Versículo destacado
Isaías 21:11 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" La carga de Duma. Él me llama desde Seír: «Vigilante, ¿qué hay de la noche? Vigilante, ¿qué hay de la noche?». "
Isaías 21:11
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
9 Y miren, aquí viene un carro de hombres con una pareja de jinetes. Entonces respondió y dijo: «¡Ha caído, ha caído Babilonia! Y todas las imágenes talladas de sus dioses las ha destrozado contra el suelo».
10 ¡Oh, trilla mía y grano de mi era! Lo que he oído del SEÑOR de los ejércitos, Dios de Israel, se lo he declarado a ustedes.
11 La carga de Duma. Él me llama desde Seír: «Vigilante, ¿qué hay de la noche? Vigilante, ¿qué hay de la noche?».
12 El vigilante dijo: «Viene la mañana, y también la noche. Si quieren preguntar, pregunten; vuelvan, vengan».
13 La carga sobre Arabia. En el bosque de Arabia pasarán la noche, compañías viajeras de los dedanitas.
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Esta profecía acerca de Duma es muy breve, pero también oscura y difícil de entender. Algunos piensan que Duma era parte de Arabia y que sus habitantes descendían de Duma, el sexto hijo de Ismael, así como los habitantes de Cedar descendían del segundo hijo de Ismael (Isaías 21:16-17; Génesis 25:13-14). Otros creen que, puesto que aquí se menciona el monte Seír, Duma se refiere a Edom, la tierra de los edomitas.
Sin duda, aquí se habla de algunos de los vecinos de Israel y se anuncia el sufrimiento que les sobrevendría. Esto tenía el propósito de advertirles que se prepararan para lo que estaba por venir. También advertía a Israel que no dependiera de esas naciones ni de ninguna otra ayuda humana cuando llegara el peligro, sino únicamente de Dios. Necesitamos ver que todo apoyo humano falla y sentir cómo se desmorona bajo nosotros, para no apoyarnos en él más de lo que puede soportar. Aunque sea difícil rastrear en la historia el cumplimiento exacto de esta profecía, la enseñanza es clara.
Aquí encontramos una pregunta dirigida al vigilante. Alguien de Seír, más preocupado por la seguridad pública que los demás, llama. La mayoría del pueblo estaba despreocupada y tranquila, pero este hombre estaba inquieto y quería conocer la verdad. Así como el hombre de Macedonia le pidió a Pablo en una visión que fuera a ayudarlos (Hechos 16:9), este hombre del monte Seír le pide al profeta que les enseñe y les diga lo que está sucediendo.
Que uno o unos pocos hagan esta pregunta ya es motivo de gratitud, porque no todos eran indiferentes a la paz y la seguridad. Algunas personas de Seír buscan el consejo de los profetas de Dios y están dispuestas a aprender, mientras que muchos en Israel no prestan ninguna atención. La pregunta es seria: «¿Qué hay de la noche?». Se dirige a la persona indicada, al vigilante, porque ese es precisamente su trabajo. La repite para mostrar su preocupación y su deseo apremiante de recibir una respuesta.
Los profetas y ministros de Dios han sido establecidos como vigilantes, y debemos considerarlos de esa manera. Son como los vigilantes de una ciudad en tiempos de paz: se aseguran de que todo esté en orden, vigilan a la gente, orientan a quienes se han perdido y corrigen a quienes actúan desordenadamente (Cantares 3:3; 5:7). También son como los vigilantes de un campamento durante la guerra (Ezequiel 33:7). Deben observar los movimientos del enemigo, dar la alarma y hacer descubrimientos para el bien de los demás, aun cuando hacerlo les cueste personalmente.
También es nuestro deber preguntarles a los vigilantes, especialmente insistir una y otra vez: «¿Qué hay de la noche?». Los vigilantes permanecen despiertos mientras los demás duermen. Podemos preguntar: «¿Qué hora es de la noche?». Después de un largo sueño de pecado y descuido, ¿no es tiempo de levantarnos, y de hecho ya es hora de despertar del sueño (Romanos 13:11)? Tenemos mucho trabajo por hacer y un largo camino por delante. También podemos preguntar: «¿Qué noticias trae la noche? ¿Qué ha visto el profeta esta noche?». Estamos dispuestos a escucharlo. O podemos preguntar qué está sucediendo ahora, qué condiciones se presentan y qué noticias hay. Debemos esperar el peligro y nunca sentirnos seguros en nosotros mismos. El día del Señor vendrá como ladrón en la noche; por eso debemos estar preparados para la alarma, mantenernos firmes y tomar de inmediato nuestras armas espirituales.
La respuesta del vigilante muestra que no estaba dormido ni permanecía en silencio. Aunque quien lo llamó era un hombre del monte Seír, él estaba listo para responder. Dice: «Viene la mañana». Responde de dos maneras. Primero, anuncia lo que sucederá: vendrá una mañana de luz, paz y oportunidad. Tendrán un día más de tranquilidad, pero después llegará una noche de sufrimiento y desastre. En la providencia de Dios, la mañana y la noche suelen sucederse una a otra. Si es de noche, vendrá la mañana, y el amanecer sabe adónde ir (Salmo 30:5). Si es de día, también llegará la noche.
Por eso, si hay una mañana de juventud y salud, después vendrá una noche de enfermedad y vejez. Si hay una mañana de prosperidad en una familia o en la vida pública, aun así debemos esperar cambios. Pero Dios generalmente concede una mañana de oportunidad antes de enviar una noche de sufrimiento. Lo hace para que su propio pueblo pueda prepararse para la tormenta y para que los demás queden sin excusa.
En segundo lugar, el vigilante hace un llamado urgente: «Si quieren preguntar, pregunten». Es sabio aprovechar al máximo la mañana presente y prepararse para la noche que vendrá después. Pregunten, regresen, vengan. Estén dispuestos a aprender, arrepiéntanse del pecado y prepárense para obedecer. Estas palabras son importantes porque muestran que tenemos una decisión que tomar. Si quieren preguntar, háganlo; si no, será bajo su propia responsabilidad. Nadie podrá decir que no recibió una oportunidad justa.
También se nos insta a decidir de inmediato. Si están dispuestos, díganlo y no sigan dudando. Hagan lo que se proponen hacer y háganlo pronto, porque no es tiempo de desperdiciarlo. Quienes regresan a Dios y vienen a él descubrirán que tienen mucho por hacer y muy poco tiempo para hacerlo. Por eso necesitan ponerse a trabajar con diligencia.
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De este capítulo
Isaías 21:1
"La carga del desierto del mar. Como pasan los torbellinos por el sur, así viene del desierto, de una tierra terrible."
Isaías 21:2
"Una visión dolorosa me ha sido declarada: el traidor obra con traición y el saqueador saquea. Sube, Elam; sitia, Media. He hecho cesar todo su gemido."
Isaías 21:3
"Por eso mis lomos están llenos de dolor; se han apoderado de mí angustias como las de una mujer que da a luz. Quedé encorvado al oírlo; quedé consternado al verlo."
Isaías 21:4
"Mi corazón jadeó, el temor me aterrorizó; ha convertido para mí la noche de mi placer en miedo."
Isaías 21:5
"Preparen la mesa, vigilen en la atalaya, coman, beban. Levántense, príncipes, y unjan el escudo."
Isaías 21:6
"Porque así me ha dicho el Señor: «Ve, coloca un vigilante; que declare lo que vea»."
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