Versículo destacado
Levítico 1:3 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Si su ofrenda es un holocausto del ganado vacuno, ofrecerá un macho sin defecto; lo ofrecerá por su propia voluntad a la entrada de la tienda de reunión, delante del SEÑOR. "
Levítico 1:3
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
1 El SEÑOR llamó a Moisés y le habló desde la tienda de reunión, diciendo:
2 Habla a los hijos de Israel y diles: Si alguno de ustedes trae una ofrenda al SEÑOR, traerán su ofrenda de los animales, ya sea del ganado vacuno o del rebaño.
3 Si su ofrenda es un holocausto del ganado vacuno, ofrecerá un macho sin defecto; lo ofrecerá por su propia voluntad a la entrada de la tienda de reunión, delante del SEÑOR.
4 Pondrá su mano sobre la cabeza del holocausto, y este será aceptado en favor suyo para hacer expiación por él.
5 Degollará el novillo delante del SEÑOR; y los sacerdotes, hijos de Aarón, llevarán la sangre y la rociarán alrededor sobre el altar que está a la entrada de la tienda de reunión.
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Si un hombre tenía suficiente riqueza para ofrecerlo, traía su holocausto de su ganado vacuno, es decir, de su ganado mayor. Quien reconoce que Dios es el Ser supremo querrá darle lo mejor que tiene. Si le da algo inferior, no le rinde el honor que su nombre merece.
Por eso, si alguien decidía sacrificar un toro, no para una comida con su familia y sus amigos, sino como ofrenda a Dios, debía seguir cuidadosamente estas instrucciones. En primer lugar, el animal tenía que ser macho y sin defecto: el mejor de su rebaño. Como se ofrecía únicamente para honrar al Dios perfectamente bueno, debía ser lo mejor de su especie. Esto señalaba la plena fortaleza y pureza de Cristo, el sacrificio que moriría, y también la sinceridad y la vida intachable que deben caracterizar a los cristianos, quienes son ofrecidos a Dios como sacrificios vivos. En sentido literal, en Cristo Jesús no hay distinción entre hombre y mujer, y ningún defecto natural del cuerpo impide que seamos aceptados por Dios. Lo que impide esa aceptación son únicamente los defectos morales y las faltas que el pecado introduce en el alma.
En segundo lugar, el dueño debía ofrecerlo voluntariamente. Todo lo que se hace en la religión para agradar a Dios debe hacerse por amor, no por presión externa. Dios acepta a quienes se acercan de buena voluntad y a quienes dan con alegría. Ainsworth y otros interpretan la frase de otra manera, como una descripción del propósito de la ofrenda: «Que lo ofrezca para hallar favor delante del SEÑOR». En otras palabras, el adorador debía traer el sacrificio con un solo objetivo: ser aceptado por Dios. Solo quienes desean sinceramente ese resultado y lo procuran en todo su servicio religioso serán aceptados (2 Corintios 5:9).
En tercer lugar, la ofrenda debía llevarse a la entrada del tabernáculo, donde estaba el altar de bronce para los holocaustos, y a ningún otro lugar. La persona debía llevarla a la entrada consciente de que no era digna de entrar, reconociendo que ningún pecador puede entrar en pacto y comunión con Dios si no es por medio de un sacrificio. Sin embargo, también la llevaba al tabernáculo de reunión, mostrando que ese acto personal la unía con toda la congregación de Israel.
En cuarto lugar, el adorador debía poner su mano sobre la cabeza de la ofrenda (Levítico 1:4). Los maestros judíos decían que debía colocar allí ambas manos con toda su fuerza, entre los cuernos del animal. Esto mostraba, primero, que entregaba el animal a Dios y renunciaba a todo derecho personal sobre él. Segundo, mostraba que reconocía merecer la muerte y que habría estado dispuesto a morir él mismo si Dios lo hubiera requerido para su honra y favor. Tercero, mostraba confianza en el sacrificio como señal del gran Sacrificio sobre quien recaería la culpa de todos nosotros. Algunos piensan que el apóstol se refiere a este significado en la doctrina de la imposición de manos (Hebreos 6:2), que apuntaba a la fe del evangelio. Al poner su mano sobre la ofrenda, el adorador expresaba su esperanza de que el sacrificio fuera aceptado en su lugar para hacer expiación por él.
Los holocaustos no estaban relacionados con un pecado específico, como sucedía con las ofrendas por el pecado, pero aun así hacían expiación por el pecado en general. El adorador debía confesar que no había hecho lo que debía hacer y que había hecho lo que no debía hacer. Entonces debía pedir que, aunque merecía la muerte, Dios aceptara la muerte de su sacrificio para cubrir su culpa.
En quinto lugar, los sacerdotes levitas, pertenecientes a la tribu sacerdotal, debían matar el animal delante del SEÑOR; es decir, debían hacerlo con solemnidad y reverencia, teniendo presente la honra de Dios. Esto mostraba que nuestro Señor Jesús daría su vida como ofrenda por el pecado. El Mesías, el Príncipe, tenía que ser quitado como sacrificio, pero no por sí mismo (Daniel 9:26). También mostraba que los cristianos, que son sacrificios vivos, deben dar muerte a la parte inferior de su naturaleza. La carne, con sus deseos y pasiones pecaminosos, debe ser crucificada junto con los impulsos propios de la vida meramente corporal.
En sexto lugar, los sacerdotes debían rociar la sangre sobre el altar (Levítico 1:5). Como la sangre representa la vida, era la sangre la que hacía expiación por el alma. Esto señalaba la manera en que nuestro Señor Jesús satisfaría directamente la justicia de su Padre y defendería su honra ofendida al derramar su sangre. Él se ofreció a Dios sin mancha. También señalaba cómo la fe en la sangre rociada de Jesucristo tranquiliza y limpia nuestra conciencia (1 Pedro 1:2; Hebreos 10:22).
En séptimo lugar, había que quitarle la piel al animal, cortarlo ordenadamente y dividirlo en sus partes, como lo haría un carnicero. Después, todas las piezas, junto con la cabeza y la grasa, debían quemarse sobre el altar, una vez lavadas las patas y las partes internas (Levítico 1:6-9). Alguien podría preguntar por qué se permitía semejante desperdicio. ¿Por qué debía quemarse hasta convertirse en cenizas toda esa carne buena, que habría podido alimentar durante mucho tiempo a familias pobres? Pero esa era la voluntad de Dios, y no tenemos derecho a discutir con ella. Cuando se quemaba para honrar a Dios, en obediencia a su mandato y para mostrar verdades espirituales, se utilizaba mejor que si hubiera servido como alimento para las personas. Nada de lo que se entrega a Dios se desperdicia realmente.
La quema del sacrificio señalaba los intensos sufrimientos de Cristo y también el amor devoto con que los cristianos deben ofrecerse a Dios como un fuego santo, en cuerpo, alma y espíritu.
En octavo lugar, esta ofrenda se llama un olor grato, o un aroma agradable, para el SEÑOR. La carne quemada no es agradable por sí misma, pero esta ofrenda agradaba a Dios porque era un acto de obediencia a su mandato y una representación de Cristo. Dios se complacía en quien la ofrecía y encontraba deleite en la paz que ella expresaba. Descansaba y se sentía complacido con estas instituciones de su gracia, como lo había hecho en la creación al terminar su obra (Éxodo 31:17), y se regocijaba en ella (Salmos 104:31). La ofrenda de Cristo a Dios también se llama una fragancia agradable (Efesios 5:2), y se dice que los sacrificios espirituales de los cristianos son aceptables a Dios por medio de Cristo (1 Pedro 2:5).
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De este capítulo
Levítico 1:1
"El SEÑOR llamó a Moisés y le habló desde la tienda de reunión, diciendo:"
Levítico 1:2
"Habla a los hijos de Israel y diles: Si alguno de ustedes trae una ofrenda al SEÑOR, traerán su ofrenda de los animales, ya sea del ganado vacuno o del rebaño."
Levítico 1:4
"Pondrá su mano sobre la cabeza del holocausto, y este será aceptado en favor suyo para hacer expiación por él."
Levítico 1:5
"Degollará el novillo delante del SEÑOR; y los sacerdotes, hijos de Aarón, llevarán la sangre y la rociarán alrededor sobre el altar que está a la entrada de la tienda de reunión."
Levítico 1:6
"Desollará el holocausto y lo cortará en sus piezas."
Levítico 1:7
"Los hijos del sacerdote Aarón pondrán fuego sobre el altar y acomodarán la leña sobre el fuego."
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