Versículo destacado
Números 24:15 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Entonces pronunció su parábola y dijo: Balaam hijo de Beor ha dicho, y el hombre cuyos ojos están abiertos ha dicho: "
Números 24:15
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
13 Aunque Balac me diera su casa llena de plata y oro, no puedo traspasar el mandato del SEÑOR para hacer por mi propia voluntad ni bien ni mal; lo que el SEÑOR diga, eso hablaré?
14 Ahora, mira, voy a mi pueblo. Ven, pues, y te haré saber lo que este pueblo hará a tu pueblo en los últimos días.
15 Entonces pronunció su parábola y dijo: Balaam hijo de Beor ha dicho, y el hombre cuyos ojos están abiertos ha dicho:
16 Ha dicho el que oyó las palabras de Dios, el que conoció el conocimiento del Altísimo, el que vio la visión del Todopoderoso, cayendo en trance, pero con los ojos abiertos:
17 Lo veré, pero no ahora; lo contemplaré, pero no de cerca. Saldrá una Estrella de Jacob, y un Cetro se levantará de Israel; golpeará las esquinas de Moab y destruirá a todos los hijos de Set.
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La labor de los profetas consistía tanto en bendecir como en hablar en nombre del Señor. Balaam, como profeta, ya había sido obligado a bendecir a Israel, y ahora anuncia acontecimientos futuros. Sus palabras iniciales se parecen mucho a las de Números 24:3, 4. Actúa muy bien como un verdadero profeta porque Dios le permitió y lo dirigió a hacerlo, aunque su propio corazón no estaba bien.
Se jacta de que sus ojos están abiertos, porque en otro tiempo a los profetas se les llamaba videntes (1 Samuel 9:9). Ellos tenían que hablar de lo que habían visto; por eso, antes de abrir la boca, tenían que tener los ojos abiertos. También dice que ha escuchado las palabras de Dios, palabras que muchas personas oyen sin asimilarlas ni obedecerlas. Añade que conoce el conocimiento del Altísimo. Una persona puede saber mucho acerca de Dios y aun así carecer de la gracia de Dios: puede recibir la verdad en su mente sin amarla en su corazón. Balaam también dice que vio la visión del Todopoderoso, pero no de una manera que lo transformara.
Le da a Dios títulos muy elevados, llamándolo el Altísimo y el Todopoderoso. Nadie podría hablar de Dios con mayor respeto ni parecer valorar más el conocimiento de él. Sin embargo, Balaam todavía no tenía un verdadero temor de Dios, ni amor genuino por él, ni fe en él. Una persona puede acercarse mucho al cielo y aun así quedarse fuera de él.
Luego Balaam habla de aquel que sería la corona y la gloria de Israel. En cierto sentido, esto apunta a David, quien algún tiempo después derrotaría a Moab y tomaría posesión del monte de Seir, mientras Israel actuaría valientemente bajo su liderazgo (Números 24:17, 18). Esto se cumplió cuando David derrotó a Moab y los midió con una cuerda, de modo que los moabitas se convirtieron en siervos de David (2 Samuel 8:2). Al mismo tiempo, los edomitas también fueron sometidos al dominio de Israel (Números 24:14).
Pero el punto principal es Jesucristo, el Mesías prometido. Esta es una profecía impactante acerca de él. Dios quiso que el anuncio de la venida de Cristo llegara no solo a los judíos, sino también a otras naciones, mucho antes de que él viniera, porque su evangelio y su reino se extenderían mucho más allá de las fronteras de Israel. Balaam dice: «Lo veré, pero no ahora», lo que significa que lo vio en una visión, pero desde muy lejos, al menos unos 1,500 años antes. O podemos entenderlo de esta manera: Balaam, un hombre malvado, vería a Cristo, pero no de cerca ni como Job lo vio, como su Redentor y para sí mismo (Job 19:25, 27). Cuando Cristo venga en las nubes, todo ojo lo verá, pero muchos lo verán solo desde lejos, como el hombre rico en el infierno vio a Abraham.
Se dice que Cristo saldrá de Jacob y de Israel como una estrella y un cetro. La estrella muestra su gloria y su resplandor, como la estrella brillante de la mañana. El cetro muestra su poder y su gobierno, porque él es quien tendrá el dominio. Tal vez esta profecía, recordada entre los pueblos del oriente, ayudó a que los sabios de oriente preguntaran por el que había nacido como rey de los judíos cuando vieron una estrella extraordinaria sobre Judea (Mateo 2:2).
Su reino será mundial y triunfará sobre todos sus enemigos. Las victorias de David sobre Moab y Edom eran una imagen de esto. El Mesías destruirá —o, según otra forma de leer el pasaje, gobernará sobre— a todos los hijos de Set (Números 24:17), es decir, a todos los seres humanos, ya que todas las naciones descienden de Set, hijo de Adán, después de que los demás hijos de Adán fueron eliminados por el diluvio. Cristo será rey no solo de Jacob y de Israel, sino de todo el mundo. Todos los hijos de Set serán gobernados por su cetro de oro o heridos por su vara de hierro. Él establecerá su propio gobierno, autoridad y poder universales, y derribará todo poder que se le oponga (1 Corintios 15:24). Algunos leen el pasaje así: «Destruirá las defensas de todos los hijos de Set». Es decir, derribará sus defensas y sus falsas esperanzas, de modo que tendrán que someterse a su gobierno o quedar expuestos a sus juicios.
Su Israel también actuará valientemente. Quienes pertenecen a Cristo, fortalecidos por su poder, lucharán espiritualmente contra las fuerzas de las tinieblas y serán más que vencedores. Los que conocen a su Dios se mantendrán firmes y harán grandes cosas (Daniel 11:32).
Después Balaam habla de los amalecitas y de los quenitas, cuya tierra quizá estaba mirando en ese momento. Los amalecitas eran entonces la principal de las naciones (Números 24:20), por lo que anteriormente se había llamado a Agag un gran príncipe (Números 24:7). También fueron la primera nación que atacó a Israel después del éxodo de Egipto. Pero llegaría el momento en que, por grandes que parecieran, serían completamente arruinados y exterminados. «Su fin será perecer para siempre». Balaam confirma la destrucción de Amalec que Moisés ya había anunciado (Éxodo 17:14, 16), cuando Dios juró que lucharía contra Amalec de generación en generación. Aquellos contra quienes Dios pelea ciertamente perecerán, porque cuando Dios juzga, siempre vence.
Los quenitas eran entonces la nación más segura. Su hogar era naturalmente fuerte, como si la misma naturaleza hubiera construido sus defensas. Habían puesto su nido, como un águila, en una roca (Números 24:21). Pensaban que estaban seguros, pero los quenitas serían devastados (Números 24:22) y poco a poco quedarían debilitados, hasta ser llevados cautivos por los asirios, como ocurrió durante la deportación de las diez tribus. Los cuerpos políticos, es decir, las naciones y los reinos, son como los cuerpos humanos: incluso los más fuertes se deterioran con el tiempo y finalmente se desintegran. Ni siquiera un nido en una roca ofrece una protección duradera.
Luego Balaam mira muy lejos hacia el futuro, incluso hasta la época de los griegos y los romanos, quienes probablemente están representados por las costas de Quitim en el versículo 24. Comienza esta parte de la profecía con una pregunta: «¡Ay! ¿Quién vivirá cuando Dios haga esto?». Aquí reconoce que todos los cambios en los reinos y los estados son obra del Señor. Dios hace estas cosas, sin importar qué instrumentos humanos use. Pero Balaam habla con tristeza acerca de estos acontecimientos y los considera aterradores. Su pregunta puede significar que estas cosas están tan lejos en el futuro que nadie puede saber quién vivirá para verlas. O puede significar que serán tan terribles y destructivas que casi nadie escapará con vida. ¿Quién podrá vivir cuando la muerte cabalgue triunfante (Apocalipsis 6:8)? Los que vivan entonces serán como tizones arrebatados del fuego, con la vida concedida como botín. Que Dios nos prepare para los tiempos más difíciles.
La profecía misma también es notable. Grecia e Italia están cerca del mar, por lo que sus ejércitos solían ser enviados en barcos.
Ahora parece predecir que los ejércitos griegos humillarían y derribarían a los asirios, que estaban aliados con los persas. Esto se cumplió cuando Alejandro Magno invadió las tierras del oriente. También predice que los poderes griegos y romanos afligirían a los hebreos, es decir, a los judíos, los descendientes de Heber. Esto comenzó cuando el imperio griego oprimió a la nación judía, pero se cumplió plenamente cuando el imperio romano la destruyó y le puso fin.
Pero también dice que Quitim, es decir, el imperio romano, en el que finalmente fue absorbido el imperio griego, perecería para siempre. Esto ocurrirá cuando la piedra cortada de la montaña sin intervención humana destruya todos esos reinos, especialmente los pies de hierro y barro (Daniel 2:34). Como dice el Dr. Lightfoot, Balaam, en vez de maldecir a la iglesia, maldice a Amalec, el primer enemigo del pueblo de Dios, y a Roma, el último. ¡Que perezcan todos tus enemigos, Señor!
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De este capítulo
Números 24:1
"Cuando Balaam vio que al SEÑOR le agradaba bendecir a Israel, no fue, como las otras veces, en busca de encantamientos, sino que dirigió su rostro hacia el desierto."
Números 24:2
"Balaam alzó los ojos y vio a Israel habitando en sus tiendas, según sus tribus; y el espíritu de Dios vino sobre él."
Números 24:3
"Entonces pronunció su parábola y dijo: Balaam hijo de Beor ha dicho, y el hombre cuyos ojos están abiertos ha dicho:"
Números 24:4
"Ha dicho el que oyó las palabras de Dios, el que vio la visión del Todopoderoso, cayendo en trance, pero con los ojos abiertos:"
Números 24:5
"¡Qué hermosas son tus tiendas, Jacob, y tus tabernáculos, Israel!"
Números 24:6
"Se extienden como valles, como jardines junto al río, como árboles de áloe que plantó el SEÑOR y como cedros junto a las aguas."
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