Versículo destacado
Génesis 21:14 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Abraham se levantó muy temprano por la mañana, tomó pan y un odre de agua, y se los dio a Agar, poniéndolo sobre su hombro; también le dio al niño y la despidió. Ella se fue y anduvo errante por el desierto de Beerseba. "
Génesis 21:14
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
12 Y Dios dijo a Abraham: No sea doloroso a tus ojos por causa del muchacho y de tu esclava. Escucha la voz de Sara en todo lo que te ha dicho, porque en Isaac será llamada tu descendencia.
13 También haré una nación del hijo de la esclava, porque él es tu descendencia.
14 Abraham se levantó muy temprano por la mañana, tomó pan y un odre de agua, y se los dio a Agar, poniéndolo sobre su hombro; también le dio al niño y la despidió. Ella se fue y anduvo errante por el desierto de Beerseba.
15 Cuando se acabó el agua del odre, ella echó al niño debajo de uno de los arbustos.
16 Luego fue y se sentó frente a él, a buena distancia, como a un tiro de arco, porque dijo: «Que yo no vea morir al niño». Y se sentó frente a él, alzó la voz y lloró.
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Aquí se relata, en primer lugar, la expulsión de la esclava y de su hijo de la familia de Abraham (Génesis 21:14). Abraham obedeció con prontitud el mandato de Dios; probablemente se levantó temprano a la mañana siguiente, después de recibir la instrucción en una visión nocturna. Su obediencia también fue humilde. Esto iba en contra de su propio criterio, o al menos de sus sentimientos; sin embargo, una vez que supo cuál era la voluntad de Dios, no presentó objeciones y obedeció en silencio, como alguien formado en la obediencia plena.
Al despedirlos sin sirvientes, a pie y con provisiones escasas, Abraham probablemente siguió las instrucciones que había recibido. Si Agar e Ismael se hubieran comportado bien en la casa de Abraham, quizá habrían permanecido allí. Pero ellos mismos provocaron esta situación con su orgullo y su conducta insolente, y por eso recibieron una corrección justa. Debemos notar lo siguiente: cuando usamos mal nuestros privilegios, los perdemos. Quienes no valoran el buen lugar que ocupan, como el que tenían en la casa de Abraham, merecen ser removidos de él y aprender el valor de la misericordia al perderla.
En segundo lugar, ellos vagaron por el desierto y perdieron el camino hacia el lugar donde Abraham había pensado establecerlos. Allí llegaron a una angustia profunda. Se les acabó la comida e Ismael se debilitó. El que antes había sido bien alimentado en la casa de Abraham, donde había crecido fuerte y rebelde, ahora desfallecía por la escasez de alimento. Agar lloró y quedó abatida. Ahora deseaba las sobras que había desperdiciado y tratado con desprecio en la mesa de su señor. Como alguien agobiado por el miedo y la culpa, perdió toda esperanza de recibir ayuda y no esperaba otra cosa que la muerte del niño, aunque Dios ya le había dicho, antes de su nacimiento, que él viviría y llegaría a ser un hombre importante (Génesis 21:15, 16). Con facilidad olvidamos las promesas anteriores cuando las dificultades presentes parecen contradecirlas, porque vivimos guiados por lo que vemos.
En medio de esta angustia, Dios acudió bondadosamente para ayudarlos. Él escuchó la voz del muchacho, aunque no se nos dice qué palabras pronunció (Génesis 21:17). Sus suspiros, gemidos y condición miserable clamaban por misericordia. Un ángel fue enviado para consolar a Agar, y no era la primera vez que ella recibía el consuelo de Dios en un desierto. En otra ocasión había reconocido con gratitud el cuidado que Dios le había mostrado allí (Génesis 16:13), y ahora Dios volvía a visitarla con ayuda oportuna. El ángel le aseguró que Dios había escuchado la voz del muchacho allí donde estaba, incluso en el desierto, porque, dondequiera que estemos, siempre hay un camino abierto hacia el cielo. Por eso le dijo que levantara al muchacho y lo sostuviera con su mano (Génesis 21:18).
Esto también enseña que la disposición de Dios para ayudarnos en los problemas no debe volvernos perezosos, sino impulsarnos a hacer lo que esté a nuestro alcance. El ángel repitió la promesa de que su hijo llegaría a ser una gran nación, y esa promesa era una razón para que ella cobrara fuerzas y lo ayudara. Debemos cuidar con mayor atención a los niños y a los jóvenes cuando recordamos que no sabemos qué puede haber planeado Dios para ellos ni qué obra útil puede realizar por medio de ellos. Entonces Dios le abrió los ojos, hinchados y casi cegados por las lágrimas, y ella vio un pozo de agua (Génesis 21:19). Muchas personas tienen suficientes motivos para recibir consuelo, pero siguen afligiéndose porque no los ven. Hay un pozo de agua cerca de ellas en el pacto de la gracia, es decir, en la promesa bondadosa de Dios de salvar y ayudar a su pueblo; pero no lo notan hasta que el mismo Dios que les muestra su dificultad también les muestra el remedio (Juan 16:6, 7).
El apóstol dice que estos hechos relacionados con Agar e Ismael deben entenderse como una alegoría, es decir, como una imagen que enseña una verdad más profunda (Gálatas 4:24). Esto muestra la necedad de quienes, como los judíos incrédulos, intentan ser reconciliados con Dios por medio de la ley y sus ceremonias externas, en vez de hacerlo mediante la promesa de Dios en Cristo. Se internan en un desierto de necesidad y desesperación. Sus consuelos pronto se agotan y, a menos que Dios los salve por su misericordia especial y les abra los ojos, se pierden. También muestra la necedad de quienes buscan satisfacción y felicidad en el mundo y en sus bienes. Todo aquel que abandona los consuelos del pacto de Dios y la comunión con él, y escoge esta tierra como su herencia, termina con solo un odre de agua: una provisión pobre y limitada que pronto se acaba. Sigue vagando en busca de satisfacción y, finalmente, no llega a encontrarla.
En tercer lugar, Ismael finalmente se estableció en el desierto de Parán (Génesis 21:20, 21), un lugar áspero, apropiado para un hombre áspero, y eso era él (Génesis 16:12). Los que nacen según la carne se conforman con el desierto de este mundo, mientras que los hijos de la promesa esperan la Canaán celestial y no pueden descansar hasta llegar a ella. Observemos que Ismael tenía algunas señales de la presencia de Dios, porque Dios estaba con el muchacho, y su prosperidad externa provenía de ello. Su oficio era el de arquero, lo que sugiere que su habilidad era su fortaleza y que el entretenimiento era su principal interés, tal como Esaú, quien fue rechazado, era un cazador diestro. También se casó con alguien de la familia de su madre, y ella escogió para él una esposa de Egipto. Aunque era fuerte con el arco, no consideró que pudiera tomar por sí mismo la decisión correcta respecto al matrimonio sin el consejo y la aprobación de su madre.
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De este capítulo
Génesis 21:1
"Y el SEÑOR visitó a Sara como había dicho, e hizo con Sara como había hablado."
Génesis 21:2
"Sara concibió y le dio a Abraham un hijo en su vejez, en el tiempo señalado del cual Dios le había hablado."
Génesis 21:3
"Y Abraham llamó Isaac a su hijo que le había nacido, a quien Sara le había dado."
Génesis 21:4
"Y Abraham circuncidó a su hijo Isaac cuando tenía ocho días, como Dios le había mandado."
Génesis 21:5
"Abraham tenía cien años cuando le nació su hijo Isaac."
Génesis 21:6
"Y Sara dijo: «Dios me ha hecho reír, y todos los que lo oigan se reirán conmigo»."
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