Versículo destacado
Jeremías 11:18 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" El SEÑOR me lo hizo saber, y lo sé; entonces tú me mostraste sus acciones. "
Jeremías 11:18
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
16 El SEÑOR llamó tu nombre: Olivo verde, hermoso y de buen fruto. Al estruendo de un gran tumulto, encendió fuego sobre él, y sus ramas quedaron quebradas.
17 Porque el SEÑOR de los ejércitos, que te plantó, ha decretado un mal contra ti por el mal de la casa de Israel y de la casa de Judá, el cual ellos se hicieron a sí mismos para provocarme a ira al ofrecer incienso a Baal.
18 El SEÑOR me lo hizo saber, y lo sé; entonces tú me mostraste sus acciones.
19 Pero yo era como un cordero o un buey llevado al matadero, y no sabía que habían tramado planes contra mí, diciendo: Destruyamos el árbol con su fruto y cortémoslo de la tierra de los vivientes, para que su nombre no vuelva a ser recordado.
20 Pero tú, oh SEÑOR de los ejércitos, que juzgas con justicia y pruebas los riñones y el corazón, haz que yo vea tu venganza sobre ellos, porque a ti te he revelado mi causa.
Explora estudios bíblicos guiados
Sesiones estructuradas con notas, preguntas y perspectivas del asesor
Las bienaventuranzas (microestudio de 5 días)
Un estudio breve sobre las bendiciones de Jesús y el camino del Reino.
Vista previa de la sesión 1:
Dichosos los humildes
6 min
Salmos de consuelo (microestudio de 5 días)
Sesiones breves y tranquilizadoras basadas en los Salmos.
Vista previa de la sesión 1:
El cuidado del Pastor
5 min
Crea una cuenta gratis para guardar notas, dar seguimiento a tu progreso y desbloquear todas las sesiones
Crear cuenta gratisComentario de Bible Guided
Jeremías habla más de sus propios sufrimientos que Isaías, porque vivió en una época mucho más turbulenta. Aquí parece comenzar su aflicción, provocada por la gente de su propio pueblo, Anatot, una ciudad sacerdotal que, aun así, seguía siendo profundamente hostil. El odio que le tenían muestra cuán amarga puede ser la persecución, incluso entre personas que deberían haber sabido actuar mejor.
Conspiraron contra Jeremías y lo hicieron cuidadosamente. Decían: «Destruyamos el árbol con su fruto», un proverbio que significaba: «Acabemos por completo con él». Querían destruir tanto al profeta como a su mensaje: matarlo y arruinar su obra al mismo tiempo. Querían que su nombre fuera olvidado y que sus profecías quedaran sin efecto, pero su plan fracasó. Pensaban acabar con su vida, pero Jeremías sobrevivió a la mayoría de sus enemigos, y su memoria permanece como una bendición.
Al principio, Jeremías no sabía nada de la conspiración. Sus enemigos la ocultaron tan bien que él llegó a Anatot en paz, sin temor de que le hicieran daño, como un cordero llevado al matadero sin sospechar el peligro. Ninguno de sus amigos le advirtió, y ninguno de sus enemigos quiso ayudarlo. Pero el SEÑOR le reveló su plan, quizá por medio de un sueño, una visión o una fuerte advertencia interior, para que pudiera ponerse a salvo. Dios le mostró lo que estaban haciendo, y ese mismo descubrimiento hizo fracasar su propósito malvado.
Esto es otra prueba del cuidado de Dios por sus profetas. No permite que la gente les haga daño antes de que terminen su obra. Él conoce los planes secretos de sus enemigos y, cuando lo decide, puede hacer que salgan a la luz. Hasta las cosas ocultas pueden ser expuestas, porque aun la voz de un asunto escondido puede llegar a escucharse. Si Dios no le hubiera advertido a Jeremías, personas malvadas podrían haber usado su peligro en contra de su reputación, diciendo que el hombre que había anunciado la ruina de su nación ni siquiera pudo prever su propio peligro.
Entonces Jeremías acudió a Dios, el SEÑOR de los ejércitos, quien juzga con justicia. Cuando la gente nos trata injustamente, es un consuelo saber que podemos presentar nuestro caso ante Dios. Su justicia es terror para los malvados y refugio para quienes buscan hacer el bien. Jeremías también reconoció a Dios como quien prueba lo más profundo de la persona, el corazón y la mente. Dios conocía la inocencia de Jeremías y también conocía la maldad escondida en el corazón de sus enemigos, aunque ellos trataran de ocultarla cuidadosamente.
Jeremías oró: «Déjame ver tu venganza contra ellos», es decir: «Haz justicia entre nosotros de la manera que tú decidas». Algunos piensan que esto revela una debilidad humana del profeta, especialmente porque más adelante Cristo enseñó, tanto con sus palabras como con su ejemplo, a orar por quienes persiguen a sus seguidores. Otros creen que Jeremías habló movido por un celo santo por la gloria de Dios, porque aquellos hombres eran sacerdotes, ministros del SEÑOR, y aun así actuaban con una crueldad perversa. En cualquier caso, la oración también anticipaba el juicio que Dios traería sobre ellos.
Jeremías también entregó por completo su causa a Dios. Decir «a ti he expuesto mi causa» significa que puso el asunto delante de Dios y confió solamente en él. Esto es un consuelo para toda persona que ha sido agraviada, y también es nuestro deber. Debemos dejar la sentencia final en manos de Dios, someternos a su juicio y no tratar de imponerle las condiciones de cómo debe actuar.
Entonces Dios dictó sentencia contra los hombres de Anatot. Habría sido inútil que Jeremías apelara a los tribunales de Jerusalén, porque probablemente los sacerdotes de allí habrían apoyado a los sacerdotes de Anatot. Pero Dios mismo tomó el caso en sus manos, y su juicio siempre es verdadero. El crimen de ellos consistía en buscar la vida del profeta. Le habían prohibido profetizar bajo pena de muerte; querían silenciarlo o matarlo. Su ofensa no era solo contra Jeremías, sino contra Dios, porque se estaban resistiendo a su palabra.
La razón de su hostilidad era que Jeremías profetizaba en el nombre del SEÑOR sin su permiso y se negaba a decir únicamente las cosas agradables que ellos querían escuchar. Para los siervos fieles de Dios, es una injusticia grave que se les cierre la boca. Peor aún, aquellos hombres ya habían decidido que, si Jeremías seguía hablando, ellos mismos lo matarían. Se decía que un profeta solo podía morir en Jerusalén, donde se reunía el gran consejo, pero los hombres de Anatot estaban tan llenos de amargura que estaban dispuestos a matarlo por su propia cuenta. Con frecuencia, un profeta no encuentra honor ni acogida en su propia tierra.
La sentencia de Dios fue que los castigaría. Visitaría su pecado sobre ellos; es decir, examinaría su maldad y les daría la retribución que merecían. Dos de sus juicios severos destruirían su ciudad. La espada devoraría a sus jóvenes, aunque fueran sacerdotes jóvenes y no soldados; su llamado no los protegería. El hambre también acabaría con sus hijos, con los hijos y las hijas que permanecieran en sus casas, y esa muerte sería aún más amarga que la espada (Lamentaciones 4:9).
La destrucción sería completa (Jeremías 11:23). No quedaría nadie de entre ellos ni habría hijos que continuaran la siguiente generación. Ellos intentaron quitarle la vida a Jeremías, y por eso morirían. Querían arrancarlo por completo para que su nombre fuera olvidado. Por esa razón no quedaría ningún remanente, y el SEÑOR demostraría que su juicio era justo.
Así vendría sobre ellos la calamidad, el tiempo de su castigo, y ese castigo sería suficiente. Sería una retribución apropiada por lo que habían hecho. Entonces Jeremías vería cumplido su deseo respecto de sus enemigos. Es algo terrible para quienes tienen en su contra las oraciones de ministros fieles y de personas que viven en obediencia a Dios.
Cómo puede ayudarte tu IA cristiana
Explora las Escrituras y la vida desde una perspectiva cristiana
Estudio bíblico
Orientación para la vida
Apoyo en la oración
Sabiduría diaria
Haz 3 preguntas gratis cada semana. No necesitas tarjeta de crédito. Ver planes
De este capítulo
Jeremías 11:1
"La palabra que vino a Jeremías de parte del SEÑOR, diciendo:"
Jeremías 11:2
"Escuchen las palabras de este pacto y hablen a los hombres de Judá y a los habitantes de Jerusalén."
Jeremías 11:3
"Y diles: Así dice el SEÑOR, Dios de Israel: Maldito sea el hombre que no obedezca las palabras de este pacto,"
Jeremías 11:4
"que ordené a los antepasados de ustedes el día en que los saqué de la tierra de Egipto, del horno de hierro, diciendo: Obedezcan mi voz y cumplan estas palabras conforme a todo lo que les ordeno; así ustedes serán mi pueblo, y yo seré su Dios."
Jeremías 11:5
"Para que yo cumpla el juramento que hice a los antepasados de ustedes, de darles una tierra que fluye leche y miel, tal como sucede hoy. Entonces respondí: Así sea, oh SEÑOR."
Jeremías 11:6
"Entonces el SEÑOR me dijo: Proclama todas estas palabras en las ciudades de Judá y en las calles de Jerusalén, diciendo: Escuchen las palabras de este pacto y cúmplanlas."
Oración diaria
Recibe por correo electrónico una reflexión bíblica diaria
Comienza cada mañana con un versículo, una oración y un siguiente paso sencillo.
Aviso importante: Esta guía bíblica no sustituye la atención profesional de salud mental. Si estás experimentando síntomas de una crisis, comunícate con la Línea 988 de Prevención del Suicidio y Crisis o busca ayuda profesional inmediata.
Bible Guided ofrece orientación basada en la fe y debe complementar, no reemplazar, el apoyo terapéutico profesional.