Versículo destacado
Números 16:35 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Entonces salió fuego de parte del SEÑOR y consumió a los doscientos cincuenta hombres que ofrecían incienso. "
Números 16:35
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
33 Ellos y todo lo que les pertenecía descendieron vivos al abismo. La tierra se cerró sobre ellos, y perecieron de en medio de la congregación.
34 Todo Israel que estaba alrededor de ellos huyó al oír sus gritos, pues decían: «¡No sea que la tierra también nos trague a nosotros!»
35 Entonces salió fuego de parte del SEÑOR y consumió a los doscientos cincuenta hombres que ofrecían incienso.
36 El SEÑOR habló a Moisés diciendo:
37 Dile a Eleazar, hijo del sacerdote Aarón, que recoja los incensarios de entre el incendio, y tú esparce el fuego allá, porque están consagrados.
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Ahora volvemos a la entrada del tabernáculo, donde dejamos a los hombres que pretendían ejercer como sacerdotes, con sus incensarios en las manos, listos para ofrecer incienso. Allí vemos caer el juicio sobre ellos (Números 16:35).
Es probable que, cuando la tierra se abrió en el campamento y se tragó a Datán y Abiram, también saliera fuego de parte del SEÑOR y consumiera a los 250 hombres que ofrecían incienso, mientras Aarón permanecía allí con vida. Este juicio no era algo completamente nuevo, porque Nadab y Abiú habían muerto de la misma manera. Aun así, no fue menos impactante ni terrible. Primero, vemos que nuestro Dios es un fuego consumidor. El trueno muestra algo del terror de su voz, y el relámpago muestra algo del poder de su mano. Debemos reconocer en esto su ardiente ira contra sus enemigos y aprender cuán temible es caer en las manos del Dios viviente (Hebreos 10:27-31).
Segundo, vemos lo peligroso que es apropiarse de algo que no nos pertenece. Dios protege el honor de sus propios mandamientos y no permite que las personas se introduzcan en funciones que él no les ha dado. Lo más probable es que Coré mismo haya sido destruido junto con los 250 hombres que intentaron ofrecer incienso, porque el sacerdocio era el premio que él deseaba. Por eso hay razones para pensar que permaneció en la entrada del tabernáculo. Los que esperaban convertirse en sacerdotes terminaron siendo sacrificios de la justicia de Dios. Si se hubieran conformado con su lugar como levitas, un lugar santo, honorable y mejor de lo que merecían, podrían haber vivido y muerto con alegría y respeto. Pero, como los ángeles que pecaron y abandonaron el lugar que les correspondía, buscaron honores que no les habían sido dados y fueron arrojados a la muerte. Un fuego les arrebató los incensarios de las manos y el aliento de sus cuerpos, representando el castigo del fuego eterno.
Dios también se aseguró de que este juicio fuera recordado. No se dice que recogieran sus cuerpos; la Escritura los deja como desechos en el suelo. Pero sí se dieron instrucciones acerca de sus incensarios (Números 16:37). Eleazar, hijo de Aarón y el siguiente sacerdote, recibió la responsabilidad de hacerse cargo de ellos. Los que habían reclamado injustamente el sacerdocio habían llegado hasta el límite de la paciencia de Dios al encender incienso con fuego del altar, cuyo uso se les había permitido como prueba. Pero en cuanto encendieron su fuego, Dios envió otro fuego que puso fin a su pretensión para siempre. A Eleazar se le ordenó esparcir el fuego y el incienso en un lugar impuro fuera del campamento, para mostrar que Dios detestaba su ofrenda y la consideraba contaminada. La ofrenda de los malvados es abominable para el SEÑOR.
Sin embargo, los incensarios mismos debían recogerse de entre los restos, porque habían sido santificados al usarse en el servicio de Dios, aunque solo fuera como prueba. Algunos entienden que esto significa que, una vez que algo ha sido apartado por mandato de Dios, ya no debe volver a usarse de manera común. Lo más probable es que el sentido sea que esos incensarios eran objetos consagrados, apartados bajo una maldición y, por lo tanto, como todas las cosas consagradas, debían usarse de alguna manera para la gloria de Dios. No debían conservarse como incensarios, porque eso habría honrado a los hombres cuya vergüenza Dios quería dejar expuesta. Tampoco había necesidad de incensarios de bronce, ya que el altar de oro se atendía con incensarios de oro. Por eso, los incensarios fueron convertidos en láminas anchas para cubrir el altar de bronce (Números 16:38-40).
Estos hombres habían esperado deshacer el altar al hacer común nuevamente el sacerdocio. En cambio, Dios usó sus incensarios para fortalecer y adornar el altar donde Aarón servía. Su desafío solo hizo que la función de Aarón resaltara con mayor claridad. Pero eso no fue todo. La cubierta del altar debía permanecer como un recordatorio para Israel, generación tras generación, de este gran acontecimiento. El suceso era asombroso, y Moisés debía dejarlo registrado en la historia, pero aun así podía olvidarse con el paso del tiempo. Las impresiones fuertes no siempre perduran. Por eso Dios estableció este memorial permanente del juicio, para que los levitas que servían en funciones menores junto a aquel altar aprendieran a mantenerse en su lugar y temieran cruzar el límite. Si lo hacían, podían terminar como Coré y su grupo, que eran levitas y querían ser sacerdotes. Estos incensarios se conservaron como una advertencia, para que los demás escucharan, temieran y nunca volvieran a actuar con tanta osadía.
De esta manera, Dios ha dispuesto que sus obras maravillosas, tanto de misericordia como de juicio, sean recordadas para siempre. Su propósito no es solo que sean admiradas, sino también que enseñen y adviertan a quienes vendrán después.
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De este capítulo
Números 16:1
"Coré hijo de Izhar, hijo de Coat, hijo de Leví, junto con Datán y Abiram, hijos de Eliab, y On hijo de Pelet, descendientes de Rubén, tomaron hombres."
Números 16:2
"Se levantaron contra Moisés junto con algunos de los hijos de Israel: doscientos cincuenta dirigentes de la asamblea, famosos en la congregación, hombres de renombre."
Números 16:3
"Se reunieron contra Moisés y contra Aarón, y les dijeron: «¡Ustedes se atribuyen demasiado! Toda la congregación es santa, cada uno de ellos, y el SEÑOR está en medio de ellos. ¿Por qué, entonces, se elevan ustedes por encima de la congregación del SEÑOR?»"
Números 16:4
"Cuando Moisés lo oyó, cayó rostro en tierra."
Números 16:5
"Luego habló a Coré y a todo su grupo: Mañana mismo el SEÑOR mostrará quiénes son suyos y quién es santo, y hará que este se acerque a él; hará que aquel a quien haya escogido se acerque a él."
Números 16:6
"Hagan esto: tomen incensarios, Coré y todo su grupo,"
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