Versículo destacado
Job 16:6 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Aunque hable, mi dolor no se alivia; y aunque me abstenga, ¿qué alivio recibo? "
Job 16:6
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
4 Yo también podría hablar como ustedes; si el alma de ustedes estuviera en lugar de mi alma, podría amontonar palabras contra ustedes y sacudir mi cabeza ante ustedes.
5 Pero yo los fortalecería con mi boca, y el movimiento de mis labios aliviaría el dolor de ustedes.
6 Aunque hable, mi dolor no se alivia; y aunque me abstenga, ¿qué alivio recibo?
7 Pero ahora él me ha fatigado; tú has dejado desolada a toda mi compañía.
8 Y tú me has llenado de arrugas, lo cual es testigo contra mí; y mi delgadez, levantándose en mí, da testimonio ante mi rostro.
Explora estudios bíblicos guiados
Sesiones estructuradas con notas, preguntas y perspectivas del asesor
Las bienaventuranzas (microestudio de 5 días)
Un estudio breve sobre las bendiciones de Jesús y el camino del Reino.
Vista previa de la sesión 1:
Dichosos los humildes
6 min
Salmos de consuelo (microestudio de 5 días)
Sesiones breves y tranquilizadoras basadas en los Salmos.
Vista previa de la sesión 1:
El cuidado del Pastor
5 min
Crea una cuenta gratis para guardar notas, dar seguimiento a tu progreso y desbloquear todas las sesiones
Crear cuenta gratisComentario de Bible Guided
La queja de Job aquí es tan amarga como cualquiera de las que expresa en sus discursos. Parece no saber si debe guardársela o desahogarse. Para quienes atraviesan momentos difíciles, cualquiera de las dos opciones puede ayudar a veces, según su estado de ánimo o sus circunstancias; pero Job no halló alivio de ninguna manera (Job 16:6).
En ocasiones, hablar sí alivia el dolor, pero Job dice: «Aunque hable, mi dolor no se alivia». Expresar su queja no le hacía sentirse más ligero. Peor aún, muchas veces sus palabras eran tergiversadas y usadas para aumentar su sufrimiento. En otras ocasiones, guardar silencio puede hacer que la tristeza sea más llevadera o más fácil de olvidar, pero Job dice que aun cuando callaba, no estaba mejor. Si se quejaba, lo llamaban enojado. Si no decía nada, trataban su silencio como una señal de culpabilidad. Si defendía su integridad, también lo culpaban por hacerlo. Si guardaba silencio, decían que estaba confesando su pecado. Debemos darle gracias a Dios porque no estamos obligados a hacer quejas semejantes.
Primero, Job dice que su familia había sido dispersada (Job 16:7). Dios lo había dejado exhausto: cansado de hablar, cansado de contenerse, cansado de sus amigos e incluso cansado de la vida misma. Su recorrido por este mundo se había vuelto tan doloroso que estaba agotado de vivirlo. Era especialmente difícil porque sus hijos y sus siervos habían muerto, y lo que quedaba de su numerosa casa había sido dispersado. La compañía de personas piadosas que antes se reunían en su casa para adorar había desaparecido, y ahora pasaba los sábados en silencio y soledad. Sí tenía compañía, pero era una compañía que habría preferido no tener, porque parecía alegrarse de su ruina. Cuando nos quitan a nuestros amigos y seres queridos, debemos reconocer la mano de Dios en ello.
Segundo, Job dice que su cuerpo se estaba consumiendo por la enfermedad y el dolor, hasta que parecía un esqueleto, solo piel y huesos (Job 16:8). Su rostro estaba lleno de arrugas, no por la edad, sino por la enfermedad. «Me has llenado de arrugas», dice. Su carne se había desgastado por las llagas abiertas, de modo que sus huesos sobresalían claramente (Job 33:21). Job llama a estas cosas testigos en su contra, testigos de la ira de Dios y del mismo tipo de pruebas que sus amigos usaban para argumentar que él era malvado. O quizá quiere decir que son testigos a su favor, porque demuestran que su queja no es vacía, o testigos que le anuncian que está muriendo y que pronto desaparecerá.
Tercero, Job dice que su enemigo era un terror para él (Job 16:9). Ese enemigo lo amenazaba, lo miraba con hostilidad y mostraba claramente su enojo. ¿Quién era ese enemigo? Podía ser Elifaz, quien había demostrado una fuerte hostilidad y había hablado de una manera que hería la reputación de Job y lo llenaba de temor. Podía ser Satanás, su verdadero enemigo, que lo odiaba y quizá lo aterrorizaba con visiones espantosas, como algunos piensan que más tarde hizo con Cristo en el huerto, con el propósito de llevarlo a maldecir a Dios. O quizá Job se refería a Dios mismo. Si era así, sus palabras fueron imprudentes, pero muestran hasta qué punto la tristeza había distorsionado su manera de ver las cosas. Dios no odia a ninguna de sus criaturas, pero la mente abrumada de Job hacía que Dios pareciera su enemigo. Si la ira de un rey puede significar la muerte, ¡cuánto más terrible debe parecer la ira del Rey de reyes!
Cuarto, Job dice que todos los que lo rodeaban lo trataban con dureza (Job 16:10). Se abalanzaban contra él con la boca abierta, como si quisieran devorarlo. Sus amenazas eran tan feroces y su comportamiento tan burlón que parecía que querían tragárselo vivo. Lanzaban contra él todos los insultos que podían inventar, y algunos incluso lo golpeaban en la mejilla. Muchos se unieron contra él, incluso hombres humildes y despreciables (Salmo 35:15). En esto, Job era una imagen de Cristo, como han señalado muchos lectores de la Biblia desde tiempos antiguos. Se usa un lenguaje semejante para hablar de los sufrimientos de Cristo: «Abren la boca contra mí» (Salmo 22:13), y «golpearán en la mejilla al juez de Israel» (Miqueas 5:1), algo que se cumplió cuando golpearon a Cristo (Mateo 26:67). ¡Cuántos más se añadieron a los que lo afligían!
Quinto, Job dice que Dios, en vez de rescatarlo de las manos de ellos como él esperaba, lo entregó a ellos (Job 16:11). Ellos no podrían haber tenido poder sobre él si no les hubiera sido dado de lo alto. Por eso Job mira más allá de sus agresores y reconoce al Dios que lo permitió, como hizo David cuando Simei lo maldecía. Aun así, le resulta extraño y casi insoportable que quienes eran enemigos de Dios también tuvieran poder sobre él. A veces Dios usa a personas malvadas como su espada contra otras personas malvadas (Salmo 17:13) y como una vara para disciplinar a sus propios hijos (Isaías 10:5). También en esto Job señalaba de antemano a Cristo, quien fue entregado en manos de hombres malvados para ser crucificado y muerto, conforme al plan establecido y al conocimiento previo de Dios (Hechos 2:23).
Sexto, Job dice que Dios no solo lo entregó a personas malvadas, sino que también lo tomó en sus propias manos, y eso es algo aterrador (Job 16:12). Dice que antes vivía tranquilo, disfrutando de los regalos de Dios sin quejarse ni mostrar una codicia inquieta, a diferencia de quienes usan mal la prosperidad y atraen juicio sobre sí mismos. Sin embargo, Dios lo había destrozado, como si lo hubiera puesto sobre un instrumento de tortura y lo hubiera desgarrado miembro por miembro. En medio de su sufrimiento, Job sentía como si Dios estuviera furioso, aunque la furia no es verdaderamente parte de Dios. Se imaginaba que Dios lo agarraba del cuello, como un hombre fuerte que, enojado, sacude a un niño hasta desarmarlo. También sentía que Dios lo había escogido como blanco y que había dirigido contra él todas sus flechas. Cuando Dios marca un blanco, sus arqueros seguramente dan en él. Sean quienes sean nuestros enemigos, debemos recordar que están bajo el gobierno de Dios y que él dirige la flecha. Es el Señor, y puede hacer lo que le parezca bien.
Job también sentía como si Dios fuera cruel, con una ira tan implacable como irresistible era su poder. Le parecía que Dios apuntaba al lugar más doloroso y que le abría las entrañas con un dolor agudo, quizá un dolor en los riñones. Sentía que Dios no le mostraba ninguna compasión, que no le daba ningún alivio ni hacía menos intenso su sufrimiento.
Parecía que Dios no buscaba otra cosa que la muerte de Job, y una muerte marcada por el sufrimiento más terrible. Job dice: «Derrama mi hiel en el suelo». Eso es como tratarlo como si fuera un animal salvaje, muerto y abierto con repugnancia. Pensaba que su sangre estaba siendo derramada como algo no solo inútil, sino repulsivo.
Job también siente que Dios lo golpea una y otra vez sin compasión, como dice en Job 16:14: «Me quebranta golpe tras golpe; corre contra mí como un guerrero». Así llegaron sus aflicciones. Un mensajero tras otro le llevó malas noticias, y después los forúnculos siguieron apareciendo día tras día, de modo que no podía ver el fin de su dolor. Le parecía que Dios se lanzaba contra él como un gigante, demasiado fuerte para que cualquier ser humano pudiera resistirlo. Incluso las personas buenas, cuando enfrentan dificultades graves y fuera de lo común, pueden luchar para no pensar cosas duras acerca de Dios.
Job también dice que ha dejado a un lado todo su honor y su comodidad a causa del sufrimiento que lo rodea. Algunas personas esconden su dolor e intentan mantener las apariencias. Job no podía hacerlo. Sentía todo el peso de su miseria y, como un hombre verdaderamente arrepentido y paciente, se humilló bajo la poderosa mano de Dios (Job 16:15-16).
Dejó a un lado sus adornos y sus ropas suaves. Ya no le importaban la comodidad ni la ropa elegante, sino que se cosió una tela áspera directamente sobre la piel. Pensaba que una vestimenta áspera era apropiada para un cuerpo tan cubierto de llagas y enfermedad. La ropa fina sobre heridas semejantes se sentiría fuera de lugar. Incluso se cosió la tela de luto, mostrando que se proponía permanecer humillado mientras durara su sufrimiento. Sin duda, las personas están demasiado apegadas a la ropa elegante si la enfermedad y la vejez no logran aflojar ese apego.
Job tampoco se aferraría a su dignidad. Dice que ha «echado su honor en el polvo», es decir, que ha renunciado al honor, la fuerza y la alta posición que antes le otorgaban los demás. Cuando Dios humilla a una persona, eso también debería humillar su corazón. Es mejor poner el honor en el polvo que seguir levantándolo contra el propósito de Dios y terminar quebrantado. Elifaz había acusado a Job de ser orgulloso y de no querer inclinarse ante su sufrimiento, pero Job dice que la realidad es lo contrario. Ahora el polvo es el lugar apropiado para él.
Finalmente, Job apartó la alegría, porque no era momento de estar contento. Dice: «Mi rostro está enrojecido por el llanto», es decir, ha llorado mucho por sus pecados, por la ira de Dios contra él y por la crueldad de sus amigos. La tristeza había cubierto sus párpados con una sombra de muerte. No solo había perdido la belleza de su rostro, sino casi también la vista por causa de las lágrimas constantes. En esto también señala de antemano a Cristo, quien fue un hombre de dolores y lloró con frecuencia, y quien llamó bienaventurados a los que lloran, porque serán consolados.
Cómo puede ayudarte tu IA cristiana
Explora las Escrituras y la vida desde una perspectiva cristiana
Estudio bíblico
Orientación para la vida
Apoyo en la oración
Sabiduría diaria
Haz 3 preguntas gratis cada semana. No necesitas tarjeta de crédito. Ver planes
De este capítulo
Job 16:1
"Entonces Job respondió y dijo:"
Job 16:2
"He oído muchas cosas como estas; miserables consoladores son todos ustedes."
Job 16:3
"¿Tendrán fin las palabras vanas? ¿O qué te incita a responder?"
Job 16:4
"Yo también podría hablar como ustedes; si el alma de ustedes estuviera en lugar de mi alma, podría amontonar palabras contra ustedes y sacudir mi cabeza ante ustedes."
Job 16:5
"Pero yo los fortalecería con mi boca, y el movimiento de mis labios aliviaría el dolor de ustedes."
Job 16:7
"Pero ahora él me ha fatigado; tú has dejado desolada a toda mi compañía."
Oración diaria
Recibe por correo electrónico una reflexión bíblica diaria
Comienza cada mañana con un versículo, una oración y un siguiente paso sencillo.
Aviso importante: Esta guía bíblica no sustituye la atención profesional de salud mental. Si estás experimentando síntomas de una crisis, comunícate con la Línea 988 de Prevención del Suicidio y Crisis o busca ayuda profesional inmediata.
Bible Guided ofrece orientación basada en la fe y debe complementar, no reemplazar, el apoyo terapéutico profesional.