Versículo destacado

Josué 13:7 - Significado y aplicación

Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy

Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante

" Ahora, pues, reparte esta tierra como herencia entre las nueve tribus y la media tribu de Manasés, "

Josué 13:7

menu_book El versículo en contexto

5 la tierra de los giblitas y todo el Líbano hacia el oriente, desde Baal-gad, al pie del monte Hermón, hasta la entrada de Hamat.

6 A todos los habitantes de la región montañosa, desde el Líbano hasta Misrefot-maim, y a todos los sidonios, yo los expulsaré de delante de los hijos de Israel. Solamente reparte la tierra por sorteo entre los israelitas como herencia, tal como te he ordenado.

7 Ahora, pues, reparte esta tierra como herencia entre las nueve tribus y la media tribu de Manasés,

8 junto con quienes los rubenitas y los gaditas recibieron su herencia, la que Moisés les dio al otro lado del Jordán, hacia el oriente, tal como se la dio Moisés, siervo del SEÑOR;

9 desde Aroer, que está a la orilla del río Arnón, y la ciudad que está en medio del río, y toda la llanura de Medeba hasta Dibón;

auto_stories

Explora estudios bíblicos guiados

Sesiones estructuradas con notas, preguntas y perspectivas del asesor

Micro-Study 5 días

Las bienaventuranzas (microestudio de 5 días)

Un estudio breve sobre las bendiciones de Jesús y el camino del Reino.

Vista previa de la sesión 1:

Dichosos los humildes

schedule 6 min

Micro-Study 5 días

Salmos de consuelo (microestudio de 5 días)

Sesiones breves y tranquilizadoras basadas en los Salmos.

Vista previa de la sesión 1:

El cuidado del Pastor

schedule 5 min

lock_open Crea una cuenta gratis para guardar notas, dar seguimiento a tu progreso y desbloquear todas las sesiones

person_add Crear cuenta gratis

auto_stories Comentario de Bible Guided

Aquí vemos a Dios dándole instrucciones a Josué para repartir esta tierra entre las tribus, incluida la parte que todavía no había sido conquistada por completo (Josué 13:7). Al parecer, Josué pensaba que primero había que tomar toda la tierra antes de poder repartirla. Pero Dios le dice, en efecto: «Por ahora ya hay suficiente tierra conquistada. Repártela, aprovecha bien lo que tienen y espera el resto para después». Debemos aprender a disfrutar lo que tenemos, aun cuando no podamos tener todo lo que deseamos.

La tierra debía repartirse entre las tribus, y ellas no debían seguir viviendo para siempre como un solo cuerpo común. Cualquiera que sea la manera legítima en que se adquiera una propiedad, es voluntad de Dios que las personas tengan una posesión claramente definida, sepan qué les pertenece y no tomen lo que pertenece a otros. El mundo debe regirse por la justicia, no por la fuerza, y por la equidad, no por las armas.

La tierra iba a repartirse como una herencia, aunque la habían obtenido mediante la conquista. En primer lugar, la promesa de la tierra les había llegado como una herencia de sus antepasados. La tierra prometida pertenecía a los hijos de la promesa, amados por causa de sus padres y porque Dios cumplía su pacto con ellos. En segundo lugar, ellos debían transmitírsela a sus hijos como herencia. Lo que se obtiene por la fuerza a menudo se pierde rápidamente, pero Israel tenía un derecho seguro sobre esta tierra porque Dios se la había dado; por eso podían confiar en que él conservaría esta misericordia por miles de generaciones.

Josué no debía repartir la tierra según su propio criterio. Aunque era sabio, justo y bueno, no dependía de él darle a cada tribu lo que quisiera. Tenía que hacerlo por sorteo, dejando completamente el asunto en las manos de Dios, pues Dios establece los límites de los lugares donde viven las personas y decide la porción de cada una. Aun así, Josué debía dirigir el proceso, asegurarse de que el sorteo se hiciera con justicia y lograr que cada tribu lo aceptara. El sorteo pone fin a las disputas (Proverbios 18:18); pero si surgía algún desacuerdo, la sabiduría y la autoridad de Josué lo resolverían.

Josué también tuvo el honor de repartir la tierra porque había realizado el arduo trabajo de conquistarla. Al recibir cada tribu su porción por medio de él, comprenderían mejor cuánto le debían. Para un hombre como Josué, que se preocupaba profundamente por el pueblo, debió ser una gran alegría verlo disfrutar de los resultados de su trabajo. Esto también señalaba de antemano a Cristo, quien conquistó por nosotros las puertas del infierno y abrió las puertas del cielo, y quien a su debido tiempo llevará a todos los creyentes a su herencia eterna.

Luego el capítulo da cuenta de la tierra que ya había sido entregada al otro lado del Jordán a los rubenitas, los gaditas y la media tribu de Manasés. Esto se incluye por varias razones. Primero, explica por qué la tierra al oeste del Jordán debía repartirse solamente entre nueve tribus y media: las otras dos tribus y media ya habían recibido su territorio. Segundo, le daba a Josué un modelo que seguir, pues había visto a Moisés repartir aquella tierra. Moisés lo había hecho con la sabiduría que Dios le había dado, mientras que Josué debía repartir la tierra actual por sorteo. Tercero, animaba a Josué a actuar con rapidez, para que las nueve tribus y media no fueran privadas de su herencia más tiempo del necesario, ya que sus hermanos ya estaban establecidos. Dios, como Padre de todos ellos, no querría que hubiera un trato tan desigual entre sus hijos.

Después se presentan los detalles de aquella tierra oriental. El texto repite que Moisés se la había dado y que Josué confirmó lo que Moisés había hecho (Josué 13:8). Esto muestra que Josué no intentó cambiarlo bajo ningún pretexto. Moisés había establecido el asunto, y así permanecería, porque Moisés era siervo del Señor y había actuado bajo la dirección de Dios.

Se nos dice cómo se fijaron los límites de esta tierra, separando a Israel de las naciones vecinas (Josué 13:9 y siguientes). Israel tenía que saber qué le pertenecía y mantenerse dentro de esos límites. No debía usar su condición de pueblo escogido por Dios como razón para invadir la tierra ni los derechos de sus vecinos, pues ellos también tenían un derecho real sobre sus propiedades por la providencia de Dios, aunque no por una promesa como la que Israel había recibido. También quedó sin conquistar una parte del territorio: la región de los gesureos y los maacateos (Josué 13:13). En tiempos de Moisés, no habían tenido tiempo de expulsarlos de aquellas zonas lejanas y menos importantes del país. Más adelante, tampoco tuvieron el deseo de hacerlo, porque estaban contentos con lo que ya poseían. Aquí vemos que las personas pueden no estar limitadas por las promesas de Dios y, aun así, verse limitadas por su propia fe débil, sus oraciones y sus esfuerzos.

Luego el pasaje presenta un registro muy cuidadoso de las herencias de esas dos tribus y media, mostrando cómo se repartieron sus tierras y qué ciudades, pueblos, aldeas y campos pertenecían a cada una. Este registro detallado se conservó para que las generaciones posteriores pudieran reconocer mejor la bondad de Dios hacia sus antepasados al saber qué tierra tan grande y fértil, llena de ciudades famosas, les había dado. Los regalos de Dios se ven aún mejor cuando observamos sus detalles. También ayudaba a prevenir disputas, porque en este registro verdadero quedaron establecidos los límites exactos de cada tribu. Estos asuntos suelen provocar conflictos cuando los límites son imprecisos, pero este registro ofrecía una respuesta clara y permanente. Probablemente fue de gran utilidad para Israel en tiempos posteriores y se consultó muchas veces para resolver cuestiones sobre lo que pertenecía a unos y a otros.

El texto comienza con la herencia de la tribu de Rubén, el primogénito de Jacob. Aunque Rubén había perdido el honor y la autoridad que correspondían a la primogenitura, parece que todavía conservaba la ventaja de ser atendido primero. Tal vez esa fue una de las razones por las que esta tribu quiso establecerse al otro lado del Jordán: no podía esperar recibir la mejor porción, pero al menos podía tener la primera.

Sihón era rey de los amorreos y gobernaba aquella tierra. Podría haber conservado tanto su tierra como su vida si hubiera actuado amistosamente y permitido que Israel pasara por su territorio. Pero al intentar luchar contra ellos, provocó justamente su propia ruina (Números 21:21). Más adelante, los príncipes de Madián murieron en otra guerra (Números 31:8); sin embargo, aquí se les llama príncipes de Sihón y se dice que fueron derrotados junto con él. Esto pudo deberse a que le pagaban tributo o a que se unieron a él contra Israel y permanecieron firmes en su causa. La caída de Sihón abrió el camino para la de ellos poco después.

Se menciona de manera particular a Balaam, el hombre que habría maldecido a Israel si hubiera podido. Pronto recibió el pago por su intento malvado (Salmo 28:4), pues cayó junto con quienes lo apoyaban. Esto ya había quedado registrado antes (Números 31:8), y se repite aquí porque Dios convirtió la maldición de Balaam en bendición. Eso mostró con tanta claridad el poder y la bondad de Dios que merecía ser recordado para siempre (Miqueas 6:5).

El monte Pisga estaba dentro del territorio de esta tribu. Desde su cima, Moisés contempló la tierra de Canaán en este mundo y luego dirigió su fe hacia su hogar celestial. No muy lejos de allí, Elías fue llevado al cielo en un carro de fuego. El río Jordán separaba a esta tribu de las demás, y Débora lamentó esa división. También condenó la manera en que pusieron sus intereses particulares por encima del bien común (Jueces 5:15-16).

Esta tribu también incluía Hesbón y Sibma, ciudades conocidas por sus campos fértiles y sus viñedos. Véanse Isaías 16:8-9 y Jeremías 48:32. Hazael, rey de Siria, sacudió duramente a esta tribu y también a Gad (2 Reyes 10:33). Más adelante, fueron llevados cautivos veinte años antes de que el rey de Asiria se llevara al resto de las diez tribus (1 Crónicas 5:26).

A continuación se describe la porción de la tribu de Gad (Josué 13:24-28). Se encontraba al norte del territorio de Rubén. La región de Galaad pertenecía a Gad, la misma Galaad conocida por su bálsamo medicinal, hasta el punto de que resultaba extraño preguntar si no había bálsamo en Galaad. Allí también estaban las ciudades de Jabes de Galaad y Ramot de Galaad, mencionadas con frecuencia en las Escrituras. Sucot y Peniel, lugares de los que leemos en la historia de Gedeón, estaban dentro de esta tribu. También estaba el bosque llamado bosque de Efraín, cuyo nombre se debía a la matanza de efraimitas que Jefté llevó a cabo allí; en ese mismo lugar fue derrotado el ejército rebelde de Absalón mientras David permanecía en Mahanaim, una de las ciudades fronterizas de Gad (Josué 13:26). Sarón, famoso por sus rosas, también estaba en esta tribu. Incluso los habitantes de Gadara, que amaban más a sus cerdos que a su Salvador, vivían dentro de sus límites. Se parecían más a los guirgaseos que a verdaderos israelitas.

A continuación se menciona la media tribu de Manasés (Josué 13:29-31). Basán, el reino de Og, formaba parte de esta herencia. Basán era famoso por su madera de gran calidad, especialmente por sus robles, y por su excelente ganado, como los toros y carneros de Basán. Esta tribu estaba al norte de Gad y se extendía hasta el monte Hermón. Parte de Galaad también se encontraba dentro de su territorio. Allí estaba Mizpa, y Jefté fue uno de sus hombres ilustres. Elías también pertenecía a esta región, pues Tisbe estaba en el territorio de esta tribu; por eso se le llama el tisbita. Jair fue otro hombre notable de esa región. Cerca del límite de la tribu estaba Corazín, una ciudad honrada por las obras poderosas de Cristo, pero expuesta a su justa advertencia de ruina porque no aprovechó esas obras.

En dos ocasiones, este capítulo señala que Moisés no dio ninguna herencia a la tribu de Leví (Josué 13:14, 33), porque Dios así lo había ordenado (Números 18:20). Si a Leví se le hubiera dado un territorio propio completo, Moisés habría resuelto ese asunto primero, no porque fuera su propia tribu, sino porque pertenecía a Dios. En cambio, los levitas recibirían sustento de otra manera. Sus hogares estarían repartidos entre todas las tribus, y su sustento provendría de todas ellas. Dios mismo era su porción, tanto de su herencia como de su copa (Deuteronomio 10:9; Deuteronomio 18:2).

IA cristiana que tiene en cuenta tu denominación

Aplica Josué 13:7 a tu vida hoy

Recibe orientación basada en las Escrituras, consciente de tu denominación y personalizada para tu situación.

1 Haz tu pregunta arrow_forward 2 Considera tu tradición arrow_forward 3 Aplica las Escrituras

✓ No necesitas tarjeta de crédito • ✓ 100 % privado • ✓ Obtén 30 créditos gratis para comenzar

Cómo puede ayudarte tu IA cristiana

Explora las Escrituras y la vida desde una perspectiva cristiana

menu_book

Estudio bíblico

psychology

Orientación para la vida

favorite

Apoyo en la oración

lightbulb

Sabiduría diaria

forum Pregúntale a tu IA cristiana — Gratis

Haz 3 preguntas gratis cada semana. No necesitas tarjeta de crédito. Ver planes

De este capítulo

auto_awesome

Oración diaria

Recibe por correo electrónico una reflexión bíblica diaria

Comienza cada mañana con un versículo, una oración y un siguiente paso sencillo.

Gratis. Cancela tu suscripción cuando quieras. Nunca compartimos tu correo electrónico.

Aviso importante: Esta guía bíblica no sustituye la atención profesional de salud mental. Si estás experimentando síntomas de una crisis, comunícate con la Línea 988 de Prevención del Suicidio y Crisis o busca ayuda profesional inmediata.

Bible Guided ofrece orientación basada en la fe y debe complementar, no reemplazar, el apoyo terapéutico profesional.