Versículo destacado
Génesis 24:62 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
Isaac venía del camino del pozo de Lajai-roí, pues vivía en la región del sur.
Génesis 24:62
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
62 Isaac venía del camino del pozo de Lajai-roí, pues vivía en la región del sur.
63 Isaac salió al atardecer para meditar en el campo. Alzó los ojos y vio que los camellos venían.
64 Rebeca alzó los ojos y, cuando vio a Isaac, bajó del camello.
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Por fin Isaac y Rebeca se unen con alegría. Observemos primero que Isaac estaba ocupado en algo bueno cuando conoció a Rebeca. Al atardecer había salido al campo para meditar o para orar (Génesis 24:62-63). Algunos piensan que esperaba el regreso de sus siervos y salió a encontrarse con ellos. Pero parece más probable que haya salido para disfrutar de la tranquilidad de la tarde y de la soledad del campo: esas prácticas santas en las que hablamos con Dios y examinamos nuestro corazón.
A las personas que buscan vivir en santidad les gusta estar a solas. Nos hace bien pasar tiempo solos, caminando o sentados, y cuando usamos bien la soledad, descubrimos que nunca estamos menos solos que cuando estamos solos. La meditación y la oración deben ser tanto nuestro deber como nuestro deleite cuando estamos a solas. Mientras tengamos un Dios que conocer, un Cristo en quien confiar y un cielo que anhelar, nunca nos faltarán motivos para pensar ni para orar. Cuando la meditación y la oración van juntas, cada una fortalece a la otra.
Los paseos por el campo son especialmente agradables cuando nos llevan a orar y a reflexionar. Allí podemos levantar la mirada hacia los cielos que están sobre nosotros y a nuestro alrededor, con toda su belleza y riqueza; esa visión debería llevarnos a pensar en el Creador y Señor de todo. La devoción también debe ser el descanso de la tarde. Nos ayuda a aliviar el cansancio producido por las preocupaciones y el trabajo del día, y nos prepara para el descanso de la noche.
Los actos misericordiosos de Dios son doblemente dulces cuando nos encuentran cumpliendo con nuestro deber. Algunos piensan que Isaac estaba orando por el éxito de aquel asunto que estaba por resolverse y meditando en lo que pudiera fortalecer su fe al respecto. Entonces, mientras esperaba, por así decirlo, desde su torre de vigilancia para ver qué respondería Dios, vio que llegaban los camellos, tal como dice el profeta (Habacuc 2:1). A veces Dios envía de inmediato la misericordia que le pedimos (Hechos 12:12).
Rebeca se comportó de manera muy apropiada al encontrarse con Isaac. Cuando entendió quién era, bajó del camello (Génesis 24:64), tomó un velo y se cubrió con él (Génesis 24:65), mostrando humildad, modestia y sumisión. No se quejó de que Isaac no hubiera ido personalmente a buscarla, o al menos de que no hubiera salido a su encuentro a mitad del camino. Tampoco murmuró por el largo viaje ni por dejar a su familia para ir a un lugar desconocido. Al ver que la providencia de Dios había ido delante de ella en ese asunto, se adaptó con gusto a su nueva relación.
Quienes por la fe están unidos a Cristo y desean ser presentados ante él como vírgenes puras deben seguir el ejemplo de Rebeca. Deben humillarse y someterse a él como su cabeza (Efesios 5:24). Rebeca mostró esto al bajar del camello cuando vio a Isaac a pie y al ponerse el velo, que era una señal de sumisión (1 Corintios 11:10).
Finalmente, fueron unidos, probablemente después de conocerse un poco más, para alegría de ambos (Génesis 24:67). Aquí vemos, en primer lugar, cuánto amaba Isaac a su madre. Habían pasado unos tres años desde su muerte y, aun así, hasta ese momento Isaac no había encontrado consuelo en su pérdida. La herida que dejó aquella pérdida había permanecido abierta durante mucho tiempo en su corazón sensible y no sanó por completo hasta que Dios lo llevó a esta nueva relación. De esta manera, las tristezas y los consuelos se equilibran mutuamente (Eclesiastés 7:14) y ayudan a mantener la vida en equilibrio.
También vemos qué esposo tan amoroso fue Isaac para su esposa. Quienes han cumplido bien una relación pueden esperar cumplir bien otra. Rebeca llegó a ser su esposa, y él la amó. Tenía toda razón para hacerlo, porque los esposos deben amar a sus esposas como a sí mismos. El propósito del matrimonio se cumple y su gozo se disfruta cuando el amor mutuo gobierna la relación. Allí es donde el Señor concede su bendición.
De este capítulo
Génesis 24:1
"Abraham era anciano y de edad muy avanzada, y el SEÑOR lo había bendecido en todo."
Génesis 24:2
"Abraham dijo al siervo más anciano de su casa, quien estaba a cargo de todo lo que tenía: Pon, por favor, tu mano debajo de mi muslo."
Génesis 24:3
"Haré que jures por el SEÑOR, Dios del cielo y Dios de la tierra, que no tomarás para mi hijo una esposa de entre las hijas de los cananeos, entre quienes vivo,"
Génesis 24:4
"sino que irás a mi tierra y a mi parentela, y tomarás una esposa para mi hijo Isaac."
Génesis 24:5
"El siervo le dijo: «Quizá la mujer no quiera seguirme a esta tierra. ¿Tendré entonces que llevar a tu hijo de regreso a la tierra de donde saliste?»"
Génesis 24:6
"Abraham le respondió: Ten cuidado de no llevar allá de regreso a mi hijo."
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