Versículo destacado
Jueces 11:1 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Jefté el galaadita era un hombre valiente y poderoso. Era hijo de una prostituta, y Galaad engendró a Jefté. "
Jueces 11:1
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
1 Jefté el galaadita era un hombre valiente y poderoso. Era hijo de una prostituta, y Galaad engendró a Jefté.
2 La esposa de Galaad le dio hijos. Cuando los hijos de su esposa crecieron, expulsaron a Jefté y le dijeron: «No tendrás herencia en la casa de nuestro padre, porque eres hijo de una mujer extraña».
3 Entonces Jefté huyó de sus hermanos y habitó en la tierra de Tob. Unos hombres ociosos se reunieron con Jefté y salían con él.
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Cuando dejamos a los líderes y al pueblo de Galaad al final del capítulo anterior, estaban buscando un comandante. Habían acordado que quien dirigiera su ejército contra los amonitas, por decisión de todos, se convertiría en jefe de todo el pueblo de Galaad. La tarea era difícil, así que era justo ofrecer una gran recompensa al hombre que la aceptara.
Todos estaban de acuerdo en que Jefté el galaadita era un guerrero valiente y poderoso, y el hombre más indicado para el puesto. Sin embargo, tenía tres desventajas. La primera era que era hijo de una prostituta (Jueces 11:1), es decir, de una mujer que no era la esposa de su padre. Algunos creen que su madre era gentil, y Josefo afirma que, por parte de su madre, era extranjero. Si su madre había sido prostituta, eso no era culpa de Jefté, aunque él tuvo que cargar con la vergüenza de esa condición.
No se debe culpar a las personas por las circunstancias dolorosas de su nacimiento o de su familia, siempre que procuren quitar esa vergüenza mediante su propia conducta honorable. Un hijo de una prostituta, si nace de nuevo, es decir, si Dios lo hace una nueva persona, será aceptado por Dios y recibido en todos los privilegios de sus hijos. Jefté no podía leer en la ley la señal de exclusión puesta sobre los amonitas, sus enemigos, pues se decía que no debían entrar en la asamblea del Señor. Pero en ese mismo pasaje encontraba algo que parecía estar en su contra: que un hijo ilegítimo debía ser excluido de la misma manera (Deuteronomio 23:2-3). Sin embargo, si esa ley se refiere, como parece más probable, únicamente a los hijos nacidos de una relación incestuosa y no a los nacidos fuera del matrimonio, entonces no se aplicaba a Jefté.
La segunda desventaja era que sus hermanos lo habían expulsado de su propia tierra. Los hijos legítimos de su padre, insistiendo en una interpretación estricta de la ley, lo echaron y no le dieron ninguna parte de la herencia (Jueces 11:2). No tomaron en cuenta sus grandes capacidades, que merecían una excepción y que habrían hecho de él una gran ayuda y un motivo de honra para su familia. Si hubieran pasado por alto su condición de hijo ilegítimo y le hubieran dado la porción que correspondía a un hijo, él habría sido una bendición para ellos.
Pocos habrían imaginado que aquel joven rechazado estaba destinado a convertirse en libertador y juez de Israel. Sin embargo, Dios a menudo humilla a las personas que piensa exaltar, y hace que la piedra que los constructores rechazaron se convierta en la piedra principal. José, Moisés y David, los tres pastores más destacados de Israel, fueron rechazados por los hombres antes de que Dios los llamara a ocupar un cargo elevado.
La tercera desventaja era que, durante su exilio, se convirtió en líder de un grupo de hombres (Jueces 11:3). Como sus hermanos lo habían expulsado, su espíritu fuerte no le permitía mendigar ni trabajar como esclavo. Tuvo que vivir por medio de su espada. Pronto, debido a su valor, otros hombres que atravesaban situaciones desesperadas y tenían ese mismo espíritu audaz se reunieron bajo su liderazgo. Se les llama hombres sin recursos, es decir, hombres que habían perdido sus bienes y ahora tenían que encontrar la manera de sobrevivir.
Estos hombres no lo acompañaron para robar ni saquear, sino para cazar animales salvajes y quizá hacer incursiones en territorios que pertenecían a Israel pero que todavía no habían sido conquistados, o en tierras que de alguna manera les habían hecho daño. Este era el hombre que debía salvar a Israel. Por su idolatría, ese pueblo se había convertido en hijo de la infidelidad y en extraño para Dios y su pacto. Por eso, aunque Dios los libraría cuando se arrepintieran, decidió hacerlo por medio de un hijo ilegítimo y un exiliado, para humillarlos y recordarles su pecado.
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De este capítulo
Jueces 11:2
"La esposa de Galaad le dio hijos. Cuando los hijos de su esposa crecieron, expulsaron a Jefté y le dijeron: «No tendrás herencia en la casa de nuestro padre, porque eres hijo de una mujer extraña»."
Jueces 11:3
"Entonces Jefté huyó de sus hermanos y habitó en la tierra de Tob. Unos hombres ociosos se reunieron con Jefté y salían con él."
Jueces 11:4
"Después de algún tiempo, los hijos de Amón hicieron guerra contra Israel."
Jueces 11:5
"Y sucedió que, cuando los hijos de Amón hicieron guerra contra Israel, los ancianos de Galaad fueron a traer a Jefté de la tierra de Tob."
Jueces 11:6
"Le dijeron a Jefté: «Ven y sé nuestro capitán, para que combatamos contra los hijos de Amón»."
Jueces 11:7
"Jefté les dijo a los ancianos de Galaad: «¿No me odiaron ustedes y me expulsaron de la casa de mi padre? ¿Por qué vienen a mí ahora que están en angustia?»."
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