Versículo destacado
Josué 5:13 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Y sucedió que, cuando Josué estaba junto a Jericó, alzó los ojos y miró, y vio que un hombre estaba de pie frente a él con la espada desenvainada en la mano. Josué se acercó a él y le preguntó: «¿Estás a favor de nosotros o de nuestros adversarios?». "
Josué 5:13
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
11 Al día siguiente de la Pascua comieron del grano viejo de la tierra: panes sin levadura y grano tostado, aquel mismo día.
12 Y el maná cesó al día siguiente de que comieron del grano viejo de la tierra. Los hijos de Israel no volvieron a tener maná, sino que aquel año comieron del fruto de la tierra de Canaán.
13 Y sucedió que, cuando Josué estaba junto a Jericó, alzó los ojos y miró, y vio que un hombre estaba de pie frente a él con la espada desenvainada en la mano. Josué se acercó a él y le preguntó: «¿Estás a favor de nosotros o de nuestros adversarios?».
14 Él respondió: «No; sino que ahora he venido como jefe del ejército del SEÑOR». Entonces Josué cayó rostro en tierra, adoró y le preguntó: «¿Qué dice mi señor a su siervo?».
15 El jefe del ejército del SEÑOR dijo a Josué: «Quítate la sandalia de tu pie, porque el lugar donde estás es santo». Y Josué así lo hizo.
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Ya hemos visto que Dios habló muchas veces con Josué, pero solo aquí leemos que la gloria de Dios se le apareció directamente. Cuando las dificultades de Josué aumentaron, Dios aumentó en la misma medida su ánimo. A menudo, Dios brinda una ayuda más poderosa cuando la carga se vuelve más pesada.
Primero, observemos el momento de esta visión. Ocurrió justo después de que Josué llevara a cabo los solemnes actos de la circuncisión y la Pascua. Entonces Dios se dio a conocer. Podemos esperar nuevas señales del favor de Dios cuando caminamos en obediencia y adoramos con sinceridad.
Segundo, observemos el lugar. Fue junto a Jericó, o en los campos cercanos a Jericó. Josué estaba allí por fe y esperanza, antes de comenzar el sitio. Probablemente estaba solo, y quizá meditando u orando. A menudo, Dios se manifiesta con bondad a quienes están ocupados en la oración y cumplen sus responsabilidades con reflexión. O tal vez Josué estaba inspeccionando la ciudad y planeando el ataque. Si fue así, Dios se encontró con él allí y le dio dirección. Dios ayuda a quienes se ayudan a sí mismos. La ley ayuda a quienes están atentos, no a quienes duermen. Josué estaba cumpliendo su deber como comandante cuando Dios vino y se manifestó como el verdadero Comandante en Jefe.
Tercero, observemos la aparición misma. Josué estaba mirando hacia abajo, como suele hacerlo la gente cuando está llena de pensamientos y preocupaciones, cuando de repente vio a un hombre de pie frente a él. La visión hizo que levantara los ojos e interrumpió sus reflexiones. Parecía un hombre, pero era alguien de gran dignidad, claramente digno de atención.
Tenemos razones para pensar que este hombre era el Hijo de Dios, el Verbo eterno, quien a menudo apareció en forma humana antes de asumir para siempre la naturaleza humana. El obispo Patrick pensaba lo mismo, y esa interpretación coincide con la de los primeros padres de la iglesia. Josué le rindió honor divino, y él lo aceptó; un ángel creado no habría hecho eso. Además, en Josué 6:2 también se le llama Jehová.
Se apareció como un soldado, con la espada desenvainada. A Abraham, en su tienda, se le apareció como un viajero; pero a Josué, en el campo, se le apareció como un hombre de guerra. Cristo se manifiesta a su pueblo de la manera que su fe espera y necesita. Su espada desenvainada tenía dos propósitos. Primero, mostraba que la guerra de Josué era legítima y procedía de Dios, quien le había dado el derecho de luchar. Cuando el rey desenvaina la espada, eso le da autoridad al súbdito para actuar. La espada está correctamente desenvainada cuando Cristo la toma y entrega el estandarte a quienes le temen, para que lo levanten en favor de la verdad (Salmo 60:4). Segundo, animaba a Josué a seguir adelante con valor. La espada desenvainada de Cristo muestra cuán dispuesto está a defender y salvar a su pueblo. Por medio de él harán grandes cosas. Su espada se vuelve en todas direcciones.
Cuarto, observemos la audaz pregunta de Josué. No envió a un siervo, sino que se acercó él mismo y preguntó: «¿Estás a favor de nosotros o de nuestros enemigos?». Esa pregunta mostraba que estaba dispuesto a recibir al desconocido si estaba del lado de Israel, o a enfrentarse a él si no lo estaba. Muestra el valor y la firmeza de Josué. No se dejó sacudir por la aparición repentina ni se asustó ante la majestad de aquel que veía. Con la serenidad de un gran líder, hizo una pregunta directa. Dios le había dicho a Josué que fuera valiente, y aquí vemos ese valor puesto en acción. Lo que Dios exige por medio de su Palabra, lo produce por medio de su gracia.
También muestra la profunda preocupación de Josué por Israel y por la causa del pueblo. Se había comprometido por completo con los intereses de Israel, así que quería saber si aquel hombre era amigo o enemigo. Tal vez sospechaba que era un enemigo, como un Goliat que hubiera venido a desafiar a los ejércitos del Dios viviente. Con frecuencia pensamos que lo que está en nuestra contra en realidad está a nuestro favor. Sin embargo, esta pregunta también deja claro que el conflicto entre Israel y Canaán, y entre Cristo y Beelzebú, no deja lugar para la neutralidad. El que no está con nosotros está contra nosotros.
Quinto, escuchemos la respuesta que recibió. «No», dijo él; «no estoy aquí como tu enemigo. He venido como comandante del ejército del Señor». No vino solamente para apoyar a Josué, sino también para estar sobre él como Comandante en Jefe. Ahora había, como en Génesis 32:2, dos campamentos: uno de israelitas preparados para la batalla y otro de ángeles listos para protegerlos. Él, como comandante de ambos, dirigía a Israel y ordenaba a los ángeles que lo ayudaran.
Probablemente por eso se llama a Cristo el autor de nuestra salvación (Hebreos 2:10), y guía y comandante de los pueblos (Isaías 55:4). Quienes tienen un comandante así no pueden dejar de alcanzar la victoria. Vino a pasar revista a las tropas, fortalecer su valor y dar las órdenes necesarias para tomar Jericó.
Sexto, observemos el gran respeto que Josué le mostró una vez que entendió quién era. Probablemente lo reconoció no solo por lo que se dijo, sino también por alguna señal visible: comprendió que era una persona divina y no simplemente un hombre. Josué se inclinó hasta el suelo con el rostro en tierra y adoró. Aunque era el comandante de las fuerzas de Israel, no se sintió amenazado por aquel desconocido que tenía una comisión superior como comandante del ejército del Señor. No lo desafió, sino que se sometió con gusto a él como su superior. Aun las personas más importantes deben ser humildes y reverentes cuando se presentan ante Dios.
Entonces Josué pidió instrucciones: «¿Qué dice mi señor a su siervo?». Su segunda pregunta fue tan valiente como la primera, pero ahora estaba llena de reverencia y devoción. Para Josué no era una pérdida de dignidad humillarse ante Dios. Hasta los reyes deben inclinarse ante el trono del Señor Jesús, quien es Rey de reyes (Salmo 2:10-11; Salmo 72:10-11; Apocalipsis 19:16).
Observemos dos cosas en las palabras de Josué. Primero, reconoció la relación correcta: Cristo era su Señor, y él era siervo de Cristo, sujeto a su autoridad, como un soldado que debe obedecer a su capitán (Mateo 8:9). La raíz de toda verdadera obediencia es entregarnos sinceramente a Jesucristo como nuestro Señor (Salmo 16:2). Segundo, pidió instrucciones de acuerdo con esa relación: «¿Qué dice mi señor?». Quería conocer la voluntad de Cristo y estaba dispuesto, con un corazón obediente, a cumplirla. Josué se veía como un oficial bajo autoridad, esperando órdenes. Ese espíritu lo preparaba bien para su trabajo, porque quienes saben obedecer están mejor preparados para mandar.
Las siguientes señales de reverencia que este comandante divino le pidió a Josué fueron estas: «Quítate las sandalias de los pies» (Josué 5:15). Era una señal de respeto, como quitarse el sombrero hoy, y mostraba que la presencia de Dios estaba allí. De cierta manera, esa presencia hizo santo el lugar y le dio honor.
A menudo decimos de alguien a quien amamos profundamente que valoraríamos hasta el suelo que pisa. Con ese mismo espíritu, Josué tenía que mostrar reverencia ante esta persona divina. No debía permanecer allí con los zapatos sucios sobre tierra santa (Eclesiastés 5:1). Las expresiones visibles de reverencia interior y de santo temor son apropiadas para nosotros, y Dios las pide cada vez que nos presentamos ante él en adoración solemne.
El obispo Patrick observa acertadamente que Dios le dio a Josué el mismo mandato que le había dado a Moisés ante la zarza ardiente, cuando estaba enviando a Moisés a sacar a Israel de Egipto (Éxodo 3:5). Dios hizo esto para fortalecer la fe de Josué en la promesa que ya había recibido: así como Dios había estado con Moisés, también estaría con Josué (Josué 1:5). Si Moisés había recibido una presencia de Dios tan real que la tierra fue santificada por ella, Josué recibió esa misma presencia.
Finalmente, esto también preparó a Josué para recibir las instrucciones que estaba a punto de recibir acerca del sitio de Jericó. El comandante del ejército del Señor había venido para dirigir a Israel a la posesión de la tierra.
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De este capítulo
Josué 5:1
"Y sucedió que, cuando todos los reyes de los amorreos que estaban al lado occidental del Jordán y todos los reyes de los cananeos que estaban junto al mar oyeron que el SEÑOR había secado las aguas del Jordán delante de los hijos de Israel hasta que nosotros cruzamos, su corazón se derritió y no quedó más espíritu en ellos a causa de los hijos de Israel."
Josué 5:2
"En aquel tiempo, el SEÑOR dijo a Josué: «Hazte cuchillos afilados y vuelve a circuncidar a los hijos de Israel por segunda vez»."
Josué 5:3
"Josué se hizo cuchillos afilados y circuncidó a los hijos de Israel en la colina de los prepucios."
Josué 5:4
"Esta es la razón por la que Josué los circuncidó: todo el pueblo que salió de Egipto, los varones, es decir, todos los hombres de guerra, murieron en el desierto por el camino después de salir de Egipto."
Josué 5:5
"Todo el pueblo que salió estaba circuncidado, pero a todo el pueblo que nació en el desierto por el camino mientras salían de Egipto no lo habían circuncidado."
Josué 5:6
"Porque los hijos de Israel anduvieron cuarenta años por el desierto, hasta que fue consumido todo el pueblo de los hombres de guerra que había salido de Egipto, porque no obedecieron la voz del SEÑOR. A ellos el SEÑOR les juró que no les mostraría la tierra que el SEÑOR había jurado a sus padres que nos daría, una tierra que fluye leche y miel."
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