Versículo destacado
Job 27:1 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Además, Job continuó su parábola y dijo: "
Job 27:1
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
1 Además, Job continuó su parábola y dijo:
2 Vive Dios, que me ha quitado mi derecho, y el Todopoderoso, que ha afligido mi alma;
3 mientras mi aliento esté en mí y el espíritu de Dios esté en mis narices,
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El discurso de Job se llama aquí una parábola o un proverbio porque era serio, profundo y lleno de enseñanza. La palabra de la que proviene puede significar gobernar o tener dominio, y algunos piensan que esto indica que Job ahora hablaba como alguien que había prevalecido sobre sus adversarios. Podríamos decir que sabía cómo captar la atención de quienes lo escuchaban. Después de una larga discusión entre Job y sus amigos, ahora confirmó todo lo que había dicho acerca de su propia inocencia mediante un juramento solemne. Lo hizo para poner fin a la discusión, silenciar las objeciones y asumir la culpa si había hablado falsamente.
Observemos primero la forma de su juramento: «Vive Dios, que me ha quitado mi derecho» (Job 27:2). Al llamar a Dios el Dios viviente, Job habla bien de él: reconoce que es el que vive para siempre, el eterno, el que tiene vida en sí mismo. También apela a Dios como el único y supremo Juez. No hay nadie mayor por quien se pueda jurar, y deshonra a Dios jurar por cualquier otro. Sin embargo, Job se equivoca cuando dice que Dios le había quitado su derecho. Con esto quería decir que Dios todavía no le había hecho justicia en aquella disputa ni se había presentado para defenderlo.
Job también dijo que Dios había amargado su alma. Quería decir que Dios no solo había dejado de defenderlo, sino que parecía estar en su contra al permitir que sufriera dificultades tan pesadas. Más adelante, Eliú corrigió a Job por estas palabras (Job 34:5), porque Dios es justo en todos sus caminos y nunca le quita a una persona lo que le corresponde. Aun así, las palabras de Job muestran con qué rapidez podemos desanimarnos cuando la ayuda no llega de inmediato. Nos cansamos de esperar el tiempo de Dios. Sin embargo, Job confiaba en que su causa era justa y en que Dios era bueno. Por eso, aunque por el momento Dios pareciera estar enojado con él, Job siguió poniendo su caso en sus manos.
En segundo lugar, consideremos el contenido de su juramento (Job 27:3-4). Job dijo que no hablaría maldad ni pronunciaría engaño. En términos generales, no permitiría que la mentira saliera de sus labios. En aquel debate, había hablado conforme a lo que sinceramente pensaba, y no estaba dispuesto a herir su conciencia diciendo algo distinto. No enseñaría ninguna doctrina ni afirmaría ningún hecho a menos que creyera que era verdadero. Tampoco negaría la verdad, aunque eso le hiciera las cosas más difíciles. Sus amigos lo llamaban hipócrita, pero él estaba dispuesto a responder bajo juramento si era necesario.
Por un lado, si realmente fuera culpable, no lo negaría por ningún motivo. Confesaría la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad, y soportaría la vergüenza de ser un hipócrita. Por otro lado, como sabía que era sincero, no traicionaría su integridad ni se acusaría falsamente. Ni siquiera las críticas duras e injustas de sus amigos lo obligarían a hablar contra sí mismo. Si no debemos dar falso testimonio contra nuestro prójimo, tampoco debemos hacerlo contra nosotros mismos.
Job también dijo que mantendría esta decisión mientras viviera, «mientras haya aliento en mí» (Job 27:3). Nuestra determinación de apartarnos del pecado debe permanecer firme durante toda la vida. En asuntos dudosos no debemos ser tan rígidos, porque Dios todavía puede mostrarnos más luz. Pero en algo tan claro como rechazar la mentira y el engaño, no podemos ser demasiado firmes. Las palabras de Job también nos recuerdan que nuestro aliento no permanecerá para siempre en nosotros. Como pronto tendremos que dar nuestro último suspiro, no debemos usar para la maldad el aliento que Dios nos da. Mientras sigamos respirando, no debemos decir ni hacer nada que se levante contra nosotros cuando nuestro aliento se haya ido.
El aliento de Job se llama el aliento de Dios porque Dios se lo había dado. Esa es otra razón para no hablar con maldad. Dios nos da la vida y el aliento; por eso, mientras tengamos aliento, debemos alabarlo. Este pensamiento nos lleva al significado del juramento de Job en Job 27:5-6. En esencia, dice: «Dios no permita que yo acepte el juicio injusto que ustedes han hecho de mí llamándome hipócrita. No; hasta que muera, no abandonaré mi integridad». Siempre seguiría siendo un hombre honrado. No maldeciría a Dios, como Satanás había instado a hacerlo por medio de su esposa (Job 2:9). Job ya pensaba en la muerte y se estaba preparando para ella, así que decidió no abandonar su fe, aunque había perdido todo lo que tenía en este mundo. La mejor preparación para la muerte es permanecer fiel hasta la muerte.
Cuando Job dice que, aunque Dios le quitara la vida, seguiría confiando en él, aquí vemos ese mismo espíritu. Aunque aquella aflicción lo llevara a la muerte, no se volvería contra Dios ni perdería la confianza en su fe. También quiere decir que siempre defendería la verdad de que era un hombre honrado. No renunciaría a la paz, el consuelo ni el buen nombre que provenían de su integridad. Sabía que Dios conocía su corazón, y su propio corazón sabía que siempre había actuado con buenas intenciones. No había sido descuidado con los deberes que conocía ni había persistido deliberadamente en un pecado que reconocía como tal. Esto, dice, es su alegría, y nadie se la quitará. Nunca mentirá contra sí mismo.
A menudo les ha tocado a las personas rectas ser juzgadas y condenadas como hipócritas. Sin embargo, es correcto que permanezcan firmes frente a esas acusaciones, sin permitir que las desanimen ni que las lleven a pensar peor de sí mismas. Como dice el apóstol: «Tenemos una buena conciencia y deseamos comportarnos honestamente en todo» (Hebreos 13:18). Que esta sea tu firme defensa: conservar una conciencia limpia. Job se había quejado muchas veces de los insultos de sus amigos, pero ahora dice que su propio corazón no lo reprochará. Es decir, no le dará a su corazón motivos para acusarlo. Mantendrá una conciencia libre de culpa y, mientras lo haga, no permitirá que su corazón lo condene.
¿Quién puede presentar una acusación contra el pueblo escogido de Dios? Dios es quien justifica, es decir, quien lo declara justo. Decidir que nuestro corazón no debe reprocharnos aun cuando le hayamos dado motivos para hacerlo es insultar a Dios, cuyo mensajero es la conciencia, y también hacernos daño. Después de pecar, es algo bueno que el corazón nos reprenda interiormente por ello (2 Samuel 24:10).
Por tanto, decidir que nuestro corazón no nos condenará mientras sigamos aferrados a nuestra integridad es frustrar los planes del espíritu maligno. Él tienta a los cristianos sinceros a dudar de que verdaderamente son hijos de Dios, diciéndoles, en efecto: «Si eres Hijo de Dios». Al mismo tiempo, esta decisión está de acuerdo con la obra del Espíritu Santo, quien da testimonio de que son hijos de Dios.
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De este capítulo
Job 27:2
"Vive Dios, que me ha quitado mi derecho, y el Todopoderoso, que ha afligido mi alma;"
Job 27:3
"mientras mi aliento esté en mí y el espíritu de Dios esté en mis narices,"
Job 27:4
"mis labios no hablarán maldad ni mi lengua pronunciará engaño."
Job 27:5
"¡Dios no permita que yo los justifique! Hasta que muera, no apartaré de mí mi integridad."
Job 27:6
"Me aferro a mi justicia y no la soltaré; mi corazón no me reprochará mientras viva."
Job 27:7
"Sea mi enemigo como el malvado, y quien se levanta contra mí, como el injusto."
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