Versículo destacado
Esdras 7:11 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Esta es la copia de la carta que el rey Artajerjes dio al sacerdote Esdras, el escriba, escriba de las palabras de los mandamientos del SEÑOR y de sus estatutos para Israel. "
Esdras 7:11
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
9 Pues el primer día del primer mes comenzó a subir de Babilonia, y el primer día del quinto mes llegó a Jerusalén, porque la buena mano de su Dios estaba sobre él.
10 Porque Esdras había preparado su corazón para buscar la ley del SEÑOR, cumplirla y enseñar en Israel sus estatutos y decretos.
11 Esta es la copia de la carta que el rey Artajerjes dio al sacerdote Esdras, el escriba, escriba de las palabras de los mandamientos del SEÑOR y de sus estatutos para Israel.
12 Artajerjes, rey de reyes, al sacerdote Esdras, escriba de la ley del Dios del cielo: paz perfecta, y en este tiempo.
13 Decreto que todos los del pueblo de Israel, y de sus sacerdotes y levitas, que estén en mi reino y deseen voluntariamente subir a Jerusalén, vayan contigo.
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Aquí tenemos el encargo que el emperador persa le dio a Esdras, autorizándolo a actuar para el bien de los judíos. Era un documento muy completo y generoso, mucho más de lo que cualquiera habría esperado. La carta comienza con el estilo real acostumbrado: «Artajerjes, rey de reyes». Ese título es demasiado grandioso para que lo reclame cualquier ser humano, pues solo Dios tiene poder sobre todos los gobernantes del cielo y de la tierra.
El rey envía saludos a Esdras, a quien llama «escriba de la ley del Dios del cielo» (Esdras 7:12). Es evidente que Esdras valoraba ese título y no deseaba un honor mayor, aun cuando llegó a ocupar un cargo importante. Para él, ser escriba de la ley de Dios era más grande que ser noble o príncipe en el imperio. Consideremos ahora las distintas partes de este encargo.
Primero, el rey le permite a Esdras subir a Jerusalén junto con cualquiera de sus compatriotas que quisiera acompañarlo (Esdras 7:13). Esdras y los demás eran cautivos, así que no podían salir de la tierra del rey sin su permiso. Segundo, le da autoridad para inspeccionar Judá y Jerusalén (Esdras 7:14). El criterio para esa inspección sería la ley de su Dios, que Esdras llevaba consigo. Debía comprobar si los judíos vivían de acuerdo con esa ley, si el templo había sido reconstruido, si el sacerdocio estaba en orden y si se ofrecían sacrificios como Dios lo había mandado. Si encontraba algo incorrecto, debía corregirlo, como Tito en Creta, a quien se le ordenó «poner en orden lo que faltaba» (Tito 1:5). De ese modo, la ley de Dios sería honrada, y los judíos recuperarían el privilegio de ser gobernados por ella en vez de estar sometidos a las leyes injustas de sus opresores (Ezequiel 20:25).
Tercero, el rey puso bajo el cuidado de Esdras el dinero que él, sus consejeros y sus súbditos habían entregado para el templo de Dios (Esdras 7:15-16). Esto muestra varias cosas. Honra a Dios como el único Dios verdadero y viviente, pues incluso quienes adoraban a otros dioses reconocían la grandeza del Dios de Israel y estaban dispuestos a gastar dinero para buscar su favor (Salmo 45:12; Salmo 68:26). También habla bien de este rey pagano, porque honró al Dios de Israel aunque su pueblo adorador era pequeño y pobre, incapaz de sostener por sí mismo su culto y ahora sometido a su gobierno. Artajerjes no dejó a los judíos solo con palabras vacías, sino que les dio lo que necesitaban. Al mismo tiempo, esto avergüenza a los malvados reyes de Judá. Ellos habían recibido la ley de Dios y las enseñanzas de los profetas, pero con frecuencia robaban al templo y lo debilitaban; aquí, en cambio, un rey pagano lo enriquece. Más adelante se repitió un patrón semejante cuando los judíos rechazaron el evangelio, pero los gentiles lo recibieron (Romanos 11:11; Hechos 13:46).
Confiaron en Esdras tanto para recibir el dinero como para llevarlo a Jerusalén, porque se sabía que era honesto. Sabían que no se quedaría ni siquiera con la parte más pequeña. Pablo hizo algo parecido cuando fue a Jerusalén llevando ofrendas para su nación y para el templo (Hechos 24:17). Esdras también debía gastar el dinero sabiamente, especialmente en los sacrificios del altar de Dios (Esdras 7:17) y en cualquier otra cosa que él y sus hermanos consideraran apropiada (Esdras 7:18), con una sola condición: que todo se hiciera conforme a la voluntad de su Dios. Ese principio siempre debe guiar nuestros gastos, especialmente cuando damos para la obra de Dios. La obra de Dios debe hacerse a la manera de Dios.
Además del dinero, Esdras recibió utensilios para el servicio del templo (Esdras 7:19). Ciro había devuelto lo que legítimamente pertenecía al templo, pero estos eran regalos adicionales. Así, el templo recibió lo que era suyo y también mucho más. Esdras debía presentar esos utensilios delante del Dios de Jerusalén, porque estaban destinados a honrarlo, en el lugar donde él había establecido su nombre.
Cuarto, el rey emitió una orden para los tesoreros que estaban al oeste del río, indicándoles que le proporcionaran a Esdras todo lo que necesitara de los ingresos reales y que lo cargaran a la cuenta del rey (Esdras 7:20, 22). Esto fue considerado, porque Esdras todavía tenía que conocer la situación y aún no sabía exactamente qué necesitaría. También fue un gesto bondadoso que mostró verdadero respeto por el templo y confianza en Esdras. Los gobernantes y las personas ricas deben usar su dinero y su poder para apoyar la adoración a Dios. Si tienen la disposición de hacerlo, no hay mejor uso para grandes riquezas que emplearlas para hacer mucho bien de esta manera.
Quinto, el rey ordenó a Esdras que no dejara sin hacer nada de lo que fuera necesario para el templo y para honrar al Dios de Israel. En esta orden (Esdras 7:23), el rey habla de Dios con gran respeto. Antes lo había llamado el Dios de Jerusalén, pero ahora lo llama dos veces el Dios del cielo, para que nadie pensara que lo consideraba solamente un dios local. También habla con cuidado de la palabra y la ley de Dios, que probablemente había leído y admirado. «Todo lo que mande el Dios de ustedes», dice; no se atrevería a cambiar ni el detalle más pequeño de sus leyes. «Que se haga, y háganlo con cuidado y rapidez». También expresa preocupación por la ira de Dios: «¿Por qué habría de venir la ira contra el reino?». Descuidar y despreciar la adoración a Dios trae sus juicios sobre los reyes y los reinos. Cuando la ira de Dios amenaza a un pueblo, la mejor manera de apartarla es apoyar y promover la adoración a Dios. Si deseamos paz y prosperidad, debemos asegurarnos de que la causa de Dios no sea descuidada.
Sexto, liberó de los impuestos gubernamentales a todos los servidores del templo. Desde el sumo sacerdote hasta el más humilde de los netineos, los funcionarios del rey no podían cobrarles peajes, tributos ni impuestos aduaneros como lo hacían con los demás súbditos (Esdras 7:24). Esto les concedía gran honor como ciudadanos libres del imperio y haría que los demás los respetaran como personas favorecidas por la corona. También les daba mayor libertad y disposición para servir. Parece que esta exención estaba destinada a su sustento, al de sus familias y al trabajo de su ministerio. Si alguno usaba ese privilegio para dedicarse al comercio o a los negocios, perdería justamente el beneficio de la exención.
El rey le dio a Esdras autoridad para nombrar jueces y magistrados sobre todos los judíos que vivían al oeste del río (Esdras 7:25-26). Esto fue una gran bondad para los judíos, porque tendrían líderes de su propio pueblo, y especialmente porque esos líderes serían escogidos por Esdras.
Todos los que conocieran las leyes del Dios de Esdras, es decir, todos los que pertenecieran a la fe judía, debían quedar bajo la autoridad de esos jueces. Esto muestra que estaban libres del gobierno de los funcionarios paganos. También se animaba a los jueces a llevar a otros a la verdad: debían enseñar la ley de Dios a quienes no la conocieran. Artajerjes, el rey persa, no se convertiría al judaísmo, pero estaba dispuesto a que muchos de sus súbditos lo hicieran.
También se les dio autoridad para hacer cumplir las decisiones que tomaran, siempre que esas decisiones concordaran con la ley de Dios, que ahora sería tratada como la ley del rey. Podían imponer castigos severos, como prisión, destierro, multas o muerte, según lo que exigiera la ley. No tenían permiso para crear leyes nuevas; solo debían asegurarse de que las leyes de Dios se aplicaran correctamente. Se les confió autoridad civil para que fueran una advertencia para los malhechores. Ni Josafat, ni Ezequías, ni siquiera el propio David, como reyes, podrían haber hecho más para honrar a Dios y extender la verdadera adoración.
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De este capítulo
Esdras 7:1
"Después de estas cosas, durante el reinado de Artajerjes, rey de Persia, Esdras, hijo de Seraías, hijo de Azarías, hijo de Hilcías,"
Esdras 7:2
"hijo de Salum, hijo de Sadoc, hijo de Ahitob,"
Esdras 7:3
"hijo de Amarías, hijo de Azarías, hijo de Meraiot,"
Esdras 7:4
"hijo de Zeraías, hijo de Uzi, hijo de Buqui,"
Esdras 7:5
"hijo de Abisúa, hijo de Finees, hijo de Eleazar, hijo de Aarón, el sumo sacerdote:"
Esdras 7:6
"Este Esdras subió de Babilonia. Era un escriba hábil en la ley de Moisés, que el SEÑOR, Dios de Israel, había dado; y el rey le concedió todo lo que pidió, porque la mano del SEÑOR su Dios estaba sobre él."
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