Versículo destacado
Levítico 27:26 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Sin embargo, nadie consagrará el primogénito de los animales, que por ser primogénito pertenece al SEÑOR; ya sea buey u oveja, pertenece al SEÑOR. "
Levítico 27:26
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
24 En el año del jubileo, el campo volverá a aquel de quien fue comprado, a aquel a quien pertenecía la propiedad de la tierra.
25 Todas tus valoraciones se harán según el siclo del santuario; el siclo será de veinte geras.
26 Sin embargo, nadie consagrará el primogénito de los animales, que por ser primogénito pertenece al SEÑOR; ya sea buey u oveja, pertenece al SEÑOR.
27 Si es de un animal impuro, lo rescatará conforme a tu valoración y añadirá a ella una quinta parte de su valor; pero si no es rescatado, será vendido conforme a tu valoración.
28 Sin embargo, ninguna cosa dedicada que un hombre dedique al SEÑOR de todo lo que tiene, sea persona, animal o campo de su propiedad, podrá venderse ni rescatarse. Toda cosa dedicada es santísima para el SEÑOR.
Explora estudios bíblicos guiados
Sesiones estructuradas con notas, preguntas y perspectivas del asesor
Las bienaventuranzas (microestudio de 5 días)
Un estudio breve sobre las bendiciones de Jesús y el camino del Reino.
Vista previa de la sesión 1:
Dichosos los humildes
6 min
Salmos de consuelo (microestudio de 5 días)
Sesiones breves y tranquilizadoras basadas en los Salmos.
Vista previa de la sesión 1:
El cuidado del Pastor
5 min
Crea una cuenta gratis para guardar notas, dar seguimiento a tu progreso y desbloquear todas las sesiones
Crear cuenta gratisComentario de Bible Guided
Aquí Moisés advierte que nadie debe tomarse a la ligera la dedicación de algo al SEÑOR intentando dedicarle un animal primogénito, porque por ley ya le pertenecía (Levítico 27:26). Un voto general debía referirse a algo que la persona no estuviera ya obligada a entregar, por lo menos no en esa forma o cantidad exacta. La ley acerca de los primogénitos de animales impuros es la misma que aparece antes en Levítico 27:11-12.
Aquí se distingue entre las cosas o personas consagradas irrevocablemente a Dios y las que solo habían sido santificadas. Lo consagrado irrevocablemente era santísimo para el SEÑOR; no podía devolverse a su antiguo dueño ni usarse para ningún otro propósito (Levítico 27:28). Era semejante a los sacrificios llamados santísimos, que solo los sacerdotes podían manipular. La diferencia dependía de las palabras del voto. Si alguien entregaba algo a Dios bajo una maldición solemne, declarando que nunca debía usarse para ningún otro propósito, aquello quedaba consagrado irrevocablemente.
Las personas consagradas irrevocablemente debían morir (Levítico 27:29). Esto no significaba que cualquier padre o amo pudiera entregar a la muerte a un hijo o a un siervo. Debe referirse a los enemigos públicos de Israel, consagrados por mandato de Dios o por el juicio de toda la comunidad, como las siete naciones con las que Israel no tenía permitido hacer un pacto de paz. Jericó fue consagrada de esta manera en particular (Josué 6:17). El pueblo de Jabes de Galaad fue matado por quebrantar la maldición contra quienes no habían subido a Mizpa (Jueces 21:9-10). Algunos piensan que Jefté sacrificó a su hija porque no entendió correctamente esta ley y la trató como alguien consagrado irrevocablemente, lo que significaba que no podía ser rescatada.
Aquí también aparece una ley acerca de los diezmos, que se daban para el servicio de Dios incluso antes de la ley de Moisés, como lo muestra el diezmo de Abraham a Melquisedec (Génesis 14:20) y la promesa de Jacob (Génesis 28:22). Dios estableció que debían entregar la décima parte de todo lo que produjeran: del grano, de los árboles y del ganado (Levítico 27:30, 32). De todo aquello con lo que Dios les había permitido beneficiarse, debían honrarlo con el diezmo, si era algo que podía diezmarse. De esta manera reconocían que Dios era el dueño de su tierra, que él producía sus frutos y que ellos solo la poseían por su bondad. También le daban gracias por la abundancia presente y le pedían que siguiera concediéndoles su favor.
En general, se nos enseña a honrar al SEÑOR con nuestras riquezas (Proverbios 3:9) y, en particular, a sostener y cuidar a quienes sirven al Señor, estando dispuestos a compartir con ellos (Gálatas 6:6; 1 Corintios 9:11). Es difícil imaginar una parte más justa o equitativa que la décima, que Dios mismo estableció en otro tiempo. Lo que se apartaba como diezmo no debía cambiarse, ni siquiera por algo mejor, porque la providencia misma lo había señalado (Levítico 27:33). Dios lo aceptaría aunque no fuera lo mejor, y ellos no debían resentirse aunque sí lo fuera, porque ya había pasado bajo la vara. Si alguien quería quedarse con el diezmo porque prefería esa parte de la producción, era justo que pagara por esa elección. Si quería rescatarlo, debía añadir una quinta parte a su valor como precio del rescate (Levítico 27:31).
El último versículo parece mirar hacia atrás a todo el libro y servir como su resumen final: estos son los mandamientos que el SEÑOR dio por medio de Moisés para los israelitas. Muchos de estos mandamientos son morales y siguen siendo obligatorios para nosotros. Otros son ceremoniales y pertenecían únicamente a la manera de adorar de los judíos, pero aun así señalan verdades espirituales y nos enseñan, porque tenemos la clave que abre el significado oculto en ellos. El evangelio también les fue anunciado por medio de estas instituciones, así como a nosotros (Hebreos 4:2). En general, tenemos buenas razones para darle gracias a Dios porque no nos hemos acercado al monte Sinaí de la misma manera que ellos (Hebreos 12:18).
No estamos bajo las sombras oscuras de la ley, sino bajo la luz clara del evangelio, que nos muestra a Cristo como el fin de la ley para justicia (Romanos 10:4). El mensaje de nuestra paz con Dios por medio de un mediador, es decir, de alguien que se interpone entre Dios y las personas, ya no está oculto detrás de nubes de sacrificios. Ahora se hace claro mediante el conocimiento de Cristo y de Cristo crucificado. Tampoco estamos bajo la pesada carga de la ley y sus reglas externas, que el apóstol llama ordenanzas relacionadas con la carne, es decir, reglas acerca de acciones y ceremonias externas, dadas hasta que llegara el tiempo de la reforma (Hebreos 9:10). Era un yugo que ni el pueblo ni sus antepasados pudieron llevar (Hechos 15:10). En cambio, estamos bajo los mandamientos bondadosos y llevaderos del evangelio, que enseñan que los verdaderos adoradores adoran al Padre en espíritu y en verdad, solamente por medio de Cristo y en su nombre. Cristo es nuestro sacerdote, templo, altar, sacrificio, purificación y todo lo demás.
Por eso, no debemos pensar que, como ya no estamos obligados a cumplir con los lavamientos ceremoniales, las fiestas y las ofrendas, basta con dedicarle a Dios una pequeña cantidad de atención, tiempo y recursos. Más bien, nuestro corazón debe abrirse aún más para ofrecerle alabanzas voluntarias, llenarse de amor y alegría santos, y comprometerse con una reflexión seria y una intención sincera. Puesto que ahora tenemos libertad para entrar al Lugar Santísimo por la sangre de Jesús, acerquémonos con un corazón sincero y con la plena seguridad que da la fe, adorando a Dios con mayor alegría y humilde confianza. Y sigamos diciendo: ¡Bendito sea Dios por Jesucristo!
Cómo puede ayudarte tu IA cristiana
Explora las Escrituras y la vida desde una perspectiva cristiana
Estudio bíblico
Orientación para la vida
Apoyo en la oración
Sabiduría diaria
Haz 3 preguntas gratis cada semana. No necesitas tarjeta de crédito. Ver planes
De este capítulo
Levítico 27:1
"El SEÑOR habló a Moisés y le dijo:"
Levítico 27:2
"Habla a los hijos de Israel y diles: Cuando un hombre haga un voto especial, las personas pertenecerán al SEÑOR conforme a tu valoración."
Levítico 27:3
"Tu valoración de un varón de veinte a sesenta años será de cincuenta siclos de plata, según el siclo del santuario."
Levítico 27:4
"Si es una mujer, tu valoración será de treinta siclos."
Levítico 27:5
"Si tiene de cinco a veinte años, tu valoración será de veinte siclos por el varón y de diez siclos por la mujer."
Levítico 27:6
"Si tiene de un mes a cinco años, tu valoración será de cinco siclos de plata por el varón y de tres siclos de plata por la mujer."
Oración diaria
Recibe por correo electrónico una reflexión bíblica diaria
Comienza cada mañana con un versículo, una oración y un siguiente paso sencillo.
Aviso importante: Esta guía bíblica no sustituye la atención profesional de salud mental. Si estás experimentando síntomas de una crisis, comunícate con la Línea 988 de Prevención del Suicidio y Crisis o busca ayuda profesional inmediata.
Bible Guided ofrece orientación basada en la fe y debe complementar, no reemplazar, el apoyo terapéutico profesional.