Versículo destacado

Job 36:15 - Significado y aplicación

Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy

Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante

" Él libra al pobre en su aflicción y abre sus oídos en medio de la opresión. "

Job 36:15

menu_book El versículo en contexto

13 Pero los hipócritas de corazón acumulan ira; no claman cuando él los ata.

14 Mueren en su juventud, y su vida está entre los impuros.

15 Él libra al pobre en su aflicción y abre sus oídos en medio de la opresión.

16 Así también te habría sacado de la estrechez y llevado a un lugar amplio, donde no hay estrechez; y lo que se pusiera sobre tu mesa estaría lleno de grasa.

17 Pero tú has cumplido el juicio de los malvados; el juicio y la justicia se apoderan de ti.

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auto_stories Comentario de Bible Guided

Eliú ahora le habla a Job de manera más directa. Primero le dice lo que Dios habría hecho por él antes, si se hubiera humillado sinceramente bajo su sufrimiento. Todos sabemos cuán dispuesto está Dios a rescatar al pobre en medio de la angustia, y siempre ha sido así. Él mira con ternura a los pobres en espíritu, a quienes tienen el corazón quebrantado y afligido, y cuando sufren está dispuesto a ayudarlos.

Dios les abre los oídos y les permite escuchar gozo y alegría aun mientras siguen bajo la aflicción. Aunque todavía no los haya liberado, les habla con palabras bondadosas y consoladoras. Esas palabras fortalecen su fe, afirman su paciencia, calman sus temores y alivian su dolor. Eliú dice que Dios también habría hecho eso por Job si Job se hubiera sometido al gobierno de Dios y hubiera actuado rectamente. Entonces Dios lo habría librado y consolado, y no habría habido necesidad de tantas quejas.

Si Job hubiera aceptado la voluntad de Dios, su libertad y prosperidad habrían regresado con una bendición aún mayor. Dios lo habría llevado a un lugar espacioso, donde no hay estrechez ni presión aplastante. Ya no estaría oprimido por la enfermedad y la vergüenza, con todos sus planes destruidos. También habría vuelto a ser rico. Su mesa se habría llenado de alimentos más abundantes de lo común, incluso del mejor trigo y de la carne más selecta (Deuteronomio 32:14).

Esto debería aquietarnos en medio de la aflicción. Si fuéramos mejores, las cosas serían mejores para nosotros en todos los sentidos. Si hubiéramos respondido al propósito de la prueba, la prueba habría terminado y la liberación habría llegado cuando estuviéramos preparados para recibirla. Dios habría obrado bien a favor de nosotros si nosotros hubiéramos actuado bien delante de él (Salmos 81:13, Salmos 81:14; Isaías 48:18).

Después, Eliú acusa a Job de ponerse del lado equivocado y de hacer que su propio sufrimiento continuara. Dice: «Has cumplido el juicio de los malvados», queriendo decir que, fuera lo que fuera Job en realidad, en este asunto había actuado como un malvado. Había hablado y se había comportado como ellos, y por eso había tomado su partido. Había favorecido su causa, y por tanto el juicio había caído sobre él como si perteneciera a ese grupo. Es peligroso estar del lado equivocado. Quienes ayudan a la traición serán tratados como traidores.

Luego Eliú advierte a Job que no permanezca obstinado ni inflexible. Primero, no debe tomar a la ligera la ira de Dios ni considerarse seguro cuando está expuesto a ella. Dios es un gobernante justo que rechaza con razón todo insulto contra su autoridad, y Job tenía motivos para temer que se encontraba bajo el desagrado de Dios. Por eso debía tener cuidado. No debía esperar a que Dios lo hiriera repentinamente, sino buscar pronto la reconciliación con él y pedir que apartara su ira. Job les había dado una advertencia parecida a sus amigos cuando les dijo que temieran la espada, porque la ira trae el castigo de la espada (Job 19:29). Las personas suelen amenazarse unas a otras con el juicio de Dios de manera imprudente, pero una conciencia limpia no necesita temer las amenazas vacías de gente orgullosa. Aun así, la advertencia de Eliú era bien intencionada, y Job necesitaba escucharla. Incluso las personas buenas a veces necesitan que el temor de la ira de Dios las mantenga firmes en su deber.

Segundo, Job no debe pensar que, si la ira de Dios se encendiera contra él, podría encontrar una salida. No hay escapatoria por medio del dinero. Nadie puede comprar el perdón con plata, oro ni ningún otro tesoro pasajero. Ni siquiera un rescate enorme puede salvar a una persona cuando Dios la lleva a juicio. La justicia de Dios no puede sobornarse, ni tampoco puede sobornarse a ninguno de sus representantes. En ese momento las riquezas no tendrán valor, y el oro no podrá comprar alivio (Job 36:19). Aunque Job todavía conservara todos sus bienes, estos no lo protegerían de la ira de Dios, porque las riquezas no sirven de nada en el día en que se manifiesta el juicio (Proverbios 11:4; Salmos 49:7, Salmos 49:8).

Tampoco hay escapatoria por medio de la fuerza. Aunque Job tuviera muchos siervos y seguidores dispuestos a luchar por él, ellos no podrían sacarlo de la mano de Dios. Dios no se dejaría impresionar por semejante ayuda. Nadie puede librar a una persona de su mano. Tampoco hay refugio en el escondite. Job no debe desear la noche, como si la oscuridad pudiera ocultarlo del juicio (Job 36:20). La oscuridad no esconde nada de Dios (Salmos 139:11, Salmos 139:12; Job 34:22). Las personas duermen de noche y se retiran a sus hogares, por lo que puede parecer un momento en que nadie las ve. Pero Dios no duerme y nunca deja de vigilarnos. Sus ojos están sobre todas las personas en todo momento. Ninguna roca ni montaña puede esconder a nadie de él.

Algunos entienden esto como una referencia a la noche de la muerte, el momento en que las personas son separadas de su lugar. Job había deseado muchas veces esa noche, como el trabajador contratado anhela que llegue la tarde (Job 7:2). Eliú dice que no debe hacerlo, porque no sabe lo que traerá la noche de la muerte. Quienes desean ansiosamente morir, pensando que la muerte los protegerá de la ira de Dios, pueden estar equivocados. La ira de Dios también puede alcanzar a una persona en esa noche.

Tercero, Job no debe seguir discutiendo contra Dios y contra su providencia, como lo había hecho en lugar de humillarse bajo su sufrimiento (Job 36:21). Debe tener cuidado, examinarse atentamente y no volver a la maldad. Algunos entienden estas palabras como una exhortación a no volver siquiera a mirar hacia la iniquidad. Nunca debemos atrevernos a considerar bueno el pecado, disfrutarlo ni permitir que permanezca en nuestra vida. Eliú piensa que Job necesitaba esta advertencia porque había escogido la iniquidad en vez de la aflicción; es decir, había preferido proteger su orgullo y su obstinación discutiendo con Dios en lugar de humillarse y aceptar la corrección. En un sentido más amplio, cualquiera que escoge el pecado en lugar del sufrimiento toma una decisión insensata.

Quienes intentan aliviar sus preocupaciones con placeres pecaminosos, obtener riquezas mediante planes deshonestos, escapar de los problemas por medio de estrategias incorrectas o evitar el sufrimiento que viene por hacer lo correcto cediendo contra su conciencia, eligen un camino del que después se arrepentirán. Hay más maldad en el pecado más pequeño que sufrimiento en la aflicción más grande. El pecado es malo, y solamente malo.

Job tampoco debe atreverse a decirle a Dios qué hacer ni a ponerle límites (Job 36:22, Job 36:23). Dios levanta por su poder. Él puede establecer o derribar a quien quiera, así que nadie tiene derecho a discutir con él. Cuanto más honramos a Dios, más debemos humillarnos delante de él.

Consideremos primero que Dios es el soberano absoluto. Él levanta por su propio poder, no por una fuerza que haya recibido prestada de alguien más. Eleva a quien quiere, incluso a quienes fueron afligidos y humillados, mediante la fuerza que concede a su pueblo. Nadie le ha asignado su camino ni está por encima de él para dirigir sus pasos. No existe un gobernante superior de quien haya recibido su autoridad y ante quien deba rendir cuentas. Él es supremo e independiente.

Tampoco hay nadie que le haya enseñado su camino. La mente eterna no necesita que alguien le recuerde lo que debe hacer. Su propio camino está siempre delante de él. No ha recibido órdenes ni lecciones de nadie (Isaías 60:13, Isaías 60:14), y no responde ante nadie. Él da a cada criatura su camino, por lo que nosotros no debemos intentar prescribirle el suyo. Debemos dejar en sus manos el gobierno del mundo, porque solo él está capacitado para hacerlo.

Segundo, Dios es el mejor maestro. Nadie enseña como él. Es insensato que intentemos instruir a aquel que es la fuente de la luz, la verdad, el conocimiento y la sabiduría. Él da conocimiento a los seres humanos, y nadie puede hacerlo como él; por eso conoce todas las cosas (Salmos 94:9, Salmos 94:10). Sería tan absurdo como pretender encender una vela para iluminar el sol.

Observemos que, cuando Eliú quiso honrar a Dios como gobernante, también lo alabó como maestro, porque los gobernantes deben enseñar. Dios hace ambas cosas. Guía a las personas con lazos humanos, de una manera adecuada para ellas. En esto, como en todo lo demás, nadie se compara con él. Nadie está tan capacitado para dirigir sus propias acciones como Dios. Él sabe lo que debe hacer y cuál es la mejor manera de hacerlo; no necesita consejos ni información nueva.

Incluso Salomón, el rey sabio de Israel, tenía un consejo que lo asesoraba, pero el Rey de reyes no tiene ninguno. Tampoco hay nadie tan capacitado como Dios para dirigir nuestras acciones. Nadie enseña con tanta autoridad, pruebas tan claras, bondad, compasión, poder y eficacia como él. Enseña por medio de la Biblia, que es el mejor libro. Enseña por medio de su Hijo, que es el mejor Maestro.

Tercero, Dios es perfectamente justo en todo lo que hace. Nadie puede decir con verdad: «Has hecho mal». No se trata solamente de quién se atreve a decirlo, porque muchas personas hacen el mal y quienes las confrontan a menudo se exponen al peligro. Se trata de quién puede afirmarlo con razón, demostrarlo y presentar una acusación válida. Esta verdad permanece firme y sin excepción: el Rey de reyes no puede hacer nada injusto.

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