Versículo destacado
Jueces 15:18 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Luego sintió una sed intensa, invocó al SEÑOR y dijo: «Tú has dado esta gran liberación en manos de tu siervo; ¿y ahora moriré de sed y caeré en manos de los incircuncisos?». "
Jueces 15:18
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
16 Entonces Sansón dijo: «Con la quijada de un asno, montones sobre montones; con la quijada de un asno he matado a mil hombres».
17 Cuando terminó de hablar, arrojó la quijada de su mano y llamó a aquel lugar Ramat-lehí.
18 Luego sintió una sed intensa, invocó al SEÑOR y dijo: «Tú has dado esta gran liberación en manos de tu siervo; ¿y ahora moriré de sed y caeré en manos de los incircuncisos?».
19 Pero Dios abrió la cavidad que estaba en la quijada, y de ella brotó agua. Cuando Sansón bebió, su espíritu volvió y revivió. Por eso llamó aquel lugar En-hacore, que está en Lehí hasta el día de hoy.
20 Y juzgó a Israel durante veinte años, en los días de los filisteos.
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Esta era la angustia en la que se encontraba Sansón después de aquella gran victoria (Jueces 15:18). Tenía una sed intensa, resultado natural del calor que había soportado y del gran esfuerzo que había hecho. Su celo —es decir, la energía intensa con la que había cumplido su tarea— lo había llevado tan lejos que casi se olvidó de sí mismo. Luego, cuando tuvo oportunidad de detenerse, descubrió que estaba a punto de desmayarse porque no tenía agua.
También es posible que esto haya sido una acción especial de Dios, como probablemente lo fue todo aquel acontecimiento. Dios pudo haber usado la situación para evitar que Sansón se enorgulleciera de su gran fuerza y de su éxito, y para recordarle que solo era un ser humano, expuesto a las mismas dificultades que todos los demás. Josefo dice que fue una corrección por haber dejado a Dios fuera de su cántico de victoria y haber tomado el reconocimiento para sí mismo al decir: «He matado a mil hombres». Ahora, cuando está a punto de morir de sed, aprende que su propio brazo no podía haberlo salvado sin el poder de Dios. Sansón había probado la sangre de los filisteos, pero la sangre jamás puede satisfacer la sed de una persona.
Dios dispuso que no hubiera agua cerca, y Sansón estaba demasiado cansado para ir muy lejos a buscarla. Los hombres de Judá debieron haber recibido a su libertador con pan y vino, como Melquisedec recibió a Abram, para compensarlo por el mal que le habían hecho. En cambio, le prestaron tan poca atención que casi estaba muriendo por falta de un trago de agua. Así, a menudo se trata con gran desprecio a los grandes siervos. Incluso Cristo en la cruz dijo: «Tengo sed».
La oración de Sansón en medio de esta angustia nos deja una buena enseñanza. Quienes no dan gracias a Dios cuando tienen éxito pueden ser llevados a orar cuando enfrentan problemas. Con frecuencia, las dificultades hacen que las personas ingratas vuelvan a Dios. En esta oración, Sansón presenta dos razones delante de Dios.
En primer lugar, apela al poder y a la bondad de Dios que ya había visto en su reciente victoria: «Tú has dado esta gran liberación en manos de tu siervo». Al referirse a sí mismo como siervo de Dios, reconoce que lo que había hecho estaba al servicio de Dios. En efecto, está diciendo: «Señor, ¿no cuidarás de uno de tus pobres siervos que se ha desgastado en tu servicio? Te pertenezco; sálvame». También llama a su victoria una gran liberación, porque sin la ayuda de Dios no solo habría fracasado en derrotar a los filisteos, sino que ellos lo habrían destruido. Ahora reconoce que la victoria vino de Dios y corrige su error anterior de atribuirse demasiado mérito.
Esto nos presenta un modelo firme para la oración. Las experiencias pasadas del poder y de la bondad de Dios son excelentes razones para pedirle más ayuda: «Señor, ya me has librado; ¿no volverás a librarme?». «Tú comenzaste la obra; ¿no la terminarás?». «Has hecho lo más grande; ¿no harás también lo menor?». Sansón también señala que ahora está expuesto a sus enemigos: «Para que no caiga en manos de los incircuncisos». Si eso ocurriera, ellos se jactarían, lo contarían por todas partes y Dios sería deshonrado, porque su campeón se habría convertido en una presa fácil para ellos. Las razones más poderosas en la oración son las que apuntan a la gloria de Dios.
Dios le dio a Sansón alivio en el momento preciso. Escuchó su oración y le envió agua, ya fuera de la quijada o del suelo a través de la quijada, según Jueces 15:19. Dios usó como medio para proveerle lo mismo que Sansón había usado como instrumento al servicio de Dios. Me inclino más por la lectura de la nota marginal, que dice que Dios abrió la cavidad que estaba en Lehi. El lugar donde ocurrió esto ya había recibido el nombre de Lehi, que significa «quijada», incluso antes de la batalla.
Allí, en aquel campo, colina o llanura, Dios hizo que brotara de repente un manantial junto a Sansón. El agua salió en abundancia y después permaneció allí como un pozo. Sansón bebió de ella y recobró sus fuerzas. Seríamos más agradecidos por el agua si recordáramos lo indefensos que estamos sin ella. Este ejemplo debe animarnos a confiar en Dios y buscarlo, porque cuando él quiere, puede abrir ríos en lugares secos (Isaías 41:17-18).
Sansón también dejó un memorial de esta misericordia en el nombre que dio al manantial: Enhacore, que significa «el pozo del que clamó». Ese nombre recordaría tanto la angustia que lo llevó a clamar como la bondad de Dios al responderle. Dios suele abrir para su pueblo pozos de consuelo que bien podrían llamarse así: el pozo del que clamó. Sansón ya le había dado al lugar un nombre que mostraba fuerza y triunfo, Ramath-lehi, que significa «la elevación de la quijada». Ahora le da otro nombre que muestra necesidad y dependencia.
El gobierno de Sansón continuó después de estos acontecimientos (Jueces 15:20). Finalmente, Israel se sometió al hombre al que había traicionado. Ya era evidente que Dios estaba con él, así que todos lo aceptaron y lo siguieron como su juez. La piedra que desecharon los constructores se convirtió en la piedra angular.
Esto también muestra cuán bajo había caído Israel, pues su gobierno se contaba según los días de los filisteos. Aun así, fue una misericordia que, aunque estaban bajo el dominio de un enemigo extranjero, tuvieran un juez que mantuviera el orden y evitara que se destruyeran unos a otros. Su gobierno duró veinte años, de acuerdo con la duración acostumbrada del gobierno de los jueces. No se nos cuentan los detalles de esos años, excepto el comienzo de su gobierno en este capítulo y el final en el siguiente.
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De este capítulo
Jueces 15:1
"Pero sucedió algún tiempo después, durante la cosecha del trigo, que Sansón visitó a su esposa llevando un cabrito. Dijo: «Entraré en la habitación de mi esposa». Pero el padre de ella no le permitió entrar."
Jueces 15:2
"Su padre dijo: «En verdad pensé que la odiabas por completo; por eso se la di a tu compañero. ¿No es su hermana menor más hermosa que ella? Te ruego que tomes a la menor en lugar de ella»."
Jueces 15:3
"Sansón dijo acerca de ellos: «Ahora seré más inocente que los filisteos, aunque les haga daño»."
Jueces 15:4
"Sansón fue y atrapó trescientos zorros, tomó antorchas, juntó cola con cola y puso una antorcha en medio, entre cada dos colas."
Jueces 15:5
"Después de encender las antorchas, soltó los zorros en los sembrados de los filisteos y quemó tanto las gavillas como el trigo que estaba en pie, junto con las viñas y los olivares."
Jueces 15:6
"Entonces los filisteos preguntaron: «¿Quién hizo esto?». Y les respondieron: «Sansón, el yerno del timnita, porque este tomó a su esposa y se la dio a su compañero». Los filisteos subieron y quemaron con fuego a ella y a su padre."
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