Versículo destacado
Génesis 50:15 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Cuando los hermanos de José vieron que su padre había muerto, dijeron: Quizá José nos odie y ciertamente nos pague todo el mal que le hicimos. "
Génesis 50:15
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
13 sus hijos lo llevaron a la tierra de Canaán y lo sepultaron en la cueva del campo de Macpela, que Abraham compró junto con el campo a Efrón el heteo como propiedad para sepultura, frente a Mamre.
14 Después de sepultar a su padre, José regresó a Egipto, él, sus hermanos y todos los que habían subido con él para sepultar a su padre.
15 Cuando los hermanos de José vieron que su padre había muerto, dijeron: Quizá José nos odie y ciertamente nos pague todo el mal que le hicimos.
16 Entonces enviaron un mensajero a José, diciendo: Antes de morir, tu padre ordenó lo siguiente:
17 Así dirán a José: Te ruego que perdones ahora la transgresión de tus hermanos y su pecado, porque te hicieron mal. Ahora te rogamos que perdones la transgresión de los siervos del Dios de tu padre. José lloró cuando ellos le hablaron.
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Aquí vemos a José y a sus hermanos recuperando una buena relación después de la muerte de su padre. José vivía en la corte, en la ciudad real, mientras que sus hermanos vivían en Gosén, en el campo. Aun así, era importante que conservaran un vínculo firme de respeto y afecto. Eso honraría a José y también ayudaría a sus hermanos.
Cuando mueren los padres, las familias deben hacer todo lo posible para evitar las disputas entre los hijos, especialmente por la herencia. También deben esforzarse por mantener viva la amistad y el amor. El antiguo centro de unidad familiar ya no está, pero la unidad debe continuar.
Los hermanos de José se acercaron con humildad para pedirle su favor. Habían comenzado a sospechar de José, no porque él hubiera hecho algo para merecerlo, sino porque su propia culpa los inquietaba. Como no podían perdonarse ni olvidar fácilmente lo que habían hecho, temían que José todavía los odiara (Génesis 50:15). Mientras su padre vivía, se sentían protegidos bajo su cuidado. Ahora que había muerto, esperaban lo peor de José.
Una conciencia culpable mantiene a las personas en constante temor, aun cuando no existe un peligro real. Hace que desconfíen de todos, como le ocurrió a Caín (Génesis 4:14). Si queremos vivir sin miedo, debemos mantenernos libres de culpa. Si nuestro corazón no nos condena, podemos acercarnos a Dios y relacionarnos con los demás con confianza.
Los hermanos se humillaron ante José, reconocieron su maldad y le pidieron perdón. Primero lo hicieron por medio de un mensaje (Génesis 50:17) y después en persona (Génesis 50:18). Ahora que el sol y la luna se habían ocultado, las once estrellas se inclinaban ante José, acercando aún más el sueño anterior a su cumplimiento pleno. Hablaron de su antiguo pecado con un dolor renovado y dijeron: «Perdona nuestra ofensa». Luego se pusieron a merced de José y dijeron: «Somos tus siervos».
Debemos lamentar los pecados que cometimos hace mucho tiempo, aun cuando confiemos en que Dios los ha perdonado por su gracia. Y cuando le pidamos perdón a Dios, también debemos ofrecernos a él como sus siervos.
Los hermanos también apelaron a su vínculo con Jacob y con el Dios de Jacob. Dijeron que Jacob les había indicado que hicieran aquella petición humilde, no porque dudara de que José los perdonaría, sino porque dudaba de que ellos hicieran lo correcto y se humillaran. José no podía razonablemente mostrarles bondad si ellos se negaban a prepararse para recibirla (Génesis 50:16). De la misma manera, cuando nos acercamos a Cristo con fe y arrepentimiento, podemos decir que eso es lo que su Padre, y nuestro Padre, nos manda hacer.
También dijeron: «Somos siervos del Dios de tu padre» (Génesis 50:17). No solo eran hijos del mismo Jacob, sino también adoradores del mismo Señor. Debemos estar dispuestos a perdonar a cualquiera que nos haya hecho mal. Pero debemos tener especial cuidado de no guardar amargura contra quienes sirven al Dios de nuestro padre. Debemos tratar a esas personas con especial bondad, porque ellos y nosotros tenemos el mismo Señor.
José les respondió con gran compasión y renovó su amistad con ellos. Su compasión se hizo evidente cuando lloró mientras ellos le hablaban (Génesis 50:17). Sus lágrimas expresaban tristeza porque todavía desconfiaban de él, y ternura al ver que se humillaban ante él.
En su respuesta, José primero los dirigió hacia Dios en su arrepentimiento. Les dijo: «¿Acaso estoy yo en el lugar de Dios?» (Génesis 50:19). Con humildad, sintió que ellos le estaban dando demasiado honor, como si toda su seguridad dependiera de su buena voluntad. Lo que quiso decir se parece a las palabras de Pedro a Cornelio: «Levántate; yo también soy un hombre». Ellos necesitaban hacer las paces con Dios primero; después les sería más fácil hacer las paces con José.
Cuando le pedimos perdón a alguien a quien hemos herido, debemos tener cuidado de no poner a esa persona en el lugar de Dios. No debemos temer más su enojo que el de Dios ni buscar su favor más que el de Dios. Solo Dios tiene el derecho de juzgar y castigar. Quienes buscan vengarse se ponen en el lugar de Dios (Romanos 12:19).
Después, José alivió el peso de la culpa de sus hermanos al señalar el gran bien que Dios había producido a partir de aquella maldad. Les dijo: «Ustedes quisieron hacerme mal, pero Dios lo encaminó para bien» (Génesis 50:20). Ellos querían destruir los sueños de José, pero Dios usó sus acciones para hacer realidad esos sueños y convertir a José en una bendición aún mayor para su familia de lo que hubiera sido de otra manera. Esto no hace que su pecado sea menos pecaminoso, pero sí muestra el gobierno sabio de Dios sobre las acciones humanas.
Muchas veces Dios usa las acciones de las personas para llevar a cabo sus planes, aun cuando ellas tengan un propósito muy diferente del suyo, o incluso el propósito contrario. A pesar de eso, el propósito de Dios permanece (Isaías 10:7). Con frecuencia saca bien del mal y lleva adelante su providencia —es decir, su cuidado y gobierno sabios sobre todas las cosas— incluso por medio del pecado humano. Esto no convierte a Dios en el autor del pecado, y nunca debemos pensar así. Pero su sabiduría dirige los acontecimientos de tal manera que aquello que pretendía deshonrarlo termina alabándolo. La muerte de Cristo es el ejemplo más claro de esto (Hechos 2:23). Esto no hace que el pecado sea menos pecaminoso ni que los pecadores sean menos culpables, pero magnifica grandemente la sabiduría de Dios.
Por último, José les aseguró a sus hermanos que seguiría tratándolos con bondad. Les dijo: «No tengan miedo. Yo cuidaré de ustedes» (Génesis 50:21). Esto muestra el espíritu noble de José, y nosotros debemos aprender de él a responder al mal con el bien. José no los dejó en suspenso ni les dijo que sería bondadoso solo si ellos demostraban primero que lo merecían. No quiso mantenerlos en temor ni dar la impresión de desconfiar de ellos, aunque ellos habían desconfiado de él. Los consoló y, para disipar sus temores, les habló con bondad.
Los corazones quebrantados necesitan ser sanados y animados. Las personas que amamos y perdonamos no solo deben recibir nuestra ayuda, sino también nuestras palabras bondadosas.
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De este capítulo
Génesis 50:1
"José cayó sobre el rostro de su padre, lloró sobre él y lo besó."
Génesis 50:2
"José ordenó a sus siervos, los médicos, que embalsamaran a su padre; y los médicos embalsamaron a Israel."
Génesis 50:3
"Se cumplieron para él cuarenta días, porque ese es el número de días que se cumple para los que son embalsamados; y los egipcios guardaron luto por él durante setenta días."
Génesis 50:4
"Cuando pasaron los días de luto por su padre, José habló a la casa del faraón y dijo: Si ahora he hallado gracia ante sus ojos, les ruego que hablen a oídos del faraón y le digan:"
Génesis 50:5
"Mi padre me hizo jurar diciendo: Mira, yo muero. En el sepulcro que cavé para mí en la tierra de Canaán, allí me sepultarás. Ahora, pues, te ruego que me permitas subir para sepultar a mi padre, y después regresaré."
Génesis 50:6
"El faraón dijo: Sube y sepulta a tu padre, tal como él te hizo jurar."
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