Versículo destacado
Job 12:6 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Las tiendas de los ladrones prosperan, y los que provocan a Dios viven seguros; Dios pone abundantemente en sus manos. "
Job 12:6
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
4 Soy como alguien de quien se burla su prójimo, alguien que invoca a Dios y él le responde; el hombre justo y recto es objeto de burla.
5 El que está a punto de resbalar con sus pies es como una lámpara despreciada en el pensamiento del que vive tranquilo.
6 Las tiendas de los ladrones prosperan, y los que provocan a Dios viven seguros; Dios pone abundantemente en sus manos.
7 Pero pregunta ahora a las bestias, y ellas te enseñarán; y a las aves del cielo, y ellas te lo dirán.
8 O habla con la tierra, y ella te enseñará; y los peces del mar te lo declararán.
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Los amigos de Job partían todos de la misma idea: que los malvados no pueden prosperar por mucho tiempo en este mundo y que sobre ellos caerá de repente algún juicio evidente. Zofar había terminado con esa idea al decir que los ojos de los malvados se consumirían (Job 11:20). Aquí Job responde que, al ordenar las circunstancias externas de esta vida, Dios actúa como un Rey soberano, mientras que la distribución exacta de las recompensas y los castigos pertenece a la vida futura.
Primero afirma como una verdad evidente que los malvados pueden prosperar, y con frecuencia prosperan durante mucho tiempo en este mundo (Job 12:6). Incluso personas muy pecadoras pueden disfrutar de un gran éxito externo. Job los describe como ladrones y como personas que provocan a Dios: la peor clase de pecadores, que blasfeman y persiguen a otros. Tal vez está pensando en los sabeos y los caldeos, que lo habían despojado y vivían del saqueo, pero que aun así parecían prosperar. Todos podían verlo, y los hechos hablan con claridad. Un hecho evidente vale mucho más que numerosas suposiciones basadas en una teoría.
En un sentido más amplio, todos los opresores orgullosos son como ladrones y piratas. Lo que perjudica a las personas también provoca a Dios, quien defiende lo recto y protege la vida humana. Por eso no sorprende que quienes rompen los vínculos de la justicia también rechacen toda religión y hasta desafíen al mismo Dios. Para ellos, provocarlo parece tener poca importancia.
Job también describe su prosperidad como algo muy grande. Prosperan incluso sus casas, junto con las personas que viven en ellas y las generaciones que vienen después. Puede parecer que la bendición se ha transmitido a sus familias, y algunas veces la riqueza obtenida mediante el fraude sí permanece en las generaciones posteriores. Además, viven seguros. No solo no sienten ningún daño, sino que tampoco temen nada ni perciben peligro, ya sea por acontecimientos que deberían advertirles o por una conciencia que haya despertado. Sin embargo, quienes provocan a Dios nunca están verdaderamente seguros solo porque se sientan tranquilos.
Dios también pone abundancia en sus manos. Tienen más de lo que podrían pedir (Sal 73:7): no solo suficiente para sus necesidades, sino también para sus placeres. Tienen suficiente para ellos mismos, para otros y para el futuro. Y todo esto procede de la providencia: Dios es quien lo derrama en sus manos. Por eso no podemos medir la devoción de una persona por sus riquezas ni juzgar lo que hay en su corazón por lo que tiene en sus manos.
Luego Job apela incluso a las criaturas inferiores: los animales, las aves, los árboles y la tierra misma. Dice: «Pregúntales, y ellos te enseñarán» (Job 12:7, Job 12:8). Hay mucho que podemos aprender de ellos, y aquí los usa para demostrar su punto. Una de las lecciones es que las casas de los ladrones sí prosperan, como algunos entienden el pasaje. Incluso entre los animales, con frecuencia los más grandes devoran a los pequeños, y los más fuertes se aprovechan de los débiles. En ese sentido, las personas son como los peces del mar (Hab 1:14). Si el pecado nunca hubiera entrado al mundo, podemos pensar que no habría existido tal desorden en la creación, y que el lobo y el cordero se habrían acostado juntos.
Estas criaturas también sirven a los malvados y, de esa manera, muestran su prosperidad. Si se les preguntara a los rebaños y al ganado quién es su dueño, responderían que ese ladrón u opresor es su amo. Los peces y las aves llegan a las mesas de los pecadores orgullosos y alimentan sus lujos. La tierra les da su fruto (Job 9:24), y toda la creación gime bajo el peso de la tiranía humana (Ro 8:20, Ro 8:22). Toda criatura que los malvados usan indebidamente, convirtiéndola en combustible para sus deseos, un día testificará contra ellos (Stg 5:3, Stg 5:4).
En las criaturas también aprendemos acerca de la sabiduría, el poder, la bondad y el gobierno soberano de Dios. Estas verdades sencillas responden a la difícil pregunta de por qué Dios ordena las cosas como lo hace. Zofar había presentado esto como un misterio muy profundo (Job 11:7), pero Job dice que no está tan oculto. Lo que necesitamos saber podemos aprenderlo incluso de las criaturas inferiores, pues todas ellas dan testimonio de ello (Job 12:9). Cualquiera puede ver en la creación que la mano del Señor ha hecho estas cosas. Esto significa que una providencia sabia guía y gobierna todo mediante reglas que no comprendemos por completo y que tampoco estamos en condiciones de juzgar. Si Dios gobierna tan plenamente a las criaturas inferiores, también debemos aprender a aceptar sus decisiones en los asuntos humanos, aun cuando vayan en contra de lo que esperábamos.
Job resume todo diciendo que Dios tiene plena autoridad sobre todas las criaturas (Job 12:10). En su mano está la vida de todo ser viviente. Todas las criaturas, y especialmente los seres humanos, reciben de él la vida. Le deben su existencia, dependen de él para seguir viviendo y permanecen bajo su dirección y poder. Cuando él lo ordena, tienen que entregar la vida. Todas las vidas le pertenecen, y él puede hacer con lo suyo lo que quiera. Aquí se usa el nombre Jehová (Job 12:9), y esta es la única ocasión en que aparece en los discursos entre Job y sus amigos. En aquella época, Dios era conocido más comúnmente con el nombre Shaddai, que significa «el Todopoderoso».
Las palabras de Job en (Job 12:11), «¿No prueba el oído las palabras como la boca prueba la comida?», pueden cerrar el pensamiento anterior o iniciar el que sigue. La mente puede distinguir la verdad del error cuando las cosas se expresan claramente, así como la lengua distingue lo dulce de lo amargo. Job pide a sus amigos que le permitan evaluar sus palabras por sí mismo, y está dispuesto a concederles esa misma libertad con respecto a las suyas. También parece apelar a toda persona imparcial que esté considerando el debate. Al examinar ambos lados, quedará claro que Job tiene razón.
El oído debe probar las palabras antes de aceptarlas y darles su aprobación. Así como el gusto nos ayuda a reconocer qué alimento es saludable para el cuerpo, el discernimiento espiritual nos ayuda a distinguir qué enseñanza es correcta, buena y saludable, y cuál no lo es (1 Co 10:15; 1 Co 11:13).
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De este capítulo
Job 12:1
"Entonces Job respondió y dijo:"
Job 12:2
"Sin duda, ustedes son el pueblo, y la sabiduría morirá con ustedes."
Job 12:3
"Pero yo tengo entendimiento al igual que ustedes; no soy inferior a ustedes. En verdad, ¿quién no sabe cosas como estas?"
Job 12:4
"Soy como alguien de quien se burla su prójimo, alguien que invoca a Dios y él le responde; el hombre justo y recto es objeto de burla."
Job 12:5
"El que está a punto de resbalar con sus pies es como una lámpara despreciada en el pensamiento del que vive tranquilo."
Job 12:7
"Pero pregunta ahora a las bestias, y ellas te enseñarán; y a las aves del cielo, y ellas te lo dirán."
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