Versículo destacado
Esdras 2:36 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Los sacerdotes: los hijos de Jedaías, de la casa de Jesúa: novecientos setenta y tres. "
Esdras 2:36
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
34 Los hijos de Jericó: trescientos cuarenta y cinco.
35 Los hijos de Senaá: tres mil seiscientos treinta.
36 Los sacerdotes: los hijos de Jedaías, de la casa de Jesúa: novecientos setenta y tres.
37 Los hijos de Imer: mil cincuenta y dos.
38 Los hijos de Pasur: mil doscientos cuarenta y siete.
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Aquí se presenta el registro de los sacerdotes que regresaron. Eran un grupo considerable, aproximadamente la décima parte de toda la comunidad. El número total superaba los 42,000 (Esdras 2:64), y las cuatro familias sacerdotales mencionadas aquí sumaban más de 4,200 (Esdras 2:36-39). De modo que la porción de Dios, por así decirlo, era una décima parte completa: una porción bendecida.
Tres de los sacerdotes mencionados descendían de hombres que en otro tiempo habían dirigido divisiones sacerdotales (1 Crónicas 24:7, 1 Crónicas 24:8, 1 Crónicas 24:14). El cuarto era Pasur (Esdras 2:38). Si se trataba del mismo Pasur cuyo descendiente maltrató a Jeremías (Jeremías 20:1), sorprende que un hombre tan malo pudiera tener una descendencia tan buena y numerosa.
Los levitas eran mucho menos numerosos, y no se puede pasar por alto lo reducido de su número. Incluso contando juntos a los cantores y a los porteros (Esdras 2:40-42), no llegaban a 350. Hubo un tiempo en que los levitas mostraban más disposición para cumplir con su deber que los sacerdotes (2 Crónicas 29:34), pero ahora ya no era así.
Un lugar o una familia puede ser conocido por su celo en una época, mientras que en otro tiempo ese celo puede encontrarse en otro lugar o familia. El Espíritu de Dios es libre, como el viento que sopla donde quiere y cambia de dirección.
Es probable que los netineos fueran los gabaonitas. Su nombre significa «dados», porque Josué los había destinado primero al servicio del templo (Josué 9:27), y más tarde David volvió a asignarlos para ese servicio (Esdras 8:20), después de que Saúl los había expulsado. Trabajaban bajo la autoridad de los levitas en la casa de Dios, realizando tareas humildes como cortar leña y acarrear agua. Junto con ellos estaban los descendientes de los siervos de Salomón, quienes también estaban vinculados al servicio del templo. No queda claro si eran judíos o gentiles, pero fueron contados entre los netineos (Esdras 2:55, Esdras 2:58).
Es un honor pertenecer a la casa de Dios, aun cuando la tarea que se realice sea la más humilde.
Algunas personas eran consideradas israelitas por nacimiento, y a otras incluso se las tenía por sacerdotes, pero no podían demostrarlo. Había quienes no podían probar que eran israelitas (Esdras 2:59-60). Creían pertenecer al linaje de Jacob y anhelaban subir a Jerusalén porque amaban la casa y el pueblo de Dios. Eso dejaba en vergüenza a los israelitas de nacimiento, especialmente a quienes solo eran israelitas de nombre y habían perdido el gusto por la verdadera adoración de Dios (Isaías 48:1).
Otros no podían demostrar que eran sacerdotes, aunque se suponía que pertenecían al linaje de Aarón. Lo que no se conserva cuidadosamente por escrito probablemente se olvida con el paso del tiempo. Aquí se nos dice cómo perdieron sus documentos. Uno de sus antepasados se casó con una hija de Barzilai, un hombre importante de la época de David, y se enorgulleció de esa distinguida conexión familiar. Prefirió el honor de esa familia a la dignidad de su linaje sacerdotal, así que hizo registrar a sus hijos bajo la familia de Barzilai en vez de bajo la de Aarón, y se perdieron los registros que demostraban su sacerdocio.
En Babilonia, el sacerdocio no ofrecía ninguna ventaja terrenal, así que no les importaba mucho estar vinculados a él. Quienes piensan que su ministerio, o su relación con quienes ministran, rebaja su estatus olvidan quién dijo: «Considero un honor mi ministerio». También perdieron los privilegios que venían con esa prueba. Al no poder presentar sus registros, no se podía dar por hecho que fueran sacerdotes. Por eso fueron apartados como si fueran impuros y se les excluyó del sacerdocio.
Ahora que los sacerdotes habían recuperado sus derechos y podían volver a vivir del altar, ellos habrían querido ser reconocidos como sacerdotes. Pero habían vendido su derecho de nacimiento a cambio del honor de parecer personas importantes; por eso fueron justamente rebajados de posición y excluidos de los alimentos santísimos. Cristo se avergonzará de quienes se avergüenzan de él y de su servicio.
Fue el tirshata, es decir, el gobernador, quien los sometió a esta restricción. Algunos piensan que era Zorobabel, el gobernador de ese momento. Otros creen que era Nehemías, quien recibe ese título en (Nehemías 8:9, Nehemías 10:1) y pudo haber dado la orden años después. Sin embargo, la prohibición no era definitiva. Solo se trataba de una suspensión temporal, hasta que hubiera un sumo sacerdote con Urim y Tumim, por medio de quien pudiera conocerse la voluntad de Dios en ese asunto.
Parece que se esperaba y se deseaba la llegada de ese medio de consulta, aunque no parece que el segundo templo haya recibido jamás esa bendición. Sí tenían todo el canon del Antiguo Testamento, que era mejor que el Urim. Y al no contar con ese oráculo especial, recibieron la enseñanza de esperar al Mesías, el gran portavoz divino, de quien el Urim y el Tumim eran solo una figura.
Tampoco parece que el segundo templo haya tenido el arca, ni la antigua ni una nueva. Esas señales externas fueron desapareciendo poco a poco a medida que se acercaba la realidad que representaban. Por medio del profeta, Dios mostró que su pueblo no sufriría por carecer del arca (Jeremías 3:16-17). En aquellos días, cuando Jerusalén sea llamada el trono del Señor y las naciones se reúnan allí, ya no se hablará del arca del pacto del Señor, ni siquiera se pensará en ella, porque su ausencia no será una pérdida.
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De este capítulo
Esdras 2:1
"Estos son los hijos de la provincia que subieron del cautiverio, de entre aquellos que habían sido llevados cautivos, a quienes Nabucodonosor, rey de Babilonia, había llevado a Babilonia, y que regresaron a Jerusalén y a Judá, cada uno a su ciudad:"
Esdras 2:2
"Los que llegaron con Zorobabel fueron Jesúa, Nehemías, Seraías, Reelaías, Mardoqueo, Bilsán, Mispar, Bigvai, Rehum y Baana. Este es el número de los hombres del pueblo de Israel:"
Esdras 2:3
"Los hijos de Paros: dos mil ciento setenta y dos."
Esdras 2:4
"Los hijos de Sefatías: trescientos setenta y dos."
Esdras 2:5
"Los hijos de Ara: setecientos setenta y cinco."
Esdras 2:6
"Los hijos de Pahat-moab, de los hijos de Jesúa y Joab: dos mil ochocientos doce."
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