Versículo destacado
Marcos 12:28 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Se acercó uno de los escribas que los había oído discutir y que se había dado cuenta de que él les había respondido bien, y le preguntó: ¿Cuál es el primero de todos los mandamientos? "
Marcos 12:28
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
26 En cuanto a que los muertos resucitan, ¿no han leído en el libro de Moisés cómo Dios le habló desde la zarza, diciendo: Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob?
27 Él no es Dios de muertos, sino Dios de vivos. Por tanto, ustedes están muy equivocados.
28 Se acercó uno de los escribas que los había oído discutir y que se había dado cuenta de que él les había respondido bien, y le preguntó: ¿Cuál es el primero de todos los mandamientos?
29 Jesús le respondió: El primero de todos los mandamientos es: Escucha, Israel: el Señor nuestro Dios es un solo Señor.
30 Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el primer mandamiento.
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Los escribas y los fariseos, aunque eran hostiles a Jesús, eran enemigos de los saduceos. Por eso, uno podría haber esperado que apoyaran a Jesús después de oírlo responder tan bien a los saduceos, tal como más adelante apoyaron a Pablo cuando se enfrentó a ellos (Hechos 23:9). Pero eso no sucedió. Como Jesús no se unía a ellos en las ceremonias religiosas externas, aunque coincidía con ellos en las verdades principales, no le mostraron respeto.
Aun así, uno de ellos, un escriba, tuvo la cortesía de reconocer la respuesta de Jesús a los saduceos y decir que había respondido bien y con precisión (Marcos 12:28). Podemos esperar que este hombre no se haya unido a los demás en la persecución contra Cristo. Aquí se acerca a Jesús para recibir instrucción, y lo hace con una actitud digna. No intenta tenderle una trampa, sino aprender de él.
Pregunta: «¿Cuál es el primero de todos los mandamientos?» (Marcos 12:28). No se refiere al primero en orden de tiempo o de lugar, sino al primero en importancia y honor. En otras palabras, pregunta cuál mandamiento debe recibir nuestra atención especial, porque obedecerlo establece el fundamento para todos los demás. Esto no significa que alguno de los mandamientos de Dios sea insignificante, pues todos proceden del gran Dios. Sin embargo, unos son mayores que otros: los deberes morales tienen prioridad sobre los rituales, y algunos pueden llamarse correctamente los más importantes.
Jesús le da una respuesta clara (Marcos 12:29-31). Quienes de verdad desean aprender cuál es su deber recibirán de Cristo dirección sobre lo correcto y serán instruidos en sus caminos. Él dice que el gran mandamiento, el que en realidad incluye a todos los demás, es amar a Dios con todo el corazón. Cuando existe un principio que gobierna el alma, hay disposición para cumplir cualquier otro deber. El amor es el afecto principal del alma, y el amor a Dios es la gracia principal en un alma renovada.
Sin este amor, nada bueno se hará de la manera correcta, será aceptado por Dios ni se mantendrá por mucho tiempo. Amar a Dios con todo el corazón nos aleja de cualquier rival que intente ocupar su lugar en nuestra alma. También nos prepara para hacer todo aquello que lo honra y le agrada. Entonces ningún mandamiento parece una carga, porque el amor es quien gobierna.
Marcos registra la gran verdad en la que se basa este mandamiento: «Escucha, Israel: el Señor nuestro Dios es el único Señor» (Marcos 12:29). Si realmente creemos esto, se deduce que debemos amarlo con todo el corazón. Él es el Señor, el único que posee en sí mismo toda perfección hermosa. Él es nuestro Dios; por eso le pertenecemos y estamos bajo su autoridad. Por lo tanto, debemos amarlo, poner en él nuestro afecto, desearlo y deleitarnos en él.
Y como él es el único Señor, debemos amarlo con todo el corazón. Solo él tiene un derecho absoluto sobre nosotros, así que debe recibir nuestra plena devoción. Si él es uno, nuestro corazón también debe estar unido a él. Puesto que no existe otro Dios aparte de él, no debemos permitir que ningún rival se siente en el trono de nuestro corazón.
El segundo gran mandamiento es amar al prójimo como a nosotros mismos (Marcos 12:31). Debemos amar a nuestro prójimo de manera tan verdadera y sincera como nos amamos a nosotros mismos, con la misma clase de disposición y mediante acciones semejantes. Debemos demostrar ese amor haciendo con los demás lo que quisiéramos que hicieran con nosotros. Así como debemos amar a Dios más que a nosotros mismos porque él es el Señor, infinitamente mayor que nosotros, y amarlo con todo el corazón porque él es el único Señor y no hay nadie semejante a él, también debemos amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos porque comparte nuestra naturaleza.
Nuestros corazones han sido hechos de manera semejante, y mi prójimo y yo pertenecemos a la misma familia humana, a la única sociedad de la humanidad. Si la otra persona es un creyente en Cristo y forma parte de la misma comunidad santa, la obligación es aún mayor. «¿Acaso no tenemos todos un mismo Padre? ¿No nos creó un mismo Dios?» (Malaquías 2:10). Cristo tiene razón al decir que ningún mandamiento es mayor que estos, porque los dos resumen toda la ley. Si realmente los tomamos en serio, la obediencia a los demás mandamientos surgirá de manera natural.
El escriba está de acuerdo con Cristo y comenta sobre su respuesta (Marcos 12:32-33). Primero, elogia la conclusión de Jesús: «Bien dicho, Maestro; has hablado con verdad». Cristo no necesitaba la aprobación del escriba, pero este hombre ocupaba una posición de autoridad, y su reconocimiento daba más peso a lo que Jesús había dicho. También serviría como evidencia contra quienes más adelante acusaron a Cristo de extraviar a la gente, pues uno de sus propios escribas admitió que Jesús había hablado con verdad y de manera correcta.
Nosotros también debemos estar de acuerdo con las palabras de Cristo y confesar que son verdaderas. El escriba además explica el asunto con mayor detalle. Jesús había dicho que el Señor nuestro Dios es el único Señor, y el escriba está plenamente de acuerdo, añadiendo que no existe otro aparte de él. Por tanto, ningún rival puede compartir su lugar, y el trono del corazón debe permanecer completamente en sus manos.
Jesús había dicho que la gran ley consiste en amar a Dios con todo el corazón, y el escriba añade que esto también significa amarlo con todo el entendimiento. Debemos amar a Dios con inteligencia, porque conocemos cuántas razones tenemos para amarlo. Nuestro amor por Dios debe ser completo, pero también reflexivo. Debemos amarlo con todo el entendimiento, desde lo más profundo de nuestra comprensión. Toda nuestra mente y nuestra capacidad de razonar deben usarse para despertar y guiar hacia Dios el amor de nuestra alma.
Jesús había dicho que amar a Dios y al prójimo es el mayor de todos los mandamientos. El escriba responde: «Sí, y es más importante que todos los holocaustos y sacrificios». Es más agradable a Dios y más beneficioso para nosotros. Algunos consideraban que la ley de los sacrificios era el mandamiento supremo, pero el escriba acepta con gusto lo que Jesús dice: la ley del amor es mayor que el sacrificio, incluso mayor que los holocaustos, que estaban destinados especialmente a honrar a Dios.
Entonces Cristo aprueba lo que ha dicho el escriba y lo anima a seguir buscando (Marcos 12:34). Jesús ve que ha respondido con sabiduría, y eso le agrada, especialmente después de encontrarse con tantos escribas que hablaban neciamente, como si no tuvieran entendimiento ni desearan tenerlo. El escriba respondió con buen juicio, como un hombre reflexivo y razonable, cuya mente no estaba cegada, cuyo criterio no estaba controlado por los prejuicios y cuyo pensamiento no estaba atrapado por la parcialidad que dominaba a tantos otros escribas.
Jesús reconoció que este escriba estaba en una buena posición para avanzar. En efecto, le dijo: «No estás lejos del reino de Dios», es decir, del reino de la gracia y de la gloria. Se encontraba en una condición propicia para llegar a ser cristiano, un discípulo de Cristo. La enseñanza de Cristo insiste precisamente en estas verdades y tiene el propósito de conducir a las personas hacia ellas.
Esto da esperanza respecto de quienes aprovechan bien la luz que ya han recibido y avanzan hasta donde esa luz puede llevarlos. Si lo hacen, la gracia de Dios puede conducirlos más lejos, hacia una verdad todavía más clara. No se nos dice qué fue del escriba, pero podemos esperar con gusto que haya seguido la insinuación de Jesús. Después de escuchar de Cristo, y quedar convencido, cuál era el gran mandamiento de la ley, quizá continuó preguntándole a él o a sus apóstoles cuál era también el gran mandamiento del evangelio.
Sin embargo, si no avanzó más y se detuvo allí, eso tampoco debería sorprendernos. Muchas personas no están lejos del reino de Dios y, aun así, nunca entran en él. Uno podría pensar que esta respuesta habría motivado a muchos otros a acercarse a Jesús para hacerle preguntas. Pero sucedió lo contrario. Después de esto, nadie se atrevió a hacerle más preguntas. Todo lo que decía estaba expresado con tanta autoridad y grandeza que todos quedaron asombrados ante él. Los que de verdad querían aprender se sintieron demasiado avergonzados para preguntar, y los que querían tenderle una trampa tuvieron miedo de hacerlo.
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De este capítulo
Marcos 12:1
"Y comenzó a hablarles por medio de parábolas. Cierto hombre plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó un lugar para el lagar, construyó una torre, la arrendó a unos labradores y se fue a un país lejano."
Marcos 12:2
"A su debido tiempo envió un siervo a los labradores para recibir de ellos parte del fruto de la viña."
Marcos 12:3
"Pero ellos lo agarraron, lo golpearon y lo despidieron con las manos vacías."
Marcos 12:4
"Volvió a enviarles otro siervo; pero a este le arrojaron piedras, lo hirieron en la cabeza y lo despidieron después de tratarlo vergonzosamente."
Marcos 12:5
"Volvió a enviar a otro, y a este lo mataron; y envió a muchos otros, de los cuales golpearon a unos y mataron a otros."
Marcos 12:6
"Todavía tenía, pues, un hijo, su amado. Por último, también lo envió a ellos, diciendo: Respetarán a mi hijo."
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