Versículo destacado
Isaías 62:1 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Por amor a Sion no guardaré silencio, y por amor a Jerusalén no descansaré, hasta que su justicia salga como resplandor y su salvación como lámpara que arde. "
Isaías 62:1
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
1 Por amor a Sion no guardaré silencio, y por amor a Jerusalén no descansaré, hasta que su justicia salga como resplandor y su salvación como lámpara que arde.
2 Los gentiles verán tu justicia, y todos los reyes, tu gloria; y serás llamada por un nombre nuevo, que la boca del SEÑOR designará.
3 También serás una corona de gloria en la mano del SEÑOR y una diadema real en la mano de tu Dios.
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Aquí el profeta nos dice lo que hará por la iglesia. Un profeta, como vidente, también es portavoz. Isaías resuelve cumplir fielmente con ese oficio, como lo expresa este versículo. No guardará silencio ni descansará. Hará su trabajo, asumirá el esfuerzo que requiere y no buscará la comodidad. En esto es una figura de Cristo, quien llevó a cabo incansablemente la obra de profeta y perseveró hasta terminarla.
Observemos tres cosas acerca de la determinación del profeta. Primero, no guardará silencio. Seguirá predicando: no solo comunicará fielmente el mensaje que ha recibido del Señor, sino que también lo repetirá con frecuencia. Si las personas no reciben los mandamientos y las promesas la primera vez, volverá a presentárselos una y otra vez, línea por línea. También seguirá orando y no callará delante del trono de la gracia hasta obtener las misericordias prometidas. Los ministros de Cristo deben dedicarse a la oración y al ministerio de la palabra (Hechos 6:4). Deben perseverar en ambas cosas y nunca cansarse de hacer el bien.
Segundo, la razón de esta determinación es Sion y Jerusalén, no alguna ganancia personal. El profeta se preocupa por la iglesia porque la lleva cerca del corazón. Sin importar lo que suceda con su propia casa y familia, desea el bien de Jerusalén y se propone buscarlo durante toda su vida (Salmos 122:8-9; Salmos 118:5). Es la Sion de Dios y la Jerusalén de Dios, y eso la hace querida para él, porque es querida para Dios y porque la gloria de Dios está ligada a su prosperidad.
Tercero, seguirá perseverando hasta que se cumpla la promesa de la justicia y la salvación de la iglesia, dada en el capítulo anterior. Isaías mismo no viviría para ver la liberación de los cautivos de Babilonia, mucho menos la llegada del evangelio, en el que la gracia reina por medio de la justicia para vida y salvación. Sin embargo, no guardará silencio hasta que estas cosas lleguen a cumplirse plenamente. Sus profecías seguirán hablando de ellas, y en cada época habrá un remanente que continuará orando por su cumplimiento, como sus sucesores, hasta que las promesas se cumplan y las oraciones basadas en ellas sean contestadas. Entonces la justicia y la salvación de la iglesia resplandecerán como la luz y como una lámpara encendida. Llevarán en sí mismas su propia evidencia. Darán honor y consuelo a la iglesia, haciéndola agradable y gloriosa. También darán luz y dirección al mundo, no solo a los ojos, sino a los pies y a los caminos de quienes antes estaban sentados en tinieblas y en sombra de muerte.
El profeta solo puede orar y predicar, pero Dios confirmará la palabra y responderá las oraciones. La iglesia será grandemente admirada. Cuando se dé a conocer esa justicia, que es su salvación, su alabanza y su gloria, las naciones la verán. La noticia llegará hasta ellas, y se les ofrecerá participar de ella. Podrán ver esta justicia de tal manera que podrán recibirla, a menos que su propia culpa se los impida. Incluso los reyes verán su gloria y serán atraídos a amarla (Isaías 62:2). Dejarán de mirar el esplendor de sus propios palacios y reinos, y dirigirán su atención a la gloria espiritual de la iglesia, porque esta es superior a todo lo demás.
La iglesia también será verdaderamente admirable. Los grandes nombres hacen importantes a las personas ante el mundo, y de ellos se deriva un gran respeto. Pero el honor realmente proviene de quien lo otorga. Dios es la fuente del honor, y el honor de la iglesia viene de él. Ella será llamada por un nombre nuevo, un nombre agradable que nunca antes había tenido, ni siquiera en sus mejores días. Será lo contrario del nombre que tenía durante su tiempo de aflicción. Tendrá un carácter nuevo y una posición nueva, y quienes la rodean pensarán en ella de una manera diferente. Esto parece estar insinuado en la promesa de la piedra blanca con un nombre nuevo escrito en ella (Apocalipsis 2:17), y en el nombre de la ciudad de mi Dios y en el nombre nuevo de Cristo (Apocalipsis 3:12). Es un nombre que el Señor mismo le dará, y él no le pone un nombre equivocado a nada. También hará que otros la llamen por el nombre que le ha dado, porque su juicio es verdadero y al final será reconocido.
Dios le dará dos nombres. Primero, la llamará su corona. Ella será una corona de gloria en la mano del Señor, no sobre su cabeza, como si añadiera algo a su honor o poder, sino en su mano, es decir, bajo su cuidado y para mostrarla. A Dios le agrada considerar a su pueblo como una gloria y un adorno para sí mismo. Cuando lo tomó como su pueblo, fue para que fuera para él un nombre, una alabanza y una gloria (Jeremías 13:11). Él hará de ella una corona de gloria y una diadema real por medio de su buena mano sobre ella. Él será una corona de gloria para ella, y ella estará segura en su mano. El que le da gloria también creará una defensa alrededor de esa gloria, para que las flores de su corona nunca se marchiten ni sus joyas se pierdan (Isaías 28:5).
Segundo, la llamará su esposa (Isaías 62:4-5). Este es un honor aún mayor, especialmente considerando cuán bajo había caído. Su condición había sido profundamente triste. Durante el cautiverio fue llamada Desamparada, y su tierra, Desolada, como una mujer vergonzosamente divorciada o abandonada, o como una viuda sumida en el dolor. Esto representa la condición de la religión en el mundo antes de la predicación del evangelio, cuando, en cierto sentido, estaba abandonada y desolada, y a nadie le importaba realmente.
Ahora su condición será agradable, porque Dios regresará a ella con misericordia. En lugar de aquellos dos nombres vergonzosos, recibirá dos nombres honorables. Primero, será llamada Hefzibá, que significa «Mi deleite está en ella». Ese era el nombre de la esposa de Ezequías, la madre de Manasés (2 Reyes 21:1), y es un nombre apropiado para una esposa, quien debe ser el deleite de su esposo (Proverbios 5:19). Aquí, el Creador de la iglesia es su esposo. El Señor se deleita en ti. Por su gracia, Dios ha obrado en su iglesia aquello que la hace su deleite: la ha refinado, reformado y llevado de regreso a sí mismo. Luego, por su providencia, hace cosas que muestran que ella es su deleite y que él se complace en hacerle bien. Segundo, será llamada Beula, que significa «Casada», mientras que antes había sido Desolada, lo cual es lo opuesto a ser una esposa casada (Isaías 54:1).
«Tu tierra será casada»; es decir, volverá a ser fértil y se llenará de habitantes. Aunque durante mucho tiempo haya sido como una mujer estéril, una vez más será habitada y se convertirá en «madre gozosa de hijos» (Salmos 113:9). La tierra será «casada» porque volverá a pertenecer a quienes la cuidan y se deleitan en ella.
Primero, sus hijos se harán cargo con alegría de la tierra donde nacieron y buscarán su bienestar, algo que habían descuidado durante mucho tiempo porque pensaban que nunca volverían a disfrutarla. «Tus hijos se casarán contigo» significa que vivirán en ella y se deleitarán en ella. Mientras estaban en Babilonia, parecía que se habían vinculado a esa tierra, porque se les había dicho que se establecieran allí y procuraran su bienestar (Jeremías 29:5-7). Pero ahora regresarán a su propia tierra con el mismo amor que un joven siente por la virgen con la que se casa: un amor marcado por el deleite, el compromiso y la esperanza de una vida fructífera.
Es una buena señal para cualquier tierra que sus propios habitantes estén contentos con ella y la prefieran sobre otras. También es una buena señal cuando sus gobernantes se entregan a su país y están decididos a compartir su futuro. Un pueblo prospera cuando ama el lugar que Dios le ha dado y trabaja por su bienestar.
Mejor aún, su Dios se comprometerá con ella en justicia y fidelidad (Oseas 2:19-20). Esto significa que la tratará con amor fiel y justicia, y se relacionará con ella como algo que le pertenece. Se deleitará en su iglesia, como un novio se regocija por su novia. Se alegrará en su relación con ella y en el amor que ella le tiene, y descansará en ese amor (Sofonías 3:17).
También se deleitará en hacerle bien con todo su corazón y con toda su alma (Salmos 147:11; Jeremías 32:41). Esto encaja especialmente bien con el amor que Cristo tiene por su iglesia y con el gozo que encuentra en ella, algo que resplandece con tanta claridad en el Cantar de los Cantares y que llegará a su plenitud en el cielo.
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De este capítulo
Isaías 62:2
"Los gentiles verán tu justicia, y todos los reyes, tu gloria; y serás llamada por un nombre nuevo, que la boca del SEÑOR designará."
Isaías 62:3
"También serás una corona de gloria en la mano del SEÑOR y una diadema real en la mano de tu Dios."
Isaías 62:4
"Ya no serás llamada Desamparada, ni tu tierra será llamada Desolada; sino que tú serás llamada Hefzi-bá, y tu tierra, Beula; porque el SEÑOR se deleita en ti, y tu tierra será desposada."
Isaías 62:5
"Porque como un joven se casa con una virgen, así tus hijos se casarán contigo; y como el novio se alegra por la novia, así tu Dios se alegrará por ti."
Isaías 62:6
"Sobre tus murallas, Jerusalén, he puesto vigilantes que nunca guardarán silencio, ni de día ni de noche. Ustedes, los que hacen mención del SEÑOR, no guarden silencio,"
Isaías 62:7
"y no le den descanso hasta que establezca y hasta que haga de Jerusalén una alabanza en la tierra."
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