Versículo destacado
Levítico 11:43 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" No se hagan abominables por causa de ningún animal que se arrastra, ni se hagan inmundos con ellos, para que no queden contaminados por ellos. "
Levítico 11:43
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
41 Todo animal que se arrastra sobre la tierra será una abominación; no se comerá.
42 De todos los animales que se arrastran sobre la tierra, no comerán ninguno que se desplace sobre el vientre, ninguno que ande sobre cuatro patas ni ninguno que tenga muchas patas, porque son una abominación.
43 No se hagan abominables por causa de ningún animal que se arrastra, ni se hagan inmundos con ellos, para que no queden contaminados por ellos.
44 Porque yo soy el SEÑOR su Dios. Por tanto, santifíquense y sean santos, porque yo soy santo. No se contaminen con ninguna clase de animal que se arrastra sobre la tierra.
45 Porque yo soy el SEÑOR, que los hice subir de la tierra de Egipto para ser su Dios. Por tanto, sean santos, porque yo soy santo.
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Este es el significado de esta ley. No tenía como único propósito presentar una lista de alimentos ni ofrecer consejos médicos sobre la dieta. Dios la estaba usando para enseñarles a los israelitas a apartarse y vivir en santidad (Levítico 11:44). Debían aprender a distinguir entre el bien y el mal, y a entender que sus acciones tenían importancia, así como también la tenía lo que comían.
También debían vivir conforme a la ley de Dios en todo lo que hicieran, incluso en las cosas ordinarias, que aun así debían realizarse de una manera piadosa (3 Juan 1:6). Hasta el comer y el beber debían estar guiados por las normas de Dios y hacerse para su gloria (1 Corintios 10:31). Además, debían ser diferentes de las naciones que los rodeaban, como un pueblo apartado para Dios, que no debía vivir como los gentiles. De esta manera, aquellas primeras reglas los instruían, como el tutor de un niño, y los guiaban hacia la santidad, que es la restauración de nuestra condición original en Adán y la señal de nuestra mejor condición con Cristo, porque sin santidad nadie verá al Señor (Gálatas 4:2-3; Hebreos 12:14).
Este es, en realidad, el propósito de todas las ordenanzas de Dios: que por medio de ellas nos apartemos y aprendamos a vivir en santidad. Incluso esta ley sobre los alimentos, que parece pequeña y de poca importancia, apuntaba a algo muy elevado. Tanto bajo el Antiguo Testamento como bajo el Nuevo, la norma del cielo es que sin santidad nadie verá al Señor. Por eso, la advertencia de Levítico 11:43 es: «No se hagan abominables». Al unirnos al pecado, que es abominable, también nosotros nos hacemos abominables.
Una persona es verdaderamente desdichada cuando resulta abominable ante los ojos de Dios, y nadie llega a serlo sino por su propia elección. Algunos escritores judíos incluso han sugerido que esta ley también advertía a Israel contra unirse a los paganos, ya fuera por medio del matrimonio o de otros vínculos estrechos (Deuteronomio 7:2-3). Su enseñanza moral todavía se aplica a nosotros: no debemos participar en las obras infructuosas de las tinieblas. Sin una verdadera santidad en el corazón y en la vida, quien ofrece un sacrificio es como alguien que presenta sangre de cerdo delante de Dios; y si era ofensivo comer carne de cerdo, mucho más ofensivo sería ofrecer sangre de cerdo en el altar de Dios (Isaías 66:3; Proverbios 15:8).
Las razones de esta ley provienen todas del propio Legislador, y debemos tenerlo presente en cada acto de obediencia. «Yo soy el Señor su Dios» (Levítico 11:44) significa: «Obedézcanme sencillamente porque yo soy su Señor». La autoridad de Dios sobre nosotros y su derecho a reclamarnos como suyos exigen que hagamos todo lo que él ordena, incluso cuando vaya en contra de nuestros deseos.
«Yo soy santo» (Levítico 11:44-45). Si Dios es santo, nosotros también debemos ser santos; de lo contrario, no podemos esperar que él nos acepte. Su santidad es su gloria (Éxodo 15:11), y por eso corresponde para siempre a su casa (Salmo 93:5). Este gran mandamiento, dado aquí en medio de leyes que después dejarían de estar vigentes, es citado como un mandato del evangelio en 1 Pedro 1:16. Muestra que aquellas reglas ceremoniales tenían el propósito de enseñarnos a no moldear nuestra vida según los deseos que teníamos cuando vivíamos en ignorancia (Levítico 11:14).
«Yo soy el Señor que los sacó de la tierra de Egipto» (Levítico 11:45). Esa era una razón poderosa para que obedecieran con alegría, pues Dios ya les había mostrado un favor tan especial. Había hecho más por ellos que por cualquier otro pueblo, y por eso podía esperar legítimamente más de ellos.
El capítulo concluye con este resumen: «Esta es la ley acerca de los animales, de las aves y de todo ser viviente» (Levítico 11:46-47). Esta ley debía permanecer mientras durara aquel orden del pacto. Pero bajo el evangelio fue claramente abolida por una voz del cielo dirigida a Pedro (Hechos 10:15), y la muerte de Cristo ya la había dejado sin vigencia, junto con las demás reglas que solo eran temporales: «No toques, no pruebes, no manejes» (Colosenses 2:21-22).
Ahora podemos dar gracias porque no estamos bajo esa carga y porque toda criatura de Dios está permitida como alimento bueno; nada debe rechazarse simplemente por ser comida (1 Corintios 8:8; Romanos 14:14). Lo que entra por la boca no contamina a la persona; lo que sale del corazón sí lo hace (Mateo 15:11). Así que demos gracias por nuestra libertad, permanezcamos firmes en la libertad que Cristo nos ha dado y tengamos cuidado de las enseñanzas que prohíben ciertos alimentos y tratan de volver a imponer las normas de Moisés (1 Timoteo 4:3-4).
Al mismo tiempo, debemos usar los regalos de Dios con cuidado y dominio propio. Si Dios nos ha dado libertad, aun así debemos ponernos límites y nunca comer sin cuidado, como si la mesa no pudiera convertirse en una trampa. «Pon cuchillo a tu garganta si eres dado a la glotonería» y no desees alimentos exquisitos ni demasiadas variedades (Proverbios 23:2-3). La naturaleza se satisface con poco; la gracia, con menos; pero el deseo pecaminoso nunca se satisface.
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De este capítulo
Levítico 11:1
"El SEÑOR habló a Moisés y a Aarón y les dijo:"
Levítico 11:2
"Hablen a los hijos de Israel y díganles: Estos son los animales que podrán comer de entre todos los animales que hay sobre la tierra."
Levítico 11:3
"De entre los animales, podrán comer todo el que tenga la pezuña dividida, la pata hendida y rumie."
Levítico 11:4
"Sin embargo, de los que rumian o tienen la pezuña dividida, no comerán estos: el camello, porque rumia, pero no tiene la pezuña dividida; será inmundo para ustedes."
Levítico 11:5
"El conejo, porque rumia, pero no tiene la pezuña dividida; será inmundo para ustedes."
Levítico 11:6
"La liebre, porque rumia, pero no tiene la pezuña dividida; será inmunda para ustedes."
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