Versículo destacado
Gálatas 1:10 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Pues, ¿persuado ahora a los hombres o a Dios? ¿O busco agradar a los hombres? Porque si todavía agradara a los hombres, no sería siervo de Cristo. "
Gálatas 1:10
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
8 Pero aun si nosotros o un ángel del cielo les anuncia un evangelio diferente del que les hemos anunciado, sea maldito.
9 Como dijimos antes, ahora lo vuelvo a decir: si alguien les anuncia un evangelio diferente del que recibieron, sea maldito.
10 Pues, ¿persuado ahora a los hombres o a Dios? ¿O busco agradar a los hombres? Porque si todavía agradara a los hombres, no sería siervo de Cristo.
11 Pero les hago saber, hermanos, que el evangelio anunciado por mí no es conforme al hombre.
12 Porque yo no lo recibí de hombre ni me fue enseñado, sino por revelación de Jesucristo.
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Pablo ahora explica con más detalle lo que ya había dicho al comienzo de esta carta. Se había llamado a sí mismo apóstol de Cristo, y aquí presenta una defensa más firme de esa afirmación. Algunas personas de las iglesias de Galacia habían comenzado a cuestionarlo, porque ciertos maestros que promovían la ley ceremonial intentaban debilitar la influencia de Pablo. Él predicaba el evangelio puro a los gentiles, así que responde a sus ataques mostrando que tanto su llamado como su mensaje provenían de Dios.
Primero señala el propósito de su ministerio. Dice que no procuraba agradar a las personas, sino a Dios. Esto puede significar que no predicaba bajo la autoridad humana, sino bajo el llamado y el mandato de Dios. También puede significar que su propósito era llevar a las personas a obedecer a Dios, no a líderes humanos. En cualquiera de los dos sentidos, su corazón estaba enfocado en la gloria de Dios y en hacer que los pecadores volvieran a Él.
Por eso, Pablo no ajustaba su mensaje para adaptarlo a los gustos de la gente. No suavizaba la verdad para obtener aprobación ni para evitar problemas. Los maestros judeocristianos que estaban perturbando a estas iglesias mezclaban las obras con la fe, y la ley con el evangelio, para mantener buenas relaciones con los judíos y evitar la persecución. Pablo era diferente. No cambiaría el mensaje de Cristo para ganarse el favor de otros ni para escapar de su enojo.
Afirma claramente que, si todavía estuviera tratando de agradar a las personas, no sería siervo de Cristo. Sabía que ambas cosas no podían combinarse de esa manera. Nadie puede servir a dos amos en ese sentido. Pablo no ofendía a nadie innecesariamente, pero tampoco cambiaría su fidelidad a Cristo por la aprobación humana. Con esto muestra que su obra procedía de motivos sinceros y demuestra que verdaderamente era apóstol de Cristo.
De aquí aprendemos que los ministros del evangelio deben procurar llevar a las personas a Dios. También aprendemos que los ministros fieles buscarán la aprobación de Dios en lugar de los elogios de la gente. Si quieren permanecer como verdaderos siervos de Cristo, no deben hacer de agradar a las personas el propósito de su ministerio.
Como si esto no fuera suficiente, Pablo presenta otra prueba de su apostolado. Dice que el evangelio que predicaba no lo había recibido por medio de otras personas, sino por revelación del cielo. En el sentido estricto, un apóstol era alguien llamado y enseñado directamente por Cristo mismo. Pablo afirma que no le faltaba nada en este aspecto, sin importar lo que sus enemigos dijeran. Los ministros comunes reciben su llamado y gran parte de su enseñanza por medio de otras personas, pero Pablo recibió directamente del Señor Jesús tanto su conocimiento del evangelio como la autoridad para predicarlo.
Para respaldar esto, les recuerda cómo había sido su vida anterior. Había sido criado dentro de la religión judía y había progresado más que muchos de su misma edad entre su propio pueblo. Estaba profundamente comprometido con las tradiciones de sus antepasados, es decir, con las enseñanzas y costumbres transmitidas por generaciones anteriores. En su celo por esas tradiciones, persiguió violentamente a la iglesia de Dios e intentó destruirla. No solo se oponía al cristianismo, a pesar de las evidencias claras de que provenía de Dios, sino que trabajaba activamente para eliminarlo.
Pablo menciona esto con frecuencia porque muestra la grandeza de la gracia de Dios. Resalta el gran cambio que Dios produjo en él: convirtió a un feroz perseguidor en un creyente sincero y en un apóstol. También es importante aquí porque demuestra que no llegó al cristianismo simplemente por medio de la educación. Había sido formado para oponerse abiertamente a él. Por lo tanto, el cambio en su vida tuvo que ser extraordinario, lo bastante poderoso para vencer sus profundos prejuicios y llevarlo no solo a creer, sino también a predicar la misma verdad contra la que antes había luchado.
Luego explica cómo fue apartado del error, llevado a la fe en Cristo y puesto al servicio del apostolado. Esto no sucedió de una manera común ni por medios ordinarios. Dios lo había apartado desde el vientre de su madre. Esto significa que el cambio en Pablo formaba parte del propósito de Dios para él desde antes de su nacimiento, antes de que hubiera hecho algo bueno o malo. También dice que Dios lo llamó por su gracia. Todos los que se convierten verdaderamente son llamados por gracia, porque su conversión procede de la buena voluntad y del poder de Dios. Pero el caso de Pablo fue especial porque el cambio fue repentino y extraordinario, y Cristo mismo lo produjo directamente mediante su aparición y su acción, sin que ningún ser humano fuera el instrumento para ello.
Pablo también dice que Dios reveló a su Hijo en él. Cristo no solo le fue revelado a Pablo, sino también dentro de él. De poco sirve que Cristo se nos muestre si no llegamos a conocerlo también en nuestro interior. En el caso de Pablo, Dios abrió su corazón para que conociera a Cristo y su evangelio mediante una revelación especial y directa.
Pablo dice que Dios lo había apartado no solo para creer en Cristo, sino también para predicar a Cristo entre los gentiles, es decir, entre las naciones no judías. Así que fue cristiano y apóstol por revelación directa de Dios. Después de que Dios lo llamó, no buscó primero la aprobación humana ni preguntó a otras personas qué debía hacer.
El punto es que Pablo no consultó con carne y sangre; es decir, no acudió a otras personas en busca de consejo o dirección. Tampoco subió de inmediato a Jerusalén para visitar a los apóstoles que habían estado allí antes que él, como si necesitara su permiso o una enseñanza adicional. En cambio, se fue a Arabia, ya fuera para pasar un tiempo tranquilo y recibir más revelación de Dios, o para predicar allí el evangelio entre los gentiles, pues había sido escogido como apóstol de los gentiles. Después regresó a Damasco, donde había comenzado su ministerio y de donde había escapado de sus enemigos con mucha dificultad (Hechos 9).
No fue sino hasta tres años después de su conversión que fue a Jerusalén para visitar a Pedro. Aun entonces, se quedó solamente quince días y no pasó mucho tiempo conversando con los demás apóstoles. No vio a ninguno de ellos excepto a Jacobo, el hermano del Señor. Por lo tanto, nadie podía afirmar justamente que Pablo había aprendido el evangelio de los apóstoles o que había recibido de ellos la autoridad para predicar. Sus dones y su llamado al oficio apostólico eran claramente especiales y habían sido dados por Dios.
Como este relato era importante, tanto para defender su derecho a ese oficio como para corregir las afirmaciones falsas de sus oponentes, Pablo lo confirma con un juramento solemne (Gálatas 1:20). Habla como quien está delante de Dios y afirma que todo lo que les ha dicho es completamente cierto. Esto no significa que debamos apelar a Dios de esa manera en cada asunto pequeño, pero sí muestra que, en asuntos serios, puede ser correcto e incluso necesario hacerlo.
Después, Pablo dice que fue a las regiones de Siria y Cilicia. Tras su breve visita a Pedro, regresó a su trabajo. En ese tiempo, no tuvo contacto con las iglesias de Cristo que estaban en Judea, y ellas ni siquiera lo habían visto personalmente. Pero cuando escucharon que el hombre que antes las perseguía ahora predicaba la fe que había intentado destruir, glorificaron a Dios por causa de él. Muchos dieron gracias a Dios por ese gran cambio, y la noticia los llenó de alegría y los llevó a alabarlo.
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De este capítulo
Gálatas 1:1
"Pablo, apóstol (no de parte de hombres ni por medio de hombre, sino por medio de Jesucristo y de Dios Padre, quien lo resucitó de entre los muertos);"
Gálatas 1:2
"y todos los hermanos que están conmigo, a las iglesias de Galacia:"
Gálatas 1:3
"Gracia y paz sean a ustedes de parte de Dios Padre y de nuestro Señor Jesucristo,"
Gálatas 1:4
"quien se entregó a sí mismo por nuestros pecados para librarnos de este presente mundo malo, conforme a la voluntad de Dios y Padre nuestro."
Gálatas 1:5
"A él sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén."
Gálatas 1:6
"Me maravilla que tan pronto se aparten de aquel que los llamó a la gracia de Cristo para seguir otro evangelio,"
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