Versículo destacado
Génesis 24:29 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Rebeca tenía un hermano llamado Labán. Labán corrió hacia el hombre que estaba junto al pozo. "
Génesis 24:29
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
27 Y dijo: «Bendito sea el SEÑOR, Dios de mi amo Abraham, que no ha privado a mi amo de su misericordia y su verdad. Estando yo en el camino, el SEÑOR me guio a la casa de los hermanos de mi amo».
28 La joven corrió y contó estas cosas a los de la casa de su madre.
29 Rebeca tenía un hermano llamado Labán. Labán corrió hacia el hombre que estaba junto al pozo.
30 Cuando vio el aro y los brazaletes en las manos de su hermana, y oyó las palabras de su hermana Rebeca, quien decía: «Así me habló el hombre», fue hacia el hombre, y allí estaba él junto a los camellos, al lado del pozo.
31 Labán dijo: «Entra, bendito del SEÑOR. ¿Por qué te quedas afuera? He preparado la casa y un lugar para los camellos».
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Aquí vemos cómo se arregla el matrimonio de Isaac y Rebeca. La historia se cuenta con gran detalle, incluso hasta mencionar pequeños acontecimientos que podrían parecer insignificantes. En cambio, asuntos misteriosos y profundos, como la historia de Melquisedec, a veces se narran en solo unas cuantas palabras. De este modo, Dios oculta algunas cosas a los sabios y entendidos, y se las revela a los humildes (Mateo 11:25). También nos enseña a reconocer su providencia, es decir, su cuidado sabio, en los acontecimientos ordinarios de la vida, y a actuar en ellos con sabiduría y gracia.
Esta parte de la Escritura no está dirigida solamente a filósofos y gobernantes. Su propósito es hacernos más sabios y mejores en la manera en que vivimos, trabajamos y administramos nuestros hogares. Primero, vemos la cálida bienvenida que recibió el siervo de Abraham por parte de la familia de Rebeca. Su hermano Labán salió a invitarlo a entrar, pero solo después de ver los aretes y los brazaletes en las manos de su hermana (Génesis 24:30). Probablemente Labán pensó: «Aquí hay un hombre rico y generoso. Debemos recibirlo bien». Por el resto de la historia, podemos entender que no habría sido tan generoso si no hubiera esperado recibir algo a cambio, cosa que después recibió (Génesis 24:53).
El regalo de una persona le abre puertas y puede hacer que prospere dondequiera que vaya (Proverbios 18:16; Proverbios 17:8). La invitación fue amable: «Entra, bendito del Señor» (Génesis 24:31). Al ver que era rico, lo llamaron bendito del Señor. O quizá, después de escuchar el informe de Rebeca (Génesis 24:28) y las palabras bondadosas que él había pronunciado, consideraron que era un buen hombre a quien Dios había bendecido. Debemos recibir con agrado a quienes Dios ha bendecido. Es bueno honrar a las personas a quienes Dios honra.
La hospitalidad también fue bondadosa (Génesis 24:32, 33). Prepararon bien la casa y el lugar para los camellos, y permitieron que el siervo de Abraham usara ambos. También cuidaron especialmente a los camellos, porque una persona buena se preocupa por la vida de sus animales (Proverbios 12:10). Si un buey reconoce a su dueño, el dueño también debe conocer a su buey y darle lo que necesita.
En segundo lugar, tenemos el relato completo que el siervo dio acerca de su misión y la manera en que pidió su consentimiento respecto a Rebeca. Estaba concentrado en cumplir su encargo. Aunque había terminado un viaje largo y había llegado a un hogar acogedor, no quiso comer hasta explicar por qué había venido (Génesis 24:33). Debemos valorar el cumplimiento de nuestro deber, ya sea para con Dios o para con otras personas, incluso por encima del alimento necesario. Esa era la comida y la bebida de nuestro Salvador: hacer la voluntad de su Padre (Juan 4:34).
El siervo manejó el asunto con sabiduría y honestidad. Fue fiel a su amo, quien confiaba en él, y trató con justicia a las personas con quienes hablaba. Primero les dio un breve informe sobre la familia de su amo (Juan 4:34-36). Ya lo habían recibido bien, pero seguramente lo recibieron con mayor agrado cuando dijo: «Soy siervo de Abraham». El nombre de Abraham era conocido y respetado entre ellos. También dejó claros dos puntos que respaldaban su petición: Abraham tenía una gran riqueza por la bendición de Dios, y le había dado todo a Isaac, el hijo por quien él había venido.
Después explicó el encargo que su amo le había dado: encontrar una esposa para su hijo entre sus propios parientes, y la razón de esa decisión (Génesis 24:37, 38). Con delicadeza, mostró que Abraham todavía recordaba y valoraba a la familia que había dejado atrás, aunque se había mudado lejos. El amor firme por Dios no debe borrar el afecto natural por la familia. También respondió a una posible objeción. Si Isaac era un hombre tan digno, ¿por qué buscarle una esposa tan lejos? La respuesta era sencilla: el hijo de Abraham no debía casarse con una cananea.
Luego fortaleció su petición al hablar de la confianza de su amo en que la misión tendría éxito (Génesis 24:40). Abraham cobraba ánimo de su conciencia limpia, porque había caminado delante de Dios llevando una vida constante de santidad. Probablemente esto se refiere al pacto que Dios hizo con él, cuando le dijo: «Yo soy el Dios Todopoderoso; camina delante de mí» (Génesis 17:1). Por eso el siervo dijo que el Dios delante de quien Abraham había caminado enviaría a su ángel. Cuando cumplimos nuestra parte del pacto, podemos descansar en que Dios cumplirá la suya. También debemos aprender a aplicar las promesas generales de Dios a las necesidades particulares que se presentan.
El siervo señaló además que había dejado cuidadosamente en sus manos la libertad de aceptar o rechazar la propuesta, sin presionarlos ni ponerlos en riesgo de cometer perjurio, un acto grave de jurar falsamente (Génesis 24:39-41). Esto mostró que era cuidadoso en general y, especialmente, que no quería forzar su consentimiento. Después les habló de la manera extraordinaria en que la providencia de Dios había obrado para respaldar la propuesta, dejando claro que la mano de Dios estaba en el asunto. Él había pedido dirección mediante una señal (Génesis 24:42-44). Es bueno llevar a Dios con nosotros en nuestros asuntos por medio de la oración.
Dios respondió exactamente como él lo había pedido, aunque el siervo solo había hablado en su corazón (Génesis 24:45). Menciona esto quizá para mostrar que Rebeca no lo había escuchado ni había actuado intencionalmente. En efecto, dijo: «No; hablé en mi corazón, así que solo Dios me oyó, y Dios dio la respuesta» (Génesis 24:46, 47). También dijo que de inmediato había dado gracias a Dios por guiarlo, como él mismo expresó, por el camino correcto. El camino de Dios siempre es el camino correcto (Salmo 107:7), y quienes se dejan guiar por él reciben una buena dirección.
Finalmente, presentó el asunto con claridad y esperó la respuesta de ellos (Génesis 24:49). Les dijo, en esencia: «Si quieren tratar con bondad y honestidad a mi amo, todo estará bien. Si de verdad desean mostrar bondad, aceptarán esta propuesta. Si no, no me hagan esperar». Quienes actúan con justicia tienen motivos para esperar un trato justo.
Ellos aceptaron la propuesta libremente y con alegría, basándose en un principio firme (Génesis 24:50): «Este asunto viene del Señor. La providencia está favoreciéndolo, y no tenemos nada que objetar». No presentaron objeciones acerca de la distancia, de que Abraham los hubiera dejado ni de que todavía no tuviera tierras en su poder. Tampoco dudaron de la veracidad del relato del siervo. Confiaron en su honestidad. Sería algo bueno que la honestidad fuera tan común entre las personas que confiar en la palabra de alguien resultara tan natural como mostrarle bondad.
Confiaron aún más en el cuidado de Dios y, por eso, guardaron silencio y dieron su consentimiento, porque vieron que la sabiduría de Dios había dispuesto el asunto. Es probable que un matrimonio sea pacífico cuando parece venir del Señor.
Entonces el siervo de Abraham dio gracias por el buen resultado que había alcanzado. Adoró al Señor (Génesis 24:52). A medida que su éxito aumentaba, también continuaba alabando a Dios. Quienes oran sin cesar también deben dar gracias en todo y reconocer la mano de Dios en cada muestra de bondad.
Dios había enviado a su ángel delante de él y le había dado éxito (Génesis 24:7; Génesis 24:40). Pero cuando obtuvo el resultado que deseaba, adoró a Dios, no al ángel. Aunque los ángeles nos sirvan y traigan ayuda, toda la gloria debe darse al Señor de los ángeles (Apocalipsis 22:9).
También mostró respeto a la familia, especialmente a la futura esposa (Génesis 24:53). Les dio regalos a ella, a su madre y a su hermano. Esto mostró la riqueza y generosidad de su amo, así como su gratitud por la bondad que habían mostrado hacia él. También contribuyó a ganarse su buena voluntad.
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De este capítulo
Génesis 24:1
"Abraham era anciano y de edad muy avanzada, y el SEÑOR lo había bendecido en todo."
Génesis 24:2
"Abraham dijo al siervo más anciano de su casa, quien estaba a cargo de todo lo que tenía: Pon, por favor, tu mano debajo de mi muslo."
Génesis 24:3
"Haré que jures por el SEÑOR, Dios del cielo y Dios de la tierra, que no tomarás para mi hijo una esposa de entre las hijas de los cananeos, entre quienes vivo,"
Génesis 24:4
"sino que irás a mi tierra y a mi parentela, y tomarás una esposa para mi hijo Isaac."
Génesis 24:5
"El siervo le dijo: «Quizá la mujer no quiera seguirme a esta tierra. ¿Tendré entonces que llevar a tu hijo de regreso a la tierra de donde saliste?»"
Génesis 24:6
"Abraham le respondió: Ten cuidado de no llevar allá de regreso a mi hijo."
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