Versículo destacado
Jeremías 8:1 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" En aquel tiempo, dice el SEÑOR, sacarán de sus sepulcros los huesos de los reyes de Judá, los huesos de sus príncipes, los huesos de los sacerdotes, los huesos de los profetas y los huesos de los habitantes de Jerusalén. "
Jeremías 8:1
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
1 En aquel tiempo, dice el SEÑOR, sacarán de sus sepulcros los huesos de los reyes de Judá, los huesos de sus príncipes, los huesos de los sacerdotes, los huesos de los profetas y los huesos de los habitantes de Jerusalén.
2 Los esparcirán delante del sol, de la luna y de todo el ejército del cielo, a los que amaron, a los que sirvieron, tras los que anduvieron, a los que buscaron y a los que adoraron. No serán recogidos ni sepultados; serán como estiércol sobre la superficie de la tierra.
3 Y todos los que queden de esta familia malvada, los que permanezcan en todos los lugares adonde yo los haya expulsado, preferirán la muerte a la vida, dice el SEÑOR de los ejércitos.
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Estos versículos bien podrían haberse colocado al final del capítulo anterior, porque siguen describiendo la terrible ruina que el ejército caldeo traería sobre la tierra. Hasta la muerte sería transformada de una manera extraña y para peor. Ya no sería un lugar de descanso para los muertos, y aun el sepulcro perdería su paz.
Job habló del sepulcro como un lugar de descanso, donde esperaba yacer junto a los reyes y consejeros de la tierra. Pero aquí las cenizas de los muertos, incluso las de los reyes y príncipes, serían perturbadas, y sus huesos quedarían esparcidos a la entrada del sepulcro (Salmo 141:7). El capítulo anterior decía que los muertos quedarían sin sepultura, algo que podía ocurrir por negligencia. Pero aquí los enemigos abrirían de manera intencional y cruel sepulcros que ya habían sido cuidadosamente cerrados. Lo harían por codicia, con la esperanza de encontrar tesoros, o por odio contra la nación. Sacarían los huesos de los reyes de Judá y de sus príncipes.
Sus tumbas honorables no podrían protegerlos; de hecho, las convertirían en un blanco más visible. Sería cruel y vergonzoso pisotear de esa manera los restos reales. Podemos esperar que los huesos del buen Josías, el rey piadoso de Judá, no fueran perturbados, pues en otro tiempo él había protegido los huesos del hombre de Dios cuando quemó los huesos de los sacerdotes idólatras (2 Reyes 23:18). Los huesos de los sacerdotes y profetas también serían desenterrados y arrojados por todas partes. Algunos piensan que esto se refiere a los falsos profetas y a los sacerdotes idólatras, y que Dios estaría marcándolos con una señal de vergüenza. Pero si se trataba de los verdaderos profetas y sacerdotes de Dios, entonces sería una prueba más de la violencia enemiga, como lamenta el salmista (Salmo 79:1-2).
Aun esos caldeos llenos de odio, que no pudieran llegar a las tumbas de los príncipes y sacerdotes, no se detendrían allí. Sacarían también los huesos de la gente común de las tumbas de Jerusalén. En ocasiones, las naciones bárbaras hacían cosas tan absurdas e inhumanas a los pueblos que habían conquistado. Aquí Dios lo permitiría como una señal de su enojo contra aquella generación culpable y como una advertencia para los sobrevivientes. Una vez desenterrados, los huesos serían esparcidos por el suelo en abierto desprecio, para que la deshonra durara y se extendiera aún más. Los dejarían secarse al sol, quizá para llevarlos en una procesión triunfal, quizá para usarlos como combustible o quizá con algún propósito supersticioso.
Serían expuestos delante del sol, la luna y las estrellas, todo el ejército del cielo, delante de aquellos astros que el pueblo había convertido en ídolos (Jeremías 8:2). Al mencionar estos cuerpos celestes, que observarían sin mostrar preocupación, el profeta recuerda que el pueblo los había adorado. Les habían dado a esas criaturas el honor que le pertenecía únicamente a Dios. Esto demuestra cuán poco beneficio hay en adorar cualquier cosa creada, porque aquello que habían adorado vería su miseria, pero no podría ayudarlos. Peor aún, esas criaturas parecerían contemplar su vergüenza sin ninguna compasión.
Luego el profeta enumera la devoción que habían mostrado a esos ídolos, para enseñarnos cómo debemos comportarnos con nuestro Dios. Primero, los amaban. Los consideraban seres hermosos y ayudadores generosos, y eso los llevó a todo lo demás. Segundo, les servían. Hacían todo lo que creían que los honraría y pensaban que ningún sacrificio era demasiado grande. Tercero, caminaban tras ellos. Intentaban imitarlos y vivir de acuerdo con los patrones que creían que esos ídolos establecían, lo cual ayudó a extender gran parte de la maldad de las naciones. Cuarto, los buscaban. Consultaban a los ídolos como si fueran oráculos, acudían a ellos como jueces, les pedían su favor y les oraban como si fueran sus ayudadores. Quinto, los adoraban, dándoles un honor divino y tratándolos como gobernantes de sus vidas.
Delante de esas mismas luces del cielo, las cosas que habían cortejado y adorado, sus cuerpos muertos serían arrojados y quedarían pudriéndose en el suelo como estiércol. El sol que brillaría sobre ellos solo empeoraría el mal olor. Todo aquello que convirtamos en un dios aparte del Dios verdadero no nos servirá de nada después de la muerte y el sepulcro, ni para el cuerpo ni para el alma.
La muerte también se convertiría en algo que nunca había sido: la elección de los vivos. No sería porque la muerte pareciera agradable. De hecho, se presentaría en su forma más terrible, porque no podrían esperar una muerte pacífica ni una sepultura digna. Sin embargo, la vida se volvería tan amarga y todo parecería tan oscuro que la gente escogería la muerte en lugar de la vida (Jeremías 8:3). Esto no sería la esperanza creyente de recibir bendición en la vida futura, sino la desesperación total de no encontrar ningún alivio en esta vida.
La nación quedaría reducida a una simple familia, pues serían muy pocos los que sobrevivirían. Y aun esos sobrevivientes seguirían siendo una familia malvada, tan obstinada y pecadora como antes, con el corazón todavía endurecido y los deseos sin cambiar. Seguirían con vida únicamente en los lugares adonde los hubieran llevado los juicios de Dios: algunos como prisioneros en la tierra de sus enemigos, otros como mendigos en un país vecino, y otros como fugitivos tanto allí como en su propia tierra. Los que murieran morirían miserablemente, pero los que sobrevivieran y fueran desterrados sufrirían todavía más. Escogerían la muerte en lugar de la vida y desearían una y otra vez haber caído junto con los que murieron a espada.
Que esto nos enseñe a no aferrarnos demasiado a la vida. Puede llegar un momento en que la vida se vuelva una carga y un terror tan grandes que una persona se sienta tentada a escoger la muerte en lugar de seguir viviendo.
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De este capítulo
Jeremías 8:2
"Los esparcirán delante del sol, de la luna y de todo el ejército del cielo, a los que amaron, a los que sirvieron, tras los que anduvieron, a los que buscaron y a los que adoraron. No serán recogidos ni sepultados; serán como estiércol sobre la superficie de la tierra."
Jeremías 8:3
"Y todos los que queden de esta familia malvada, los que permanezcan en todos los lugares adonde yo los haya expulsado, preferirán la muerte a la vida, dice el SEÑOR de los ejércitos."
Jeremías 8:4
"Además, les dirás: Así dice el SEÑOR: ¿Acaso caerán y no se levantarán? ¿Acaso él se apartará y no regresará?"
Jeremías 8:5
"¿Por qué, entonces, este pueblo de Jerusalén se ha apartado con un alejamiento perpetuo? Se aferran al engaño y se niegan a regresar."
Jeremías 8:6
"Escuché atentamente y oí, pero no hablaron con rectitud. Ningún hombre se arrepintió de su maldad, diciendo: ¿Qué he hecho? Cada uno se volvió a su carrera, como el caballo que se lanza a la batalla."
Jeremías 8:7
"Aun la cigüeña en el cielo conoce sus tiempos señalados; la tórtola, la grulla y la golondrina observan el tiempo de su llegada, pero mi pueblo no conoce el juicio del SEÑOR."
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