Versículo destacado

Números 3:1 - Significado y aplicación

Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy

Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante

" Estas son también las generaciones de Aarón y Moisés en el día en que el SEÑOR habló con Moisés en el monte Sinaí. "

Números 3:1

menu_book El versículo en contexto

1 Estas son también las generaciones de Aarón y Moisés en el día en que el SEÑOR habló con Moisés en el monte Sinaí.

2 Estos son los nombres de los hijos de Aarón: Nadab, el primogénito, Abiú, Eleazar e Itamar.

3 Estos son los nombres de los hijos de Aarón, los sacerdotes ungidos, a quienes consagró para ejercer el sacerdocio.

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auto_stories Comentario de Bible Guided

Aquí se confirma a la familia de Aarón en el oficio sacerdotal (Números 3:10). Ya habían sido llamados y apartados para ese servicio, y ahora se les encarga dedicarse a él. El apóstol usa una expresión similar: «dediquémonos a nuestro ministerio» (Romanos 12:7). El ministerio requiere atención constante y trabajo arduo, porque sus tareas se presentan con frecuencia y las oportunidades para hacer el bien no duran mucho.

Se repite el mandato dado anteriormente: «el extraño que se acerque será condenado a muerte» (Números 1:51). Esto impedía que alguien más asumiera el trabajo sacerdotal, pues solo Aarón y sus hijos podían acercarse y ministrar. También les imponía a los sacerdotes el deber de proteger la casa de Dios. Debían mantener alejadas a las personas que no estaban autorizadas, porque acercarse desobedientemente a las cosas sagradas las profanaría y traería la muerte de parte de Dios, como sucedió con Uza. Más adelante, los judíos decían que sobre la puerta del templo estaba suspendida una espada de oro, quizá en alusión a la espada encendida en la entrada del Edén, con esta advertencia escrita en ella.

Luego se ofrece un relato más completo de la familia de Aarón, repitiendo lo que ya se había dicho. Primero, todos los hijos de Aarón fueron ungidos para servir delante del SEÑOR (Números 3:3). Esto era cierto aunque el SEÑOR sabía que dos de ellos demostrarían ser prudentes y dos insensatos. Segundo, los dos hijos mayores, Nadab y Abiú, cayeron cuando ofrecieron fuego extraño, y murieron delante del SEÑOR (Números 3:4). Esta advertencia aparece al comienzo de las leyes sacerdotales para que todo sacerdote posterior recordara que Dios defiende celosamente su santidad y no puede ser tratado con desprecio. El aceite santo de la unción honraba a los obedientes, pero no protegía a los desobedientes. También se dice que no tuvieron hijos; Dios dispuso esto como parte de su castigo, para que ninguno de sus descendientes permaneciera como sacerdote y continuara su nombre después de que ellos habían deshonrado el nombre de Dios.

Tercero, los dos hijos menores, Eleazar e Itamar, continuaron ministrando bajo la dirección de Aarón. Esto demuestra el cuidado con que servían, pues permanecían bajo la supervisión de su padre y aprendían de él en todo lo que hacían. Es probable que Nadab y Abiú fracasaran cuando actuaron fuera de esa protección. Es bueno que los jóvenes vivan y trabajen bajo la guía de quienes tienen más edad y experiencia. También fue un consuelo para Aarón ver que sus hijos menores actuaban con sabiduría y seriedad después de que sus dos hijos mayores habían fallado. Para los padres es una alegría profunda ver que sus hijos caminan en la verdad (3 Juan 1:4).

Después, los levitas son entregados a Aarón para ayudarlo en su trabajo (Números 3:9). A Aarón se le dio una autoridad sobre la tribu de Leví mayor que la que cualquier otro príncipe tenía sobre su propia tribu. El trabajo sacerdotal era pesado, y solo había tres pares de manos para realizarlo: las de Aarón y las de sus dos hijos. Como al parecer no tenían hijos varones mayores que pudieran ayudarlos, Dios designó a los levitas para que estuvieran a su servicio. A quienes Dios les da una tarea, también les proporciona ayuda.

Los levitas debían ministrar a los sacerdotes en el servicio del SEÑOR (Números 3:6) y encargarse de lo que Aarón les confiara (Números 3:7). En el orden del evangelio, eran semejantes a diáconos que sirven bajo la autoridad de obispos: realizaban tareas de menor rango mientras los obispos se dedicaban a su ministerio particular. Los levitas mataban los sacrificios, y luego los sacerdotes rociaban la sangre y quemaban la grasa. Los levitas preparaban el incienso, y los sacerdotes lo quemaban. Debían encargarse no solo de lo que Aarón les confiara, sino también de las responsabilidades de toda la congregación. Esto muestra cuán grande es la responsabilidad que descansa sobre los ministros, pues deben ser fieles tanto a Cristo como al pueblo cuyo cuidado se les ha confiado.

La razón de este arreglo era que los levitas fueron tomados en lugar de los primogénitos. Cuando Dios perdonó a los primogénitos de Israel mientras hirió a los primogénitos de Egipto, tenía razones suficientes para reclamar para sí a todos los primogénitos (Números 3:13): «Todos los primogénitos son míos». Aun sin una explicación adicional, ese reclamo era justo, porque Dios es la fuente y el Señor de toda vida y todo poder. Sin embargo, puesto que la verdadera obediencia debe brotar del amor y la gratitud, primero mostró un favor especial hacia los primogénitos antes de apartarlos para un servicio especial. Cuando quien nos creó también nos salva, eso nos impone un deber mayor de servirle y vivir para él. El derecho que Dios tiene sobre nosotros por la redención fortalece el derecho que tiene sobre nosotros por la creación.

Como los primogénitos solían ser los favoritos de la familia, algunos podrían haber pensado que era una carga que sus hijos mayores sirvieran en el tabernáculo. Por eso Dios tomó a toda la tribu de Leví en lugar de los primogénitos (Números 3:12). Los mandamientos de Dios no imponen cargas injustas ni aplastan los intereses y afectos legítimos de las personas. Él sabía que los israelitas preferirían separarse de los levitas antes que de sus primogénitos, así que ordenó bondadosamente ese intercambio. Sin embargo, por nosotros no perdonó a su propio Hijo.

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