Versículo destacado

Jeremías 16:14 - Significado y aplicación

Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy

Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante

" Por tanto, miren, vienen días, dice el SEÑOR, en que ya no se dirá: Vive el SEÑOR, que sacó a los hijos de Israel de la tierra de Egipto, "

Jeremías 16:14

menu_book El versículo en contexto

12 Y ustedes han hecho cosas peores que sus padres, pues cada uno sigue la imaginación de su malvado corazón para que no me escuchen.

13 Por tanto, los arrojaré de esta tierra a una tierra que ni ustedes ni sus padres conocen; y allí servirán a otros dioses día y noche, donde no les mostraré favor.

14 Por tanto, miren, vienen días, dice el SEÑOR, en que ya no se dirá: Vive el SEÑOR, que sacó a los hijos de Israel de la tierra de Egipto,

15 sino: Vive el SEÑOR, que sacó a los hijos de Israel de la tierra del norte y de todas las tierras adonde los había expulsado. Y los haré volver a la tierra que di a sus padres.

16 Miren, mandaré llamar a muchos pescadores, dice el SEÑOR, y ellos los pescarán. Después mandaré llamar a muchos cazadores, y ellos los cazarán, sacándolos de todo monte, de toda colina y de las grietas de las rocas.

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auto_stories Comentario de Bible Guided

En estos versículos se mezclan la misericordia y el juicio, y es difícil saber hacia cuál de los dos apunta cada frase. Aquí están tan estrechamente unidos, y parte de lo dicho se proyecta hasta los tiempos del evangelio. Dios ciertamente los juzgará por su idolatría, y deben esperarlo, porque el decreto ya ha sido emitido.

Dios ve todos sus pecados, incluso cuando los cometen en secreto y los esconden cuidadosamente. Él dice: «Mis ojos están sobre todos sus caminos» (Jeremías 16:17). Ellos no mantienen sus ojos puestos en Dios ni le muestran reverencia, pero él los está observando. Ningún pecado puede ocultarse de Dios, y ninguno será ignorado por él (Proverbios 5:21; Job 34:21; Salmo 90:8).

Dios está profundamente enojado, especialmente por la adoración que ellos ofrecen a los ídolos (Jeremías 16:18). Su conocimiento perfecto los declara culpables, y su justicia los condena. Él dice: «Les pagaré el doble por su pecado y su maldad», no el doble de lo que merecen, sino el doble de lo que esperan y el doble de lo que él había hecho antes. En otras palabras, los castigará abundantemente, después de que hayan abusado de su paciencia durante tanto tiempo.

El pecado que provoca especialmente el conflicto entre Dios y ellos es que han profanado su tierra con ídolos. No solo se han apartado de lo que le pertenecía a él como herencia suya, sino que también han contaminado la tierra donde él había escogido habitar con agrado. La han llenado de las cosas muertas e inmundas de sus falsos dioses. Los ídolos son como cadáveres detestables, y Dios los aborrece; por eso nosotros también debemos aborrecerlos. Es posible que también esté hablando de los sacrificios que ofrecían a esos ídolos, pues sus lugares altos estaban esparcidos por toda la tierra.

Dios también levantará a los instrumentos de su ira y los usará para expulsar al pueblo de su tierra, tal como lo ha dicho (Jeremías 16:16). Enviará a muchos pescadores y a muchos cazadores: el ejército caldeo, los conquistadores babilonios, que emplearán muchos métodos para atraparlos y destruirlos. Actuarán con astucia, como los pescadores, y con fuerza, como los cazadores. Dondequiera que se escondan, en colinas, montañas o lugares rocosos, serán encontrados y obligados a salir. Dios tiene muchas maneras de traer juicio sobre un pueblo que se niega a escuchar la advertencia de su palabra.

Su esclavitud en Babilonia será más dura y amarga que su esclavitud en Egipto. Sus capataces serán más crueles, y sus vidas serán mucho más miserables. Esto está implícito en la promesa de que su liberación de Babilonia sería más gloriosa y más bien recibida que su liberación de Egipto (Jeremías 16:14-15). En Egipto, su esclavitud llegó poco a poco; en Babilonia, llegaría de repente y acompañada de nuevos temores. En Egipto tenían Gosén, su propio lugar donde vivir; en Babilonia no tendrían un refugio semejante.

Estos juicios también les hablarán, y Dios será glorificado por medio de ellos. Cuando Dios corrige a su pueblo, le enseña. Por medio de esta vara les pregunta: «¿Acaso puede el ser humano hacerse dioses?» (Jeremías 16:20). ¿Puede alguien estar tan ciego como para pensar que un dios hecho con sus propias manos puede ayudarlo? ¿Volverán a ser tan insensatos como para fabricarse dioses que no son dioses, cuando ya tienen un Dios que los creó y que es el Dios verdadero y viviente?

Dios también se dará a conocer por medio de los juicios que ejecutará. Primero pagará por su culpa, y después demostrará que él es el SEÑOR, «esta vez» (Jeremías 16:21). Esto se refiere a un juicio final y completo, no simplemente a otra interrupción de su paz. Hará que conozcan su mano: su peso y su poder, hasta dónde alcanza y cuán profundamente puede herir. Aprenderán que su nombre es el SEÑOR, el Dios contra quien nadie puede contender, el Dios que hace que sus advertencias sean tan reales como sus promesas.

Sin embargo, aun aquí Dios tiene misericordia reservada para ellos. Estas palabras fueron dadas, en parte, para animar al profeta y a los pocos del pueblo que temblaban ante la palabra de Dios. Dios había dicho severamente que los enviaría a una tierra extranjera (Jeremías 16:13), pero después añade consuelo para que no se hundan en la desesperación. La misma mano que los dispersó algún día volverá a reunirlos (Jeremías 16:14-15).

Serán expulsados, pero no serán desechados. Serán traídos de regreso de la tierra del norte, el lugar de su cautiverio, donde estarán retenidos por una mano poderosa. También serán reunidos de todas las tierras adonde hayan sido desterrados, incluso de aquellos lugares donde parezcan perdidos entre la multitud. Dios los hará volver a su propia tierra y los establecerá allí. Así como las advertencias correspondían a lo escrito en la ley, esta promesa también corresponde a ella: «No los desecharé» (Levítico 26:44). «De allí el SEÑOR tu Dios te reunirá» (Deuteronomio 30:4).

Las palabras de Jeremías 16:16 también pueden entenderse como una promesa. Dios enviará a pescadores y cazadores —los medos y los persas— que encontrarán a los exiliados en los lugares donde hayan sido dispersados y los enviarán de regreso a su tierra. O quizá se refiera a Zorobabel y a otros de su propio pueblo, quienes los buscarían y los animarían a volver. También puede referirse a los instrumentos que el Espíritu de Dios usaría para despertar en ellos el deseo de regresar, pues al principio se mostrarían renuentes. Habían comenzado a establecerse en Babilonia, pero Dios los impulsaría a salir, como el águila agita su nido y revolotea sobre sus crías (Zacarías 2:7).

Su regreso de Babilonia sería, en algunos aspectos, aún más extraordinario que su liberación de Egipto. Ambas cosas serían obra del SEÑOR, y ambas serían maravillas ante los ojos de su pueblo. Las dos demostrarían que el SEÑOR vive, y ambas deberían recordarse para siempre, para honrarlo como el Dios viviente. Sin embargo, esta nueva misericordia sería tan sorprendente y tan bienvenida que casi haría que la liberación anterior se desvaneciera de la memoria.

Las nuevas misericordias deberían recordarnos las antiguas y movernos a agradecerle nuevamente a Dios por ellas. Aun así, muchas veces sentimos la tentación de pensar que el pasado fue mejor que el presente. Preguntamos: «¿Dónde están todas las maravillas que nuestros padres nos contaron?», como si el poder de Dios se hubiera debilitado o como si los días de milagros siempre hubieran sido mejores que los días en que Dios obra por medio de su cuidado cotidiano.

Por esa razón, esta liberación de Babilonia se presenta como algo mayor que la liberación de Egipto. Egipto fue una liberación realizada por la fuerza y el poder, pero Babilonia sería una liberación realizada por el Espíritu del SEÑOR de los Ejércitos (Zacarías 4:6). Mostraría más de la misericordia que perdona, porque el cautiverio en Babilonia llegaría de manera más evidente como castigo por el pecado que la esclavitud en Egipto. Por eso, el consuelo de Sion al ser traída de regreso de Babilonia es que su pecado ha sido perdonado (Isaías 40:2).

Dios muestra su gloria tanto en las misericordias que parecen ordinarias como en las que incluyen milagros. Debemos alabarlo por ambas. Y aunque no debemos olvidar lo que Dios hizo por nuestros padres, debemos darle gracias de manera especial por lo que hace por nosotros en nuestros propios días.

El regreso del cautiverio también traerá un verdadero cambio de corazón. Volverán sanados de su amor por los ídolos, y eso completará su liberación y la convertirá en una verdadera misericordia. Habían profanado su propia tierra con sus prácticas detestables (Jeremías 16:18). Pero después de haber sufrido por ello, volverán y se humillarán ante Dios (Jeremías 16:19-21).

Primero, reconocerán que solo su Dios es verdaderamente Dios, porque él es un Dios que basta para toda necesidad. Él es su fuerza para sostenerlos y consolarlos, su fortaleza para protegerlos y darles refugio, y su refugio en tiempos de angustia. La necesidad lleva a muchas personas hacia Dios después de que antes se mantenían alejadas de él. Quienes lo ignoraron en los días de comodidad se alegran de correr a él en el día de la angustia.

Segundo, serán impulsados a volver porque los gentiles, las naciones, vendrán a Dios desde los confines de la tierra. Los judíos, que por su idolatría se habían hecho semejantes a los gentiles, también volverán a él con arrepentimiento y obediencia, incluso desde los lugares lejanos donde fueron dispersados. El profeta se consuela con esta esperanza y estalla de alegría por lo que Dios le ha mostrado: «Oh SEÑOR, mi fuerza y mi fortaleza, ahora estoy en paz, porque me has mostrado que muchos vendrán a ti desde los confines de la tierra». Quienes han sido llevados a Dios no pueden evitar alegrarse cuando ven que otros también vienen a él.

Tercero, confesarán la necedad de sus antepasados. Es apropiado que los hijos digan esto cuando han sentido el dolor causado por los pecados de sus padres: «Nuestros padres heredaron no lo que esperaban, sino mentiras, vacío y cosas que no les produjeron ningún beneficio». Verán que sus padres fueron engañados por la adoración de los ídolos. Esta no les dio lo que prometía; entonces, ¿por qué volver a ella? Sería bueno que las decepciones que las personas encuentran en el pecado, y el daño que el pecado les causa, impidieran que otros siguieran el mismo camino.

En cuarto lugar, llegarán a abandonar la idolatría al reflexionar con claridad sobre la necedad del pecado. La reforma espiritual tiene más probabilidades de perdurar cuando nace de reconocer lo absurdo que es pecar. Se preguntarán si alguien podría ser tan insensato como para hacerse dioses a partir de su propia imaginación y de sus propias manos, cuando en realidad no son dioses. ¿Podría alguien estar tan ciego como para esperar ayuda o bendición de algo que no tiene divinidad alguna, excepto la que él mismo le atribuyó?

En quinto lugar, en todo esto honrarán a Dios. Demostrarán que comprenden tanto su mano en la providencia —es decir, su cuidado soberano sobre los acontecimientos— como su nombre revelado en la Palabra. Llegarán a conocer su nombre por medio de lo que hayan experimentado de su mano (Jeremías 16:21). Finalmente, después de rechazar toda la enseñanza de los profetas, serán llevados a conocer aquello que antes no quisieron aprender. Somos tan insensibles que nada menos que la poderosa gracia de Dios, conocida por medio de la experiencia, puede enseñarnos correctamente su nombre tal como él nos lo ha revelado.

El regreso del cautiverio también apuntará hacia la salvación mucho mayor que traerá el Mesías, cuando reúna en uno a los hijos de Dios que estaban dispersos. De ese modo, la liberación posterior brillará tanto más que la liberación de Egipto que casi hará que la anterior desaparezca de la vista. Algunos entienden que la mención de muchos pescadores y cazadores se refiere a los predicadores del evangelio, que son pescadores de hombres y reúnen a las personas en la red del evangelio, encontrándolas en cada monte y colina y llevándolas a salvo a Cristo. Entonces los gentiles acudieron a Dios desde los confines de la tierra y dejaron de adorar ídolos mudos para servir al Dios vivo.

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