Versículo destacado
Jeremías 6:1 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Hijos de Benjamín, reúnanse para huir de en medio de Jerusalén; toquen la trompeta en Tecoa y levanten una señal de fuego en Bet-haquerem, porque del norte se asoma el mal y una gran destrucción. "
Jeremías 6:1
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
1 Hijos de Benjamín, reúnanse para huir de en medio de Jerusalén; toquen la trompeta en Tecoa y levanten una señal de fuego en Bet-haquerem, porque del norte se asoma el mal y una gran destrucción.
2 He comparado a la hija de Sion con una mujer hermosa y delicada.
3 Los pastores vendrán a ella con sus rebaños; levantarán sus tiendas contra ella alrededor, y cada uno apacentará en su lugar.
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Este es el juicio anunciado contra Judá y Jerusalén. En ese momento, la ciudad y el campo se sentían seguros. No veían ninguna señal de peligro ni nubes de tormenta que se estuvieran formando; todo parecía tranquilo. Pero el profeta dice que pronto llegará un ejército extranjero desde el norte y traerá ruina. El resultado no será solo temor, sino destrucción completa.
La advertencia debe sonar fuerte y alarmante. A los habitantes de Benjamín, la tribu que incluía parte de Jerusalén, se les dice que huyan al campo para ponerse a salvo. Al principio, la ciudad parecía el mejor lugar para refugiarse (Jeremías 4:5-6), pero pronto se volvería demasiado peligrosa incluso para ellos. En medio del pánico, la gente suele pensar que cualquier otro lugar es más seguro que aquel donde se encuentra. Los que están en la ciudad corren al campo, y los que están en el campo corren a la ciudad; pero todo ese esfuerzo es inútil cuando el mal persigue a los pecadores por mandato de Dios.
Se les ordena dar la alarma en el campo y hacer todo lo posible para protegerse. «Toquen la trompeta en Tecoa», una ciudad situada aproximadamente a doce millas al norte de Jerusalén. «Levanten una señal de fuego en Bet-haquerem», la casa de la viña, que se encontraba en una colina entre Jerusalén y Tecoa. Deben prepararse para una fuerte resistencia, porque el peligro viene del norte. Esto también puede tener un tono agudo e irónico: hagan todo lo posible por salvarse, pero de todos modos terminarán en desastre, porque nadie puede resistir los juicios de Dios.
El ataque será audaz y aterrador, y Judá será mucho más débil que sus enemigos. La hija de Sion, es decir, Jerusalén, aparece representada como una mujer hermosa y delicada, acostumbrada al bienestar y a la comodidad (Deuteronomio 28:56). No ha sido entrenada para enfrentar dificultades, por lo que tendrá menos capacidad para responder al ataque o soportar el sufrimiento con paciencia. Cuanto más nos acostumbramos a vivir rodeados de comodidades, menos preparados estamos para los problemas.
La hija de Babilonia, es decir, el ejército caldeo, aparece representada como pastores y sus rebaños. Llegan en grandes cantidades y en buen orden, con los soldados siguiendo a sus líderes como las ovejas siguen al pastor. Algunos entienden aquí que la hija de Sion representa a quienes viven seguros en su hogar y esperan recibir amor, pero en lugar de eso son invadidos con violencia. Otra interpretación sugiere que Judá es como una tierra de pastos agradables que invita a los pastores a llevar allí sus rebaños. Así como los pastores pueden apoderarse fácilmente de un terreno abierto de pastoreo y dejarlo completamente desnudo, los caldeos entrarán fácilmente en Judá, tomarán lo que quieran y consumirán todo rápidamente.
Dios mismo les da esta comisión. Él dice: «Prepárense para hacer guerra contra ella», porque es el Señor de los ejércitos, el Dios que dirige a todos los ejércitos. También dice: «Corten los árboles y levanten un terraplén contra Jerusalén». Los caldeos pueden tener gran poder contra Judá y Jerusalén, pero no tienen ningún poder que Dios no les permita ejercer. Él ha señalado a Jerusalén para la destrucción y ha fijado el momento de su castigo. Se acerca el día en que quienes viven descuidadamente en el pecado ciertamente enfrentarán la justicia de Dios.
El enemigo también se anima mutuamente a cumplir el propósito de Dios. Puesto que Dios ha decidido actuar contra Jerusalén y su propósito no puede cambiarse, incluso los consejos de guerra de los enemigos terminan ajustándose a su plan. Cuando Dios dice: «Prepárense para hacer guerra contra ella», las decisiones de ellos sirven a su voluntad. A pesar de la distancia y de las dificultades que enfrentarán, rápidamente se ponen de acuerdo: «Vayamos». Es bueno observar cómo el propósito de Dios se cumple por medio de los planes y las acciones humanas, incluso cuando quienes los llevan a cabo no lo conocen (Isaías 10:6-7).
En esta campaña, están ansiosos por avanzar con rapidez. En cuanto toman la decisión, actúan. No esperarán hasta mañana para hacer lo que pueden hacer hoy. «Subamos al mediodía», dicen, incluso con el calor del día. Después dicen: «Subamos de noche», aun en la oscuridad. Nada los detendrá, y están decididos a no perder tiempo. Se los representa preocupados porque el día está pasando mientras ellos siguen sin actuar. ¡Ojalá tuviéramos ese mismo empeño en nuestro trabajo y lucha espirituales, y fuéramos igual de cuidadosos de no desperdiciar ninguna oportunidad de avanzar hacia el reino de Dios! Es necio demorarse cuando hay que alcanzar la salvación eterna y luchar contra sus enemigos.
También esperan tener éxito. «Subamos y destruyamos sus palacios, y tomemos las riquezas que hay en ellos». No están ansiosos por cumplir el propósito de Dios, sino por llenar sus propios tesoros. Sin embargo, incluso mediante esa intención malvada, Dios sigue llevando a cabo su propio plan santo.
La razón de este juicio es la maldad de ellos. Se lo han provocado a sí mismos, y deben cargar tanto con el castigo como con la culpa. Han oprimido a otros, y ahora serán oprimidos. Han tratado con crueldad a los demás cada vez que tuvieron el poder para hacerlo, y ahora un enemigo vendrá y tratará con crueldad a todos ellos. Este pecado de opresión, violencia e injusticia se les atribuye como un pecado nacional. Por eso la ciudad será visitada y examinada, porque está llena de opresión por todas partes.
Personas de todos los niveles sociales oprimían a quienes estaban bajo su autoridad, desde el príncipe en el trono hasta el comerciante más humilde. A dondequiera que se mirara, había nuevos motivos de queja.
El profeta también habla del pecado como algo que se había vuelto natural para ellos, como dice Jeremías 6:7. Jerusalén derrama maldad de toda clase, llena de perversidad y daño, como una fuente deja salir sus aguas. El torrente es amargo y venenoso porque el manantial mismo está corrompido. El agua de una fuente sigue fluyendo y encuentra una salida incluso si alguien intenta detenerla. De la misma manera, el corazón humano corrompido, en su estado natural, sigue produciendo pensamientos y acciones malvados. Fluye constantemente y, aun así, nunca se seca.
El pecado también se había convertido en un hábito arraigado. En la ciudad se oían violencia y destrucción. El clamor provocado por ellas había llegado hasta Dios, como en otro tiempo llegó el clamor de Sodoma. Delante de él siempre había heridas y dolor: los gritos de personas perjudicadas en su cuerpo, en su corazón, en sus bienes o en su reputación. Esto nos recuerda que Dios, el Padre común de todos, ve esas injusticias, se indigna ante ellas y las castigará a su debido tiempo.
La advertencia que ahora se da a Jerusalén tiene el propósito de impedir que llegue ese juicio. «Jerusalén, acepta la corrección» (Jeremías 6:8). Recibe la enseñanza que ya te han dado por medio de la ley de Dios y de sus profetas, y finalmente adquiere sabiduría para tu propio bien. Ya sabían lo que se les había enseñado que debían hacer. No quedaba nada más que obedecer, porque sin obediencia no podían considerarse verdaderamente instruidos.
La razón de esta advertencia es seria: «Para que mi alma no se aparte de ti». Esto muestra con qué ternura Dios había cuidado de ellos. Su alma estaba unida a ellos, y solo el pecado podía romper ese vínculo. El Dios misericordioso tarda en abandonar incluso a un pueblo terco, y antes de que la situación llegue a ese punto, les ruega que se arrepientan y cambien su conducta. Pero la persona de quien se aparta el alma de Dios se encuentra en una condición terrible. Esto significa mucho más que perder las bendiciones externas. Significa perder los consuelos y favores que muestran el amor y la presencia especiales de Dios. Compárese con estas solemnes palabras: «Y si retrocede, no agradará a mi alma» (Hebreos 10:38).
Aquellos a quienes Dios abandona ciertamente quedan arruinados. Cuando el alma de Dios se apartó de Jerusalén, ella pronto quedó desolada y deshabitada (Mateo 23:38).
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De este capítulo
Jeremías 6:2
"He comparado a la hija de Sion con una mujer hermosa y delicada."
Jeremías 6:3
"Los pastores vendrán a ella con sus rebaños; levantarán sus tiendas contra ella alrededor, y cada uno apacentará en su lugar."
Jeremías 6:4
"Preparen la guerra contra ella; levántense y subamos al mediodía. ¡Ay de nosotros, porque el día se acaba y las sombras de la tarde se extienden!"
Jeremías 6:5
"Levántense y vayamos de noche; destruyamos sus palacios."
Jeremías 6:6
"Porque así ha dicho el Señor de los ejércitos: Corten árboles y levanten un terraplén contra Jerusalén. Esta es la ciudad que ha de ser visitada; en medio de ella todo es opresión."
Jeremías 6:7
"Como una fuente arroja sus aguas, así ella arroja su maldad. En ella se oyen violencia y despojo; continuamente hay ante mí dolor y heridas."
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