Versículo destacado
Job 27:11 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Les enseñaré por la mano de Dios; no ocultaré lo que está con el Todopoderoso. "
Job 27:11
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
9 ¿Oirá Dios su clamor cuando la angustia venga sobre él?
10 ¿Se deleitará en el Todopoderoso? ¿Invocará siempre a Dios?
11 Les enseñaré por la mano de Dios; no ocultaré lo que está con el Todopoderoso.
12 Miren, todos ustedes mismos lo han visto; ¿por qué, entonces, son completamente vanos?
13 Esta es la porción que el malvado recibe de Dios y la herencia que los opresores recibirán del Todopoderoso.
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Los amigos de Job habían visto mucha miseria y ruina caer sobre los malvados, especialmente sobre los opresores crueles. Job había dicho lo mismo mientras la discusión seguía acalorada, y también había hablado con igual seguridad acerca de la prosperidad de ellos. Ahora que la disputa estaba llegando a su fin, estaba dispuesto a decir en qué estaba de acuerdo con ellos y en qué difería.
Job estaba de acuerdo en que los malvados son miserables y en que Dios ciertamente tratará con los opresores crueles. A su debido tiempo, de una manera u otra, la justicia de Dios les dará el pago por los insultos que le han dirigido y por el mal que han hecho a otras personas. Esta verdad está respaldada firmemente por el hecho de que incluso estos hombres enojados coincidían en ella.
Pero Job difería de ellos en esto: ellos enseñaban que esos juicios merecidos llegan de inmediato y se pueden ver claramente. Decían que los opresores malvados sufren dolor durante toda su vida, que la ruina los alcanza aun en medio de su éxito, que no se harán ricos, que su rama no permanecerá verde y que serán destruidos antes de tiempo, como dijo Elifaz (Job 15:20, Job 15:21, Job 15:29, Job 15:32). Bildad dijo que su fuerza sería quebrada y que los terrores los rodearían (Job 18:7, Job 18:11). Zofar dijo que vomitaría sus riquezas y estaría angustiado aun en medio de su prosperidad (Job 20:15, Job 20:22).
Job sostenía que, en muchos casos, el castigo no llega rápidamente, sino que se retrasa por un tiempo. Ya había mostrado que el castigo puede tardar (capítulos 21 y 24). Ahora muestra que, aun así, es seguro y severo, y que una demora no equivale al perdón.
Primero, Job dice que explicará esta verdad con claridad (Job 27:11, Job 27:12): «Les enseñaré». No debemos negarnos a aprender incluso de personas enfermas, pobres o difíciles, si hablan lo que es verdadero y bueno. Dice que les enseñará «lo que está con el Todopoderoso», es decir, los planes ocultos de Dios y sus maneras de tratar con los malvados, cosas que las personas no pueden juzgar precipitadamente. No les ocultará esta verdad.
Dice que les enseñará «por la mano de Dios», es decir, con la fuerza y la ayuda de Dios. Toda persona que enseña a otros necesita que Dios la guíe, le abra los oídos (Isaías 50:4) y le abra los labios. Quienes Dios instruye con mano fuerte son los que mejor pueden enseñar a otros (Isaías 8:11). Job también dice que ellos deberían aprender esto porque lo han visto por sí mismos y porque corregiría su juicio acerca de él. Si habían visto estas cosas, ¿por qué estaban siendo tan vacíos y necios al llamarlo malvado simplemente porque sufría?
La verdad que está a punto de presentar es la porción que le espera al malvado de parte de Dios, especialmente a los opresores (Job 27:13). Su porción en este mundo puede ser la riqueza y el honor, pero su porción delante de Dios es la ruina y la miseria. Quizás estén fuera del alcance del poder humano, pero el Todopoderoso puede tratar con ellos.
Luego Job muestra que los malvados pueden prosperar por un tiempo, pero la ruina todavía los alcanzará, y esa ruina es su verdadera herencia.
Pueden prosperar en sus hijos, pero la ruina también los alcanza allí. Sus hijos pueden ser numerosos, recibir grandes honores y heredar grandes propiedades (Job 27:14). Se dice que las personas mundanas están llenas de hijos (Salmo 17:14), y que sus hijos también están «llenos». Los padres suelen esperar seguir viviendo por medio de ellos y recibir honor a través de sus éxitos. Pero mientras más hijos dejen y mientras mayor sea la prosperidad que les hereden, más objetivos dejan para los juicios de Dios. Dios tiene tres juicios severos: la espada, el hambre y la peste (2 Samuel 24:13).
Algunos de sus hijos morirán a espada, quizá en la guerra, pues fueron criados para vivir de la espada, como Esaú (Génesis 27:40). Quienes se preparan para la violencia con frecuencia mueren por la violencia, tarde o temprano. Otros morirán de hambre (Job 27:14). Sus descendientes tal vez no puedan conservar las riquezas que les dejaron. Pueden quedar reducidos a la pobreza y no tener suficiente para las necesidades diarias, o pueden estar tan insatisfechos que nunca se contenten con lo que tienen. Como el pueblo de los días de Hageo, comen, pero no quedan satisfechos (Hageo 1:6).
Los que queden serán sepultados en la muerte, es decir, morirán de peste, a la que se le llama muerte (Apocalipsis 6:8), y serán enterrados rápidamente y sin honra, como si sepultaran a un burro. Ni siquiera sus viudas llorarán, ya sea porque no tendrán los medios para guardar luto como corresponde o porque los hombres murieron sin ser amados ni deseados. Vivieron sin ser queridos y murieron sin que nadie los lamentara. Incluso es posible que sus viudas sientan alivio al librarse de ellos.
También pueden prosperar en sus propiedades, pero la ruina igualmente los alcanzará allí (Job 27:16-18). Supongamos que son ricos en dinero, plata, ropa y bienes para el hogar. Amontonan plata en abundancia, como polvo, y preparan ropa como si fuera barro. La imagen comunica tanto una gran abundancia como una pesada carga. Acumulan riquezas como si la ganancia material fuera su principal ocupación. Quieren cada vez más, hasta que la plata se empaña y la ropa queda comida por las polillas (Santiago 5:2, Santiago 5:3).
Pero ¿de qué les servirá todo eso? En realidad, no se beneficiarán de ello. La muerte los despojará y, si no los despoja antes, de todos modos la muerte les quitará todo (Lucas 12:20). Dios incluso dispondrá las cosas de tal manera que los justos vestirán su ropa y los inocentes repartirán su plata. De alguna manera, los buenos recibirán honestamente las riquezas que el malvado obtuvo de manera deshonesta. Las riquezas de los pecadores están reservadas para los justos (Proverbios 13:22). Dios dispone de las propiedades de las personas como quiere y con frecuencia hace que sus testamentos fracasen en contra de sus propios deseos.
El justo, a quien el malvado odiaba y perseguía, un día controlará todo el fruto de su trabajo, y con el tiempo recuperará con intereses lo que le fue quitado por la fuerza. Las joyas de los egipcios se convirtieron en el pago de los israelitas. Salomón dice que Dios hace que los pecadores trabajen como esclavos para los justos, porque el pecador solo reúne y almacena riquezas para alguien que agrada a Dios (Eclesiastés 2:26).
Y los justos usarán bien esas riquezas. No acumularán la plata, como lo hizo el hombre que la reunió. En cambio, la compartirán con los pobres, dando una parte a siete y aun a ocho, que es la manera más segura de ahorrar. El dinero es como el estiércol: solo sirve cuando se esparce. Cuando Dios hace ricos a los buenos, ellos deben recordar que solo son administradores de esas riquezas y que tendrán que rendir cuentas.
Lo que los malvados provocan en sus familias mediante ganancias deshonestas, los buenos lo producen en las suyas mediante un uso sabio de los bienes. «El que aumenta sus riquezas mediante ganancias injustas las reúne para el que se compadece de los pobres» (Proverbios 28:8). Si imaginamos que construyen casas fuertes y hermosas, aun esas casas son como el hogar de una polilla en una prenda vieja, del cual pronto será sacudida (Job 27:18). El malvado se siente muy seguro en ella, como una polilla, sin percibir el peligro; pero durará muy poco, como una choza que un guardia levanta y pronto desmonta. Después, su lugar ya no lo reconocerá.
La destrucción también alcanza su propia persona, aunque haya vivido mucho tiempo con salud y comodidad (Job 27:19). El rico se acuesta a dormir en medio de su abundancia, diciéndose: «Descansa», y reposa como si la riqueza fuera una ciudad fortificada. Puede parecer muy contento y seguro ante los demás, pero por dentro no estará tranquilo. No duerme tan pacíficamente como la gente cree. Sus riquezas no le permiten descansar, al menos no con la misma dulzura con que duerme el trabajador (Eclesiastés 5:12).
Se acuesta, pero pasa la noche dando vueltas hasta el amanecer. Entonces abre los ojos y todo ha desaparecido. Sus preocupaciones aumentan sus temores, y ambas cosas juntas lo mantienen intranquilo. Así que, cuando lo seguimos hasta su cama, no lo encontramos feliz allí. Pero el relato termina mostrando cuán miserable es en la muerte y después de ella.
Es miserable en la muerte. La muerte se convierte para él en el rey de los terrores (Job 27:20, Job 27:21). Cuando una enfermedad mortal lo ataca, queda abrumado por el miedo. Los terrores lo arrastran como aguas desbordadas, y tiembla ante la idea de abandonar este mundo, y aún más ante la de entrar en otro. Su enfermedad se mezcla con tristeza y enojo, como también dice Salomón (Eclesiastés 5:17). Estos terrores pueden llevarlo a una desesperación silenciosa y amarga, de modo que la tormenta de la ira de Dios parezca llevárselo durante la noche, sin que nadie lo note; o a una desesperación fuerte y manifiesta, de modo que sea arrastrado como alguien atrapado en una tormenta y expulsado de su lugar por un viento del este.
Para una persona piadosa, la muerte es como un viento favorable que la lleva a la patria celestial. Para una persona malvada, es como un viento del este: una tormenta que la arrastra con miedo y confusión hacia la destrucción. Después de la muerte también permanece en la miseria. Su alma queda bajo la justa ira de Dios, y eso es lo que la llena de terror cuando se acerca la muerte (Job 27:22). «Dios lanzará sobre él sus juicios y no tendrá piedad». Mientras vivía, disfrutó de la misericordia de Dios, que lo libraba del castigo. Pero ahora se acaba el tiempo de la paciencia; Dios ya no tendrá piedad, sino que derramará sobre él todo el peso de su ira.
Nadie puede escapar ni soportar lo que Dios arroja sobre una persona. La Escritura habla de las grandes piedras que Dios lanzó desde el cielo sobre los cananeos (Josué 10:11), y eso ya fue algo terrible. Pero mucho peor es que derrame todo el peso de su ira sobre una conciencia culpable, como una pesada carga de plomo (Zacarías 5:7, 8). Al ver que la ira de Dios irrumpe sobre él, el pecador perdido querrá huir de la mano de Dios, pero no podrá. Las puertas del infierno estarán cerradas con llave, el gran abismo estará fijado, y de nada servirá clamar a las rocas y a los montes para que lo protejan. Quienes ahora se niegan a correr hacia los brazos abiertos de la gracia de Dios, después no podrán escapar de sus brazos de ira, que pronto se extenderán para juzgarlos.
Su recuerdo también queda bajo el justo juicio de todos (Job 27:23). La gente aplaudirá su caída; es decir, se alegrará de los juicios de Dios cuando él sea eliminado, y se regocijará al verlo caer. «Cuando los malvados perecen, hay gritos de alegría» (Proverbios 11:10). Cuando Dios lo lleve a la tumba, la gente se burlará de él al marcharse, dejando su nombre marcado con una vergüenza permanente. En el mismo lugar donde antes era alabado y admirado, será objeto de burla (Salmo 52:7), y hasta sus cenizas serán pisoteadas.
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De este capítulo
Job 27:1
"Además, Job continuó su parábola y dijo:"
Job 27:2
"Vive Dios, que me ha quitado mi derecho, y el Todopoderoso, que ha afligido mi alma;"
Job 27:3
"mientras mi aliento esté en mí y el espíritu de Dios esté en mis narices,"
Job 27:4
"mis labios no hablarán maldad ni mi lengua pronunciará engaño."
Job 27:5
"¡Dios no permita que yo los justifique! Hasta que muera, no apartaré de mí mi integridad."
Job 27:6
"Me aferro a mi justicia y no la soltaré; mi corazón no me reprochará mientras viva."
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