Versículo destacado
Jeremías 31:18 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Ciertamente he oído a Efraín lamentándose por sí mismo de esta manera: «Tú me disciplinaste, y fui disciplinado como un novillo no acostumbrado al yugo. Hazme volver, y volveré, porque tú eres el SEÑOR mi Dios». "
Jeremías 31:18
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
16 Así dice el SEÑOR: Reprime tu voz del llanto y tus ojos de las lágrimas, porque tu trabajo será recompensado, dice el SEÑOR, y ellos volverán de la tierra del enemigo.
17 Hay esperanza en tu fin, dice el SEÑOR: tus hijos volverán a su propio territorio.
18 Ciertamente he oído a Efraín lamentándose por sí mismo de esta manera: «Tú me disciplinaste, y fui disciplinado como un novillo no acostumbrado al yugo. Hazme volver, y volveré, porque tú eres el SEÑOR mi Dios».
19 Ciertamente, después de que fui vuelto, me arrepentí; y después de que fui instruido, me golpeé el muslo. Me avergoncé y hasta quedé confundido, porque cargué con la deshonra de mi juventud.
20 ¿Es Efraín mi hijo querido? ¿Es un niño agradable? Porque desde que hablé contra él, todavía lo recuerdo intensamente. Por eso mis entrañas se conmueven por él; ciertamente tendré misericordia de él, dice el SEÑOR.
Explora estudios bíblicos guiados
Sesiones estructuradas con notas, preguntas y perspectivas del asesor
Las bienaventuranzas (microestudio de 5 días)
Un estudio breve sobre las bendiciones de Jesús y el camino del Reino.
Vista previa de la sesión 1:
Dichosos los humildes
6 min
Salmos de consuelo (microestudio de 5 días)
Sesiones breves y tranquilizadoras basadas en los Salmos.
Vista previa de la sesión 1:
El cuidado del Pastor
5 min
Crea una cuenta gratis para guardar notas, dar seguimiento a tu progreso y desbloquear todas las sesiones
Crear cuenta gratisComentario de Bible Guided
Aquí vemos el arrepentimiento de Efraín y su regreso a Dios. No solo Judá, sino también Efraín, es decir, las diez tribus, serán restaurados, y se preparan para ello mediante un arrepentimiento genuino (Oseas 14:8). Efraín dice: «¿Qué tengo que ver todavía con los ídolos?». El pueblo de Efraín se presenta como una sola persona para mostrar su unidad. Se arrepentirán juntos, con un mismo sentir y una misma voz, y todos honrarán a Dios.
Esta manera de hablar también se aplica a cada persona que se arrepiente, porque el pasaje busca guiarla y animarla. Aquí se presenta a Efraín llorando por su pecado. Esto puede relacionarse con el antepasado de quien la tribu tomó su nombre, un hombre de sentimientos tiernos que lloró durante muchos días por sus hijos (1 Crónicas 7:21-22). El dolor por el pecado se compara con el duelo por un hijo único.
Al principio, la persona arrepentida aparece afligida por sí misma y por los problemas que su pecado le ha causado. El verdadero arrepentimiento produce esto. También se culpa a sí misma y pone sobre sus propios hombros el peso de su culpa, reconociéndose como una gran pecadora. En especial, se acusa del pecado que su conciencia le señala en ese momento: su impaciencia bajo la corrección. Dice: «Tú me disciplinaste, y fui disciplinado». Reconoce que la disciplina era merecida, como la de un novillo que nunca sentiría el aguijón si antes no se resistiera al yugo.
Quienes se arrepienten de verdad ven sus dificultades como la disciplina amorosa de un padre. Pueden decir: «Tú me disciplinaste, y fui disciplinado», es decir: «Fue bueno que me corrigieras; de otro modo habría terminado en ruina. Lo hiciste para mi bien, aunque yo me resistí». O quizá estas palabras significan que la persona no comprendió realmente la lección de su sufrimiento. Estaba bajo la disciplina, pero esta no llegó más profundo. Era como un novillo no acostumbrado al yugo: terco, difícil de manejar y empeñado en patear contra la restricción, como un toro salvaje atrapado en una red (Isaías 51:20).
Este es el pecado que ahora reconoce en sí mismo, pero en el versículo siguiente mira más atrás, hacia los pecados de su juventud. Cuando se descubre un pecado, eso debería llevarnos a examinar otros más. Efraín recuerda la vergüenza de su juventud. Como pueblo, también recuerda los fracasos de sus antepasados cuando comenzó a existir como nación. Lo mismo sucede con cada persona. El pecado de nuestra juventud fue nuestra vergüenza en aquellos años, y con frecuencia deberíamos recordarlo con tristeza y vergüenza.
También está enojado consigo mismo, con un enojo santo contra su propio pecado y su necedad. Se golpea el muslo, como el recaudador de impuestos se golpeó el pecho. Está sorprendido de sí mismo, de su terquedad y de su conducta obstinada. Siente vergüenza, incluso humillación, y no puede levantar la mirada con confianza hacia Dios ni pensar cómodamente en sí mismo.
También se encomienda a la misericordia y la gracia de Dios. Reconoce que tiende a alejarse de Dios y que no puede mantenerse cerca de él con sus propias fuerzas. Mucho menos puede regresar por sí mismo después de rebelarse. Por eso ora: «Hazme volver, y volveré». Esto significa que, si Dios no lo hace volver por su gracia, seguirá vagando para siempre. Muestra un profundo deseo de recibir la gracia que transforma, confianza en esa gracia y seguridad de que será suficiente para sostenerlo durante cada paso difícil de su regreso a Dios. Véase Jeremías 17:14: «Sáname, y seré sanado». Dios obra con poder y puede hacer que quien no quiere llegue a querer. Si él se hace cargo de la conversión de una persona, esa persona será convertida.
También se alegra por lo que ya ha experimentado de la gracia de Dios: «Después de que me hiciste volver, me arrepentí». Todos los movimientos buenos de nuestro corazón hacia Dios son resultado de la obra poderosa de Dios en nosotros. Observemos que fue hecho volver y que fue instruido. Su voluntad se inclinó hacia la voluntad de Dios mediante una comprensión verdadera de la verdad divina. Por lo general, Dios convierte a las personas al abrirles la mente, y después de eso viene todo lo bueno. «Después de que me enseñaste, me rendí». Se golpeó el muslo. Cuando los pecadores llegan a conocer correctamente la verdad, entran en el camino correcto.
Efraín fue disciplinado, pero eso por sí solo no produjo el cambio necesario. La disciplina no llegó más lejos: fue castigado, y nada más. Pero cuando la enseñanza del Espíritu Santo acompañó la disciplina de Dios, entonces la obra quedó hecha. Efraín se golpeó el muslo y fue tan humillado por su pecado que ya no quiso tener nada más que ver con él.
Ahora vemos la compasión de Dios hacia Efraín y la tierna bienvenida que recibe de parte de Dios. Dios lo reconoce como un hijo y como un hijo pródigo. «¿No es Efraín mi hijo querido? ¿No es un hijo agradable?». Cuando Efraín llora por sí mismo, Dios también llora por él, como una madre que consuela a su hijo aun después de corregirlo (Isaías 66:13). «¿No es este Efraín mi hijo querido? ¿No es este el hijo agradable? ¿No es él quien está tan triste y se queja con tanta amargura?». Es como las palabras de Saúl a David: «¿Es esa tu voz, hijo mío David?» (1 Samuel 26:17). O quizá pueden entenderse así: «¿Acaso no es Efraín mi hijo querido? ¿Acaso no es un hijo agradable?». Sí, ahora lo es. Ahora se arrepiente y regresa.
Quienes han sido desobedientes y se han apartado de Dios, si regresan y se arrepienten de verdad, serán recibidos por Dios como hijos queridos y agradables, incluso después de haber estado bajo la vara. Efraín se había humillado, y ahora Dios lo sana. Efraín se había rebajado, y ahora Dios lo honra. Es como el hijo pródigo que regresó pensando que ya no era digno de ser llamado hijo, pero recibió el mejor vestido y un anillo en la mano.
Dios también le muestra una tierna compasión: «Desde que hablé contra él», por medio de las advertencias de su palabra y las reprensiones de su providencia, «todavía lo recuerdo con afecto. Mis pensamientos hacia él son pensamientos de paz». Incluso cuando Dios aflige a su pueblo, no lo olvida. Cuando lo expulsa de su tierra, no lo expulsa de su vista ni de su pensamiento. Aun cuando Dios habla contra nosotros, sigue obrando a nuestro favor y planeando nuestro bien en todas las cosas. Ese es nuestro consuelo en medio de la aflicción: el Señor piensa en nosotros, incluso cuando nosotros lo hemos olvidado.
«Todavía lo recuerdo», y por eso mi corazón se conmueve por él, como el corazón de José anhelaba a sus hermanos aun cuando les hablaba con dureza. Cuando las dificultades de Israel lo llevaron a una confesión humilde y a someterse, se dijo que el alma de Dios se afligió por la desgracia de Israel (Jueces 10:16), porque Dios siempre disciplina con gran ternura. La compasión de Dios suavizó el castigo de Efraín: «Mi corazón se conmueve dentro de mí» (Oseas 11:8-9). Y ahora esa misma compasión recibe el arrepentimiento de Efraín.
Efraín había suplicado: «Tú eres el SEÑOR mi Dios; por eso volveré a ti y dependeré de tu misericordia y tu gracia» (Jeremías 31:18). Dios muestra que esta era una buena súplica y que recibiría respuesta, porque demuestra que él es Dios y no simplemente un ser humano, y que verdaderamente es el Dios de Efraín. Entonces hace esta promesa: «Ciertamente tendré misericordia de él», dice el SEÑOR. Dios siempre tiene lista su misericordia: una misericordia abundante, segura y apropiada para todos los que lo buscan sinceramente y se someten a él. Y cuanto más nos humilla el pecado, mejor preparados estamos para recibir el consuelo de esa misericordia.
Después, Dios les da llamados llenos de ternura y palabras de ánimo a su pueblo en Babilonia, para que se preparen para regresar a su propia tierra. No deben desanimarse ni perder el tiempo. Más bien, deben concentrarse firmemente en el viaje y prepararse para salir (Jeremías 31:21-22). Deben pensar únicamente en regresar a la tierra de la que fueron expulsados. «Regresa, virgen de Israel», dice Dios, llamándola un pueblo que será llevado de vuelta y unido nuevamente a su Dios. «Regresa a estas, tus ciudades». Aunque las ciudades estaban en ruinas, seguían siendo sus ciudades, las que Dios les había dado. Por eso debían permanecer en Babilonia solo hasta recibir permiso para regresar a Sion.
También deben regresar por el mismo camino que habían tomado antes, para que el recuerdo de los sufrimientos pasados los haga agradecidos por la liberación. Los lugares donde antes los alcanzaron las dificultades les recordarían, por la memoria de esos sitios, lo que habían sufrido. De la misma manera, quienes se han apartado de Dios y han entrado en la esclavitud del pecado deben regresar por el camino donde se desviaron. Deben volver a las responsabilidades que descuidaron y hacer nuevamente sus primeras obras. También deben dedicar toda su atención al viaje: «Pongan su corazón en el camino». Deben fijar la mente en él, comprender cuál es su deber y cuál es su verdadero bien, y luego avanzar de buena voluntad.
El camino de Babilonia a Sion, y de la esclavitud del pecado a la gloriosa libertad de los hijos de Dios, es una carretera. Es recto, claro, seguro y muy transitado (Isaías 35:8). Sin embargo, es poco probable que alguien lo recorra si no dirige su corazón hacia él. También debe prepararse para el viaje con toda la ayuda necesaria: «Pongan señales en el camino y coloquen postes indicadores». Deben marcar la ruta en todos los lugares donde alguien podría desviarse, especialmente siguiendo el ejemplo de quienes mejor conocen el camino y van adelante. También deben afirmarse para el trayecto: «¿Hasta cuándo andarás errante, hija infiel?». Sus pensamientos no deben seguir vacilando. No deben quedar divididos por el temor ni dispersos por la preocupación. Deben dejar de buscar inquietamente la ayuda humana, pues eso había sido parte de su extravío de Dios. En cambio, deben entregarse por completo a Dios y afirmar su mente en él.
Dios los fortalece aún más al prometer que hará «algo nuevo» en la tierra, algo extraño y sorprendente: «Una mujer rodeará a un hombre». Esto puede referirse a la iglesia de Dios, débil e incapaz de guerrear como una mujer, pero capaz de rodear, acorralar y vencer a un hombre poderoso. La Escritura presenta con frecuencia a la iglesia como una mujer (Apocalipsis 12:1). Así, mientras los enemigos rodean el campamento de los santos (Apocalipsis 20:9), aquí el campamento de los santos rodeará a sus enemigos.
Muchos buenos intérpretes entienden que este «algo nuevo» se refiere a la encarnación de Cristo, es decir, a que el Hijo de Dios asumió la naturaleza humana. Dios tenía presente ese gran acontecimiento mientras hacía volver a su pueblo a aquella tierra, y en ocasiones ya lo había dado como señal (Isaías 7:14; Isaías 9:6). Una mujer, la virgen María, llevó en su vientre al Poderoso, pues ese es el sentido de la palabra que se usa aquí. A Dios se le llama el Dios poderoso (Jeremías 32:18), y Cristo también recibe ese título en la profecía de Isaías (Isaías 9:6), donde se anuncia su encarnación. Él es El Gibbor, el Dios poderoso. Esto les aseguraría que Dios no rechazaría a ese pueblo, porque aquella bendición se encontraría entre ellos (Isaías 65:8).
Luego el profeta presenta una imagen consoladora de la vida establecida de ellos en su propia tierra. Tendrán el respeto y la buena voluntad de sus vecinos, quienes hablarán bien de ellos y pedirán bendiciones sobre ellos (Jeremías 31:23). «Una vez más», aunque Judá y Jerusalén habían sido durante mucho tiempo motivo de espanto y burla, la gente dirá: «El Señor te bendiga, morada de justicia y monte de santidad». Esto muestra que regresarán transformados y mejorados. Su reforma será tan evidente que todos a su alrededor la notarán. Las ciudades que antes parecían guaridas de ladrones se convertirán en lugares de justicia, y el monte de Israel, especialmente Sion, será un monte de santidad. La justicia hacia las personas y la santidad delante de Dios deben ir juntas. Dios ha unido la piedad y la honestidad, y nadie debe intentar separarlas ni usar una para encubrir la falta de la otra. Es una buena señal cuando un pueblo sale del sufrimiento purificado de esta manera, y esto apunta hacia una felicidad aún mayor. También podemos orar con confianza pidiendo la bendición de Dios sobre los hogares donde reina la justicia y sobre las ciudades y las tierras que son montes de santidad. Allí el Señor ciertamente ordenará su bendición.
También habrá una gran abundancia de cosas buenas entre ellos (Jeremías 31:24, 25). En Judá, incluso después de una larga ruina, volverá a haber agricultores y pastores, dos oficios antiguos y honorables, como los de Caín y Abel (Génesis 4:2). Es una dicha vivir en un lugar de justicia y santidad. Los agricultores y los pastores disfrutarán del fruto de su trabajo, porque Dios dice: «He satisfecho al alma cansada y he saciado al alma afligida». Quienes regresen agotados del viaje y después de mucho tiempo de tristeza en el cautiverio disfrutarán ahora de abundancia. Esto también apunta a los dones espirituales que Dios reserva para todos los verdaderamente arrepentidos, para todos los que son justos y santos. Ellos quedarán plenamente satisfechos con la gracia y el consuelo divinos. En el amor y el favor de Dios, el alma cansada encontrará descanso, y el alma afligida encontrará alegría.
Luego el profeta nos cuenta qué gozo le produjo esta visión (Jeremías 31:26). Las visiones anteriores que Dios le había mostrado acerca del sufrimiento de Judá y Jerusalén habían sido profundamente dolorosas, como se ve en Jeremías 4:19. Pero estas escenas esperanzadoras, aunque todavía estaban muy lejanas, le resultaron agradables. «En esto desperté», dice, vencido por una alegría que rompió el poder del sueño. Al mirar de nuevo su sueño, descubrió que su descanso se había vuelto dulce. Se sintió renovado, como después de una noche de sueño tranquilo. Quienes se acuestan y se levantan bajo el favor de Dios y en comunión con él pueden dormir verdaderamente en paz.
No hay en este mundo una visión más agradable para las personas buenas, y especialmente para los ministros fieles, que ver prosperar a la iglesia de Dios. Nada puede darnos mayor alegría que ver el bienestar de Jerusalén todos nuestros días y la paz sobre Israel.
Cómo puede ayudarte tu IA cristiana
Explora las Escrituras y la vida desde una perspectiva cristiana
Estudio bíblico
Orientación para la vida
Apoyo en la oración
Sabiduría diaria
Haz 3 preguntas gratis cada semana. No necesitas tarjeta de crédito. Ver planes
De este capítulo
Jeremías 31:1
"En aquel mismo tiempo, dice el SEÑOR, yo seré el Dios de todas las familias de Israel, y ellas serán mi pueblo."
Jeremías 31:2
"Así dice el SEÑOR: El pueblo que quedó de la espada halló gracia en el desierto; Israel también, cuando fui a darle descanso."
Jeremías 31:3
"Desde tiempos antiguos se me apareció el SEÑOR y dijo: «Sí, te he amado con amor eterno; por eso te he atraído con amor bondadoso»."
Jeremías 31:4
"Volveré a edificarte, y serás edificada, virgen de Israel. Volverás a adornarte con tus panderos y saldrás a danzar con los que se alegran."
Jeremías 31:5
"Todavía plantarás viñas en los montes de Samaria; los que las planten, las plantarán y comerán de ellas como cosas comunes."
Jeremías 31:6
"Porque vendrá un día cuando los vigilantes sobre el monte de Efraín gritarán: «Levántense, y subamos a Sion, al SEÑOR nuestro Dios»."
Oración diaria
Recibe por correo electrónico una reflexión bíblica diaria
Comienza cada mañana con un versículo, una oración y un siguiente paso sencillo.
Aviso importante: Esta guía bíblica no sustituye la atención profesional de salud mental. Si estás experimentando síntomas de una crisis, comunícate con la Línea 988 de Prevención del Suicidio y Crisis o busca ayuda profesional inmediata.
Bible Guided ofrece orientación basada en la fe y debe complementar, no reemplazar, el apoyo terapéutico profesional.