Versículo destacado
Job 6:8 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" ¡Ojalá pudiera obtener lo que pido, y Dios me concediera aquello que anhelo! "
Job 6:8
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
6 ¿Puede comerse sin sal lo que no tiene sabor? ¿O hay algún sabor en la clara de un huevo?
7 Las cosas que mi alma se negaba a tocar son como mi alimento doloroso.
8 ¡Ojalá pudiera obtener lo que pido, y Dios me concediera aquello que anhelo!
9 ¡Que Dios quisiera destruirme, que soltara su mano y acabara conmigo!
10 Entonces aún tendría consuelo; sí, me endurecería en el dolor. Que no tenga compasión, porque no he ocultado las palabras del Santo.
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La pasión descontrolada suele volverse más violenta cuando recibe una reprensión. El mar embravecido golpea con más fuerza cuando choca contra una roca. Job había estado anhelando la muerte, esperando que pusiera fin a su sufrimiento, y Elifaz lo había corregido duramente por ello. Pero, en vez de retractarse de lo que había dicho, Job lo repite aquí con aún más intensidad. Es una de las cosas más tristes que dice, y quedó registrada para advertirnos, no para que lo imitemos.
Job todavía desea profundamente morir, como si ya no pudiera volver a ver días buenos en esta vida. No puede imaginar que la gracia, la adoración y la fe paciente puedan hacer que aun los días difíciles sean útiles y buenos. No ve otro fin para su sufrimiento que la muerte, y no tiene paciencia para esperar el tiempo señalado por Dios. Tiene una petición, algo que anhela (Job 6:8), pero no es que Dios lo restaure, sino que lo destruya (Job 6:9). Así como Dios había extendido antes su mano contra él mediante la pobreza y la enfermedad, Job le pide ahora que termine la obra y acabe con su vida.
Job antes temía la destrucción proveniente del Todopoderoso (Job 31:23), pero ahora busca la muerte, con la esperanza de que su cuerpo sea destruido mientras su alma sea salvada en el día del Señor Jesús. Observemos que Job desea intensamente la muerte, pero no intenta quitarse la vida. Solo le pide a Dios que se la quite. La enseñanza pagana que presentaba el suicidio como una salida legítima del sufrimiento todavía no era conocida, y nunca debe ser aceptada por quien respeta la ley de Dios y de la naturaleza. Por más dolorosa que sea la vida en el cuerpo, el alma no debe escapar por la fuerza de su prisión, sino esperar que Dios la libere.
Job convierte este deseo en una oración y le pide a Dios que le conceda lo que quiere. Era pecaminoso que deseara la muerte con tanta intensidad, y convertir ese deseo en una oración no lo mejoró. De hecho, lo hizo peor. Debemos pedir únicamente aquello que podemos pedir con fe, y solo podemos pedir con fe lo que está de acuerdo con la voluntad de Dios. Las oraciones apasionadas son la peor clase de palabras apasionadas, porque debemos levantar manos santas sin enojo.
Luego imagina que la muerte lo libraría de toda carga (Job 6:10). Entonces, dice, tendría consuelo, algo que ahora no tiene ni espera recibir antes de ese momento. Esto muestra cuán incierta es la vida humana. La vida es un bien tan frágil que con frecuencia las personas llegan a verla como su carga más pesada, y lo único que desean es quedar libres de ella. La gracia debe hacernos estar dispuestos a dejar esta vida cuando Dios nos llame, pues aun nuestros sentimientos naturales pueden llevarnos a desearlo algunas veces antes de que él nos llame. Esto también muestra la esperanza que los justos tienen en la muerte. Si Job no hubiera tenido una buena conciencia, no podría haber hablado con tanta confianza del consuelo después de la muerte, cuando se invierten las posiciones entre el rico y Lázaro. Ahora uno recibe consuelo y el otro es atormentado.
Job también desafía a la muerte a hacer lo peor. Si antes de morir tiene que atravesar dolores amargos, agonías y convulsiones, dice que también podrá soportarlo. Se endurecería en medio del sufrimiento, abriría su pecho a las flechas de la muerte y no retrocedería. Que la muerte no lo perdone, porque no quiere que se reduzca el dolor que finalmente pondrá fin a todos sus dolores. Preferiría morir con todo el sufrimiento que seguir viviendo sin morir. Estas son palabras apresuradas y dolorosas, y habría sido mejor no decirlas. Debemos ablandarnos en medio del sufrimiento para que este produzca un buen efecto en nosotros. Pero si nos endurecemos, provocamos a Dios a continuar su juicio contra nosotros, porque cuando él juzga, vence.
Es una presunción atrevida desafiar al Todopoderoso y decirle: «Que no tenga piedad», pues no somos más fuertes que él (1 Corintios 10:22). Le debemos mucho a la misericordia de Dios, que nos perdona y nos da alivio, y es una mala señal que nos cansemos de ella. Más bien deberíamos orar como David: «Perdóname un poco».
Job también intenta sostener su consuelo señalando su conciencia. Dice que no había ocultado las palabras del Santo. Esto significa que había sido fiel a la verdad que Dios le había revelado y la había aplicado bien en su vida. En aquel tiempo, el pueblo de Dios recibía el privilegio de la revelación divina. El consuelo de Job era que no había escondido esa verdad de sí mismo ni de los demás. No la había encerrado fuera de su corazón, sino que había permitido que obrara en él y guiara su vida. No había reprimido la convicción, aprisionado la verdad en la maldad ni resistido el efecto sanador de la palabra de Dios.
Nunca debemos ocultarnos la palabra de Dios, sino recibir siempre su vida y su luz. Job tampoco se la había reservado. Estaba dispuesto a compartir lo que sabía para el bien de los demás siempre que se presentara la oportunidad. No se avergonzaba ni tenía miedo de decir que la palabra de Dios era su norma, y se esforzaba por ayudar a otros a conocerla también. Solo quienes son buenos y hacen el bien mientras viven pueden esperar consuelo en la muerte.
Luego Job intenta justificar su intenso deseo de morir señalando cuán miserable es su condición (Job 6:11-12). Elifaz había terminado su discurso sugiriendo que Job todavía podría ver un buen resultado después de sus sufrimientos. Pero Job rechaza esas palabras de consuelo. Se niega a recibirlas y se entrega a la desesperación, argumentando con habilidad, aunque equivocadamente, contra el ánimo que se le había ofrecido. Cuando las personas están abatidas de espíritu, pueden razonar de manera extraña contra su propia esperanza.
Como respuesta al panorama alentador que Elifaz había presentado, Job dice que no tiene motivos para esperar algo así. Pregunta qué fuerza le queda para tener esperanza. Está débil y humillado. No puede luchar contra su enfermedad, así que no encuentra razón para pensar que sobrevivirá a ella y verá días mejores. Su fuerza no es como la de las piedras, ni sus músculos son de bronce ni sus tendones de hierro. No puede mantenerse de pie para siempre bajo semejante dolor y miseria, y por eso terminará hundiéndose bajo ese peso. Si tuviera fuerzas para luchar contra su enfermedad, podría esperar superarla, pero no las tiene.
«El debilitamiento de mi fuerza, a medida que avanzo, seguramente acortará mis días» (Salmo 102:23). Cuando observamos la vida con honestidad, no tenemos razones reales para contar con vivir mucho tiempo en este mundo. ¿Qué es nuestra fuerza? Es una fuerza prestada. Solo tenemos la fuerza que Dios nos da, porque en él vivimos y nos movemos. También es una fuerza que se desvanece. Poco a poco consumimos nuestras reservas, hasta que se agotan. Y no es suficiente para las dificultades que podemos enfrentar. ¿Qué es nuestra fuerza cuando dos o tres días de enfermedad pueden dejarnos débiles como el agua?
En vez de esperar una vida larga, deberíamos maravillarnos de haber vivido hasta ahora y reconocer que avanzamos rápidamente hacia el final. Job tampoco tenía razones para desear una vida tan larga. Se pregunta qué final o beneficio podría esperar para querer seguir viviendo. ¿Qué consuelo podía esperar de la vida que pudiera compararse con el consuelo que esperaba encontrar en la muerte? Quienes, por la gracia de Dios, están preparados para el mundo venidero no encuentran aquí muchas cosas que les hagan desear quedarse.
Si es la voluntad de Dios, podemos desear una vida más larga para servirle mejor y prepararnos más para el cielo. Pero, aparte de eso, ¿qué razón tenemos para querer permanecer aquí? Mientras más dura la vida, más pesadas se vuelven sus cargas (Eclesiastés 12:1), y sus placeres pierden dulzura con el tiempo (2 Samuel 19:34-35). Ya hemos visto lo mejor que este mundo puede ofrecer, pero no sabemos si todavía hemos visto lo peor.
Job también intenta eliminar la sospecha de que está fuera de sí (Job 6:13). En esencia, pregunta si no conserva todavía su entendimiento. Con ello dice: «¿Acaso no sigo teniendo la razón? Gracias a Dios, con ella puedo ayudarme a mí mismo, aunque ustedes no me ayuden. ¿Piensan que la sabiduría me ha abandonado por completo y que he perdido la mente? No estoy loco, honorable Elifaz; estoy diciendo cosas verdaderas y sensatas». Quienes tienen la gracia de Dios en su interior, pueden reconocerla y saben valerse de ella, poseen sabiduría dentro de sí, y esa sabiduría los ayudará aun en sus momentos más difíciles. Tienen luz interior.
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De este capítulo
Job 6:1
"Pero Job respondió y dijo:"
Job 6:2
"¡Ojalá se pesara por completo mi dolor y se pusiera junto con mi calamidad en la balanza!"
Job 6:3
"Porque ahora pesaría más que la arena del mar; por eso mis palabras son tragadas."
Job 6:4
"Porque las flechas del Todopoderoso están dentro de mí; su veneno bebe mi espíritu. Los terrores de Dios se despliegan contra mí."
Job 6:5
"¿Rebuzna el asno salvaje cuando tiene pasto? ¿O muge el buey sobre su forraje?"
Job 6:6
"¿Puede comerse sin sal lo que no tiene sabor? ¿O hay algún sabor en la clara de un huevo?"
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