Versículo destacado
Nehemías 3:1 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Entonces el sumo sacerdote Eliasib se levantó con sus hermanos los sacerdotes, y construyeron la puerta de las Ovejas; la santificaron y colocaron sus puertas. La santificaron hasta la torre de Mea, hasta la torre de Hananeel. "
Nehemías 3:1
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
1 Entonces el sumo sacerdote Eliasib se levantó con sus hermanos los sacerdotes, y construyeron la puerta de las Ovejas; la santificaron y colocaron sus puertas. La santificaron hasta la torre de Mea, hasta la torre de Hananeel.
2 Junto a él construyeron los hombres de Jericó. Y junto a ellos construyó Zacur hijo de Imri.
3 Los hijos de Hasenaá construyeron la puerta del Pescado; colocaron sus vigas, sus puertas, sus cerraduras y sus barras.
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La mejor manera de entender cómo está organizado este capítulo es observar cómo se distribuyó el trabajo entre los constructores. Cada persona conocía su tarea y podía realizarla con un santo entusiasmo y con el deseo de hacerla bien, pero sin pleitos, odio ni intereses personales. La única rivalidad que se muestra aquí es una rivalidad saludable: el deseo de hacer lo más posible por el bien común.
Varias cosas se destacan en este relato sobre la muralla que rodeaba Jerusalén. Primero, el sumo sacerdote Eliasib, junto con sus compañeros sacerdotes, tomó la iniciativa entre aquel grupo de constructores (Nehemías 3:1). Los ministros deben ir al frente en toda buena obra, porque su llamado exige que enseñen y animen a los demás tanto con su ejemplo como con sus palabras. Si la tarea es difícil, ¿quién debería estar más dispuesto a realizarla? Si hay peligro, ¿quién debería estar más dispuesto a enfrentarlo? El sumo sacerdote ocupaba un cargo muy honorable, y ese honor hacía apropiado que asumiera un papel destacado en este servicio.
Los sacerdotes repararon la puerta de las Ovejas, llamada así porque por ella entraban las ovejas destinadas a los sacrificios del templo. Escogieron esta puerta porque las ofrendas hechas al Señor estaban relacionadas con su servicio. Esta es la única puerta de la que se dice que fue apartada para Dios con oración, y quizá también con sacrificios. Puede ser que esto se debiera a que conducía hacia el templo, o a que fue la primera parte de la muralla en quedar terminada; por eso la usaron para poner la ciudad y sus murallas bajo el cuidado de Dios. También puede deberse a que la construyeron los sacerdotes, y quienes están especialmente consagrados a Dios deben dedicarle incluso su trabajo ordinario y hacer todo de una manera piadosa.
Segundo, muchas personas participaron, y cada una tomó una parte de acuerdo con su capacidad. Todo lo que busca el bien común debe recibir la ayuda de todos, en la medida que su posición y sus fuerzas lo permitan. La fuerza unida puede hacer lo que una sola persona ni siquiera se atrevería a intentar. Cuando muchas manos trabajan, la carga se hace más ligera.
Tercero, muchos de los que trabajaron ni siquiera eran habitantes de Jerusalén, de modo que pensaban únicamente en el bien común y no en su propio beneficio. Entre ellos estaban los hombres de Jericó, que aparecen al comienzo del relato (Nehemías 3:2), los hombres de Gabaón y Mizpa (Nehemías 3:7), y el pueblo de Zanoa (Nehemías 3:13). Todo israelita debía poner la mano en la obra de edificar Jerusalén.
Cuarto, varios gobernantes, tanto de Jerusalén como de otras ciudades, se unieron al trabajo. Consideraban parte de su honor usar su riqueza y su poder para esta buena causa. Sin embargo, se les describe como gobernantes de solo una parte, o de la mitad, de sus ciudades. Uno gobernaba la mitad de Jerusalén (Nehemías 3:12), otro una parte de Bet-haquerem (Nehemías 3:14), otro una parte de Mizpa (Nehemías 3:15), otro la mitad de Bet-sur (Nehemías 3:16), y dos gobernaban las dos mitades de Keila (Nehemías 3:17-18). Tal vez el gobierno persa no confiaba en dejar una ciudad fortificada bajo el control de una sola persona, así que colocaba a dos gobernantes en cada una para que se vigilaran mutuamente. Más tarde, Roma tendría dos cónsules por una razón parecida.
Quinto, los nobles de Tecoa reciben con razón una reprensión, porque no quisieron poner el hombro al trabajo de su Señor (Nehemías 3:5). Es decir, se negaron a asumir la carga de servir en esta tarea. Era como si su rango y su libertad los excusaran de servir a Dios y hacer el bien, cuando en realidad esas cosas constituyen el honor más elevado y la libertad más verdadera. Los nobles nunca deben pensar que algo está por debajo de ellos si contribuye al bien de su pueblo. ¿Para qué sirve la nobleza, sino para ofrecerle a una persona un campo más amplio de servicio que el que tienen quienes ocupan una posición inferior?
Sexto, dos hombres compartieron la reparación de la puerta Vieja (Nehemías 3:6). De esa manera fueron compañeros de construcción y compartieron el honor de la obra. Cuando no podemos completar una buena tarea por nosotros mismos, debemos agradecer a quienes se unen a nosotros como colaboradores. Algunos piensan que esta puerta se llamaba la puerta Vieja porque pertenecía a la antigua ciudad de Salem, que Melquisedec había construido primero.
Séptimo, también ayudaron varios hombres honestos y trabajadores, no solo sacerdotes y gobernantes, sino también orfebres, perfumistas y comerciantes (Nehemías 3:8, Nehemías 3:32). No pensaron que su trabajo los excusaba de cumplir con su deber público. No dijeron que no podían dejar sus tiendas por causa de esta obra, porque sabían que Dios compensaría cualquier pérdida al bendecir su trabajo.
Octavo, también se menciona que las mujeres ayudaron en esta obra, como las hijas de Salum (Nehemías 3:12). Aunque ellas no podían realizar personalmente la construcción, quizá dieron dinero para los materiales y los salarios, ya fuera porque tenían propiedades propias o porque eran viudas adineradas. Pablo menciona a algunas mujeres fieles que trabajaron con él en el evangelio (Filipenses 4:3).
Noveno, algunos repararon la parte de la muralla que quedaba frente a sus propias casas (Nehemías 3:10, Nehemías 3:23, Nehemías 3:28, Nehemías 3:29), y uno, probablemente un simple inquilino, reparó la sección que estaba frente a su habitación (Nehemías 3:30). Cuando hay que realizar una obra para el bien común, cada persona debe encargarse de la parte que está más cerca de ella y que está a su alcance. Si cada uno barre frente a su propia puerta, toda la calle quedará limpia. Si cada uno repara una sección, toda la muralla quedará restaurada. Incluso quien solo tiene una habitación puede hacer su parte trabajando frente a ella.
Décimo, se dice que un hombre trabajó con mucho entusiasmo en la parte que le correspondía (Nehemías 3:20). Realizó su tarea con un fervor extraordinario. Esto no significa que los demás fueran perezosos, sino que él trabajó con más energía que los otros y se destacó por ello. Es bueno entregarse con entusiasmo a una causa buena. Probablemente su fervor animó a muchos otros a trabajar con más empeño y rapidez.
Undécimo, uno de los constructores era el sexto hijo de su padre (Nehemías 3:30). Al parecer, sus cinco hermanos mayores no se unieron al trabajo, pero él sí lo hizo. Cuando hacemos lo bueno, no tenemos que esperar a que nuestros mayores den el primer paso. Si ellos se niegan, eso no significa que nosotros también debamos negarnos. Si el hermano menor es una persona mejor y sirve a Dios y a su generación más fielmente, entonces él es verdaderamente el más honorable. Los más útiles son los más honorables.
Duodécimo, algunos que ya habían trabajado una vez regresaron y asumieron otra tarea en los lugares donde se necesitaba más ayuda. Meremot reparó una sección (Nehemías 3:4) y después otra (Nehemías 3:21). Además de la parte que repararon al principio (Nehemías 3:5), los tecoítas asumieron otra sección. Esto resulta especialmente significativo porque sus nobles les dieron un mal ejemplo al negarse a ayudar. En vez de permitir que esa actitud fuera una excusa para no trabajar, quizá hizo que ellos estuvieran todavía más dispuestos a cumplir una doble tarea, para que su entusiasmo avergonzara —o compensara— la avaricia y el descuido de sus nobles.
Por último, aquí no se menciona ninguna parte específica que Nehemías mismo haya tomado en la construcción. En Nehemías 3:16 se menciona a un hombre con el mismo nombre. Pero ¿acaso Nehemías no hizo nada? Al contrario, hizo mucho, aunque no se encargara de una sección específica de la muralla. Él supervisó toda la obra. La mitad de sus siervos trabajaba donde más se necesitaba ayuda, y la otra mitad permanecía de guardia, como se ve más adelante (Nehemías 4:16).
Nehemías recorría la obra, supervisaba a los constructores, los animaba y les daba instrucciones. También ponía sus propias manos en la tarea cuando era necesario, y vigilaba cuidadosamente los movimientos del enemigo, como veremos en el capítulo siguiente. Un piloto no tiene que tirar de las cuerdas, porque su tarea es dirigir el barco.
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De este capítulo
Nehemías 3:2
"Junto a él construyeron los hombres de Jericó. Y junto a ellos construyó Zacur hijo de Imri."
Nehemías 3:3
"Los hijos de Hasenaá construyeron la puerta del Pescado; colocaron sus vigas, sus puertas, sus cerraduras y sus barras."
Nehemías 3:4
"Junto a ellos reparó Meremot hijo de Urías, hijo de Cos. Junto a ellos reparó Mesulam hijo de Berequías, hijo de Mesezabeel. Y junto a ellos reparó Sadoc hijo de Baana."
Nehemías 3:5
"Junto a ellos repararon los tecoítas, pero sus nobles no sometieron el cuello al trabajo de su Señor."
Nehemías 3:6
"Además, Joiada hijo de Paseah y Mesulam hijo de Besodías repararon la puerta Vieja; colocaron sus vigas, sus puertas, sus cerraduras y sus barras."
Nehemías 3:7
"Junto a ellos repararon Melatías el gabaonita y Jadón el meronotita, hombres de Gabaón y de Mizpa, hasta el trono del gobernador de este lado del río."
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