Versículo destacado
Génesis 30:14 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Rubén salió durante los días de la cosecha del trigo, encontró mandrágoras en el campo y se las llevó a su madre Lea. Entonces Raquel le dijo a Lea: Te ruego que me des algunas de las mandrágoras de tu hijo. "
Génesis 30:14
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
12 Zilpa, la sierva de Lea, le dio un segundo hijo a Jacob.
13 Lea dijo: Feliz soy, porque las hijas me llamarán dichosa. Y le puso por nombre Aser.
14 Rubén salió durante los días de la cosecha del trigo, encontró mandrágoras en el campo y se las llevó a su madre Lea. Entonces Raquel le dijo a Lea: Te ruego que me des algunas de las mandrágoras de tu hijo.
15 Ella le respondió: ¿Te parece poco haber tomado a mi marido? ¿También quieres quitarme las mandrágoras de mi hijo? Raquel dijo: Por eso él se acostará contigo esta noche a cambio de las mandrágoras de tu hijo.
16 Cuando Jacob regresó del campo al atardecer, Lea salió a su encuentro y le dijo: Debes unirte a mí, porque ciertamente te he alquilado con las mandrágoras de mi hijo. Y él se acostó con ella aquella noche.
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Lea volvió a tener hijos después de un tiempo en que había dejado de concebir. Parece que Jacob pasaba más tiempo con Raquel que con Lea. La ley de Moisés da por sentado que una situación así podía darse en un hogar con dos esposas, una amada más que la otra (Deuteronomio 21:15). Pero los fuertes sentimientos de Raquel la llevaron a hacer un acuerdo con Lea para que Jacob volviera a la tienda de esta.
Rubén, un niño pequeño de unos cinco o seis años, estaba jugando en el campo cuando encontró mandrágoras, o *dudaim*. Nadie sabe con certeza qué eran, y los estudiosos de la Biblia no están de acuerdo. Sí sabemos que eran algún tipo de planta poco común —ya fueran frutos o flores— de aroma muy dulce (Cantares 7:13). Esto muestra que el Dios de la naturaleza no solo ha provisto para nuestras necesidades, sino también para nuestro disfrute. Tanto los campos abiertos como los jardines cultivados están llenos de cosas útiles y valiosas. La creación está abundantemente provista, y hasta los niños pequeños pueden recoger sus preciosos regalos.
Los judíos piadosos tenían una buena costumbre cuando disfrutaban de algo agradable, como comer una manzana o percibir el aroma de una flor. Elevaban su corazón y decían: «Bendito sea el que hizo agradable este fruto» o «Bendito sea el que hizo dulce esta flor». Algunos piensan que estas mandrágoras eran flores de jazmín. Fuera lo que fueran, Raquel no soportaba verlas en manos de Lea, porque el niño se las había llevado a ella y Raquel las deseaba mucho. No pudo resistir la vista de aquellas pequeñas flores y estuvo dispuesta a pagar cualquier precio por ellas.
Hay un pecado y una insensatez graves en desear demasiado incluso una cosa pequeña. Lea se aprovechó de esa situación, así como Jacob se había aprovechado del deseo de Esaú por el guiso rojo, y utilizó la oportunidad para obtener lo que legítimamente le correspondía, pero a lo que Raquel no habría accedido de otro modo. Los deseos intensos suelen enfrentarse entre sí, y quienes se dejan gobernar por ellos nunca viven verdaderamente en paz. Lea se alegró de volver a tener la compañía de su esposo, porque esperaba que su familia siguiera creciendo. Esa era la bendición que deseaba, y oró sinceramente por ella, como da a entender Génesis 30:17 al decir que Dios escuchó a Lea.
El obispo Patrick sugiere acertadamente que la verdadera razón de esta lucha entre las esposas de Jacob por su compañía y por darle sus siervas como esposas era su profundo deseo de contribuir al cumplimiento de la promesa que Dios había hecho a Abraham y nuevamente a Jacob: que su descendencia sería tan numerosa como las estrellas y que, por medio de uno de sus descendientes, el Mesías, serían benditas todas las naciones. Considera que no correspondería a la dignidad de esta historia sagrada mencionar estos asuntos con tanto detalle si no hubiera un gran propósito detrás de ellos. Lea recibió entonces la bendición de tener dos hijos más. Llamó al primero Isacar, nombre que significa «salario», porque pensaba que había sido recompensada por las mandrágoras e incluso premiada por haber dado su sierva a su esposo. Malinterpretamos la misericordia de Dios cuando tratamos sus regalos como si justificaran nuestras decisiones insensatas.
Llamó al otro hijo Zabulón, nombre que significa «morada», y reconoció la bondad de Dios al decir: «Dios me ha dado una buena dote» (Génesis 30:20). Jacob no le había dado una riqueza semejante cuando se casó con ella, y él mismo poseía pocos bienes. Pero Lea consideró que una familia de hijos era una dote abundante, no una carga de gastos, como en la bendición descrita en Salmos 113:9. Esperaba que ahora, después de haberle dado seis hijos, su esposo pasara más tiempo con ella, al menos por amor a los niños. El nacimiento de una hija, Dina, se menciona en Génesis 30:21 por la historia posterior que se cuenta acerca de ella en el capítulo 34. Es posible que Jacob también tuviera otras hijas cuyos nombres no fueron registrados.
Finalmente, Raquel también pudo tener hijos (Génesis 30:22). Dios se acordó de Raquel, que parecía haber sido olvidada, y le respondió después de una larga espera. Entonces dio a luz un hijo. Dios, con razón, a veces retiene la misericordia que deseamos demasiado, pero en ocasiones concede, después de una larga espera, aquello que hemos anhelado durante años. Él corrige nuestra insensatez, pero también recuerda nuestra debilidad y no nos sigue presionando para siempre.
Raquel llamó a su hijo José. En hebreo, este nombre suena como dos palabras de significado opuesto. Una sugiere «él ha quitado», y la otra, «él añadirá». Ella dijo: «El Señor ha quitado mi vergüenza», como si su mayor alegría por aquel hijo fuera que su deshonra había desaparecido. También dijo: «El Señor añadirá otro hijo». Eso puede mostrar que su deseo seguía siendo intenso, pues difícilmente podía agradecer por un hijo sin estar segura de que tendría otro. O puede mostrar su fe, porque veía esta misericordia como el comienzo de más misericordia. Si Dios ha dado gracia, podemos confiar en que añadirá más gracia; si ha dado gozo, añadirá más gozo; y si ha comenzado su obra, también la llevará a término.
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De este capítulo
Génesis 30:1
"Cuando Raquel vio que no le daba hijos a Jacob, tuvo envidia de su hermana y le dijo a Jacob: Dame hijos, o de lo contrario moriré."
Génesis 30:2
"Entonces se encendió la ira de Jacob contra Raquel, y él dijo: ¿Estoy yo en lugar de Dios, que te ha privado del fruto del vientre?"
Génesis 30:3
"Ella dijo: Mira, aquí está mi sierva Bilha; únete a ella, y ella dará a luz sobre mis rodillas, para que yo también tenga hijos por medio de ella."
Génesis 30:4
"Entonces le dio por mujer a su sierva Bilha, y Jacob se unió a ella."
Génesis 30:5
"Bilha concibió y le dio un hijo a Jacob."
Génesis 30:6
"Raquel dijo: Dios me ha juzgado, y también ha oído mi voz y me ha dado un hijo. Por eso le puso por nombre Dan."
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