Versículo destacado
Ezequiel 46:1 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Así dice el Señor DIOS: La puerta del atrio interior que da hacia el oriente permanecerá cerrada durante los seis días laborables; pero el sábado será abierta, y el día de la luna nueva será abierta. "
Ezequiel 46:1
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
1 Así dice el Señor DIOS: La puerta del atrio interior que da hacia el oriente permanecerá cerrada durante los seis días laborables; pero el sábado será abierta, y el día de la luna nueva será abierta.
2 El príncipe entrará desde afuera por el pórtico de esa puerta y se pondrá de pie junto al poste de la puerta. Los sacerdotes prepararán su holocausto y sus ofrendas de paz, y él adorará en el umbral de la puerta. Luego saldrá, pero la puerta no se cerrará hasta el atardecer.
3 Asimismo, el pueblo de la tierra adorará ante el SEÑOR a la entrada de esta puerta los sábados y las lunas nuevas.
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No es seguro que estas normas para el culto público debieran cumplirse, incluso en los aspectos en que diferían de la ley de Moisés. En la historia de la iglesia judía posterior no encontramos que organizaran su culto conforme a estos mandatos, como sería de esperarse. Más bien, parece que siguieron únicamente la ley de Moisés y consideraron esta visión posterior como simbólica, no literal.
En estos versículos vemos que el lugar de culto estaba establecido y que se daban normas tanto para el gobernante como para el pueblo. La puerta oriental, que normalmente permanecía cerrada, debía abrirse el sábado, en las fiestas de luna nueva y cuando el príncipe presentara una ofrenda voluntaria (Ezequiel 46:1, 12). Antes leemos que esta puerta permanecía cerrada (Ezequiel 44:2). Las otras puertas del atrio se abrían todos los días, pero esta solo en días santos y ocasiones especiales.
Cuando se abriera la puerta para el príncipe, él debía entrar por el vestíbulo de esa puerta (Ezequiel 46:2, 8). Algunos piensan que entraba con los sacerdotes y los levitas al atrio interior, porque esa puerta conducía allí. De ser así, esto mostraría que los gobernantes y los ministros deben trabajar juntos, lado a lado, para promover el culto a Dios. Sin embargo, parece más probable que el príncipe no atravesara la puerta misma, como lo había hecho la gloria del Señor. Más bien, se colocaba junto al vestíbulo, al lado del poste de la puerta, y adoraba en el umbral (Ezequiel 46:2). Desde allí podía ver a los sacerdotes junto al altar y mostrar su aprobación del servicio que ellos ofrecían, tanto por sí mismo como por el pueblo de la tierra que estaba detrás de él en la puerta (Ezequiel 46:3).
De esta manera, todo príncipe debía mostrar el corazón de David, quien dijo que preferiría ser un portero en la casa de Dios y estar junto al umbral (Salmo 84:10). Las personas más importantes siguen siendo inferiores al más pequeño de los mandatos de Dios. Aun los príncipes, cuando se acercan a Dios, deben adorarlo con reverencia y temor santo, reconociendo que no son dignos de acercarse a él. Sin embargo, Cristo es nuestro príncipe, y Dios hace que él se acerque y venga ante su presencia (Jeremías 30:21).
En cuanto a las puertas del norte y del sur, que conducían al atrio del pueblo, se establecía esta norma: quien entrara por la puerta del norte debía salir por la del sur, y quien entrara por la del sur debía salir por la del norte (Ezequiel 46:9). Algunos piensan que esto tenía el propósito de evitar empujones y aglomeraciones, porque Dios es Dios de orden y no de confusión. Otros creen que las personas podían entrar por la puerta más cercana a sus casas, pero que, al salir, Dios quería que tomaran el camino más largo para que tuvieran tiempo de pensar y meditar.
Dar toda la vuelta alrededor del santuario les permitiría contemplar su belleza. Si usaban bien ese tiempo, considerarían que ese era el camino más corto para volver a casa. Otros ven en esto un recordatorio de que, en el servicio a Dios, debemos seguir avanzando (Filipenses 3:13) y no mirar atrás. Cuando asistimos al culto, no debemos salir como llegamos, sino irnos más santos, más celestiales y más espirituales.
También se establecía que el pueblo adorara en la entrada de la puerta oriental, donde adoraba el príncipe, con él a la cabeza y ellos siguiéndolo, tanto en sábado como en las lunas nuevas (Ezequiel 46:3). Y cuando entraran y salieran, el príncipe debía estar en medio de ellos (Ezequiel 46:10). Las personas importantes deben dar un buen ejemplo al asistir regularmente al culto público con reverencia. Eso anima a quienes están bajo su influencia y los impulsa a seguir su ejemplo.
Es algo digno y apropiado que las personas de posición vayan al lugar de culto acompañadas de sus siervos, sus arrendatarios y sus vecinos pobres, y que allí se comporten con seriedad y devoción. Dios se complace en honrar a quienes lo honran con la posición que tienen.
También se establecían las normas para el culto. Aunque el príncipe fuera un amigo sincero y fervoroso del santuario, no se le dejaba decidir qué sacrificios debían ofrecerse, ni siquiera junto con los sacerdotes. Dios mismo establecía las ofrendas, porque a él le corresponde determinar los ritos y las ceremonias del culto.
Cada mañana, tan ciertamente como llegaba la mañana, debían ofrecer un cordero en holocausto (Ezequiel 46:13). Resulta extraño que aquí no se mencione un sacrificio vespertino. Pero, puesto que Cristo ya vino y se ofreció a sí mismo al final de los tiempos (Hebreos 9:26), debemos considerarlo como el sacrificio de la tarde, pues murió alrededor de la hora en que se habría ofrecido aquel sacrificio.
En los sábados, la ley de Moisés exigía cuatro corderos (Números 28:9), pero aquí debían ofrecerse seis corderos y un carnero, a costa del príncipe (Ezequiel 46:4). Esto apunta a cuánto más debemos abundar en las obras propias del sábado en los tiempos del evangelio, y a cuán abundantes deben ser nuestras oraciones y alabanzas en ese día. Si Dios se agrada de tales sacrificios, tenemos toda razón para ofrecerlos con alegría.
En las lunas nuevas, al comienzo de cada mes, además de las ofrendas acostumbradas del sábado, debía ofrecerse un becerro adicional (Ezequiel 46:6). Quienes hacen mucho por Dios y por su propia alma de manera constante y fiel deben, en ciertas ocasiones, hacer aún más.
Todos los sacrificios debían ser sin defecto. Así era Cristo, el gran sacrificio (1 Pedro 1:19). Y así también los cristianos, que deben presentarse ante Dios como sacrificios vivos, deben procurar ser irreprochables, inocentes y libres de toda acusación.
Todos los sacrificios debían ir acompañados de ofrendas de grano, tal como ya lo había ordenado la ley de Moisés. Esto muestra que Dios mantiene una mesa abundante en su casa y que debemos honrarlo con el fruto de la tierra, así como con el fruto del ganado, porque él nos ha bendecido en ambas cosas (Deuteronomio 28:4). Desde el principio, Caín ofreció una de estas cosas y Abel la otra.
Algunos observan que estas ofrendas de grano son mayores en proporción que las establecidas bajo la ley de Moisés. Bajo aquella ley, la cantidad era de tres décimas de efa por cada becerro, dos décimas por cada carnero y, como máximo, medio hin de aceite (Números 15:6-9). Pero aquí, por cada becerro y cada carnero, se ofrecía un efa completo y un hin completo de aceite. Esto puede mostrar que, bajo el evangelio, ahora que se ha ofrecido el gran sacrificio expiatorio, estas ofrendas sin sangre deben presentarse con mayor libertad. En términos más generales, muestra que, así como Dios nos da ahora más gracia bajo el evangelio que bajo la ley, nosotros también debemos darle más en alabanza y obediencia.
También vale la pena notar que, para la ofrenda de grano que acompañaba a los corderos, se permitía que el príncipe diera lo que pudiera, según sus posibilidades, conforme a lo que alcanzara su mano (Ezequiel 46:5, 7, 11).
Las personas, incluso las que tienen abundancia, deben dar conforme a sus posibilidades. En las obras de piedad, Dios solo pide que demos de acuerdo con nuestra capacidad, cada uno según Dios lo haya dispuesto para dar (1 Corintios 16:2). Dios no nos ha hecho para servirlo con una ofrenda que esté más allá de nuestras fuerzas (Isaías 43:23), porque conoce nuestra condición y nuestras limitaciones.
Sin embargo, esto no excusa a quienes dicen que no pueden dar cuando su incapacidad es solo fingida. Tampoco excusa a quienes desperdician su dinero en otras cosas y luego se vuelven incapaces de hacer el bien que deberían hacer. También encontramos elogios para quienes, en una ocasión especial de caridad, no solo dieron hasta el límite de sus posibilidades, sino incluso más allá de ese límite.
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De este capítulo
Ezequiel 46:2
"El príncipe entrará desde afuera por el pórtico de esa puerta y se pondrá de pie junto al poste de la puerta. Los sacerdotes prepararán su holocausto y sus ofrendas de paz, y él adorará en el umbral de la puerta. Luego saldrá, pero la puerta no se cerrará hasta el atardecer."
Ezequiel 46:3
"Asimismo, el pueblo de la tierra adorará ante el SEÑOR a la entrada de esta puerta los sábados y las lunas nuevas."
Ezequiel 46:4
"El holocausto que el príncipe ofrecerá al SEÑOR el sábado será de seis corderos sin defecto y un carnero sin defecto."
Ezequiel 46:5
"La ofrenda de cereal será de un efa por cada carnero; y la ofrenda de cereal por los corderos será según lo que él pueda dar, junto con un hin de aceite por cada efa."
Ezequiel 46:6
"El día de la luna nueva ofrecerá un novillo sin defecto, seis corderos y un carnero; todos serán sin defecto."
Ezequiel 46:7
"Preparará como ofrenda de cereal un efa por el novillo, un efa por el carnero y, por los corderos, lo que su mano pueda alcanzar a dar, junto con un hin de aceite por cada efa."
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