Versículo destacado
Jeremías 5:10 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Suban sobre sus murallas y destruyan, pero no acaben con ella por completo. Quiten sus almenas, porque no pertenecen al SEÑOR. "
Jeremías 5:10
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
8 Eran como caballos alimentados por la mañana; cada uno relinchaba tras la esposa de su prójimo.
9 «¿No he de castigarlos por estas cosas? —declara el SEÑOR—. ¿No se vengará mi alma de una nación como esta?»
10 Suban sobre sus murallas y destruyan, pero no acaben con ella por completo. Quiten sus almenas, porque no pertenecen al SEÑOR.
11 Porque la casa de Israel y la casa de Judá me han traicionado gravemente —declara el SEÑOR—.
12 Han mentido acerca del SEÑOR y han dicho: No es él. Ningún mal vendrá sobre nosotros, ni veremos espada ni hambre.
Explora estudios bíblicos guiados
Sesiones estructuradas con notas, preguntas y perspectivas del asesor
Las bienaventuranzas (microestudio de 5 días)
Un estudio breve sobre las bendiciones de Jesús y el camino del Reino.
Vista previa de la sesión 1:
Dichosos los humildes
6 min
Salmos de consuelo (microestudio de 5 días)
Sesiones breves y tranquilizadoras basadas en los Salmos.
Vista previa de la sesión 1:
El cuidado del Pastor
5 min
Crea una cuenta gratis para guardar notas, dar seguimiento a tu progreso y desbloquear todas las sesiones
Crear cuenta gratisComentario de Bible Guided
Aquí podemos notar el pecado de este pueblo, la razón por la que recibió sentencia de destrucción. Dios lo rechaza y lo entrega a la ruina en Jeremías 5:10, pero había una razón clara para ello. Como dice Jeremías 5:11, se habían apartado de la ley de Dios. La casa de Israel y la casa de Judá, aunque a menudo estaban enfrentadas entre sí, habían actuado con gran infidelidad contra Dios. Abandonaron su adoración, quebrantaron el pacto que tenían con él, se apartaron de su presencia y vivieron delante de él como hipócritas.
También se burlaron de los juicios de Dios y llamaron mentiras a sus advertencias, como dice Jeremías 5:12-13. Una y otra vez se les advirtió que vendría la calamidad, que la espada o el hambre los herirían. Aun así, se sentían seguros y decían: «Tendremos paz, aunque sigamos por este camino». No temían a Dios por lo que él es. Lo negaban y se rebelaban incluso contra la luz de la naturaleza, diciendo: «Él no existe», es decir: «No es como nos han dicho. No ve, no le importa o no nos pedirá cuentas. Por eso no nos ocurrirá ningún mal». Muchas personas terminan en ruina porque se dejan convencer de que Dios no será tan estricto como dice su palabra. Esa fue la primera mentira de Satanás: «No morirán» (Génesis 3:4). Las falsas esperanzas de escapar del castigo son uno de los principales apoyos del pecado.
Tampoco temían lo que Dios había dicho. Los profetas les advertían con claridad, pero ellos lo desechaban como si fueran solo palabras. Trataban el mensaje como algo que los profetas decían por costumbre, por tristeza o por enojo contra la nación. Los pecadores no quieren admitir que algo es verdaderamente palabra de Dios cuando condena su pecado o perturba la tranquilidad con la que viven en él. Incluso amenazaron a los profetas, diciendo que desaparecerían como el viento y que a ellos debía sucederles lo mismo. Si los profetas los asustaban con el hambre, respondían que los profetas sufrieran hambre. Si advertían sobre la espada, deseaban que los profetas murieran por la espada. De esta manera, al burlarse de los mensajeros de Dios y maltratarlos, colmaron la medida de su culpa.
Entonces llega el castigo por ese pecado. Las advertencias de las que se burlaron se cumplirán, como dice Jeremías 5:14. Como hablaron con desprecio de los profetas y de su mensaje, Dios honrará tanto a los profetas como a sus palabras. Ni una sola palabra fallará. Dios se dirige a Jeremías, quien había sido ridiculizado y quizá se había sentido herido por ello, y le dice: «Haré que mis palabras en tu boca sean como fuego». Aunque la gente niegue el mensaje, Dios lo reconoce como suyo y hará que cumpla su propósito con la misma certeza con que el fuego quema la madera seca. La palabra será fuego y el pueblo será leña. Por medio del pecado, las personas se convierten en combustible para la ira de Dios, que se revela contra toda impiedad e injusticia. La palabra de Dios siempre será más fuerte que quienes luchan contra ella. Los que no se inclinan ante ella terminarán quebrantados.
También vendría sobre ellos el enemigo que creían no tener nada que temer. Dios da la orden en Jeremías 5:10: «Suban sobre sus murallas y destruyan». Las murallas de piedra no pueden resistir una orden divina. Una vez que el enemigo tome las murallas, podrá destruir a voluntad. Dios dice que pueden derribar las almenas y dejar abiertas las ciudades fortificadas, porque esas defensas no le pertenecen al SEÑOR. No fueron edificadas en temor de él ni en confianza en él. El pueblo confiaba más en sus murallas que en Dios; por eso Dios no las reconocería como propias ni las protegería. Cuando una ciudad está llena de pecado, Dios no sostiene sus defensas, y entonces se vuelven tan débiles como el papel. Ninguna defensa puede protegernos si Dios, que es nuestra defensa y el protector de todas nuestras defensas, se ha apartado de nosotros.
Dios dice: «Haré venir contra ustedes una nación, casa de Israel» (Jeremías 5:15). Todas las naciones están bajo su autoridad y él las usa como quiere. A veces envía naciones paganas como castigo sobre Israel cuando Israel se ha convertido en un pueblo hipócrita. Aquí se describe a los caldeos como una nación lejana, traída desde una gran distancia para que se lleve más botín y permanezca más tiempo. Era una nación con la que el pueblo no había tenido trato antes, así que no podía esperar misericordia de ella. Dios puede traer problemas desde lugares y por causas que parecen muy lejanas. Era una nación poderosa y antigua, orgullosa de su fuerza y de su antigüedad. Además, hablaba un idioma que el pueblo no entendía, lo que dificultaría las conversaciones de paz, como ocurrió en (2 Reyes 18:26). Esto también coincide con la advertencia de (Deuteronomio 28:49), mostrando que la ley y los profetas concuerdan perfectamente.
Eran un pueblo bien armado. «Su aljaba es como un sepulcro abierto», porque sus flechas llevaban muerte y destrucción adondequiera que iban. Eran hombres fuertes y capaces, completamente preparados para la guerra (Jeremías 5:16). Después de conquistar la tierra, devorarían todo lo que encontraran y tomarían para sí cuanto pudieran arrebatar (Jeremías 5:17). No se llevarían solamente el alimento necesario, sino que dejarían la tierra completamente despojada y llenarían a sus soldados con los ricos productos de aquel país fértil. Consumirían las cosechas del campo y el pan de las casas, el alimento que debían comer los hijos y las hijas del pueblo. Es un consuelo ver a nuestros hijos alimentarse con el fruto del trabajo que hemos realizado para ellos. Es un dolor amargo ver que, en cambio, extraños y enemigos consumen ese fruto mientras los seres queridos padecen necesidad. Esto también corresponde a la maldición de la ley (Deuteronomio 28:33).
«Se comerán sus rebaños y su ganado», los mismos animales de los que habían tomado sacrificios para sus ídolos. «No les dejarán fruto de sus viñas ni de sus higueras». También dejarían hambrientas a las ciudades. «Empobrecerán sus ciudades fortificadas», y no habría defensa contra la pobreza cuando llegara como un hombre armado. Esas eran las ciudades en las que confiaban para proteger el campo. Es justo que Dios quite las riquezas de aquello en lo que ponemos nuestra confianza. La espada cortaría los suministros, bloquearía el comercio y paralizaría las actividades comerciales; incluso las ciudades fortificadas quedarían en la pobreza.
Sin embargo, aquí también se muestra una tierna misericordia. Al enemigo se le da poder para destruir y devastar, pero no para acabar por completo con el pueblo, como dice Jeremías 5:10. Aunque mataría a muchos, algunos tendrían que quedar con vida. Aunque saquearía mucho, algo tendría que permanecer para que los sobrevivientes pudieran vivir. Dios ya había dicho: «No acabaré por completo con ustedes» (Jeremías 5:18), y esa promesa establece un límite firme para la ruina presente. Si Dios no permite una destrucción completa, el enemigo no puede provocarla. Dios conserva misericordia para su pueblo y por eso pone límites a este juicio. Llegará hasta cierto punto, pero no más allá.
Dios también se muestra justo en todo esto. Así como será reconocido como misericordioso por no destruirlos por completo, también será reconocido como justo por llevarlos tan cerca de la ruina; debe quedar claro que no les ha hecho ninguna injusticia (Jeremías 5:19). El pueblo preguntará con orgullo y acusación: «¿Por qué el SEÑOR nuestro Dios nos hace todo esto? ¿Qué hemos hecho para merecerlo? ¿Qué tiene contra nosotros?». Parecerá que un pueblo tan pecador necesitara investigar la causa. Los corazones endurecidos se apresuran a acusar a Dios de ser injusto en medio de sus dificultades y actúan como si fuera difícil encontrar la razón de su sufrimiento, aunque esta sea evidente.
El profeta debe responderles de inmediato. Dios demostrará que tiene razón cuando habla, incluso cuando sus palabras estén llenas de advertencias aterradoras. Jeremías debe decirles que Dios actúa contra ellos por lo que ellos han hecho contra él, y que pueden reconocer su pecado en el castigo, si están dispuestos a hacerlo. Saben que abandonaron a Dios; por eso no deberían sorprenderse de que él los haya abandonado. Habían servido a otros dioses en su propia tierra, la buena tierra que Dios les había dado, y en medio de la abundancia de esa tierra debían haberle servido con alegría. Por tanto, era justo que Dios los hiciera servir a extraños en una tierra extranjera, donde nada les pertenecería, tal como había advertido en Deuteronomio 28:47-48. Quienes tanto deseaban seguir a los extraños serían entregados a los extraños.
Cómo puede ayudarte tu IA cristiana
Explora las Escrituras y la vida desde una perspectiva cristiana
Estudio bíblico
Orientación para la vida
Apoyo en la oración
Sabiduría diaria
Haz 3 preguntas gratis cada semana. No necesitas tarjeta de crédito. Ver planes
De este capítulo
Jeremías 5:1
"Recorran las calles de Jerusalén de un lado a otro; miren ahora, averigüen y busquen en sus plazas si pueden encontrar a un hombre, si hay alguno que haga justicia y busque la verdad; entonces la perdonaré."
Jeremías 5:2
"Aunque dicen: «Vive el SEÑOR», ciertamente juran en falso."
Jeremías 5:3
"Oh SEÑOR, ¿no están tus ojos puestos en la verdad? Los golpeaste, pero no sintieron dolor; los consumiste, pero se negaron a recibir corrección. Endurecieron sus rostros más que una roca; se negaron a volver."
Jeremías 5:4
"Por eso dije: Sin duda estos son pobres; son insensatos, porque no conocen el camino del SEÑOR ni el juicio de su Dios."
Jeremías 5:5
"Iré a los grandes y hablaré con ellos, porque ellos conocen el camino del SEÑOR y el juicio de su Dios. Pero ellos por completo quebraron el yugo y rompieron las ataduras."
Jeremías 5:6
"Por eso un león del bosque los matará, un lobo de los atardeceres los asolará y un leopardo vigilará sus ciudades. Todo el que salga de allí será despedazado, porque sus transgresiones son muchas y sus rebeliones han aumentado."
Oración diaria
Recibe por correo electrónico una reflexión bíblica diaria
Comienza cada mañana con un versículo, una oración y un siguiente paso sencillo.
Aviso importante: Esta guía bíblica no sustituye la atención profesional de salud mental. Si estás experimentando síntomas de una crisis, comunícate con la Línea 988 de Prevención del Suicidio y Crisis o busca ayuda profesional inmediata.
Bible Guided ofrece orientación basada en la fe y debe complementar, no reemplazar, el apoyo terapéutico profesional.