos habíamos apartado de Dios y, por causa del pecado, le habíamos hecho daño. Pero Cristo se comprometió a hacer satisfacción por nosotros, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios. Es como si dijera: «Si el pecador te debe algo, ponlo a mi cuenta y yo pagaré la deuda. Que su culpa recaiga sobre mí, y yo soportaré el castigo».
Pablo añade un decimotercer argumento, basado en el gozo y el consuelo que él mismo recibiría de la obediencia de Filemón y de la restauración de Onésimo, como fruto apropiado de la fe de Filemón: «Sí, hermano, permíteme recibir este beneficio de ti en el Señor; reconforta mi corazón en el Señor» (Filemón 1:20). Filemón era hijo de Pablo en la fe, pero Pablo le ruega como a un hermano. Onésimo era un esclavo pobre, pero Pablo intercede por él como si estuviera pidiendo algo grande para sí mismo.
Qué conmovedoras son las palabras de Pablo aquí. «Sí, hermano», o «oh, hermano mío», expresa un profundo deseo. En esencia, le dice: «Permíteme recibir este gozo de ti en el Señor. Sabes que ahora soy prisionero por causa del Señor, sufriendo por él, y necesito todo el consuelo y apoyo que mis amigos en Cristo puedan darme. Esto me traerá alegría. Recibiré gozo de ti en el Señor al ver una verdadera señal de tu fe y amor cristianos, y al saber que Onésimo ha sido aliviado y fortalecido».
Los cristianos deben hacer aquello que trae gozo unos a otros, tanto entre los creyentes como entre estos y sus ministros. Del mundo esperan dificultades; por eso, ¿en quién más deberían buscar consuelo y alegría sino unos en otros? El fruto de la fe y la obediencia en los creyentes es el mayor gozo de un ministro, especialmente cuando se manifiesta en amor a Cristo y a su pueblo, en el perdón de las ofensas, la misericordia y la bondad, tal como su Padre celestial es bondadoso. «Reconforta mi corazón en el Señor» significa: «Permíteme recibir este consuelo para la honra de Cristo, no por algún motivo egoísta». La honra y el servicio del Señor deben ser el objetivo principal del cristiano en todo. Para un buen ministro, es como alimento y bebida ver que las personas están dispuestas a hacer el bien, especialmente mediante actos de generosidad y misericordia, como perdonar las ofensas y renunciar a algunas cosas que legítimamente les pertenecen.
El último argumento de Pablo se basa en la buena esperanza que tiene de Filemón. Dice: «Confiando en tu obediencia, te escribo, sabiendo que harás aun más de lo que digo» (Filemón 1:21). Las buenas expectativas que tenemos de las personas a menudo las impulsan con más fuerza a hacer lo que se les pide. Pablo sabía que Filemón era un hombre bueno, así que confiaba en que estaría dispuesto a hacer el bien y que lo haría generosamente, no de mala gana.
Esa es la marca de una persona verdaderamente buena: está dispuesta a hacer buenas obras y abunda en ellas. Isaías dice: «El noble piensa hacer cosas nobles» (Isaías 32:8). Los macedonios primero se entregaron al Señor y después, conforme a la voluntad de Dios, se entregaron a los apóstoles, dispuestos a usar lo que tenían para hacer el bien cada vez que se presentara la oportunidad. De esta manera, Pablo llega al cierre de la parte principal de la carta.
Luego pasa a la conclusión y expresa la esperanza de ser liberado por medio de las oraciones de ellos, con la expectativa de visitarlos pronto. Le pide a Filemón que le prepare un lugar: «Prepárame alojamiento, porque espero que, por las oraciones de ustedes, Dios me conceda volver a estar con ustedes» (Filemón 1:22). Al decir esto, quizá también estaba animando a Filemón, como si le dijera que esperaba ir a ver el resultado de su carta.
La petición es sencilla: que prepare alojamiento, con todo lo que necesita un huésped. Pablo espera quedarse con Filemón como un visitante bien recibido. La hospitalidad es un gran deber cristiano, especialmente entre los ministros y hacia los ministros, como Pablo, que había sufrido tanto por Cristo y por el evangelio. Es honorable cuidar de una persona así. Pablo muestra ese mismo honor hacia Gayo, a quien llama «mi anfitrión y el de toda la iglesia» (Romanos 16:23). También recordaba con cariño a Onesíforo, porque muchas veces lo reconfortó y no se avergonzó de sus cadenas (2 Timoteo 1:16, 1:18).
Pablo da la razón de su petición: «Espero que, por las oraciones de ustedes, Dios me conceda estar con ustedes» (Filemón 1:22). Él no sabía cómo trataría Dios con él, pero muchas veces había visto el valor de la oración y esperaba recibir de nuevo esa ayuda. Nuestra vida, libertad y capacidad para servir dependen de Dios, y todo sucede conforme a su voluntad. Cuando carecemos de estas bendiciones o de cualquier otra, nuestra esperanza debe permanecer en Dios mientras el asunto siga sin resolverse.
Al mismo tiempo, la esperanza debe valerse de los medios disponibles, especialmente de la oración, aun cuando no haya ninguna otra ayuda. La oración ha abierto las puertas del cielo y de las cárceles. «La oración del justo es poderosa y eficaz». Las personas deben orar por los ministros, sobre todo cuando están en peligro o aflicción. Los ministros necesitan esas oraciones y las piden. Pablo, aunque era apóstol, pidió oración muchas veces, como en Romanos 15:30; 2 Corintios 1:11; Efesios 6:18-19; y 1 Tesalonicenses 5:25.
La oración obtiene bendiciones, pero no las merece por sí misma. Lo que recibimos sigue siendo un regalo de Dios y algo que Cristo adquirió para nosotros. En efecto, Pablo dice: «Espero que Dios me conceda gratuitamente estar con ustedes por medio de sus oraciones». Dios todavía quiere que busquemos sus dones, para que valoremos más su misericordia, reconozcamos de dónde procede y le demos la alabanza. La vida y el trabajo de los ministros tienen como propósito el bien del pueblo. Dios dio dones a las personas, incluidos apóstoles, pastores y maestros, para beneficio de la iglesia (Efesios 4:8, 4:11-12). Todo pertenece a los creyentes en Cristo, incluso Pablo, Apolos y Cefas (1 Corintios 3:21-22).
Cuando las personas oran por ministros fieles, en realidad están orando por su propio bien. Pablo quiere decir: «Espero que Dios me conceda estar con ustedes para servirles, consolarlos y ayudarles a crecer en Cristo» (2 Corintios 4:15). También se hace evidente su humildad, porque habla de su posible liberación como algo que recibiría por medio de las oraciones de ellos. Lo hace, en parte, porque tiene en alta estima las oraciones de muchos y el cuidado de Dios hacia quienes oran.
Luego Pablo envía saludos de parte de un compañero de prisión y de cuatro colaboradores (Filemón 1:23-24). Saludar es expresar un deseo de bienestar y paz. El cristianismo no se opone a la cortesía, sino que la enseña (1 Pedro 3:8). Estos saludos son muestras sencillas de amor y respeto, y ayudan a mantener vivo el amor.
«Epafras, mi compañero de prisión en Cristo Jesús», envía saludos. Epafras era de Colosas, así que probablemente era vecino y conciudadano de Filemón. Parece haber sido un evangelista que trabajó entre los colosenses, quizá incluso el primero en llevarles el evangelio. Pablo lo había llamado «nuestro querido colaborador» y «fiel ministro de Cristo» para beneficio de ellos (Colosenses 1:7). También lo describió como alguien que siempre luchaba por ellos en oración (Colosenses 4:12-13).
Epafras era un hombre muy digno. Estaba en Roma, quizá junto a Pablo, compartiendo el mismo trabajo de anunciar el evangelio, y también estaba encerrado en la misma prisión por la misma causa. Ambos eran prisioneros en Cristo Jesús; es decir, su sufrimiento no se debía a ningún delito, sino a su fe en Cristo y a su servicio a él. Es un honor sufrir vergüenza por el nombre de Cristo.
Pablo menciona a Epafras como alguien que le daba honra y consuelo. Su encarcelamiento era doloroso porque limitaba su trabajo. Sin embargo, la providencia de Dios había dispuesto las cosas de tal manera que sufrieran juntos, lo cual les daba el consuelo de orar el uno por el otro y quizá ayudarse mutuamente en algunos asuntos. De esta manera, Dios a veces reduce los sufrimientos de sus siervos por medio de la comunión entre creyentes. Cuando sufren por causa de Dios, a menudo encuentran su mayor consuelo unos en otros. Pablo y Silas también experimentaron esto: tenían los pies sujetos en el cepo, pero la lengua libre y el corazón elevado en alabanza a Dios.
Después, Pablo menciona a Marcos, Aristartaco, Demas y Lucas, sus colaboradores. Mencionarlos también refuerza discretamente la petición. Al menos en el caso de la mayoría de ellos, parecería poco razonable rechazar una petición relacionada con tantos nombres dignos. Marcos era primo de Bernabé e hijo de María, quien hospedaba a los santos en Jerusalén y cuya casa era un lugar de reunión para orar y adorar (Colosenses 4:10; Hechos 12:12).
Aunque Pablo quizá había encontrado alguna falta en Marcos cuando se separaron por primera vez, Marcos continuó con Bernabé y permaneció fiel en la obra. Aquí se ve claramente que Pablo y Marcos se habían reconciliado y que sus antiguas diferencias habían quedado atrás (2 Timoteo 4:11). Pablo pide que Marcos vaya a verlo porque «es útil para el ministerio», es decir, para la obra de un evangelista, alguien que proclama el evangelio.
Aristarco es mencionado junto con Marcos (Colosenses 4:10), y allí Pablo lo llama su compañero de prisión. También dice que Marcos, el primo de Bernabé, ya había recibido instrucciones: si iba a visitar a los colosenses, debían recibirlo. Esto muestra que el mismo Pablo había aceptado nuevamente a Marcos y había hecho las paces con él. Después aparece Demas, quien hasta ese momento no parece haber mostrado ninguna falta, aunque más tarde Pablo dice que lo abandonó porque amaba este mundo presente (2 Timoteo 4:10). Sin embargo, la Escritura no dice cuán completa fue esa deserción, si abandonó por completo su trabajo y su fe o solo en parte, ni si después se arrepintió y regresó. Aquí no se le atribuye ninguna vergüenza, y aparece unido a otros que habían sido fieles, como también sucede en Colosenses 4:14.
Lucas es el último mencionado: «el querido médico» y evangelista que fue a Roma y permaneció con Pablo como compañero (Colosenses 4:14; 2 Timoteo 4:11). Fue un colaborador cercano de Pablo en sus mayores peligros y trabajó junto a él. El ministerio no consiste en comodidad ni placer, sino en trabajo arduo, y quien permanece ocioso en él no responde a su llamado. Cristo les dice a sus discípulos que oren al Señor de la cosecha para que envíe trabajadores, no personas perezosas, a su cosecha (Mateo 9:38). También se les dice a los creyentes que reconozcan a quienes trabajan entre ellos, los dirigen en el Señor y los amonestan, y que los tengan en muy alta estima y amor por causa de su trabajo (1 Tesalonicenses 5:12-13).
«Mis colaboradores», dice el apóstol. Los ministros deben trabajar juntos por la verdad. Sirven al mismo Señor, en la misma tarea y el mismo oficio santo, y esperan la misma recompensa gloriosa. Por eso, deben ayudarse unos a otros a promover los intereses de su gran y común Maestro. Así terminan los saludos, y luego viene la oración y bendición final del apóstol (Filemón 1:25).
Observemos lo que pide: gracia, el favor gratuito y el amor de Dios, junto con los buenos frutos y efectos que proceden de ella para el alma y el cuerpo, para el tiempo presente y la eternidad. La gracia es el mejor deseo que podemos pedir para nosotros y para los demás. Pablo comienza y termina con ella. Observemos también de quién procede: de nuestro Señor Jesucristo, el Hijo de Dios, la segunda Persona de la Trinidad, Señor por derecho natural, por medio de quien y para quien fueron creadas todas las cosas (Colosenses 1:16; Juan 1:1-3), y heredero de todo. Como Dios y ser humano, y como Mediador, aquel que une a Dios con las personas, él nos compró y el Padre nos lo dio.
Jesús significa Salvador (Mateo 1:21). Estábamos perdidos y arruinados, pero él nos restaura y repara el daño. Él salva por mérito, al obtener para nosotros el perdón y la vida, y por poder, al rescatarnos del pecado, de Satanás y del infierno, renovarnos para que seamos semejantes a Dios y llevarnos a disfrutar de él. Por eso es Jesús. Y es Cristo, el Mesías, el ungido, apartado y capacitado para ser Rey, Sacerdote y Profeta de su iglesia. Bajo la ley, esos oficios se señalaban mediante la unción con aceite, y el Salvador fue ungido espiritualmente con el Espíritu Santo (Hechos 10:38). Solo en él se reúnen plenamente todos estos oficios. Fue ungido con óleo de alegría más que sus compañeros (Salmo 45:7).
Este Señor Jesucristo es nuestro por el derecho que tenemos originalmente a él, por la oferta y el don del evangelio, porque él nos compró, y porque nosotros lo recibimos, nos entregamos a él y somos unidos a él de manera viva. «Nuestro Señor Jesucristo». Toda gracia llega a nosotros por medio de Cristo. Él la compró y él la da. De su plenitud todos recibimos, gracia sobre gracia (Juan 1:16). Él llena todo en todos los sentidos (Efesios 1:23).
Observa también a quién va dirigida esta bendición: a tu espíritu; es decir, no solo a Filemón, sino a todos los que fueron mencionados en el saludo. «Con tu espíritu» significa «contigo», porque el alma o el espíritu es el primer lugar donde obra la gracia. Desde allí, la gracia transforma a la persona entera y se manifiesta en acciones santas. Todos los que fueron saludados en la casa quedan incluidos en la bendición final, para recordarles y animarlos a todos a procurar el propósito de la carta.
Se añade «Amén» no solo como una manera firme y sincera de terminar la oración, con el sentido de «así sea», sino también como un acto de fe en que será escuchada, con el sentido de «así será». Nada más necesitamos para ser felices que esto.
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De este capítulo
Filemón 1:1
"Pablo, prisionero de Jesucristo, y Timoteo, nuestro hermano, a Filemón, nuestro muy amado colaborador,"
Filemón 1:2
"y a nuestra amada Apia, a Arquipo, nuestro compañero de milicia, y a la iglesia que está en tu casa:"
Filemón 1:3
"Gracia y paz a ustedes, de parte de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo."
Filemón 1:4
"Doy gracias a mi Dios, haciendo siempre mención de ti en mis oraciones,"
Filemón 1:5
"pues oigo del amor y de la fe que tienes hacia el Señor Jesús y hacia todos los santos;"
Filemón 1:6
"para que la participación de tu fe llegue a ser eficaz mediante el conocimiento de todo bien que hay en ustedes en Cristo Jesús."
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