Versículo destacado
Levítico 21:10 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" El que sea sumo sacerdote entre sus hermanos, sobre cuya cabeza fue derramado el aceite de la unción y que fue consagrado para ponerse las vestiduras, no llevará la cabeza descubierta ni rasgará sus vestidos. "
Levítico 21:10
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
8 Por tanto, lo santificarás, porque él ofrece el pan de tu Dios. Será santo para ti, porque yo, el SEÑOR, que los santifico, soy santo.
9 Si la hija de algún sacerdote se profana prostituyéndose, profana a su padre; será quemada con fuego.
10 El que sea sumo sacerdote entre sus hermanos, sobre cuya cabeza fue derramado el aceite de la unción y que fue consagrado para ponerse las vestiduras, no llevará la cabeza descubierta ni rasgará sus vestidos.
11 Tampoco entrará donde haya ningún cadáver, ni se contaminará por su padre o por su madre.
12 No saldrá del santuario ni profanará el santuario de su Dios, porque la corona del aceite de la unción de su Dios está sobre él. Yo soy el SEÑOR.
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Se esperaba más de un sacerdote que de las demás personas, y aún más del sumo sacerdote que de los otros sacerdotes. La razón era que el aceite de la unción había sido derramado sobre su cabeza y que había sido consagrado para vestir las vestiduras sagradas (Levítico 21:10). Ambas cosas apuntaban de antemano a la unción y la hermosura del Señor Jesucristo, quien recibió sin medida todos los dones y las gracias del Espíritu Santo. La Escritura llama a esto la corona del aceite de la unción de su Dios (Levítico 21:12), porque la unción del Espíritu es una corona de gloria y una hermosa diadema para todos los que la reciben.
Debido a este honor especial, el sumo sacerdote tenía reglas más estrictas en cuanto al luto. No debía hacerse impuro por causa de los muertos, ni siquiera por sus parientes más cercanos, su padre o su madre, y mucho menos por su hijo o su hermano (Levítico 21:11). Tampoco podía mostrar las señales acostumbradas del dolor, como descubrirse la cabeza o rasgarse la ropa (Levítico 21:10). Debía vivir tan apartado de las tristezas y los placeres de la vida común que incluso el afecto natural debía someterse al deber superior de tener compasión de los ignorantes y ternura hacia el pueblo de Dios, sobre el cual había sido puesto. De esta manera, como el santo encargado del Urim y del Tumim, no debía permitir que ni su padre ni su madre ocuparan el primer lugar por encima de su deber sagrado (Deuteronomio 33:8-9).
Tampoco debía entrar en ningún lugar donde hubiera un cadáver (Levítico 21:11). Si un sacerdote común quedaba ceremonialmente impuro, otros sacerdotes podían reemplazarlo por un tiempo. Pero si el sumo sacerdote se contaminaba, la pérdida sería mayor debido a la singularidad de su oficio. La ley que lo mantenía alejado de las casas de luto y de los funerales también mostraba al pueblo la grandeza de su posición. Nuestro Señor Jesucristo, el gran sumo sacerdote de nuestra confesión, tocó a la hija muerta de Jairo, el féretro del hijo de la viuda y la tumba de Lázaro para mostrar que había venido a cambiar el poder de la muerte y a quitarle su terror. Ahora que la muerte no puede destruir a quienes están en él, ya no puede contaminarlos.
Tampoco debía salir del santuario mientras estuviera allí desempeñando su servicio (Levítico 21:12). Mientras atendía sus responsabilidades y normalmente permanecía en su propio aposento dentro del área del santuario, no debía alejarse por ninguna razón, ni siquiera para honrar a un pariente que estuviera muriendo. Salir habría significado tratar el servicio de Dios como menos urgente que otro asunto, aun uno tan solemne como la muerte de un familiar. Su primer deber siempre era la adoración de Dios y el cumplimiento de las responsabilidades de su oficio. De la misma manera, nuestro Señor Jesucristo no dejó de enseñar para hablar con su madre y sus hermanos (Mateo 12:48).
Al sumo sacerdote tampoco se le permitía casarse con una viuda, aunque los demás sacerdotes sí podían hacerlo, y mucho menos con una mujer divorciada o una prostituta (Levítico 21:13-14). Esto lo distinguía de los otros sacerdotes, y algunos consideran que también apuntaba a Cristo, ante quien la iglesia debe ser presentada como una virgen pura (2 Corintios 11:2). Véase también Ezequiel 44:22. Cristo debe tener nuestro primer amor, nuestro amor puro y todo nuestro amor. Por eso las vírgenes lo aman (Cantares 1:3), y solo quienes le pertenecen están preparados para seguir al Cordero (Apocalipsis 14:4).
Tampoco debía deshonrar a su descendencia entre el pueblo (Levítico 21:15). Algunos entienden esto como una advertencia para que no casara a sus hijos con personas de una posición inferior, lo cual traería vergüenza sobre su familia. Joiada, sacerdote y protector de la casa real, sí se casó dentro de su propia tribu, pero con una integrante de la familia real (2 Crónicas 22:11). Esto no tenía el propósito de hacer orgulloso al sumo sacerdote, sino de mantenerlo puro y cuidadoso, para que no hiciera nada impropio de su oficio ni del nombre honorable que llevaba. También puede significar que debía ser cuidadoso al arreglar los matrimonios de sus hijos. Se deshonra a los hijos de los ministros cuando se unen en yugo desigual con incrédulos.
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De este capítulo
Levítico 21:1
"El SEÑOR dijo a Moisés: Habla a los sacerdotes, hijos de Aarón, y diles: Ninguno se contaminará por un muerto entre su pueblo,"
Levítico 21:2
"excepto por un pariente cercano a él, es decir, por su madre, por su padre, por su hijo, por su hija o por su hermano;"
Levítico 21:3
"también podrá contaminarse por su hermana virgen, cercana a él, que no haya tenido marido."
Levítico 21:4
"Pero no se contaminará, siendo un hombre principal entre su pueblo, para profanarse."
Levítico 21:5
"No se harán calvicie en la cabeza, ni se afeitarán los bordes de la barba, ni se harán cortes en la carne."
Levítico 21:6
"Serán santos para su Dios y no profanarán el nombre de su Dios, porque ofrecen las ofrendas del SEÑOR hechas por fuego y el pan de su Dios; por tanto, serán santos."
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