Versículo destacado
Job 31:33 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Si encubrí mis transgresiones como Adán, escondiendo mi iniquidad en mi pecho; "
Job 31:33
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
31 Si los hombres de mi tienda no dijeron: «¡Quién nos diera de su carne! No podemos saciarnos».
32 El extranjero no pasaba la noche en la calle, sino que yo abría mis puertas al viajero.
33 Si encubrí mis transgresiones como Adán, escondiendo mi iniquidad en mi pecho;
34 ¿temí a una gran multitud, o me aterrorizó el desprecio de las familias, de modo que guardé silencio y no salí de la puerta?
35 ¡Quién me diera que alguien me escuchara! He aquí mi deseo: que el Todopoderoso me respondiera y que mi adversario hubiera escrito un libro.
Explora estudios bíblicos guiados
Sesiones estructuradas con notas, preguntas y perspectivas del asesor
Las bienaventuranzas (microestudio de 5 días)
Un estudio breve sobre las bendiciones de Jesús y el camino del Reino.
Vista previa de la sesión 1:
Dichosos los humildes
6 min
Salmos de consuelo (microestudio de 5 días)
Sesiones breves y tranquilizadoras basadas en los Salmos.
Vista previa de la sesión 1:
El cuidado del Pastor
5 min
Crea una cuenta gratis para guardar notas, dar seguimiento a tu progreso y desbloquear todas las sesiones
Crear cuenta gratisComentario de Bible Guided
Aquí Job protesta contra tres pecados más y luego presenta su apelación final ante el tribunal de Dios, pidiendo ser escuchado allí. Parece que estas palabras tenían el propósito de cerrar su discurso, y debemos entenderlas de esa manera, aunque todavía se defiende de una acusación más. Responde a las acusaciones de falsa religión, temor a la gente y opresión de los pobres. En cada caso, habla como un hombre que desea más el juicio de Dios que la opinión humana.
Primero, niega haber actuado con engaño e hipocresía. Sus amigos habían dicho que, aunque parecía religioso, en secreto vivía en pecado y solo sabía esconderlo. Zofar había insinuado que Job guardaba su pecado debajo de la lengua (Job 20:12). Job responde: «No, nunca encubrí mi transgresión como Adán» (Job 31:33). Es decir, nunca intentó justificar el pecado con excusas vacías ni esconder su vergüenza como Adán, cubriéndose con hojas de higuera.
Esto nos resulta natural porque todos descendemos de Adán. No nos gusta confesar nuestras faltas. Tratamos de restarles importancia, de hacer que nosotros quedemos mejor y de echarles la culpa a otros, tal como Adán culpó a su esposa y, en efecto, habló contra Dios mismo. Pero quien encubre sus pecados no prosperará (Proverbios 28:13). Las palabras de Job muestran dos aspectos de su integridad. No estaba escondiendo algún mal grave y secreto; y cuando pecaba, estaba dispuesto a admitirlo, arrepentirse, confesarlo a Dios y a las personas afectadas, y apartarse de ello.
En segundo lugar, se libra de la acusación de cobardía y temor indigno. Dice: «¿Acaso temí a una gran multitud y guardé silencio?» (Job 31:34). Todos los que conocían a Job sabían que era valiente en defensa de lo correcto. Hablaba y actuaba a favor de la religión y la justicia, y no permitía que el temor a la gente lo detuviera. Se mantuvo firme, como si su rostro fuera de pedernal. Creía que el silencio puede ser pecado cuando Dios llama a una persona a hablar.
Job tenía un fuerte sentido del deber como magistrado o como hombre respetado en su comunidad. No se atrevía a permanecer callado cuando debía hablar en favor de la verdad, ni a quedarse en casa cuando debía salir a hacer el bien. A veces es incorrecto guardar silencio o mantenerse apartado. Eso es cierto cuando somos llamados a reprender el pecado, defender la verdad y los caminos de Dios, ayudar a los oprimidos o servir al público de una manera que honre a Dios. También daba poca importancia a las presiones que encontraba en el camino. No temía a las multitudes ni le preocupaban las amenazas de personas poderosas, los insultos o el desprecio de familias importantes.
En tercer lugar, niega haber oprimido o tratado con violencia a sus vecinos pobres. Dice que la propiedad que tenía la había obtenido y utilizado honestamente, de modo que su tierra no podía clamar contra él ni sus surcos quejarse (Job 31:38). En las Escrituras, las ganancias injustas a menudo aparecen representadas como algo que clama contra quien las obtuvo (Habacuc 2:9-11). Job dice que, si hubiera adquirido sus riquezas por medios injustos, hasta la tierra misma se levantaría como testigo contra él.
Job dice otras dos cosas acerca de sus propiedades. Nunca comió de sus frutos sin pagar por ellos (Job 31:39). Si compraba algo, pagaba por ello, como Abraham cuando compró un terreno (Génesis 23:16) o David cuando compró la era (2 Samuel 24:24). Si usaba una tierra que había dado en arrendamiento, pagaba justamente a sus arrendatarios o les reconocía ese valor en el alquiler. También afirma que nunca causó la muerte de los dueños de la tierra. Nunca obtuvo una propiedad como Acab obtuvo la viña de Nabot: matando al heredero y apoderándose de la herencia.
Luego Job confirma su protesta pronunciando una solemne maldición sobre sí mismo si está mintiendo: «Si he obtenido mi propiedad injustamente, ¡que crezcan cardos en vez de trigo!» (Job 31:40). En otras palabras, que sus campos fracasen y produzcan hierbas en lugar de grano. A quienes adquieren riquezas por medios injustos se les niega, con razón, el verdadero gozo de ellas. Siembran sus tierras, pero no saben en qué se convertirá la cosecha. Si Dios da un cuerpo a la planta, lo que fue sembrado como trigo puede brotar como cardos. Lo que las personas no obtienen honestamente nunca les hará verdaderamente bien.
Al terminar esta protesta, Job vuelve a apelar al juicio de Dios: «¡Cómo quisiera que el Todopoderoso me respondiera!» (Job 31:35-37). Esa era la respuesta que había deseado durante tanto tiempo y que tantas veces había dicho que no podía obtener. Ahora que ha presentado completamente su defensa, la deja registrada, lista para ser escuchada cuando se convoque el caso. Pide que cualquier juez justo lo escuche, porque está seguro de que su causa es justa. Pero, por encima de todo, quiere que sea el Todopoderoso mismo quien decida. Un corazón honesto no teme ser examinado. Una persona sincera aceptaría que se conociera cada uno de sus pensamientos y, especialmente, desea el veredicto de Dios, porque Dios juzga conforme a la verdad.
Esta fue la oración de David: «Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón»; y fue el consuelo de Pablo: «El Señor es quien me juzga».
Entonces se llama al acusador, y Job pide que su caso sea puesto por escrito. Quiere que su acusador exponga claramente los cargos, para que el asunto pueda examinarse con justicia. Job dice que se alegraría mucho de ver la acusación escrita, una copia del acta acusatoria, porque así podría responder abiertamente a ella.
No escondería esa acusación debajo del brazo. La llevaría sobre el hombro y permitiría que todos la vieran; incluso la usaría como una corona. Si revelara algún pecado que todavía no había reconocido, agradecería saberlo para poder arrepentirse y recibir perdón. Una buena persona está dispuesta a conocer lo peor de sí misma y agradece a quien le habla con honestidad acerca de sus faltas.
Si la acusación fuera falsa, Job no tenía ninguna duda de que podría demostrarlo. Entonces su inocencia resplandecería como la luz y saldría con mayor honra. Pero también creía que, una vez que sus enemigos tuvieran que presentar sus argumentos cuidadosamente por escrito, las acusaciones resultarían pequeñas y débiles. Cualquiera que las viera diría que era una vergüenza que hubieran causado tantos problemas por tan poco.
Job también está dispuesto a presentarse ante el tribunal y darles a sus acusadores toda oportunidad justa. Dice que declarará el número de sus pasos, es decir, que abrirá por completo la historia de su vida. Les mostrará cada etapa y cada aspecto de su conducta, tanto lo que pudiera contar en su contra como lo que estuviera a su favor. Está tan seguro de su integridad que se acercaría a su acusador y a su juez como un príncipe listo para ser coronado, no como un prisionero llevado a juicio.
Por eso su conciencia era su alegría. Una antigua frase lo expresa bien: que la conciencia limpia sea para ti un muro de bronce que te defienda. Quienes se han mantenido limpios de la corrupción del mundo, como Job, pueden levantar el rostro delante de Dios sin vergüenza. También pueden hallar consuelo cuando otras personas los juzgan injustamente, porque si nuestro corazón no nos condena, tenemos confianza delante de Dios.
Aquí terminan las palabras de Job. Esto significa que ha terminado todo lo que quería decir en respuesta a sus amigos. Más adelante habló de una manera más humilde, reprendiéndose a sí mismo y sometiéndose a Dios (Job 40:4-5; Job 42:2 y otros pasajes), pero este es el final de su autodefensa y vindicación. Si esto no es suficiente, no dirá nada más. Sabe cuándo ha dicho suficiente y está dispuesto a aceptar el juicio del tribunal.
Algunos piensan que la manera en que se expresa muestra que Job terminó con confianza e incluso con un sentido de victoria. Todavía conserva su posición y no duda de que vencerá. ¿Quién puede presentar una acusación contra los escogidos de Dios? Dios es quien justifica.
Cómo puede ayudarte tu IA cristiana
Explora las Escrituras y la vida desde una perspectiva cristiana
Estudio bíblico
Orientación para la vida
Apoyo en la oración
Sabiduría diaria
Haz 3 preguntas gratis cada semana. No necesitas tarjeta de crédito. Ver planes
De este capítulo
Job 31:1
"Hice un pacto con mis ojos; ¿por qué, entonces, habría de pensar en una doncella?"
Job 31:2
"Porque ¿qué porción hay de Dios desde arriba? ¿Y qué herencia del Todopoderoso desde lo alto?"
Job 31:3
"¿No es la destrucción para el malvado, y un castigo extraño para quienes practican la iniquidad?"
Job 31:4
"¿No ve él mis caminos y cuenta todos mis pasos?"
Job 31:5
"Si he andado con vanidad, o si mi pie se ha apresurado hacia el engaño;"
Job 31:6
"que se me pese en una balanza justa, para que Dios conozca mi integridad."
Oración diaria
Recibe por correo electrónico una reflexión bíblica diaria
Comienza cada mañana con un versículo, una oración y un siguiente paso sencillo.
Aviso importante: Esta guía bíblica no sustituye la atención profesional de salud mental. Si estás experimentando síntomas de una crisis, comunícate con la Línea 988 de Prevención del Suicidio y Crisis o busca ayuda profesional inmediata.
Bible Guided ofrece orientación basada en la fe y debe complementar, no reemplazar, el apoyo terapéutico profesional.