Versículo destacado
Job 20:10 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Sus hijos procurarán agradar a los pobres, y sus manos devolverán los bienes de ellos. "
Job 20:10
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
8 Se desvanecerá como un sueño y no será hallado; sí, será ahuyentado como una visión nocturna.
9 El ojo que lo vio no volverá a verlo, ni su lugar volverá a contemplarlo.
10 Sus hijos procurarán agradar a los pobres, y sus manos devolverán los bienes de ellos.
11 Sus huesos están llenos del pecado de su juventud, que yacerá con él en el polvo.
12 Aunque la maldad sea dulce en su boca y la esconda debajo de su lengua,
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Aquí se describe ampliamente la miseria del malvado en este mundo, repitiendo la misma idea con distintas palabras. Por eso conviene reunir los detalles bajo algunos temas principales. Primero vemos cuál es su pecado, es decir, el pecado por el que recibe castigo.
Una parte de su pecado son los deseos de la carne, llamados aquí los pecados de su juventud (Job 20:11). Son los pecados a los que las personas suelen sentirse especialmente tentadas durante esos años. Los placeres prohibidos le parecen dulces en la boca (Job 20:12). Se entrega por completo a los deseos del cuerpo y se deleita intensamente en ellos, como si fueran lo mejor que pudiera saborear. Los conserva debajo de la lengua, como si quisiera disfrutarlos todo el tiempo posible.
Guardar el pecado en la boca también muestra que se aferra obstinadamente a él. No lo abandona cuando debería darle muerte y apartarse de él. En vez de eso, lo retiene y continúa por el mismo camino. También puede mostrar que recuerda su pecado con placer, como la mujer adúltera que recordó su juventud y repitió sus pecados (Ezequiel 23:19). O quizá significa que esconde cuidadosamente sus pecados favoritos. Como hipócrita, mantiene en secreto sus hábitos pecaminosos para que los demás tengan una buena opinión de su religión; pero Dios ve lo que hay en el corazón, incluso lo que está oculto debajo de la lengua, y pronto lo sacará a la luz.
Otra parte de su pecado es su amor por el mundo y sus riquezas. Pone su felicidad en el dinero y las posesiones, y por eso fija en ellas su corazón. Las desea con avidez: se traga las riquezas con el mismo entusiasmo con que una persona hambrienta devora la comida, siempre pidiendo más: «Denme, denme» (Job 20:15). Lo que más quería era la riqueza, y la codiciaba con intensidad. También trabajaba arduamente para obtenerla (Job 20:18), no mediante un trabajo honrado en una ocupación legítima, sino usando cualquier medio, correcto o incorrecto, para hacerse rico. Debemos trabajar, no para enriquecernos (Proverbios 23:4), sino para ser generosos y tener algo que compartir con quienes lo necesitan (Efesios 4:28).
También se promete grandes cosas gracias a sus riquezas, como muestran los ríos, las corrientes y los arroyos de miel y mantequilla (Job 20:17). Cuando queda decepcionado, eso significa que primero se había llenado de esperanzas de abundancia. Esperaba una vida llena de placeres sensuales, pero esa vida nunca llegó.
Una tercera parte de su pecado es la violencia, la opresión y la injusticia contra sus vecinos pobres (Job 20:19). Ese fue el pecado de los gigantes antes del diluvio, y es uno de los pecados que con mayor certeza atraen los juicios de Dios sobre las naciones y las familias. Ha abandonado a los pobres, no se ha ocupado de ellos, no les ha mostrado bondad ni ha hecho provisión para sus necesidades. Al principio quizá daba limosnas como los fariseos, solo para ganar reconocimiento; pero una vez que eso dejó de servir a su propósito, se detuvo y dejó a los pobres abandonados. Las buenas obras hechas por motivos equivocados no perduran.
También ha aplastado a los pobres y ha aprovechado toda oportunidad para hacerles daño. Para enriquecerse, les ha robado a quienes ya estaban necesitados. Les ha quitado sus casas por la fuerza, aunque no tenía ningún derecho sobre ellas, tal como Acab tomó la viña de Nabot, no mediante un engaño oculto, sino por medio de la fuerza abierta.
Ahora viene el castigo por esta maldad. Quedará decepcionado de todas sus esperanzas y no encontrará en las riquezas la satisfacción que se había prometido (Job 20:17). Nunca verá aquellos ríos, corrientes y arroyos de miel y mantequilla que soñaba disfrutar. El mundo nunca resulta ser lo que sus amantes imaginan. El disfrute siempre queda muy por debajo de lo que esperaban.
También estará enfermo y débil físicamente. ¡Qué poco consuelo ofrecen las riquezas cuando se pierde la salud! El dolor y la enfermedad, especialmente cuando son intensos, arruinan todo placer. Este malvado ha llevado los placeres del cuerpo hasta el extremo, pero ¿qué felicidad verdadera puede tener cuando sus huesos están llenos de los pecados de su juventud (Job 20:11), es decir, de las consecuencias duraderas de esos pecados? La embriaguez, la glotonería, la inmoralidad sexual y la vida desenfrenada de su juventud pueden haberle dejado enfermedades y dolores permanentes. Esos pecados pudieron haber destruido su salud y, como dice Salomón, haber consumido su carne y su cuerpo (Proverbios 5:11). Si fue un hombre peleador en su juventud, las heridas y moretones que entonces ignoró quizá ahora le duelan hasta en los huesos. Puede llevar esos dolores a la tumba, o quizá esos dolores lo lleven a ella. Así, los pecados de su juventud se acuestan con él en el polvo. Incluso la descomposición de su cuerpo en la tumba forma parte de los efectos del pecado (Job 24:19), de modo que su maldad permanece sobre sus huesos allí (Ezequiel 32:27). El pecado sigue a los pecadores aun después de la muerte.
También estará afligido e intranquilo en su mente: no tendrá sosiego interior (Job 20:20). No posee la calma que otros creen que tiene. Siempre está agitado por dentro. Las riquezas que obtuvo injustamente pesan sobre su conciencia como una comida que no puede digerir. Nadie debe esperar consuelo de lo que obtuvo mediante la injusticia.
En primer lugar, su intranquilidad proviene de una conciencia que mira hacia atrás y lo llena de temor ante la ira de Dios. El pecado que le parecía dulce cuando lo cometió, y que hacía rodar debajo de su lengua como un manjar, se vuelve amargo cuando lo recuerda. Al repasarlo, se llena de horror y angustia. Dentro de él se vuelve agrio (Job 20:14), como el librito de Juan, dulce en la boca pero amargo en el estómago (Apocalipsis 10:10). Así se convierte el pecado. Se transforma en hiel de áspides, en veneno de serpientes (Job 20:16), y termina siendo mortal. Lo que antes absorbía con tanto placer se convierte en veneno para él. La lengua aduladora demuestra ser lengua de serpiente. Todo el encanto que la gente cree ver en el pecado se convierte, cuando despierta la conciencia, en un tormento feroz.
Su aflicción también proviene de las preocupaciones con las que mira hacia el futuro (Job 20:22). Cuando el malvado se encuentra en la cima de su riqueza y se siente más seguro, de repente se verá en problemas. Incluso puede sentirse atrapado antes de que ocurra algún cambio externo, porque su propia mente está llena de temor y confusión. Es como el hombre rico de la parábola de Jesús, cuya tierra produjo tanto que dijo: «¿Qué haré?» (Lucas 12:17).
También se verá obligado a devolver lo que obtuvo injustamente. Se tragó las riquezas y pensó que eran suyas con toda seguridad, tan fijas como la comida que había ingerido. Pero estaba engañado. Las vomitará de nuevo; es decir, las perderá con gran dolor y resistencia. Su propia conciencia puede inquietarlo tanto que devuelva lo que tomó, pero le resultará amargo, como un vómito provocado, no como el gozo de hacer lo correcto.
Si se niega a devolverlo, la providencia de Dios se encargará de que los bienes robados regresen a sus verdaderos dueños. Dios los expulsará de su estómago aunque el amor al pecado todavía permanezca en su corazón. Los gritos de los pobres a quienes aplastó se levantarán con tanta fuerza contra él que quizá tenga que enviar a sus hijos a pedir paz a quienes perjudicó (Job 20:10). Restaurará lo que trabajó tanto para obtener mediante la opresión, pero no podrá conservarlo ni disfrutarlo.
Que la gracia salvadora de Dios lleve a una persona a devolver los bienes robados, como ocurrió con Zaqueo, es una gran misericordia. Zaqueo, el cobrador de impuestos, devolvió cuatro veces lo que había tomado y todavía tuvo suficiente para ayudar a los pobres (Lucas 19:8). Pero verse obligado a devolverlos únicamente por el terror de una conciencia culpable, como le ocurrió a Judas, no trae ningún consuelo. Judas arrojó las monedas de plata, salió y se ahorcó.
También será despojado de todo lo que tiene y reducido a la pobreza. El que robó a otros será robado (Isaías 33:1). Las personas inocentes a quienes perjudicó quizá decidan no vengarse y digan, como David: «La maldad procede de los malvados, pero yo no levantaré mi mano contra él» (1 Samuel 24:13). Aunque lo perdonen y no le hagan nada, la justicia de Dios actuará. Con mucha frecuencia, Dios hace que los malvados sufran por medio de otros malvados.
Así que, cuando sea atacado por todos lados, no podrá salvar ninguna de las riquezas que tanto deseaba (Job 20:20). No conservará todo, y al final no conservará nada. Ninguno de los alimentos que disfrutaba tanto permanecerá para él (Job 20:21). Sus vecinos y familiares lo verán en una condición tan lamentable que, cuando muera, a nadie le importarán sus bienes. Nadie de su familia esperará obtener algo de lo que deja, ni siquiera querrá hacerse cargo de su patrimonio.
En todo esto, Zofar claramente dirige sus palabras contra Job, quien había perdido todo y había sido llevado al borde mismo de la ruina.
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De este capítulo
Job 20:1
"Entonces respondió Zofar el naamatita y dijo:"
Job 20:2
"Por eso mis pensamientos me impulsan a responder, y por esto me apresuro."
Job 20:3
"He oído la reprensión que me afrenta, y el espíritu de mi entendimiento me impulsa a responder."
Job 20:4
"¿No sabes esto desde tiempos antiguos, desde que el hombre fue puesto sobre la tierra,"
Job 20:5
"que el triunfo de los malvados es breve y la alegría del hipócrita dura solo un momento?"
Job 20:6
"Aunque su grandeza suba hasta los cielos y su cabeza llegue hasta las nubes,"
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